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¿A QUÉ JUGAMOS?

EDITORIAL

Con el equipo de redacción nos hemos planteado qué matices deseábamos tuviese este número de nuestra revista, asumiendo este tiempo vital de la Nación.

La lectura atenta de las diversas reflexiones que aquí se ofrecen, nos ayuda a pensar que la diversidad que habita en nuestro pueblo es una de las enormes fuerzas y riquezas que posee,  y que si aprendemos a respetarnos diversos y convivimos de manera más adulta, podremos terminar jugando a ser Nación, cada una, cada uno aportando lo propio que es tan necesario en el complejo rompecabezas que a lo largo de la historia hemos ido armando y desarmando entre todos.

Lo interesante de jugar, es que si bien hay encuentro y esperanza, no se controla el resultado. Los tiempos de resultados inciertos son llamados en la cultura china, “tiempos interesantes”.

Aceptar esto de los encuentros de resultados inciertos, es abrirse a las gracias de jugar, de recibir los resultados imprevistos y tal vez mucho más gratificantes que aquellos que la mezquindad de la mente tacaña, desmotivada, conservadora, pueda articular.

El  juego es entre otras cosas un abandonar el uso exclusivo de la razón para abrirnos a las opciones que tal vez ni tenemos idea de que existan.

Porque hay cosas sabias que pueden ocurrir, que ni siquiera sé que no las se / que ni siquiera sabemos que no las sabemos. Y sabiduría es estar preparado, darse cuenta si en el acaso ocurrieran.

En periodos de nuestra vida en que el paisaje parece yermo, determinado, sin ritmo ni opciones que nos sorprendan ni nos nutran, corresponde más que nunca, estar alertas y jugar.

¿Qué podemos imaginar como lo más opuesto al ánimo de juego? Cada lector haga su propia lista de opciones…

A veces los conflictos no son con un enemigo o con una contraparte. A veces se nos opone como un obstáculo un estado de ánimo que se nos instala obsesivamente, desgastándonos, en una situación que no nos merece entusiasmo, fe ni esperanza racionales. Una situación rígida o yerma, sin opciones cargadas de significado que permitan discernir en la elección.

Como cristianos podemos jugar con prudencia, sin volcarnos desproporcionadamente a lo que no sabemos. Discerniendo y confiando. Sin sentirnos desoídos en la oración.

Confiando y abrazándonos en la confianza hacia un juego que sabemos excede lo que percibimos. El que sopla donde quiere y cuando quiere, favorece los espíritus sabios, discernientes y lúdicos. Alerta, prontos para darse cuenta. De oído gentil para comprender la música.

Así que entonces, ¿a que jugamos con nuestras opciones en los próximos meses?

¿Si la situación pareciera ofrecer opciones descontadas, herméticas a nuestra comprensión insuficiente? En las que nuestra sensibilidad no consiguiera desentrañar el sentido de nuestro juego, aun tal vez luego de discernir sin mucha convicción a quien dar nuestro voto?

En los días, semanas, meses, en que los resultados, las expectativas, debates, parezcan no aportar lo que nos gustaría que le diera drama y movimiento a nuestro futuro político, tal vez podamos reconocer los movimientos sutiles y sabios que se deslizan entre lo previsible.

Inspirándonos y discerniendo con el Espíritu, escuchemos y encontrémonos con verdadera esperanza, con ánimo de un juego en el que hay más de lo que vemos y  que hace que en efecto, la situación sea fluida, interesante. Y confiando en la plenitud que pueda darnos la gracia y el ritmo de un continuo, generoso, lúdico y creativo dialogo.

Mucho agradecemos a todos los que con sus escritos se exponen a la comunidad, que ciertamente es una forma muy válida para seguir construyendo la casa común.

 

¿NOS INTERESA REALMENTE LA EDUCACIÓN?

Por Juan J. Llach. Miembro de la Academia Nacional de Educación. Ex Ministro de Educación de la Argentina

Sí, claro que nos interesa, al menos la de nuestros hijos o nietos y las de nuestro entorno más cercano. No está claro, en cambio, cuánto nos interesa en comparación con otras prioridades y si nuestra preocupación por ella alcanza también a “los otros”, a nuestros prójimos más lejanos. La intensidad de nuestro desvelo educativo sufre un primer golpe en las encuestas. Ellas revelan que cuando se nos pregunta cuán importante es la educación una abrumadora mayoría responde que es muy importante. Pero bajo esta delgada capa, al inquirírsenos cuáles son nuestros principales problemas o los del país, la educación cae a un quinto o sexto lugar detrás de la inseguridad, la inflación, el desempleo o las drogas. No es que estas cuestiones no sean importantes o prioritarias pero la postergación de la educación en nuestra nómina revela que no le otorgamos el papel causal que ella tiene respecto de todos los problemas mencionados, y de muchos otros. Las encuestas muestran también que cuando se nos pregunta si estamos satisfechos con la educación que reciben nuestros hijos en las escuelas a las que asisten entre dos tercios y tres cuartas partes mostramos conformidad. En contraste, si la pregunta es cómo está la educación en el país, idénticas proporciones la ven regular o mal. Es claro que ambas respuestas son contradictorias entre sí y, además, revelan que la gran mayoría de nosotros considera que los problemas de la educación son “de los otros”, no nuestros, lo que lleva finalmente a no preocuparse ni ocuparse más del tema.san gabriel 3

Lo anterior no impide que la añoranza de un pasado mejor tiña buena parte de las miradas sobre la educación argentina, al menos la de los otros. En parte está bien que sea así porque, más allá de matices siempre necesarios, es cierto que la posición relativa de nuestra educación en el mundo y su potencial para aportar a la construcción de una sociedad más inclusiva son hoy menores que en muchos momentos del pasado. Baste recordar que nuestra escolarización supo estar al nivel de varios países europeos o que ninguna otra nación latinoamericana ha tenido siquiera un premio Nobel de ciencias duras egresado de una universidad propia y que la Argentina ha tenido tres, aunque el último de ellos hace ya treinta años.

