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ECOLOGÍA, ÉTICA Y ECONOMÍA

Venimos de experiencias personales y colectivas cargadas de dualismos, desencuentros, desarticulaciones: cuerpo – alma, afuera – adentro, humano – cristiano, material – espiritual, fe – razón, naturaleza – técnica, economía – ética, peronismo – anti peronismo, pueblo – cultura y podríamos continuar con una lista no pequeña de enfrentamientos entre cuestiones fundamentales que nos han marcado, herido, enfrentado en la historia pasada y reciente y que si no intentamos cambiar con urgencia el paradigma existencial y social, seguirán ejerciendo entre nosotros una fuerza devastadora que se expresará en un mundo cada vez más roto.

Todos intuimos que se debe cambiar con decisión y celeridad, pero sabemos que los cambios profundos necesitan tiempo y además argumentos sólidos, porque los simplistas, lejos de deshacer el fenómeno de disolución, lo acrecientan.

Creemos que en este sentido la Encíclica del Papa Francisco Laudato Si´, Sobre el cuidado de la casa común, es un instrumento necesario para comenzar en cada uno de nosotros, en nuestras comunidades pequeñas como la familia, los grupos de trabajo, el vecindario, el colegio, la parroquia y también la comunidad grande, la Nación, a comenzar decíamos, la renovación de las razones y de los fundamentos con los que nos paramos frente a la realidad.

Si seguimos disociando todo lo que en la realidad está unido de manera articulada y complementaria, sepamos que el futuro será de enfrentamientos cada vez más crudos y estériles y la casa común se irá deshaciendo no tan lentamente.

El Papa Francisco inspirado en el Santo de la Fraternidad con todas las creaturas, Francisco de Asís, nos propone ir hacia el cuidado de lo que es débil y una ecología integral.

No quiero desarrollar esta encíclica sin acudir a un modelo bello que puede motivarnos. Tomé su nombre como guía y como inspiración en el momento de mi elección como Obispo de Roma. Creo que Francisco es el ejemplo por ex­celencia del cuidado de lo que es débil y de una ecología integral, vivida con alegría y autenticidad. Es el santo patrono de todos los que estudian y trabajan en torno a la ecología, amado también por muchos que no son cristianos. Él manifestó una atención particular hacia la creación de Dios y hacia los más pobres y abandonados. Amaba y era amado por su alegría, su entrega generosa, su corazón universal. Era un místico y un peregrino que vivía con simplicidad y en una maravillosa armonía con Dios, con los otros, con la naturale­za y consigo mismo. En Él se advierte hasta qué punto son inseparables la preocupación por la naturaleza, la justicia con los pobres, el compro­miso con la sociedad y la paz interior. LAUDATO SÍ n° 10.

En esta revista, deseamos entonces tomar este desafío y darnos el gusto de pensar de una manera nueva toda las realidades, de manera más integral y con mayor armonía.

Es más, nos parece que unir ecología -ética -economía, significa despertar entre nosotros no solo una manera de ver o de pensar, sino y fundamentalmente, una manera de vivir.

Esta visión nos llena de esperanza y nos alejamos decididamente del pesimismo que muchas veces nos habita. La esperanza es realista y activa porque asume la realidad tal cual es, sin disfrazarla, y se afirma en el ser humano que aunque herido por el pecado tiene por gracia de Dios una enorme capacidad de bien, de hacer el bien y puede hacer transformaciones formidables en los mismo lugares que su acción ha generados caos.

La cercanía de la Pascua, le da a los planteos que aquí se hacen, una fuerza y una luz particular, porque la fuerza del Señor Resucitado es capaz de renovar todas las cosas.

Tratando de ser coherentes con el planteo que venimos haciendo, estamos muy agradecidos por la participación generosa de un rabino y un imán, que nos acercan el pensamiento sabio y valioso de la comunidad judía e islámica.

Mucho agradecemos también a los otros colaboradores que mucho nos ayudan a seguir creciendo en la búsqueda de un modo de ser cristiano, más abiertos al Bueno y Misericordioso Padre  Dios,  a los otros, verdaderos hermanos en el camino de la vida y al mundo, nuestra casa común.

¿QUÉ LE ESTÁ PASANDO A NUESTRO MUNDO?

Rabino Fabián Skornik
Comunidad Lamroth Hakol

Esta pregunta se repite desde hace mucho tiempo, nos aqueja, nos atormenta alertándonos acerca de cambios y amenazas que afectan nuestra vida. Expresa algo así como un reclamo al mundo, o a su Creador, que por fallas en su constitución, podríamos vernos afectados. Detrás de ella asoma la idea de una garantía, que quisiéramos saber si todavía está vigente, si podemos hacer el trámite correspondiente para que quien lo haya fabricado pueda responder por los errores que nos afectan, o en su defecto lo pueda cambiar por uno en mejor estado.

Pero la mayor dificultad que tiene esta pregunta es que nos coloca en un lugar equivocado, no pone el foco donde debería ponerlo y nos impide analizar honestamente el verdadero problema. En lugar de empezar por contestar la pregunta les propongo que la volvamos a formular, para no caer en la trampa de desviar la atención de donde deberíamos ponerla, y evadir así toda responsabilidad.

