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La celebración comunitaria de la Eucaristía lleva a la Paz

Por Miguel Ángel D’Annibale, Obispo de Río Gallegos

Cuando llegué a la Diócesis de Río Gallegos en el año 2011 visité por primera vez la ciudad de 28 de Noviembre ubicada al suroeste de la provincia de Santa Cruz. Es vecina de la ciudad de Río Turbio y la mayoría de la población de ambas ciudades se dedica a la extracción del carbón en la mina.

El párroco de la parroquia María Auxiliadora convocó a una reunión de la comunidad para que podamos conocernos. Como yo venía del Gran Buenos Aires les pregunté a los participantes de donde habían venido. Una señora compartió que ella había venido de La Rioja en la década del 70. Primero vino su esposo solo y consiguió trabajo en la mina. Cuando pudo obtener una casa ella se vino con sus hijos muy pequeños.

Al llegar a 28 de Noviembre se encontró con una pequeña población, en medio de la Patagonia, al pie de la Cordillera, con mucha nieve y mucho frío. Fue a vivir a una modesta casa calefaccionada a carbón. La angustia fue grande porque comenzó a extrañar y mucho a su familia,  su pueblo, su gente, su tierra y su cultura.

En medio de esta situación un domingo a la mañana se dijo: “voy a misa a la Parroquia porque allí seguro voy a encontrar la paz que estoy buscando”. Y así fue. Cuando llegó a la parroquia las personas que ya habían llegado antes a la ciudad la recibieron con mucho cariño, ella pudo contar cómo estaba, cómo se sentía y lo que hacía en la Parroquia de la ciudad donde venía. La participación en la misa la conectó con toda su historia de fe que había dejado en La Rioja. “Aquí encontré mi lugar” fueron sus palabras. El párroco le encargó algunas tareas en la catequesis. Y esa misa fue el comienzo de un arraigo en la ciudad que hasta hoy la mantiene muy comprometida con la tarea evangelizadora y con el corazón en paz.

Cuando me pidieron que escriba sobre la relación entre la paz y la liturgia, enseguida me vino al corazón el rostro de esa señora y la paz que transmite. Y cómo esa paz la había encontrado en una celebración litúrgica. Y me puse a pensar cuántos vínculos se pueden encontrar entre la celebración litúrgica y la paz.

La reforma litúrgica encarada por el Concilio Vaticano II hace ya más de 50 años se propuso que la liturgia se celebrara con noble sencillez en sus ritos. De ese modo priorizaba el lenguaje de los signos como comunicadores del misterio de Dios. Ordenó la celebración de los sacramentos en un ritual que se desarrolla en cuatro partes: Ritos iniciales, Liturgia de la Palabra, Liturgia del Sacramento y Ritos finales.

La finalidad de los ritos iniciales es congregar una comunidad con personas venidas de distintas culturas, experiencias, modos de obrar, situaciones sociales. Se reúnen en un lugar común y conforman la asamblea litúrgica. Esta asamblea es un signo de la convivencia en paz a la cual estamos llamados a vivir los hombres que habitamos este mundo. Durante estos ritos iniciales se canta el Gloria. Este himno dice al comienzo: “Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor”.

Una de las celebraciones más populares del año es la del Domingo de Ramos. La característica peculiar de esta celebración es que en los Ritos iniciales se propone una procesión con ramos de olivo u otras plantas por las calles de la ciudad. Y esta procesión tiene mucha afluencia de gente que con sus ramos bendecidos camina y recibe a Cristo Resucitado, Rey de Paz. El olivo es signo de paz.

En la ciudad de Río Gallegos los conflictos sociales se manifiestan en las calles. Casi todos los días hay una marcha reclamando algún derecho. Y son reclamos legítimos que hacen diversos sectores de la sociedad. Pero perturban la paz de la ciudad. En al año 2013, apenas elegido el Papa Francisco, convoqué a los sacerdotes de la ciudad para hacerles la propuesta de celebrar juntos el Domingo de Ramos con una procesión por las calles de la ciudad y una misa concelebrada. A todos les gustó la propuesta y elegimos el domingo a la mañana, comenzando la celebración en la puerta de la Catedral y caminando unas 15 cuadras por la ciudad, pasando por la puerta del Hospital Central hasta un gimnasio cerrado y calefaccionado donde celebramos la misa. La misma celebración comunitaria se realiza en las ciudades de Río Grande y Ushuaia, provincia de Tierra del Fuego. La convocatoria es caminar las calles de la ciudad con un ramo en la mano como signo de la paz que queremos vivir. Esas mismas calles que día a día se transitan con reclamos y protestas, poder recorrerlas juntos, con participación de diversos, pero unidos por la paz. Cada año crece la cantidad de fieles y ya se espera ese signo de paz en las ciudades de la Patagonia austral.