Los indicios del deterioro de nuestra educación formal son varios y están en aumento. Limitándonos a la educación básica –inicial, primaria y media–surge que la Argentina ha caído desde el primero o segundo puesto en Latinoamérica hace veinte años a entre el cuarto y el octavo hoy, según niveles y disciplinas en los resultados de pruebas estandarizadas internacionales de lengua, matemática y ciencia – tanto las de UNESCO (PERCE, SERCE y TERCE, tercero y sexto año de primaria) como las de la OCDE (PISA, secundaria, 15 años de edad). Sólo 52% de los chicos argentinos de 15 años comprende cabalmente lo (poco) que lee y sólo un tercio alcanza niveles mínimos en matemática. No es todo, porque el clima de trabajo en las aulas y en las escuelas, según los propios chicos, es el peor entre los 65 países participantes en la última prueba PISA (2012). Ellos también reconocen ser los segundos que más faltan voluntariamente a clases, detrás de los de Letonia. El ausentismo docente también es muy alto y la cantidad legal de días de clase relativamente baja (190). De estos indicios se deduce que, la cantidad de días en la que maestros y alumnos se encuentran en el aula y logran un buen clima de trabajo, es cerca de la mitad de la legal.san gabriel 1

Los lectores que llegaron hasta aquí probablemente pensarán que todo lo dicho no afecta directamente a sus hijos, hermanos, nietos o amigos. Yo no estaría tan seguro porque según la misma prueba PISA de 2012 (este año se toma otra), los aprendizajes de los adolescentes argentinos en las escuelas de mayor nivel socioeconómico son iguales a los que obtienen los chicos que asisten a las escuelas de menor nivel socioeconómico en los países desarrollados.

La de la calidad no es, lamentablemente, la única señal de alarma. El progreso de la escolarización en el siglo XXI ha sido importante en el nivel inicial pero muy pobre en la escuela media donde sólo el 58% de los chicos termina de cursar las materias –algo más si se computa también el plan FINES que ayuda a hacerlo con calidad mediocre o mala– y apenas un 44% se gradúa a tiempo. En fin, hay también una persistente segregación o discriminación social de hecho, ya que, quienes nacen en cunas más ricas asisten luego a escuelas de mayor calidad que quienes nacen con mayores carencias, un verdadero escándalo que perpetúa la pobreza y la desigualdad y que muchas familias intentan atemperar pasando a sus hijos desde la escuela de gestión estatal hacia la privada. Posible solución individual, pero no colectiva. Afortunadamente también hay escuelas, estatales y privadas, que alcanzan buenos logros en contextos socioeconómicos desfavorables por la capacitación y voluntad de sus directivos y docentes.san gabriel 2

En medio de tantos sinsabores la realidad nos muestra también algunas luces. Por ejemplo, hay un mayor acuerdo técnico sobre varios puntos de la agenda pendiente de políticas educativas. Extender y fortalecer el desarrollo infantil con más y mejores jardines maternales; lograr la universalización del nivel inicial desde los 3 años; extender la jornada escolar hasta por lo menos 6 horas para permitir que todos los chicos puedan acceder sistemáticamente a la segunda lengua, la tecnología, la expresión artística, el deporte o la recreación, hoy sólo al alcance de menos de la mitad de ellos; realizar evaluaciones censales de calidad de los aprendizajes cada dos años para que cada escuela pueda identificar fortalezas y debilidades y capacitarse en consecuencia, cambiando así el centro de gravedad de las políticas educativas desde las burocracias hacia las escuelas. También, dado el tremendo desafío de los cientos de miles de jóvenes que no trabajan ni estudian –en la mayoría de los países- es esencial que en la jornada extendida de la escuela secundaria los chicos adquieran alguna competencia laboral, incluyendo la capacidad de emprender. Repensar la escuela media desde la diversidad cultural y la inserción en el mundo del trabajo es una de las grandes tareas, y deudas, del ahora. Claro, nada de lo dicho podrá realizarse sin una sistemática jerarquización de la docencia plasmada en una nueva carrera docente con un horizonte sostenido de aumento de las remuneraciones reales pero también con nuevos criterios de promoción, tales como la mejora de la formación docente, hoy muy deteriorada; una capacitación genuina y programada, no un supermercado de cursos; estímulos al presentismo; profesores secundarios por cargo y no por horas para ser parte de un equipo y el reconocimiento a todo el personal de las escuelas que mejoren sus logros de graduación y de aprendizajes, cualquiera sea su punto de partida. Esta carrera debería ser obligatoria para los nuevos docentes y optativa para quienes están en ejercicio.

Por cierto, la educación tiene alcances mucho más amplios que la escolarización y la calidad del aprender. Ella da la oportunidad para que los chicos y los jóvenes formen lo que antes se llamaba el carácter y hoy se nombra como habilidades no cognitivas o socioemocionales, tales como la confianza en sí mismo, la proactividad, la capacidad de formular y desarrollar proyectos y algo tan fundamental como la buena relación con los demás. Por otro lado, es decisivo el papel de la educación en valores que, para quienes somos cristianos, deben estar centrados en el amor al prójimo como expresión del amor Divino, con todas las exigencias pero también las grandes alegrías que esto conlleva.san gabriel

Frente a una realidad tan compleja y en la que abundan aspectos negativos cada uno de nosotros debería sentirse interpelado por el título de estas líneas: ¿nos interesa, realmente, la educación? Una respuesta positiva sólo es cabal si se acompaña con acciones, desde las más sencillas de poner granitos de arena para la mejora de la escuela a la que estoy vinculado hasta la participación en alguna de las tantas organizaciones de la sociedad civil, laicas o religiosas, que luchan por la mejora educativa, y especialmente por la de aquellos que más lo necesitan.

En un plano más general, la mejora plena de la educación sólo será posible si los líderes políticos la colocan en lo más alto de sus prioridades, algo que está muy lejos de ocurrir. Casi siempre se encuentran excusas para priorizar lo urgente por sobre lo importante y la educación es percibida como algo que cuesta mucho tiempo y esfuerzo cambiar, quedando los eventuales beneficios para el sucesor. Las próximas elecciones presidenciales dan una nueva oportunidad y sería importante que los candidatos sean más claros que hasta ahora en sus propuestas. Pero para poner en marcha este círculo virtuoso será esencial una mayor y mejor participación de la sociedad civil exigiendo esa prioridad de la educación. También en esto nos estamos quedando respecto de muchos países latinoamericanos –Brasil, Chile, Colombia, México- en los que hay vastos movimientos sociales que hacen el mejor de los lobbies, el de la educación. Si esta nos interesa de veras tenemos que actuar más coherentemente en el futuro. Sólo así podremos construir una sociedad más acorde a los valores del Evangelio, con menos pobreza y una mayor integración social.

NOSOTROS QUEREMOS CAMBIAR EL MUNDO

Por Sandra M. Almeyda. Lic. en Relaciones Internacionales. Magíster en Derechos Humanos

Entrevista a Juan Carr, fundador de la Red Solidaria y exalumno de San Gabriel

Sábado por la mañana en un café de Vicente López, instalados en la “mesa de Juan”, donde se reúne habitualmente con personas de diversas instituciones, voluntarios y amigos, para intentar dar solución a problemas apremiantes de variada índole: catástrofes naturales, personas perdidas, o que esperan un órgano para trasplante.