Para poder hacerlo los invito a un recorrido, desde los textos sagrados del pueblo judío, que puedan guiarnos en esta búsqueda, y nos arrojen un poco de luz acerca de la cosmovisión de este pueblo, que además nos otorguen algo de inspiración que nos impulse a comprometernos con la construcción de un mundo mejor.

La Torá (el Pentateuco) comienza su relato con la creación. Y si la analizamos desde la ciencia nos encontraremos con una enorme dificultad que nos permita armonizar entre esa mirada y la religiosa.  Y no debiéramos enfrentarnos a la disyuntiva de tener que elegir entre ambas. Sugiero pensar que cada una de ellas se enfrenta a objetivos  diferentes, responden a preguntas distintas, y nos arrojan dos miradas que pueden ser complementarias, y no excluyentes entre sí.

La ciencia viene a contestar la pregunta acerca de cómo funciona el mundo, le interesa desmenuzar y explicar. Separa las cosas y ve cómo están constituidas.  En cambio la religión intenta contestar la pregunta para qué. Frente a la existencia le importa entender la razón de ser, la finalidad, el objetivo último. Se trata de unir las cosas y darle significado.

El relato de la creación del mundo puede ser nuestro punto de partida para entender la voluntad de D´s respecto a nosotros. ¿Para qué nos creó D´s? ¿Con qué fin nos colocó en este mundo? ¿Cuál es nuestro lugar en esa creación? ¿Qué debemos hacer para que nuestras vidas tengan sentido y significado?

Empecemos entonces con algunas de las miles de enseñanzas que nos deja este breve pero profundo relato. El primer día D´s crea la luz, como opuesto a la oscuridad que reinaba en este mundo. Uno podría conjeturar que es bastante lógico hacerlo ya que ella será imprescindible para el desarrollo de la vida. Salvo que el sol será creado el cuarto día, y todos sabemos que es ese astro la fuente de toda luz. Que sin sol esta no existe.

Enseñan los rabinos que esa luz inicial es la representación de la paz, de la armonía, del equilibrio, como opuesto al caos que describe la Biblia que existía en el comienzo. El mundo es llamado a la existencia para dejar atrás la oscuridad y llenarse de luz, sólo así podrá haber vida, solo con ella estaremos cumpliendo con la voluntad divina. Una de nuestras tareas más importantes en la vida, que dan sentido a nuestra creación es convertirnos en socios de D´s y traer paz, ayudar a conseguirla, trabajar para alcanzarla. Y no me refiero solo a la paz entre las naciones, a la ausencia de guerras con armas de destrucción masiva, sino también a la manera en la que nos relacionamos con nuestro prójimo, a la forma en la que nos tratamos, nos hablamos, nos saludamos y al compromiso que estamos dispuestos a asumir para que cada vez más personas puedan lograr sentirse en paz.

Luego de ese acto creador, D´s observa y sentencia una fórmula que se repetirá al finalizar cada creación: “Y vio D´s que era bueno”. Puestos en este mundo con igual desafío, después de cada acto, después de cada acción que emprendemos debemos poder observarla y juzgarla como buena. Es imperativo vivir de forma tal que nuestros actos reflejen esa bondad, que de ellos pueda desprenderse ese calificativo, que sean ellos los que hablen acerca de nuestra esencia.

A partir de allí tendremos seis días intensos, que harán de este mundo un lugar para la existencia. Se irán sucediendo los días e irán apareciendo las diferentes partes del planeta. Hasta que el sexto día concluirá con la creación más grandiosa, la más especial y la más llamativa. Ese día el hombre será llamado a la vida y con él comenzará la historia. Será desde allí que habrá un cambio cualitativo diferente a todo lo anterior y que ocupará el lugar más destacado en este relato. Aparecen allí también algunas características distintivas que vale la pena examinar.

El texto del versículo 26 de Génesis nos dice: “Hagamos un hombre a nuestra imagen, según nuestra semejanza”. Si D´s es único, se encontraba solo, ¿a quién le habla, con quién establece esa conversación y a quién invita al acto creador? Es llamativo el plural de hagamos, que parece no corresponder al relato previo. Y es allí donde aparece otra enseñanza rabínica, que interpreta ese hagamos como una conversación entre D´s y ese primer hombre: Hagamos, vos y yo, juntos, a un hombre. Es decir, el hombre es el primer ser no creado del todo, D´s inicia el proceso creador, pero nos invita a que lo concluyamos nosotros. Para ser un verdadero hombre debemos hacer parte del trabajo. Un animal lo es, sin necesidad de realización alguna. Nosotros, en cambio, debemos llegar a ser seres humanos, es imprescindible un comportamiento, una conducta, una ética determinada que nos otorgue ese status. Solo una vida de compromiso con esto nos dará el privilegio de ser considerados seres humanos plenos.