Podemos ampliar la mirada sobre este Rito Inicial y reconocer en las peregrinaciones a los santuarios otro signo de paz. Participé muchos años en la Peregrinación a Luján del primer fin de semana de octubre. Cuánta gente que camina esos 60 km con profunda fe y devoción. Cuánta gente ayuda en los puestos de servicio para que el peregrino alcance su meta. Cuántos servidores reciben a los peregrinos en Luján y les permiten llegar hasta la Virgen. Cuántos sacerdotes ofrecen el sacramento de la reconciliación para que el peregrino regrese en paz a su hogar. En Río Gallegos se organiza el 8 de diciembre una peregrinación a la Virgen de Güer Aike (lugar del agua) ubicada en un cerro a 35 km de la ciudad a orillas del Río Gallegos. Es una caminata que se realiza en condiciones climáticas a veces muy adversas, con viento en contra y mucho frío. Pero los peregrinos caminan y llegan con mucho gozo al pie de la Virgen. Y los servidores los reciben con mucho cariño.

La peregrinación es un signo de paz, es una muestra que es posible caminar juntos, ayudarnos para llegar a la meta, sostenernos en las dificultades, perdonarnos en lo que le hicimos mal al otro.

En la Liturgia de la Palabra la comunidad reunida se dispone en primer lugar a escuchar a Dios. La Palabra de Dios contenida en la Biblia es proclamada, es leída en voz alta por un lector, para que la asamblea la escuche y la interiorice. Encuentro aquí otro signo de paz, porque la actitud de escuchar a otro y al Otro que es Dios, nos aleja del encierro y del peligro que nos da creer que tenemos todo resuelto. El escuchar con el corazón, no solo el oír, es un camino de paz.

En la Liturgia de la Palabra una vez que escuchamos, respondemos con la oración. Y así manifestamos las necesidades de este tiempo a Dios. Y Dios nos escucha como Pueblo, como asamblea. Poder comunicar lo que nos pasa y saber que alguien nos escucha es también un camino hacia la paz.

La Liturgia de la Palabra está propuesta en clave de diálogo, de escucha profunda y de manifestación de lo que nos pasa. Dialogar es un camino necesario para la paz.

La Liturgia del Sacramento toma diversos caminos de acuerdo al sacramento que se celebra. Si es el Bautismo se centrará en derramar el agua, si es la Confirmación en la imposición de manos y la unción con el crisma, si es la Eucaristía en consagrar el pan y el vino para luego comerlo y beberlo. Y así con los demás sacramentos.

La asamblea congregada y presidida por el ministro ordenado toma los elementos de la naturaleza y por medio de ellos recibe la gracia y el amor de Dios. Podemos vislumbrar aquí otro signo de paz. La tierra y la naturaleza brindan lo necesario para el sustento del cuerpo y también de la vida de fe. Estamos comprometidos a que se cuiden estos elementos de la naturaleza y que a nadie le falte el agua y el pan para vivir. Cuando esto falta, falta paz, cuando esto se brinda se alcanza la paz. La reciente encíclica Laudato Si del Papa Francisco nos propone recorrer este camino de paz.

En la Liturgia del Sacramento de la Eucaristía, se propone el saludo de la paz. Es un momento muy significativo, donde se entrelazan saludos, abrazos y profundos deseos de paz. Previo a eso en muchas comunidades se reza o se canta el Padre Nuestro tomados de la mano. Un gesto de unidad. Todo prepara la comunión con Cristo eucaristía. Si vamos a entrar en comunión con Cristo ya intentamos y deseamos vivir en comunión con los que viven a nuestro lado. Como creyentes que participamos de la celebración eucarística estamos llamados a que este rito de la paz no se quede dentro de nuestros templos sino que se transmita en los lugares donde estamos.

En los Ritos finales recibimos la bendición y somos enviados. La bendición es un don de Dios que toca nuestras vidas. Cuánta gente pide la bendición en tantas circunstancias de la vida. Bendecir es comunicar paz. En los santuarios los peregrinos piden bendición. En las iglesias la gente pide que se los bendiga. La práctica pastoral de salir a la calle durante unas horas, en alguna plaza, con imágenes de la Virgen María y de San Cayetano, trae como consecuencia que la gente se acerque y pida la bendición. Esa bendición trae paz. La gente continúa recorriendo su día en paz.

Somos enviados con la formula “Pueden ir en paz”, al final de la misa. Experimentamos la paz y nos comprometemos a llevarla allí donde estamos. La  participación plena conciente y activa en la celebración litúrgica nos lleva a comunicar la paz que recibimos para que podamos vivir en paz.

Por medio de este ritual en cuatro partes la Liturgia actualiza, hace presente, el Misterio Pascual de Cristo en nuestras vidas. El paso de la Muerte a la Vida, la Pascua, no queda anclada en el pasado sino que por la celebración litúrgica se hace presente y actual. La Pascua del Señor, su triunfo sobre la muerte, es fuente de paz. Vivir en clave pascual es vivir en paz.

Considero que la paz no es solo la tranquilidad por la ausencia de conflictos, que no “pase nada”. Vivir en paz y con paz es encontrar día a día el sentido de lo que nos pasa, el apoyo para recorrer situaciones a veces muy complicadas y difíciles. La sociedad necesita la paz de sus habitantes para lograr la paz social.

La liturgia en su lenguaje de signos, actualiza la paz, comunica la paz, dentro de ella se vive de modo real la paz y se nos envía como testigos para comunicarla. La vecina de 28 de Noviembre venida de la Rioja así lo experimentó.