Damos inicio a la conversación y a medida que responde las preguntas, en forma simultánea pone a cargar la batería de su teléfono celular; saluda a varias personas que entran y salen del café, una le dice que tiene un colchón para donar; contesta mensajes que le entran en el chat; opina en twitter. Y todo esto, con absoluta naturalidad y dando muestra de ser un verdadero “tecno-sapiens”.

Como si esto fuera poco, durante la entrevista mantiene diálogo con un sacerdote de Nueva York por un tema de inmigrantes; con un profesor de la Universidad de La Plata porque se perdió una joven de 19 años; con Gustavo Béliz; con Adrián Suar y con varios scouts para lanzar una nueva aplicación de alerta solidaria.

¿Cómo definís la tarea que desarrollás?

No sé bien cómo definirme, porque lo que me obsesiona es cambiar la realidad. Al que sufre le pregunto qué necesita y veo cómo ayudarlo. Hace 21 años que estamos haciendo esto. Desde el inicio en la Red Solidaria, nosotros queremos cambiar el mundo. Esto va desde algo tan simple como salvar un árbol autóctono que está en riesgo de perecer, hasta colaborar con un señor en China, a quien le 11755885_1023820950984758_6180256874359030483_nrobaron su hijo y está recorriendo el país con su camioneta para encontrarlo. También si hay un terremoto en Irán, enviamos desde España o Francia 100 frazadas. El viernes a la noche hicimos una cena para personas en situación de calle, con la colaboración de los hermanos Petersen que prepararon el menú y además, comieron acompañados por un cuarteto de cuerdas. En agosto, ante la catástrofe de las inundaciones en la Provincia de Buenos Aires, enviamos 75 camiones con ropa y pañales para tres meses.

¿Qué hay de aquella “revolución solidaria”?

Sigue intacta. Si una persona que vive en la calle tiene frío, la abrigo y después hay que sostenerla y acompañarla hasta donde se puede. Hoy desde Mundo Invisible, trabajamos en la última etapa de una Cultura Solidaria en Movimiento: es una herramienta para aquellos que necesitan expresar su necesidad, su urgencia, su soledad, o sencillamente su deseo, y conectarlos con todos los que estén dispuestos a emprender un camino hacia ellos. Desde ahí generamos campañas de comunicación masiva a través de profesionales de la comunicación, que actúan en comunión con numerosas empresas, organizaciones sociales, docentes, artistas, científicos, trabajadores y gobiernos. Nuestro desafío es dar visibilidad a los postergados, los enfermos, los que duermen en la calle, los que esperan un trasplante, las personas perdidas, las que carecen de acceso a tecnología médica excepcional, o deben enfrentar las consecuencias de una catástrofe natural. Son los que esperan una oportunidad. Son los que necesitan de nuestro compromiso. Nuestro twitter de HambreCero tiene 4,5 puntos de “raiting” en las redes sociales, eso implica un nivel de difusión enorme.

¿El compromiso social es un modo de hacer política?

Sin duda. Por ejemplo, es conmovedor ver que nosotros lanzamos que en la Ciudad de Buenos Aires se perdió un niño y el Gobierno de la Ciudad pone una línea telefónica, para que la población que cuente con alguna información, pueda comunicarla rápidamente. Hicimos un WhatsApp solidario para disparar una alerta solidaria cuando se pierde una persona. Estamos conectados con iglesias, municipios, bomberos, scouts. Ya está en marcha, lo que queremos es que el país se entere de lo que pasa. La comunidad tiene que saber qué pasa. Contamos con 5.500 voluntarios digitales que replican y difunden. Seguro que esta tarea conlleva a instalar temáticas en la agenda pública. Nosotros articulamos con los Macri de Ciudad y del Municipio, con Massa en Tigre, con Universidades, con clubes de fútbol, trabajamos en red con todos los sectores y ámbitos de la sociedad. El993302_618621254838065_931462222_n aumento de la concientización en la sociedad genera cambios espectaculares: hace 10 años se hacía un trasplante cada 3 semanas y el 30% salía bien; hoy se hace 1 cada 3 días y el 70% sale bien. Colaboramos con las Madres del Dolor, que trabajan para evitar muertes por accidentes de tránsito. Hace 10 años morían entre 20 y 22 personas por día por estos accidentes, hoy la cifra bajó a 10. Por eso es necesario hacer campañas de concientización a la población en general y también a los políticos y políticas, para la toma de decisiones.


¿De qué modo pensás que incidís con tu tarea en las políticas públicas?

Depende del día, de la hora y del lugar. Hoy incidimos más que hace 21 años. Mi generación es la que gobierna hoy, la que tiene el poder, tanto desde lo privado como desde lo público. Nosotros hemos contribuido con temáticas como la donación de sangre, de médula ósea, de trasplantes, de chicos perdidos, de trata de personas, de suicidios, de soledad, de tránsito, de autismo, de enfermedades raras.

Algunas personas temen hacer política desde la sociedad civil ¿por qué pensás que la política tiene mala prensa?

En mi opinión, la política no tiene mala prensa. Mirá, los 90 fueron débiles en participación social, sabíamos que se venía una crisis y pensamos que la solidaridad crecería y que la sociedad civil iba a generar nuevos líderes en los partidos políticos. Eso todavía no sucedió. A algunos políticos los admiro, otros son un desastre. Hay gente en la política que trabaja heroicamente. Pero la solidaridad sigue lejos de la política y eso es preocupante. Porque hay que tener en cuenta que lo que cambia la realidad no es la solidaridad, sino la política y ese es el puente que aún falta construir. En lo personal, tengo relación permanente con la política y los políticos. La gente en la calle me felicita porque no me meto en política y eso me parece tremendo. La clase media está enojada con la política.

¿Cuáles serían las líneas de política pública que habría que impulsar?

Sin duda falta profundizar en varias líneas. Algunas de ellas: enfermedades raras como la esclerosis múltiple, utilización del cinturón de seguridad, incrementar la realización de tests de alcoholemia, falta de donantes de sangre, donación de órganos. Nosotros hemos identificado 81 temáticas en las que hay mucho por hacer aún.

¿Cómo ves la acción colectiva en Argentina?

La acción colectiva en Argentina crece, mejora, fue variando durante el curso de la Historia. En 1810 fue muy fuerte y conmovedora; también en la época de Rosas; durante la Generación del 80, que hubo una gran movilización ciudadana; con la fundación de la Unión Cívica Radical; con Yrigoyen, se reforzó con la Ley Sáenz Peña; disminuyó con las dictaduras; reaparece fuerte con Perón y el gremialismo; con Illia; con Alfonsín; se desinfla en los 90 y se multiplica con la crisis del 2001. Hoy en día sigue creciendo, el compromiso cada vez dura más tiempo y pienso que esto depende de la educación, de los lugares donde se forman los jóvenes y de la importancia que tenga la cultura solidaria desde las instituciones educativas.