¿Cómo transformarnos? ¿Cómo completarnos? Ese primer hombre tendrá un mandato, una orden que cumplir. Debe ponerse al frente de la creación, liderarla, conducirla. Este mandato, que parecería un privilegio, ya que coloca al hombre por encima de todo lo demás, en realidad trae una enorme responsabilidad. El hombre debe cuidar por los demás seres, por todos los animales, las aves y los peces, así como del mundo entero. Es decir que como corona de la creación debe asegurar la continuidad del mundo, debe velar por su supervivencia y por la calidad de su existencia. Para ser hombre, para alcanzar nuestro destino, para ser quienes fuimos llamados a ser, debemos comprometernos con los valores ecológicos más importantes, entendiendo que de nosotros depende que nuestros hijos reciban un mundo con futuro asegurado.

Por último, el séptimo día, aparece la creación más brillante, la santificación del tiempo. Ese día D´s descansó, y al hacerlo nos invita a nosotros a que lo copiemos, dejando un día por semana para que haya armonía entre nosotros y nuestro entorno. Un día dedicado al estudio, a la plegaria, a la familia. Un día donde no podemos intervenir, transformar ni alterar al mundo y a su naturaleza. Un día de reposo en el cual nos abstenemos de todo trabajo transformador. Ese día nos recuerda que no somos los dueños últimos de este mundo, no somos los amos indiscutidos, sino que simplemente somos los depositarios del mundo, sus custodios, y como tal debemos rendir cuentas de lo que hacemos, y tenemos que ser concientes de los límites que tenemos para con él. Algún día nos demandarán por cómo lo devolvimos, deberemos hacernos responsables ya que deberemos rendir cuentas.

Por eso es tiempo de volver a formular la pregunta inicial: ¿Qué le estamos haciendo a nuestro mundo? Una pregunta que debemos ser capaces de contestar tanto como individuos como también como sociedad. Una mirada profunda que podrá arrojarnos un poco de claridad respecto a nuestra situación, en función de lo que nuestra tradición espera de nosotros. Un análisis que podemos realizar confrontándonos con un deber ser heredado de nuestros antepasados.

Fuimos creados para traer luz a este mundo, para llenarlo de paz. Para lograrlo debemos ser capaces de mirar cada cosa que hacemos y afirmar sin ninguna duda que lo hecho es bueno. Debemos poder sentir orgullo de nuestras acciones, medidas y pesadas en función del plan de D´s descripto en los textos sagrados y no en función de las leyes de un mercado ciego, ni de la búsqueda interminable de un placer individual o una satisfacción personal. Solo si lo hacemos podremos ser la corona de la creación, ocupar ese lugar que D´s imaginó para nosotros, respondiendo por la preservación del hermoso y valioso legado recibido de nuestros antepasados, y transformarnos en seres humanos plenos, protagonistas de una transmisión de un mundo en excelentes condiciones para las próximas generaciones.

 

ECOLOGÍA DEL CORAZÓN

Por Javier Goliszewski

Apuntes para un asombro sustentable[1]

Ecología es cuidar de tu casa.

Conocemos la sugerencia, si la casa está bien barrida, podré encontrar la dracma perdida.

Una casa interior es una buena imagen para imaginar nuestro corazón.

Si pierdo sensibilidad por mi casa, si tengo poca estima por la ecología de mi  corazón, es difícil que mi sensibilidad se nutra, es difícil que me oriente y sepa dónde buscar.

Entrar en el silencio de mi corazón, más aún en medio de las miserias de la vida cotidiana, sustraerme a lo compulsivo, a la rutina descuidada, al individualismo fastidiado, entrar en mi corazón me abre al escenario en el que se producen los encuentros y los significados.

Encontrar la dracma en mi corazón, es abrirse al tesoro. Es celebrar la perspectiva del encuentro con algo que me trasciende, en un cierto sentido, con la belleza.

Para que el corazón pueda encontrarse con la belleza, es importante desarrollar y nutrir estima por él, por mi casa,  luego le sigue decidirme a habitar en ella, tratar el corazón con respeto. El corazón ecológicamente descuidado, desordenado, puede encontrar enormes dificultades  para darse cuenta de la trascendencia de la ecología. La trascendencia de la belleza en la naturaleza y la vida sería algo ajeno y tanto más difícil de descubrir para él.

La belleza que me espera, que me busca y me llama desde el corazón, no tiene etiquetas como en un museo de arte o en un catálogo. Viene al encuentro del corazón alerta y tranquilo.

Un estado de ánimo como de asombro puede anunciar que nuestro corazón está pronto para encontrar la dracma, la gracia de la vida. El asombro tiene luz simple, sin sobrecargas de ansiedades ni certezas. El asombro, hace que el hombre vea.

Es importante ser gentil con el asombro. Es delicado. Es como si en la casa del respeto, el color de la luz que nos ilumina al atravesar el umbral fuera la del asombro. La luz que reina en el corazón, es la del asombro. Es la del saber del no saber y respetar lo que nos rodea. Hasta las nubes. Hasta los granitos de arena. Hasta esta gota de lluvia.

La inteligencia busca poner luz y elegir.

El asombro encuentra y es elegido.

¿La diferencia?

Ser gentil. Desde el asombro maravillado.

Vivir en la necesidad del asombro. Hacerle lugar. Tal vez a través del contacto con la naturaleza, con la respiración, con el silencio. No sé. Llega sin buscarlo pero hace falta reconocerlo.

