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Experiencias de paz

Por Agustina Vanella y Grupos de Jóvenes de la Parroquia

La paz encarnó en juventud. La paz tomó diversas formas, dibujó figuras, adquirió colores de arcoiris. La paz se apareció en vivientes y en no vivientes. Divulgarla es promulgarla, es propagar su eco.

A continuación, los jóvenes de la parroquia comparten las experiencias de paz que fueron recolectando en sus actividades y la visión personal que lograron formar sobre ella.

Lectores, los invitamos a ser instrumentos de paz.

 

“Experiencia de paz”. Para poder dar mi experiencia acerca de esto creo necesario explicar qué es para mí, qué significa.

Una experiencia de paz es ese momento en el que nada más importa, en el que se vive el aquí y el ahora, un momento que al recordarlo, te hace estallar el corazón de emoción.

Y así lo sentí en este último retiro de Mar Adentro. Creo que un momento de paz implica poder volver a sentir lo vivido, acordarse de ese momento y volver a sentir el mismo amor.

Ver a tanta gente junta y tan unida, cantando y riendo por un mismo motivo, eso, hace que mi corazón se llene por completo, eso, es Dios y puedo decir sin duda alguna que Él está en cada uno de esos “momentos de paz”.

Lucía Pampliega

Es lunes por la noche y algunos sentimientos y emociones siguen decantando en mi cerebro como la misma lluvia sobre el techo, creando un sonido agradable y reconfortante como lo que viví este fin de semana en el retiro.

No es fácil explicar las emociones que uno experimenta en estas escapadas, pero si te puedo contar que lo que sucedió en la casa de retiros de Morón fue algo mágico. Voy a hacer el esfuerzo de ponerlo en palabras, por más difícil que pueda resultar esto.

Imaginate estar en un espacio rodeado de personas con las que te venís viendo domingo a domingo. No conoces en profundidad a cada uno de ellos pero en el retiro todo prejuicio que tengas sobre el otro se desvanece como por arte de magia. Ves sonreír al más serio y llorar al más duro.

Este retiro en particular tuvo una atmósfera de calidez, donde reinaba el amor y el cariño en cada uno de los rincones de ese lugar.

Constantemente te ves rodeado de abrazos y besos, una afectividad que no es usual en la rutina de nuestras vidas. Esos 3 días son una clara muestra que Jesús vive presente en nuestros corazones, pero somos nosotros quienes no logramos verlo en la cotidianidad. Muchas veces hacemos oídos sordos a sus llamados y achicamos la vista cuando Dios nos busca a través de una señal o gesto. Como un niño que busca esconderse del mundo cubriéndose los ojos con las manos… de esta forma, él no logra escaparse del mundo que lo rodea pero al menos consigue refugiarse en la oscuridad que le proporciona este mecanismo de escape. De la misma forma, nosotros, buscamos ocultarnos de Jesús, muchas veces por temor a que nos muestre lo que nuestro corazón nos está pidiendo y en repetidas ocasiones porque somos personas que nos complace permanecer en la zona de confort que nos proporciona la rutina.

Pero… los retiros son el equivalente a quitarnos las manos de los ojos y agudizar nuestros sentidos más dormidos, para encontrarnos así, rodeados de la inmensidad de Dios.

Estoy seguro de que lo que viví en este retiro y en la misa que dio el Padre Jorge fue el equivalente a vivir en el Reino de los Cielos.

¿Cómo logro explicarle a alguien que jamás lo vivió qué significa estar en el Reino de los Cielos? Bueno… para mí es el equivalente a estar suspendido mental y espiritualmente, es dejar tu corazón volar por el caudal de emociones y amor que te despierta cada mirada de tus coordinados y cada abrazo de tus amigos. Imaginate sentir una calidez reconfortante, donde uno no logra explicar cómo es que su corazón se siente con tanta paz y armonía ni por qué las lágrimas brotan de tu cara, así como también la piel se te eriza cuando cantás cada canción de misa desde la  profundidad de tu voz.

Puedo decir que me sentí en paz absoluta, una paz que me inundaba debido al afluente de amor que me proporcionaban  cada una de las personitas que ocupaban las primeras filas de la misa y quienes ahora ocupan las gradas de mi corazón.

Para mí vinimos al mundo a ser felices y les puedo decir que estos 3 días que viví en el retiro de Mar Adentro fui feliz. Les quiero pedir a las personas que estén leyendo esto que vayan y abran su corazón, no cierren los ojos ni hagan oídos sordos al llamado de Dios, porque Él los está esperando con los brazos abiertos para acurrucarlos como el amor que un padre siente por su hijo.

Rodrigo Alonso

Si bien no es fácil poner en palabras los sentimientos tan fuertes que uno puede llegar a sentir, voy a hacer el intento.

Me fui de mi casa en duda, pensando en todas las cosas que debía hacer y que no haría por estar yendo al retiro. Me entregué, me puse en sus manos y dejé que Él haga lo que desee. A lo largo del fin de semana pude sentir cómo cada vez me iba adentrando en un estado de extrema calma. Esa es la palabra, mi alma estaba en calma y ya no lloraba por las cosas del día a día. Me hallaba en el Reino de los Cielos. Ese lugar que llegas a conocer muy pocas veces en vida de donde no podes pensar en otra cosa que quedarte. Mi cuerpo y alma estaban en paz. Al llegar a ese estado, cuando volví del retiro, traté de llevar ese Reino de los Cielos a cada ámbito al que pertenecía. De esa manera, podría revivir esa sensación una y mil veces más y, a la vez, contagiarla a mi entorno. La paz que se apoderó de mí en aquel momento perdura por un tiempo. Queda en nosotros hacer que se convierta en parte de nuestra vida cotidiana.