¿Sabiendo que sos un optimista, qué mensaje le darías a las personas que se quejan siempre porque dicen que en Argentina está todo mal?

Les diría ante todo que respeto su opinión, cada uno tiene derecho a manifestar lo que le parece. Lo que compartiría es que si a ese que está enojado, lo viera su abuelo, su bisabuelo, o su tatarabuelo que migró hasta la Argentina, le agradecería a la vida y lo felicitaría. La lectura histórica de lo que pasó en 4 ó 5 generaciones es fantástica. Pensemos que nuestras generaciones pasadas eran migrantes que escapaban de la Primera Guerra Mundial, de la Segunda, de la Guerra Civil Española. Ellos hoy sin duda verían una evolución enorme. ¿Falta? Sí, mucho. Está muy bien quejarse, la clase media se queja por el dólar, por el aumento de los servicios, porque no puede cambiar el auto, porque no puede pagar un piletero. Pero yo veo por ejemplo, que el mejor índice de terciario/universitario lo tuvimos con Illia, que ascendía al 7%. Hoy contamos con Universidades Nacionales en el Gran Buenos Aires que en el 2014 tenían 350.000 estudiantes que cursaban como primera generación universitaria de sus familias, es decir, que por primera vez esas familias tienen un hijo en la Universidad. Los miedos siguen, pero hubo una evolución.

¿De qué manera pensás que la educación recibida en San Gabriel influyó para dedicarte a la solidaridad?

Un 95%. Sí. Me marcó en mi preocupación por los wichís, los leprosarios, la gente en situación de calle, los mayores. En fin, querer cambiar el mundo. Fue una mezcla entre la escuela secundaria y 9 años de scout en San Gabriel. Hoy en día, casi todas las mañanas rezo las cuatro oraciones del scout y también recuerdo siempre la Promesa Scout (sonríe y la recita): “Por mi honor prometo hacer cuanto de mí dependa para cumplir mis deberes con Dios y la Patria; ayudar a los otros, sin importar el sacrificio propio; conocer la Ley Scout y obedecerla”. A los 15 años un cura pasionista dijo que los wichís vivían una catástrofe en Formosa y quise ir allá, pero no me dejó porque me dijo que tenía que esperar hasta los 18 años y mientras tanto, debía formarme. Tenía muchas ganas de tener 18 años, así fue como11402940_927707157252539_8229164875949226503_n al día siguiente de cumplir 18, hice tres cosas: me afilié a un partido político, doné sangre y me fui a Formosa a ayudar a los wichís.

UNA NUEVA RECUPERACIÓN DEMOCRÁTICA

Por Joaquín Bernárdez. Licenciado en Ciencia Política y Catequista del colegio.

“No hay pared sin pintar ni corazones sin vibrar” titulaba un artículo de La Nación en la jornada histórica del 30 de octubre de 1983, día en que casi 15 millones de ciudadanos argentinos concurrieron a ejercer el derecho al voto después de soportar 7 años con las urnas escondidas. Gobiernos de elites oligárquicas, infructuosos intentos republicanistas, incontables experimentos autoritarios, éxitos y fracasos peronistas, dictaduras, y algunos más, se sucedieron en el tumultuoso camino del primer siglo de la Argentina moderna, caracterizada (¿condenada?) por la búsqueda crónica de un redentor que la encaminara a su supuesto destino de gloria, y por una sociedad separada históricamente en binomios irreconciliables que impidieron siempre la construcción de proyectos duraderos. Pienso que todos aquellos que no pudimos estar presentes -no por abstencionismo sino por inexistencia- para atestiguar aquella mítica jornada, igual comprendemos lo significativo que fue para la sociedad argentina el paso a una nueva vida democrática.

El ambiente político de época comprendía que el 30 de octubre era la oportunidad histórica para determinar de una vez por todas 1) un rumbo próspero y estable para el país y 2) afianzar las elecciones libres como práctica esencial para nuestra vida política y social. El segundo ítem estaría bien cubierto. Lo primero… ya todos habrán evaluado como viene saliendo.

Los jóvenes de ayer y su esperanza
Dentro del 85% del padrón que participó de las elecciones, una gran masa lo hacía por primera vez en la vida. Un dominante sentido de esperanza y compromiso patriótico permanecía con ellos: por primera vez la sociedad y los medios les preguntaban qué pensaban y se convertían en partícipes formales de la construcción del futuro de su país. ¿Cómo no entusiasmarse?

Debacles económicas, hiperinflaciones, cantidad incalculable de pobres e indigentes, corridas bancarias, enfrentamientos armados, saqueos, funcionarios expuestos por -seamos buenos- “desmanejos” de fondos públicos, incumplimiento de promesas electorales, provincias convertidas en feudos, sometimiento a poderes extraterritoriales, liquidación de activos públicos, precarización laboral, denuncias de fraude electoral, y -cortemos acá- retroalimentada división social mediante hacen que sea inmenso el contraste sentimental al día de la fecha, en relación a aquellos corazones vibrantes del 83. Si uno se toma el trabajo de consultar hoy a miembros de esas generaciones de primeros votantes respecto de su confianza en la capacidad de nuestra democracia para resolver los conflictos latentes, el panorama que pintan suele ser desolador. El hecho de volver a elegir autoridades en octubre de este año puede llegar a ser para ellos tan significativo como para Lio Messi hacer el 6to pase a la red en una goleada frente al Rayo Vallecano por la ya indeciblemente previsible Liga Española. La pregunta entonces queda dada vuelta: ¿Cómo hacer para entusiasmarse?

La recuperación de la democracia se mostraba como un premio invaluable para las generaciones que lucharon por ella y al mismo tiempo la promesa para comenzar a revertir los males que aquejaron históricamente a nuestra Nación. Con tantas desilusiones a cuestas es inevitable la búsqueda de culpables.