Parecería como que todas las ecologías, todas las éticas, partieran de aquí. Partieran de una actitud de asombro prudente, maravillado, hacia el Universo más cercano.

La ecología ocurre en este mi propio Universo cercano, no ocurre en otra parte, y así en el Universo de cada persona, de cada comunidad.

Está en el centro de mi respeto asombrado por un Universo que recíprocamente nutre de significados de lo frágil y lo necesario a mi persona y nutre a la comunidad, le da alegría, entusiasmo y sustento, le da identidad y realidad sobre la cual plasmar su ser en el mundo.

La ecología no es apenas una meta ni una opción para épocas de crisis, ni ocurre solo en el Universo de los demás, ni en un futuro distante. Ocurre en un Universo en el cual estoy situado en un punto central de sensibilidad y responsabilidad.

En una visión mas íntima, mas poética, orgánica y vital  de lo subjetivo que nos sugiere e integra y lo objetivo que nos refleja y atañe, celebramos ecológicamente nuestra autoestima con los otros en nuestro corazón para –como decía el poeta– “vivir y en tanto somos, dar un sí que glorifica”.

Nuestro clima psicológico, nuestro estado de ánimo, se decanta en nuestro corazón, busca primariamente referirse con nuestra actitud, con nuestra conciencia y sus valores y rechazos, hacia la sociedad y lo que nos rodea. Si la actitud en mi corazón es abierta y respetuosa, sin prejuicios ni indiferencias, mi corazón saltará de alegría. Estará disponible para el asombro.

La apertura hacia los demás les va al encuentro tácitamente también en formas ecológicas, tranquilas, espontáneas, consideradas, formas no directamente conectadas a un otro, pero que son parte de un sensible y abierto “no hacer a los demás lo que no me gustaría que hicieran a mí mismo”, aunque no me vieran. La ecología es en estos casos cuidar también la posible casa del otro, la paz y la armonía en el corazón del otro, su posibilidad de celebrar la vida en mayor plenitud, con asombro y menos ansiedad y penuria. Aquí el asombro nos ayuda a pensar a quien no está presente para despertar nuestro respeto.

Esta actitud de abierta y tácita empatía con los demás, resplandece ecológicamente en sensibilidad alerta hacia lo que me rodea. Se nutre de este caldo de cultivo subjetivo, intimista, de escucha y consideración, fruto de un universo interior que se corresponde con el grado del equilibrio asombrado de mi ser en el mundo.

No existimos aislados. Hay un coro, un diálogo, un equilibrio que se renueva a cada momento, entre mi universo, mi capullo interior (weltanschauung) y mi universo, mi capullo exterior, la naturaleza, la ciudad, el clima. Diálogos y equilibrios, con su dinamismo y su gracia, no tanto para ser intervenidos sino para encontrarse en ellos, conocerlos y celebrarlos. La tensión, magnetismo y fricción entre nuestros  universos, interior y exterior, crean la ecología del corazón, lo que le nutre, le hace crecer. Le hace sentir los valores de la vida. De su propia graciosa naturaleza.

Es la actitud hacia la gracia la que está en juego.

Esta es la ecología del corazón.

Ecología de lo que te toca de cerca, transparencia del cuidado de tu corazón, invitación a la paz.

Este diálogo pacífico logrado entre mi universo interior y el exterior, me acompañará hacia la inspiración ecológica considerada, afable, armónica, misericordiosa, y puede guiar mi vida. La inspiración se vuelve admiración, asombro,  comienza a celebrar lo que me rodea,  comienza a generar en mí respeto por el equilibrio de las cosas, de la naturaleza y nuevamente, de retorno a mi casa, respeto por mi corazón y su naturaleza graciosa en armonía con el mundo.

En la tradición Zen, se descubre un enorme significado “ecológico”, de actitud hacia el Universo, interior y exterior, acerca del estado de nuestra conciencia, en el modo con que se quita y deja en orden aparejado el calzado al entrar en una habitación. Todas las gradaciones del estado de conciencia, misericordioso, poético, respetuoso, hasta irritado e inconsciente, pueden mostrarse ahí. Todos los tonos, desde desparramado hasta ordenado. Atento o descuidado, agradecido o arrogante.

La ética ecológica del corazón puede empezar muy cerca, como con un par de pantuflas. Su resplandor llega donde menos se espera, con nuestra espontaneidad enriquecida a partir de la repetición considerada del gesto familiar de acomodar un par de pantuflas al descalzarse.

Este resplandor, este asombro, esta consideración (con-siderae, mirar juntos las estrellas), nos devuelve a la actitud sensible ante el mundo que nos rodea. Nos ilumina con inspiración que escucha. Para escuchar es bueno partir del silencio y para llegar al silencio el mejor aliado es el asombro. El asombro escucha.

La ecología de la compañía, de la comunidad de dos o más, se vive con más sensibilidad desde el asombro que escucha que solo desde la estructurada operatividad técnica, conocedora, práctica.

En lo material, a veces en casos de situaciones técnicamente más difíciles, el asombro permite resolver eventualidades imprevistas, con lucidez intuitiva que va, más integradora, abarcando, más allá de la técnica rutinaria, académica, racional.