Es moneda corriente y justificada caerle a la clase política. Ya sea que se lo atribuyamos a su impericia o su falta de ética, una buena proporción de los representantes que elegimos en los últimos 32 años nos han fallado y son responsables por las deudas que tiene pendiente por saldar nuestra democracia. Los académicos intentan ir más allá de lo que refiere a los comportamientos humanos, y muchos de ellos explican que el problema no es exclusivo de la clase política sino de la deficiente configuración de los sistemas presidencialistas como el nuestro y la volátil dinámica social. Otros más pacientes dirán que nos encontramos en un proceso de maduración de nuestra cultura democrática, y que en ese sentido estamos dando pasos firmes y “normales” hacia una democracia avanzada que brindará naturalmente soluciones a nuestros conflictos y déficits históricos. El problema es que existe una enorme masa marginal que no tiene tanto tiempo para esperar…

El mito electoralista
Alguna vez dijo Churchill -emblemático Primer Ministro Inglés- que “la democracia es el peor sistema de gobierno creado, exceptuando todos los demás”. A la luz de los hechos, el bueno de Winston tenía algo de razón…

Vivimos bajo un sistema de Democracia Representativa. En el plano teórico-conceptual, la democracia implica que el conjunto de los ciudadanos detentan la soberanía real, pero como no podemos juntarnos todos a discutir y decidir en la ágora[1] cada vez que hay alguna cuestión que nos afecta (democracia del tipo asamblea), delegamos en manos de la clase política la toma de decisiones en nombre de todos. El voto es la práctica esencial de la participación política, en el rito del sufragio vemos realizado el ejercicio formal de nuestra ciudadanía. En efecto, una democracia no puede ser tal sin elecciones, es condición necesaria para su existencia, pero –tal lo muestra la evidencia- no suficiente. Para que funcione hacen falta organismos de gobierno cercanos a las necesidades reales de la gente que perduren en el tiempo, instituciones respetadas con funcionarios creíbles a cargo, una justicia que oficie de árbitro imparcial, libertad de asociación y empresa sin discriminación, igualdad de derechos, reconocimiento de las reglas de parte de todos los jugadores, y –quizás más importante que todas las demás–una ciudadanía activa dispuesta a trabajar los lazos comunitarios.

Hay quien dice que la democracia es meramente un procedimiento formal, sin contenido ni pretensiones, no más que una serie de reglas de juego que ofrecen un marco regulador a la organización de un estado-nación. Si así lo fuera, no tendríamos nada que esperar de ella. Muchos otros preferimos no liberarla de su deuda; para los que creemos y agradecemos a todos aquellos que lucharon por recuperarla, la democracia debe ser un rumbo por seguir, un proceso de ampliación y equiparación de derechos, de inclusión, y mejoramiento de las condiciones de vida societarias. De esta forma, la democracia no es sólo un sistema electivo sino un proyecto de sociedad. Aún con todas sus imperfecciones, la democracia es una promesa en que confiar, pero debe quedar en claro que esa promesa no se cumplirá sola.

Desencanto justificado
Los jóvenes de hoy están en un limbo en cuanto a su confianza en “lo político”

  • Hijos de padres defraudados por las promesas vacías de sucesivos gobiernos incapaces de resolver problemas históricos, y envueltos en una lógica comunitaria que presenta una ciclotimia ocasionalmente autoincendiaria, absorben ese desencanto y no encuentran grandes motivos para creer en la posibilidad de un cambio sustancial. En esta línea, no deja de sorprender la enorme cantidad de adolescentes que expresan el deseo de desarrollar su futuro en el exterior, porque descreen que el sistema vaya a tener respuestas a sus preocupaciones.
  • En la era post ideológica que estamos atravesando a escala global, los grandes paradigmas de organización social (capitalismo/comunismo) ya no chocan porque uno lo absorbió casi todo. Frente al triunfo de una cultura globalizada se impone la fantasía que invita a creer que ya no hay valores sociales y culturales en pugna, y presenta como ingenuo a cualquiera que pretenda revisarlos. En esta línea, los candidatos de hoy no llevan a la arena política la contraposición de ideas y proyectos de país, sino la lucha por la popularidad y el afecto del votante, cristalizado en las encuestas bajo la sobrevaluada “imagen positiva”. En efecto, buscan presentarse a sí mismos más como eficientes administradores de los recursos públicos que como promotores de proyectos colectivos que se distingan entre sí. Nadie parece esforzarse mucho por diferenciarse del resto, menos por la claridad en delinear sus planes de acción.
  • La desesperanza que absorben de sus mayores a cuestas, la decepción adquirida por la falta de respuestas a cuestiones sociales de vital importancia, y la confusión que genera el escenario político, demuestran a los jóvenes que el sistema democrático tiene más grietas que virtudes, y escasas muestras de recuperación. Ante este escenario de opciones electorales confusas resulta fácil encontrarse desorientado y desencantado.

Los jóvenes tienen argumentos sólidos para desconfiar de las bondades del sistema imperante y descreen generalmente de la importancia que puede tener dedicar sus energías a la participación política. Afortunadamente, el pensamiento crítico está a la orden del día. Un nuevo sujeto que se incorpora a la ciudadanía política siempre tiene algo para decir y los jóvenes de hoy parecen estar al tanto de eso.

Nuevos agentes de cambio
Las deudas de la democracia no se saldan solas. Como se dijo anteriormente, se requiere de agentes sociales dispuestos a trabajar por ello. Es una verdad que a nivel general los corazones de los jóvenes ya no vibran por las disputas políticas partidarias (el mismo sistema de partidos está desmembrado), pero su voluntad por enfrentar las problemáticas sociales que nos aquejan se encuentra a la orden del día. Hay una gran masa de jóvenes con energía disponible y compromiso social que no se ve pero efectivamente actúa.

Si bien podría parecer a ojos de muchos que los jóvenes viven en una realidad aparte (la “burbuja”), su desencanto o desinterés por la política tradicional no se traduce necesariamente en indiferencia cívica, sino por el contrario muchas veces lo hace en mayor compromiso social. Es una porción menor la que se resigna ante la realidad. Existen hoy en día una enorme cantidad de proyectos que parten desde el mundo académico (Manos a la Obra), religioso (grupos parroquiales en San Gabriel como Misión, Sal y Luz, Mar Adentro, ACJ), laboral (áreas de Responsabilidad Social en empresas), ONG’s (Techo, Fundación Si, Mundo Invisible, etc.), en los cuales, -impulsados por las generaciones jóvenes- se ofrece combate a diario a los males de la actualidad. Estas iniciativas surgen como reacción a las limitaciones del sistema, y son firme evidencia de una generación que no se queda quieta ante lo que queda por hacer.

Al mismo tiempo, como producto en parte de la crisis de representación que sufren los partidos políticos de hoy, y la falta de confianza en el ámbito de la política, las nuevas generaciones van descubriendo nuevas líneas de acción y canalización de sus demandas, constituyéndose potencialmente en sólidos agentes de cambio. Nacidos en una era tecnológica, tienen a las redes sociales como armas de difusión de sus ideas y son dominantes en esa arena de debate virtual que, bien utilizada, puede llegar a afianzar lazos comunitarios hoy debilitados y cimentarse como una ágora* reinventada de donde surja la recuperación de la democracia contemporánea. Si el compromiso está, el desafío para ellos es seguir contagiando a los que no forman parte hoy en día de la marea disconforme y activa, y llamar la atención de la clase política -¿por qué no formar parte de ella?- para que ambos poderes (político y joven) se complementen en la acción y fortifiquen su función social.  A fin de cuentas, si la democracia es una promesa que se construye cada día y los jóvenes tenemos ganas de participar en ello, no tenemos por qué quedarnos quietos; aún nos quedan muchas paredes por pintar.

[1] Plaza pública de la Antigua Grecia donde el pueblo se juntaba a discutir y deliberar.

DONAR SANGRE ES UN EJERCICIO PARA EL BIEN COMÚN

Por Dra. Silvana Gamba. Jefa Servicio de Hemoterapia Instituto Argentino de Diagnóstico y Tratamiento.
Exalumna del Colegio San Gabriel

Las transfusiones de sangre y sus componentes, constituyen en la actualidad, tanto una posibilidad de vida, como una mejora en la calidad de vida de muchos pacientes. Seguramente, todos tenemos a nuestro alrededor una persona que en algún momento precisó una transfusión.

Con los adelantos científicos de los últimos tiempos, se ha logrado aumentar la expectativa de vida de las personas, a través de nuevos medicamentos para tratamientos varios, como también trasplantes y cirugías. Sin embargo, estos avances no han logrado fabricar sangre artificial. Este fluido vital, sólo podemos obtenerlo a partir de una vena solidaria de un ser humano, capaz de regalar fácilmente una esperanza.

Los médicos contamos con el saber científico y la tecnología médica, pero necesitamos de las personas que conforman la sociedad, para que con su gesto altruista, nos brinden la materia prima: la sangre. Esta representa el primer eslabón indispensable de la cadena transfusional. Solo en forma conjunta y cohesionada, médicos y comunidad, lograremos avanzar en la construcción del bien común.

El objetivo más importante de los Servicios de Hemoterapia, consiste en ofrecer una reserva adecuada, suficiente y segura de productos sanguíneos (glóbulos rojos, plaquetas y plasma). Para ello, se deben reclutar, seleccionar, educar, registrar y fidelizar a los donantes de sangre. Esto implica por sobre todas las cosas, contar con una gestión de donantes apropiada, estratégica e inteligente. Además, se requiere contar con recursos humanos altamente calificados, para procesar la sangre y realizar los análisis necesarios, a fin de descartar la presencia de ciertas enfermedades, que podrían ser transmitidas por la transfusión. Por otra parte, los Servicios de Hemoterapia, buscan proteger tanto al donante y al paciente, como también al personal de salud, contra posibles reacciones adversas provocadas por la exposición a la sangre humana.

En Argentina, la mayoría de los donantes son familiares o amigos de los pacientes, que además de encontrarse atravesando una situación dolorosa, deben ocuparse de convocar donantes. Este tipo de donación, llamada de reposición, no es la modalidad más segura para el paciente que recibirá una transfusión. Esto se debe a que el donante de reposición, concurre a pedido de sus familiares, lo cual significa cierto grado de presión familiar o social.  El riesgo que esto puede traer es que durante la entrevista que se realiza para evaluar si está apto o no para donar sangre, el donante no sea totalmente sincero en sus respuestas, o que se sienta inducido a mentir, para cumplir con el pedido familiar. La entrevista confidencial consiste en evaluar algunos hábitos de vida del donante, que indiquen que haya estado expuesto a posibles situaciones de riesgo de contagio. La prioridad de los Servicios de Hemoterapia, reside en cuidar al donante y también proteger al receptor de sangre.

Si bien se realizan todos los estudios a la sangre donada, en caso que el donante se hubiera contagiado recientemente alguna enfermedad y durante la entrevista no informa acerca de situaciones de riesgo a las que estuvo expuesto, las pruebas de infección podrían dar negativas, pero la sangre estar contaminada. Esto se debe a que existe un tiempo que se denomina Período de Ventana, en que los análisis no logran detectar enfermedades. En consecuencia, llevaría a contagiar a todos los pacientes que reciban componentes de esa sangre.

El Período de Ventana se puede graficar del siguiente modo:
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Uno de los grandes desafíos que tenemos en la Argentina, es la promoción de la donación voluntaria de sangre, con el fin de satisfacer las necesidades de los pacientes y proveer sangre segura.

La donación voluntaria y no relacionada de sangre, proviene de una persona conocedora de la problemática, informada, instruida en los cuidados de su salud y además, interesada en proteger al prójimo. Su única motivación es la generosidad, la solidaridad y la responsabilidad social. Este es el modelo al que debemos apuntar y para eso, estamos trabajando en educar a la población hacia un cambio cultural, que implique ser solidario y responsable, sin estar relacionado a un paciente en particular, sino entendiendo que siempre, en todo momento y lugar, es necesaria la donación de sangre.

En la mayoría de los países desarrollados, el 100% de la sangre que se transfunde, proviene de donantes voluntarios. Mujeres y hombres concientizados, donan sangre sistemáticamente dos veces al año. El 90% de esa sangre se obtiene a partir de colectas externas que realizan los bancos de sangre, que se trasladan a empresas y universidades. Además, hay asociaciones de donantes de sangre que promocionan la causa. Esto revela la existencia de un componente esencial para realizar cualquier transformación en una sociedad: la cohesión social. Por supuesto, se requiere que los gobiernos asignen un presupuesto importante para la transfusión sanguínea, pero este compromiso social tiene más que ver con la unión, la fraternidad, la identificación y la inclusión.

Los argentinos somos muy generosos, sólo nos falta estar más informados, organizados y concientizados. Generalmente se dona ante una emergencia. Un claro ejemplo, es que el día del estallido de la AMIA, 700 personas se acercaron espontáneamente a los hospitales para donar sangre. Esta actitud, sin duda, habla muy bien de nuestra sociedad. Sin embargo, eso no alcanza, ya que en cuestiones sanitarias, es necesaria además la previsión. De hecho, dos meses más tarde, había déficit de stock de sangre en algunos hospitales. No se trata de apagar incendios de manera espástica, sino de trabajar en la solidaridad en forma sostenida a lo largo del tiempo, pues la necesidad de sangre es permanente.

Hay una serie de mitos asociados a la donación de sangre, que ya es necesario superar. Donar sangre no duele, no engorda, no debilita. Estos temores y sentimientos negativos respecto a la donación, muchas veces desalientan a las personas. Sin embargo, donar sangre es un proceso sencillo, seguro (no nos podemos contagiar ninguna enfermedad: se utiliza material descartable y de uso único) y además, es muy gratificante, ya que con una donación, se ayuda a 3 ó 4 pacientes, que reciben una transfusión de productos sanguíneos (glóbulos rojos, plaquetas, plasma).