Pero sobre todo la ecología del asombro es la madre generosa del momento sensible, poético. En la poesía encuentro la mejor expresión de la naturaleza del asombro.

Recuerdo de un diálogo con un monje benedictino amigo, la siguiente historia: Dos amigos van en auto, lejos de las ciudades, al atardecer, y uno de ellos observa una bandada de garzas que levanta vuelo contra el sol poniente, y comenta con emoción la escena. A lo que el amigo responde,: “No es extraordinario, ¡es la egretha thula en época de migración!”.

Según me siguió contando el monje, con esta respuesta, el segundo amigo peca.

Habría una ecología del silencio que rodea la sensibilidad, una ecología del asombro en riesgo.

Hay un espacio de reconstitución continuo de la ecología de nuestro cosmos, (nuestro universo, nuestro capullo), de reconstitución del significado de lo que pasa, de nuestra respuesta ética ecológica necesaria, que se alcanza con mayor integridad y fuerza si nos dejamos tocar desde nuestra profundidad original y no desde el sentido materialista, egoísta, pragmático de la ley solamente. Habría aquí una paradoja escondida. La sensibilidad a la escucha es necesaria. Lo material y craso, en esta línea de crecimiento, no. Aún cuando se presentara como académico, legal o pragmático.

El asunto pasa por sentir la ecología como algo a partir del ser integral de nuestra humanidad, racional sí, ético, pero sobre todo en comunión con la realidad en su dimensión orgánica, plena, no selectiva racionalmente, dimensión original y no manufacturada, que incluye este dinamismo de la sensibilidad ecológica hacia el ser profundo, hecho de fragilidades, de ilusiones, de esperanzas. De lo que es ya y no es todavía. Entre lo necesario y lo superfluo.

Cuentan que Platon describe el saltar de alegría, como la primera poesía del hombre. Estos saltos, que surgen en nosotros integralmente, abrazados o solos, asumidos con toda la personalidad pueden considerarse plenos de significado, y no sirven para nada, son puro arte y plenitud, ecología perfecta. Son lo más necesario.

La inquietud ecológica con el medio ambiente, quizá pueda arraigarse con más sensibilidad, con más inmediata percepción desde nuestro mundo interior, si nos dejamos abrazar como en los saltos de alegría de Platon, conectándonos cada vez  con cada gesto ecológico, como lo que puede ser: un salto espontáneo con otros corazones, de consideración y  empatía hacia la vida, hacia la fragilidad de lo necesario, hacia el asombro maravillado.

[1] (asombro en este texto asumiria el significado de la palabra inglesa  “ awe”  usada en textos de espiritualidad como el estado de animo prescindente de juicios, maravillado, absorto, contemplador, gozoso)

 

NO SOLO UN SUEÑO SINO UNA REALIDAD

Dra. Cristina Calvo
Profesora universitaria de Ética y Desarrollo

La iniciativa de una “economía de comunión” lanzada en Brasil y de allí a todo el mundo en mayo de 1991 se comprende ubicándola en el marco del Movimiento de los Focolares, fundado por Chiara Lubich, con un carisma dedicado a la unidad, al diálogo, a la construcción de una paz con justicia. La práctica de la comunión de bienes materiales y espirituales está dentro del ADN del Movimiento desde sus orígenes en 1943 en Trento, Italia. El valor agregado que le dió Chiara Lubich en el ´91 fue, invitar a todos los que hacían de su compromiso evangélico una causa  para la transformación social, a que pasaran de una “comunión de bienes personal a una comunión de bienes a escala productiva”. De ahí que la “economía de comunión” pasa a ser una experiencia mundial, en la que participan ciudadanos, trabajadores, profesionales, estudiantes, organizaciones  y personas en situación de necesidad y, tiene como objetivo, contribuir a erradicar la pobreza mediante el compartir de bienes espirituales y materiales y el fomento de la autosostenibilidad,  a fin de crear  una economía   más justa y más humana.  “Economía  de comunión” ha evolucionado y se ha expandido por todo el mundo, alcanzando resultados palpables en estas dos últimas décadas, entre los que cabe destacar:

  • El desarrollo de una red socialmente responsable formada por empresas productivas que están dispuestas, colectivamente, a aplicar sus utilidades para facilitar el acceso a una vida digna de personas en situación de vulnerabilidad, a crear puestos de trabajo para que esa salida de la pobreza sea sostenible y a divulgar una “cultura del compartir”. La red incluye más de 800 empresas, cooperativas  y organizaciones  pequeñas y medianas, con  y  sin  fines  de  lucro,  en  más  de  50  países   presentes   en  todos  los continentes y un número mayor de organizaciones que, sin participar directamente de la red, adhieren a su espíritu y a sus valores
  • Una red de recursos financieros  que apoya,  en África, Asia, América Latina y Europa Oriental, a miles de familias  mediante: alimentos,  refugio,  asistencia  médica,  iniciativas  educativas, formación profesional y oportunidades de trabajo
  • La divulgación de   una   nueva   “cultura   del   compartir”,   ofreciendo   cientos   de ponencias  en  conferencias,  cursos  académicos  y  seminarios  internacionales sobre temas    económicos,    empresariales    y    de    desarrollo,    en    universidades de todo el mundo
  • Un modelo de desarrollo económico y social que atrajo la atención de más de 300 tesis de investigación y doctorado realizadas por jóvenes, en 14 idiomas distintos y en diversos entornos académicos.
  • La fundación y financiación del Instituto  Internacional  de la Universidad  de Sofia, cerca de Florencia  (Italia), que forma en la cultura de la comunión a jóvenes de todo el mundo.