Otro mito consiste en que hay que estar en ayunas para donar sangre. Contrariamente, el día de la donación se debe desayunar normalmente. Luego de la extracción, solo se debe evitar realizar deportes duros, o tareas de riesgo, como conducción de maquinarias, o trabajos en altura.

El volumen de sangre que extraemos a los donantes es de 450 ml. El organismo lo tolera muy bien y lo repone con abundante ingesta de líquido, durante las primeras horas posteriores a la donación. Por su parte, las células de la sangre, vuelven a su número habitual en pocos días.

Además, la sangre se analiza para descartar algunas enfermedades que podrían ser transmitidas por la transfusión. Si algún resultado fuera desfavorable, se da aviso al donante y se lo deriva y asesora para un diagnóstico y tratamiento precoz.

Es necesario concientizar a toda la población, informando y educando en todos los niveles formativos.  En Argentina, desde 2004 celebramos el Día Nacional del Donante Voluntario de Sangre, el 9 de Noviembre de cada año, en conmemoración a la primera transfusión sanguínea del mundo con sangre citratada. Este fue un descubrimiento del prestigioso científico argentino, Dr. Luis Agote. Este día incluido en el Calendario Escolar del Ministerio de Educación, favorece el desarrollo de clases alusivas en las aulas de todo el país.

No puedo dejar de mencionar, que desde los Bancos de Sangre debemos facilitar la donación, acercándonos a los lugares donde trabajan o se reúnen potenciales donantes, como clubes, iglesias, universidades, colegios, empresas. En el marco de las Colectas Externas de Sangre, se trasladan equipos de profesionales con los materiales necesarios y atienden a los donantes en un ámbito festivo. Esto trae como consecuencia, no solo un aumento de las donaciones voluntarias de sangre, sino otros beneficios secundarios, como por ejemplo, una mejor imagen de las empresas que abren las puertas a esta actividad. También debemos garantizar y prever la excelencia en la atención del donante que se acerca a las instituciones de salud para donar sangre, facilitándole el acceso, la ampliación de horarios, el buen trato, una infraestructura agradable y adecuada y además, brindarle información certera y unificada, para así también, lograr una mayor eficiencia y alcance del objetivo tan buscado.

requisitos donar

 

La Generosidad en la Sangre
Médicos y enfermeros del Hospital de Stanford, en Estados Unidos, suelen recordar el caso de una niña, que hace muchos años, padecía una enfermedad extraña a la que sólo podría sobrevivir si recibía sangre de su hermano menor, de cinco años. Con sencillez, le explicaron al niño la situación y le preguntaron si estaba dispuesto a donar sangre. Dijo que si eso salvaba a su hermana, lo haría. Durante la transfusión, los hermanos se encontraban en camas paralelas. Cuando el niño vio que la cara de su hermana tomaba color, preguntó: «¿En qué momento moriré?». Había imaginado que su hermana recibiría toda su sangre y que él en realidad, le donaría su propia vida.

SOLIDARIDAD EN MISERICORDIA

Por Javier Goliszewski. Miembro del Equipo Responsable de la revista.

Contemplación en la acción

Una reflexión de Gustavo Gutiérrez y la Teología de la liberación

¿Es posible una espiritualidad que abrace al mismo tiempo lo nutritivo de la oración y de la contemplació6n, propias de nuestro
mundo interior y nuestra inserción solidaria con los necesitados?

¿Es posible “contemplar en la acción”, en esta época en que pareciera que no alcanza con toda nuestra energía y nuestro tiempo, y que no nos queda margen para crecer de tan estresados que estamos?

Frecuentemente nuestras actitudes cotidianas, conscientes o inconscientes, se dedican con mayor acento y desfalleciente energía a veces, a soslayar o contener, cuando no a ceder y acompañar el ser invadidos por la agresividad de la información de una actualidad dinámica e interconectada. Un mundo en el que, persistentemente, somos abrumados con más y más elementos de la realidad virtual, que se ofrecen como camino de escape o de solaz para nuestra inquietud psicológica.

Hace pocas semanas un artículo publicado en el boletín online de la agencia católica de noticias de Asia UCA news, me refrescó valores y estímulos de la teología de la liberación, a través de un breve segmento del libro titulado “Teología de la liberación”, del sacerdote franciscano Gustavo Gutiérrez, (publicado en 1971), y me hizo preguntar la razón que habría aconsejado la oportunidad de su inclusión editorial en pleno verano asiático de 2015, en un influyente e importante medio católico como este.

La teología de la liberación surge hace casi medio siglo, probablemente llenando un hiato con respecto a las necesidades sociales latinoamericanas, entre la dificultad para las instituciones políticas de entonces para intervenir en el terreno de la realidad social -ocupado en la teoría prevalentemente por pensadores y líderes de movimientos de izquierda más o menos revolucionaria-, y el rol mediador de la Iglesia, hasta entonces general y 7pragmáticamente en tándem con el poder político constituido. La Iglesia si bien considerando siempre el deber evangélico hacia el oprimido, el pobre, actuaba muchas veces entendiendo que es mejor dialogar con y desde el poder, que no oponérsele con crítica y contestación abierta, para poder así poder actuar aún, haciéndose eco del pensamiento del poder político.

Algunas  analogías pueden surgir a nuestros sentidos entre esta situación social de los setenta y la actualidad, en que la realidad virtual parece aún para los mejor intencionados, más urgente que la de nuestra vida real y de nuestros hermanos, necesitados o no, en que la pérdida de dimensión social del otro no se debe sólo a una falencia política, sino que las costumbres y la emergencia de la realidad virtual en el día a día, persistentemente ofuscan la consideración radical y profunda de mi opción por el otro.

Algunos párrafos de este texto de Gustavo Gutiérrez, parecieran ser de ayuda para descubrir personalmente moralidad, razón y método para anclarnos con mayor profundidad y frecuencia, en la realidad viva de nuestro prójimo.

La teología de la liberación, intenta sacudir la conciencia,  buscar una conversión evangélica que tenga frutos en el mundo de los oprimidos en particular, y entiende “que el cristiano no ha hecho suficientemente su conversión al prójimo, a la justicia social, a la historia, no ha percibido todavía, con la claridad deseada, que conocer a Dios es obra de la justicia. Aún no vive en un solo gesto con Dios y con los hombres. No se sitúa, todavía, en Cristo sin pretender evadirse de la historia humana concreta. Queda por correr el camino que lo lleve a buscar efectivamente la paz del Señor en el corazón de la lucha social. “Busca generar una ruptura con nuestras categorías mentales, con la forma de relacionarnos con los demás…, con todo aquello que trabe una solidaridad real y profunda con aquellos que sufren, en primer lugar, una situación de miseria e injusticia.” (o.c.)