Pero también la “economía de comunión” , fundamentalmente a través de los jóvenes, aprovecha las convocatorias internacionales para cuestionar el desigual sistema dominante en el mundo y proponer alternativas de cambio. En febrero del 2012, por ejemplo, en las reuniones del Consejo Económico Social de Naciones Unidas presentaron su experiencia testimonial y pidieron cambios concretos, mencionando entre otras cosas: “En  los últimos años el desarrollo económico ha estado drogado por un comportamiento éticamente   discutible   que pone en peligro la vida en el mundo.   El sistema económico y financiero occidental sigue siendo estructuralmente frágil y requiere nuevas reglas que le hagan recuperar sus  funciones en pro del bien común. Por ello, pedimos a los gobiernos y a los grupos de organizaciones no gubernamentales reunidos hoy:

  1. Que involucren a la sociedad  civil en el desarrollo  de políticas  que den valor a los trabajadores, incluidos los que se dedican al cuidado de los niños y a la asistencia a personas ancianas o con discapacidad.
  2. Que desincentiven las transacciones  financieras  altamente  especulativas, fomenten la transparencia fiscal y dicten impuestos justos para todas las transacciones.
  3. Que reduzcan el gasto militar.
  4. Que eliminen las barreras aduaneras para los productos de los países que respetan a los trabajadores y el medio ambiente.
  5. Que apoyen  las  políticas  e infraestructuras  que  alientan  a las  empresas a asumir responsabilidades como ciudadanos por el bien común.

La “economía de comunión” fue reconocida por el Papa Benedicto XVI en su encíclica  Caritas  in Veritate,  de 2009,  como  “una  nueva  y amplia  realidad compuesta,  que implica al sector privado y público y que no excluye el beneficio, pero lo considera instrumento para objetivos humanos y sociales”, dentro del universo de economías alternativas centradas en el bien de la persona, su comunidad y el medio ambiente. En la actualidad todos sus integrantes, según sus específicos ámbitos de actuación, participan y se comprometen en el incesante llamado del Papa Francisco a cambiar “esta economía que mata”. Para profundizar sobre estos temas existe una web muy completa www.edc-online.org desde donde también se pueden conocer sus desarrollos en Argentina. Si estas convicciones, esperanzas y compromisos  son compartidos  por muchas  personas  de todos  los continentes  y, si nuestro comportamiento cotidiano, refleja estas convicciones, la aspiración a una economía  no solo eficiente, sino también justa y fraterna, no será un simple sueño sino una realidad.

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NO HABÍA LUGAR PARA ELLOS

Mensaje de Navidad de los Obispos de la Región Patagonia-Comahue (diciembre de 2009)

Queridas hermanas y hermanos,

Una vez más las festividades de la Navidad nos unen en la gozosa meditación del gran amor de Dios Padre que “tanto amó al mundo que quiso enviarnos a su Hijo, para que tuviéramos vida por medio de él” (1 Jn. 4,9).

No tendría sentido hacer fiesta, comer pan dulce y brindar con sidra si no pensáramos, al menos un momento, por qué estamos haciendo fiesta y por qué intercambiamos los augurios de felicidad.

1- “No había lugar para ellos”

En la narración del nacimiento de Jesús hay una  afirmación que nos parece muy importante reflexionar. El Evangelio de S. Lucas dice que José y María, cuando llegaron a Belén, tuvieron que refugiarse en una gruta porque “NO HABÍA LUGAR PARA ELLOS” (Lc. 2,7) en el albergue de la ciudad. La triste realidad era que el mundo que había nacido de Dios Padre como un proyecto de amor para ser “casa de todos”, no hacía lugar para hospedar una mujer que estaba a punto de dar a luz.

Situación que se ha vuelto muy frecuente en la historia de la humanidad. Hoy se torna cada vez más difícil que todos “tengan un lugar”. No sólo no hay viviendas para todas las nuevas familias, en particular las más pobres que tienen que amontonarse en asentamientos inhumanos, sino también porque se multiplican los lugares donde la vida humana ya no es posible por la contaminación y la desertificación.

El drama de Belén hoy se repite. Hay quienes no tienen lugar porque se les niega el derecho a la vida antes de nacer, así como existen ancianos que sufren el desalojo y alejamiento de su propia familia. Hay familias que por la inseguridad y la violencia sufrida pierden su casa y sus bienes. Y de no tomarse en serio el cuidado del suelo, el aire y el agua muchos más quedarán sin “un lugar” para vivir. Es por eso que, en sintonía con el lema del año 2010: “SI QUIERES CULTIVAR LA PAZ, CUIDA LA CREACIÓN”,  propuesto  por Benedicto XVI, quisiéramos llamar su atención sobre el cuidado del universo  para que no transformemos este mundo en un lugar inhabitable

2- La tierra, el aire y el agua don de Dios para todos

La familia humana necesita una casa a su medida, un ambiente donde vivir sus propias relaciones. Esta casa es la tierra, el ambiente que Dios Creador nos ha dado para que lo habitemos.