El artículo de 8Gustavo Gutiérrez acierta ilustrando cómo nuestra espiritualidad, fundada en nuestra conciencia y nuestra oración, “consigue estar de pie según el Evangelio, cuando se experimenta que contrariamente a las leyes del mundo de la física, nuestro eje de gravedad pasa fuera de nosotros mismos”. (o.c.)

Esto es así porque cuando me pongo en contacto con las necesidades del otro, estas me interpelan más allá de mi agenda solidaria o mi bolsillo generoso. Ese contacto, esa interpelación que de un otro hacia mí estimula mi capacidad de respuesta, es muy distinta de los cada vez mayores estímulos virtuales que colman con sus personajes infra dimensionales la realidad online. Para muchos de nosotros esto resulta obvio, pero la influencia de los medios y del universo virtual, hacen que muchas veces se consiga asimilar al otro, como un dato o un personaje de la realidad mediática y aún proveyendo a sus necesidades, se vaya menoscabando en mí el percibirlo en su profundidad existencial, desde la cual incluso además de su riqueza como persona, la gracia viene hacia mí a través del encuentro.

El otro
me es gracia, en la medida en que abro mi corazón, en la medida en que en mi composición de lugar me pongo en su lugar. Observo las gracias de su condición, las vivo como propias, las abrazo y las “fecundo” y me dejo fecundar por ellas recíprocamente y en nombre, por obra, de la inspiración de Cristo en mí,  habito ambos corazones en uno solo sin rechazo de condicionamientos y circunstancias materiales que por ser del otro me sean aparentemente ajenas. Sólo cuando su condición, su sufrimiento es mirado y atendido, puede alguien mirar más allá de su herida y de su lucha y descubrir quién es en realidad. Antes de cuidar del leproso es necesario besarlo, abrazarlo, no temerlo. Hasta el límite de lo alcanzable es necesario salir de mí y sentir, aún como sin remedio, la condición del otro.

El aporte material a la necesidad del otro, acota G.G., es “un proceso permanente, en el que muchas veces los impases a que llegamos nos llevan a desandar el camino hecho y empezar nuevament9e. De nuestra disponibilidad, de nuestra infancia espiritual depende la fecundidad de nuestra conversión.”

Es decir la conversión significa “una transformación radical de nosotros mismos, significa pensar, sentir y vivir como Cristo…” (o.c.)

Cristo al hacerse igual en todo a nosotros menos en el pecado, hace nuestro su sufrimiento y suyo el nuestro, empáticos con el prójimo sufriente que comparte su condición de hermano en Adán con nosotros y hermanado en la pasión de Cristo. Es la presencia del otro que sufre, que me transforma y me conecta como Cristo fue transformado en su experiencia humana, y me conecta con el presente vivo, con Cristo que viene hacia mí, no como figura literaria, “digitalizada” o racionalizada, sino como misterio, realidad de diálogo vivo en mi corazón, realidad encarnada en el otro y en mí, otro del otro, llamada a vivir su presencia sobrenatural.

De la misma manera en que Cristo se hace presente en la multiplicación de los panes y luego se retira a la montaña, en la misma manera en que el buen samaritano asiste al viandante herido y abandonado y luego de pagar la posada sigue su camino, a través de la oración y de mi práctica íntima y espiritual, ahondo la transformación que al hacerme solidario con el otro, permitió que ese otro me inunde como gracia en mi vida.

Si bien se trata de un hacer solidario, no es un puro hacer. Es también un meditar las cosas de la solidaridad en nuestro corazón, haciéndonos entre otras mejores “antropólogos”, meditando las cosas que nos permitan poco a poco asumir los conflictos, la ruptura con nuestro viejo odre, “con nuestras categorías mentales, con la forma de relacionarnos con los demás, con nuestro modo de identificarnos con el Señor, con nuestro medio cultural, con nuestra clase social”.

Cristo, “creciendo en gracia, edad y sabiduría”, se abría
y se abre con y en nosotros a la otredad de la experiencia humana desd10e dentro mismo de nuestro corazón. Desde el corazón mismo de nuestra interioridad.

Es hacerse transparente como niños en este crecimiento de Cristo en nosotros, lo que es en esencia la solidaridad en misericordia.

“La misericordia es una palabra de reciprocidad: no es una limosna benévola, un signo de magnanimidad de quien la ejercita. Es un movimiento de respuesta al otro, un “dejarse tocar el corazón”, un sentir compasión que aún antes de hacer bien al otro, re despierta nuestra humanidad atormentada y sana antes que nada a nosotros mismos.”(Chiara Giacardi, “Le beatitudini”, trad. del a.)

Es bueno también tal vez, recordar que en este medio siglo ha evolucionado también la percepción de que la teología de la liberación sola, no ahonda lo suficiente en el misterio de la muerte, la falibilidad humana y la salvación, aunque nos da una valiosa comprensión en lo que se da en llamar el pecado social, la sordera hacia el otro
. Con ello vuelve a ser necesario considerarla favorablemente, como hipótesis de conversión radical y también de escucha de nosotros mismos, considerándonos como iglesia purgante, comunidad imperfecta y amada por Dios en el momento presente, aún si este tiempo fuere socialmente fracturado. La teología de la liberación debiera también ayudarnos para considerarnos oprimidos en nuestras dificultades en la falta de oración, en nuestra necesidad de nutrirnos con una adecuada contemplación, que nos permitan también  aceptar que somos amad
os así como estamos, inmensamente por Dios.

Desde la época en que Gustavo Gutiérrez escribió estas líneas, viene en nuestra ayuda para imaginar nuestra dimensión espiritual con el otro, el fenómeno del holograma. Una dimensión nueva, alcanzada en la plenitud de transgredir nuestra limitación de individuos con su yo infra dimensional, chato, cerrado; una plenitud de dimensión espiritual diferente, figurativamente como la del holograma, alcanzada al aventurarnos a salir de nosotros mismos hacia el otro.

Este salir hacia el otro no puede ser sin menoscabo, meramente pietista o meramente activista.11

Ambas son actitudes nobles pero que solo aportarán elementos activos para nuestra conversión, si hacemos converger nuestra actividad y compromiso físico, en una empatía del corazón, una mirada al ser del otro; y considerando sus necesidades, viéndolo y viéndonos más allá de nuestras condiciones y de nuestras necesidades. Viendo la escena si, como lucha y reivindicación de justicia. Pero también como abrazo. Como ágape de misericordia. Como contemplación de la Gracia.