El Papa Benedicto XVI nos dice: “Cuando Dios, con la creación, ha dado al hombre las llaves de la tierra, espera de él que sepa usar de este gran don haciéndolo fructificar en modo responsable y respetuoso”.

Solamente así con responsabilidad y respeto esa naturaleza que nos alberga y que hemos recibido como un don será capaz de ser la casa de nosotros y de nuestros descendientes.

Existen dos formas de relacionarse con la creación: usarla de manera respetuosa, para que nos conceda lo necesario para la vida, o explotarla de forma irresponsable, para sacarle todo lo que tiene y dejarla inservible y nociva para las futuras generaciones.

Dice Benedicto XVI: “Hoy se ha de ayudar a las personas a que sepan ver en la creación algo más que una simple fuente de riqueza o de explotación en manos del hombre”. La Creación es la casa común de todos nosotros y  de nuestros sucesores. Una casa que debemos cuidar, que no podemos explotar bajo pena de destruirla para siempre.

En la vida cotidiana cuando alguien puede llegar a tener una casa propia se esmera para hacerla habitable, trata de mejorarla cada día y no permite que alguien la arruine o destruya. Así tendría que ser nuestra relación con la naturaleza que nos cobija, tanto más para aquellos que vivimos en este rincón maravilloso del planeta: la Patagonia. Un lugar ciertamente muy codiciado por ser aún natural, por no haber sido dañado por la mano del hombre, por ser uno de los reservorios de agua dulce más importante del mundo.

Es por eso que nos preguntamos: ¿Qué intenciones pueden inspirar a ciertos proyectos que terminan transformando una naturaleza llena de vida en tierra de muerte? La explicación posible parece ser la búsqueda del lucro inmediato sin alguna preocupación por el futuro. Esta actitud no tiene en cuenta“el bien común” y  prioriza el interés de unos pocos en desmedro de las necesidades de la familia humana de hoy y  de mañana.

Constatamos que con frecuencia las empresas que obran así son multinacionales, que hacen aquí lo que no se les permite en países desarrollados o del llamado primer mundo. Generalmente al cesar sus actividades y al retirarse dejan grandes pasivos humanos y ambientales, como la desocupación, pueblos sin vida, agotamiento de algunas reservas naturales, deforestación, empobrecimiento de la agricultura y ganadería local, cráteres, cerros triturados, ríos contaminados y algunas pocas obras sociales que ya no se pueden sostener.

La pesca y la minería son actividades necesarias, nobles y dignas de ser aprobadas, siempre que se ejerzan evitando la depredación impune y la contaminación.  Hay que cultivar la tierra, sin intoxicarla y sin agotarla. Todas las actividades productivas y extractivas, deben respetar un determinado orden inscrito en las leyes y en la finalidad de la naturaleza para que no se vuelvan contra el hombre.

Debemos entonces ser consientes y estar preocupados por  las consecuencias de la actividad del hombre, sobre los frágiles equilibrios del planeta. La afirmación del Evangelio que estamos comentando, es dramática y muy triste: “no había lugar”, más dramática y triste cuando es producto del egoísmo humano y de una ausencia total de solidaridad.

3- Todos somos responsables

Frente a la situación de María y José al “no encontrar un lugar” para cuidar la vida de Jesús, queremos llamar al compromiso para que el mundo pueda ser  siempre la casa de todos. Compromiso entonces de cuidar y defender la tierra, el agua y el aire, para que sea en definitiva un “mundo habitable”, como Dios quiere (cf. Is. 45,18).

Cuidar de la creación requiere la participación responsable de todos en lo que atañe al bien común.

Invitamos a nuestros legisladores para que pongan reparo a esta situación mejorando las leyes existentes, haciendo más rigurosos los controles necesarios y estableciendo regalías e impuestos que permitan a los gobiernos provinciales y municipales pensar en la economía futura cuando las empresas hayan dejado el lugar.

Pedimos a los gobernantes que no se dejen ilusionar por las promesas y el dinero que empresas sin escrúpulos pudieran ofrecer. Que piensen políticas de estado a mediano y largo plazo apropiadas en la búsqueda de un desarrollo sustentable para las actuales y futuras generaciones.

Comprometemos a todos, y en especial a los medios de comunicación social, a incentivar la responsabilidad que nos compete a todos de cuidar el ‘eco sistema’ en función del bien común.

Exhortamos a todos los hombres y mujeres de buena voluntad  para que estén alerta y se organicen para impedir proyectos que no tengan en cuenta la preservación del medio ambiente y de la vida, que no se dejen ilusionar por beneficios inmediatos que comprometen negativamente el futuro.

Invitamos a todos los empresarios a tener en cuenta la responsabilidad social de sus emprendimientos, la explotación de los recursos naturales tiene una hipoteca social.

Alentamos a cada familia, y al mundo de la educación, que siembren en las nuevas generaciones un estilo de vida marcado por la sobriedad y austeridad solidaria, como camino seguro para que el planeta sea siempre “casa para todos”.

Valoramos a todos aquellos, especialmente a los pueblos originarios, que consideran a la tierra como madre, fuente de vida y casa común, y los alentamos a promover esta verdad en los demás.

  1. Imploremos la gracia de la Navidad.

Pedimos al Señor, por intercesión de María que buscaba albergue para dar a luz a su Niño, para que todas las mujeres y los hombres, especialmente los más pobres, puedan encontrar un lugar digno en el mundo, y que el nuevo año nos encuentre comprometidos viviendo el lema de la jornada mundial de la paz que nos propone el Papa: “Si quieres cultivar la paz, cuida la creación”.

Los Obispos de la Región patagónica muy fraternalmente compartimos con ustedes y sus familias la alegría del Nacimiento del Salvador, y  el compromiso que su presencia suscita  de hacer de nuestro suelo y de nuestra historia un lugar feliz, de bendición, de gracia y de progreso sustentable para todos.

Les damos nuestra afectuosa bendición personal en estas fiestas de Navidad y del Nuevo Año del Bicentenario de nuestro camino como Nación Argentina.

Rezamos por ustedes, recen por nosotros.

Mons. Marcelo Melani, sdbobispo de Neuquén
Mons. Néstor Hugo Navarro, obispo de Alto Valle
Mons. Esteban Laxague, sdbobispo de Viedma
Mons. Fernando Maletti, obispo de San Carlos de Bariloche
Mons. José Slaby, cssrobispo Prelado de Esquel
Mons. Virgino Bressanelli, scjobispo de Comodoro Rivadavia
Mons. Juan Carlos Romanín, sdbobispo de Río Gallegos 

 

¿QUÉ HAGO POR LA ECOLOGÍA EN MI CASA?

Los alumnos de 5° año de primaria se animaron a responder esta pregunta y relatan las distintas cosas que realizan en sus casas para cuidar el medioambiente.

Recopilamos algunas de ellas e invitamos a los lectores a inspirarse con sus respuestas para seguir cuidando nuestro Planeta, que es un regalo de Dios, entre todos.

Datos estadísticos:

Universo: 61 respuestas

  • Pilas recargables: 12 respuestas 20%
  • Agua: 31 respuestas 51%
  • Electricidad: 29 respuestas 47%
  • Reciclar/Separar: 41 respuestas 67%
  • Tapitas: 4 respuestas 6%

Ailén R.

Yo compro pilas recargables, junto tapitas, no uso mucha luz, solo la luz del día, uso las cosas de electricidad pero después las apago y cuido las plantas.

Vicky O.

Apago la tele y las luces en mi casa cuando no lo necesito y cuando como la comida y sobra, no la tiramos, la comemos otro día.

Ezequiel

Yo reciclo las botellas, papeles, apago la electricidad de mi habitación cuando me voy.

Felipe V.

Yo uso pilas recargables, cuando me voy de mi cuarto apago la luz y el ventilador si está prendido.

Emilia J.

Yo para cuidar el medioambiente, cuando como una naranja o mandarina, después hago una cajita. Cuando salgo de mi cuarto o de alguna parte de mi casa, apago la luz.

Chiara

Lo que hago es: a veces sacar la basura, siempre que hay una canilla abierta la cierro (a menos que la estén utilizando), cada vez que tenemos (mi familia y yo) que tirar el telgopor lo uso para hacer manualidades, con una amiga hicimos tambores con latas y maracas con vasos descartables. Eso es todo lo que hago para cuidar el medioambiente

Renata Be.

Tiro los papeles a un tacho, las latas en otro y el plástico en otro. Los cartones en una caja aparte. Reutilizo los tarros de mermelada en mini-macetas.

Pedro

Yo tiro la basura en el tacho de reciclaje (verde) y lo otro va en el tacho de no reciclaje (negro). No uso mucha tecnología.

Julia R.

Hay una plaza que está a la vuelta de mi casa que recicla y yo todos los meses junto dos bolsas y las llevo para reciclar: una bolsa por plástico y una por papel.

Matteo F.

Si uso un sachet de leche cuando se termina lo lavo y lo pongo en el reciclaje, lo mismo con un pote de postrecito.

Francisco M.

Yo cuido el medioambiente cuidando el agua y la luz. Cuando la luz no la uso la apago y el agua la cierro bien y reciclo.

Victoria R.

Yo lavo los potes de yogur y los pongo para que mi hermana juegue al supermercado. Con mi mamá separamos la basura del diario y cartón.

Carolina B.

Yo en mi casa en vez de prender todas las luces, abro las persianas.

Marco D.

Yo cierro la canilla cuando me lavo los dientes, cuando me compran yogures los envases los uso para cosas, o cuando le hago el té a mi papá cuando termino, cierro la llave de gas.

Lara I.

Yo cuando me lavo los dientes, mientras me los lavo no dejo la canilla abierta y lo mismo cuando me lavo las manos. En vez de venir al cole en auto, vengo caminando. Cuando lavo los platos, no dejo la canilla abierta, primero le pongo detergente a unos cuantos y después abro la canilla para enjuagarlos.