Yo pienso que es necesario que todos nosotros tengamos, aún que sea una vez al año, la posibilidad de “retirarnos” de nuestra realidad diaria y pensar en nosotros y en nuestra relación con Dios. La tranquilidad y calma que uno siente en ese momento son inmensas. No es posible describirla en palabras, aún que se puede hacer el intento…

Virginia Salvucci

¿Experiencia de paz? Definitivamente digo “La misión al barrio Las Flores, en Villa Martelli”. Contextualizo brevemente: pertenezco a uno de los grupos de jóvenes de la parroquia llamado Sal y Luz, en el cual los sábados por la mañana tenemos actividades de servicio en diferentes barrios de la provincia (como Virreyes y Villa Martelli) y los domingos a la noche tenemos reuniones de espiritualidad. El ciclo termina con una misión de 4 días a uno de estos barrios.

Jamás en mi vida sentí tanta paz como cuando me levantaba por las mañanas más temprano que todos mis compañeros para preparar el desayuno, saludar al sol y después despertar a mis amigos con música, saltos y buenos deseos para el día. Esas mañanas de pura alegría, plenitud y entrega son mi definición de paz. Ver el amanecer sin importar las pocas horas que haya dormido, lo largo que iba a ser mi día o lo que me dolían los músculos de caminar, saltar, bailar y jugar.

La paz es sentirse pleno, feliz y sentir que lo que uno está haciendo es aportar una pequeña gota de amor para mejorar el mundo. Lo que hicimos en aquellos días, no fue una pequeña gota, fue una catarata. ¿Cómo no sentirse en paz con una experiencia así?

Lola Schcolnik

Una experiencia de paz
Todas las semanas encuentro paz. Paz verdadera.
Lo que cuesta es mantenerla.
Es fácil encontrar esta sensación en la parroquia, viví muchos retiros, campamentos, convivencias y eventos. Todos la generan. Algunos una paz más tranquila y otras una llena de energía. Me parece que no es una cuestión de estar quieto, sino más bien de estar centrado.

Lo que me gustaría transmitir es otra cosa, más allá de los retiros y todo eso.
Porque esa paz es inmensa pero momentánea y yo encuentro otra mucho mayor, una que queda y creo que vale la pena.

Soy coordinador un grupo de jóvenes, chicos de último año de colegio que terminan el ciclo estando en la Facultad.
A pesar de tener muchos miedos, el mayor es perder la fe en las personas. Creer que todo lo que hago es en vano, que nada va a cambiar, que mi grano de arena no es suficiente porque constantemente veo odio que quita paz. Pero ellos, cada uno de esos chicos, me demuestra lo contrario, me devuelven la  fe.

El otro día discutía con algunos amigos sobre la paz y la guerra. Como la paz lleva al amor/ el amor a la paz y como la guerra al odio/ el odio a la guerra. Dos círculos viciosos de los que cuesta salir.
Discutíamos acerca de cómo salir de tanto odio y tanta guerra continuos que nos rodea, en una sociedad violenta y ansiosa. Es muy difícil encontrarse en paz cuando todos están tan alterados, pero salir de este círculo es posible. La pregunta era ¿cuál es el camino que transforma el odio en amor? Y la respuesta es muy fácil. El camino es Jesús.
El Papa Francisco dijo “no hay paz sin diálogo” y nosotros nos juntamos todos los domingos a hablar de Jesús, así OBVIO que es fácil encontrar la paz.
Por eso estoy agradecido y me considero afortunado, porque tengo la oportunidad de compartir a Jesús todas las semanas y transformar todo mi odio en amor y así combatir todas mis guerras con paz.

Julián Cosentino

A no rendirse

Cuando mi mente está en modo zen. Estoy cero acelerada, pienso en lo que tenga que pensar de una manera muy relajada asegurando que hay tiempo para todo y sin apresurarme a que suceda nada.

Me suele pasar en los viajes en el colectivo cuando estoy sentada con el rayito de sol suavemente en mi cara y pocas veces, cuando vuelvo de hacer una actividad. Vuelvo tan cansada y/o relajada que me siento en paz y bien con el mundo.

Una experiencia de paz fue un encuentro callejero que tuve con un señor mayor en el 161 volviendo a mi casa. Este encuentro empezó con un estirón de brazo, sin llegar a tocarlo, para que no se cayera y termino con un buen apretón de brazos deseándonos cosas hermosas y de real importancia.

Hablamos de su vida principalmente, de cosas que le habían sucedido, unas buenas otras no tanto, y rescatábamos lo importante que era darle para adelante pase lo que pase y no rendirse. Esta última parte se repitió a lo largo de todo el camino. El señor me pregunto sobre la religión y estuvimos debatiendo eso, tirando ambos para el mismo lado, aunque no practicáramos lo mismo. Me admitía que antes no le gustaba ir a la iglesia hasta que después de un problema empezó a ir y su vida de a poco fue transformándose. Estando cada día mejor espiritualmente aunque su cuerpo, quizás, no dijera lo mismo.

Fue el momento de mayor plenitud ese viaje, de una paz interna que se mantuvo a lo largo de todo el día. No nos importaba el frío de afuera, a el de unos 70 y largos ni a mí de 18, estábamos tan cálidos hablando que todo lo demás se había olvidado, lo único que importaba era ese instante, ese momento, donde su presencia con la mía se entrelazaban en palabras. Fue el viaje más corto y más largo de mi vida y ahí me di cuenta de la importancia de estar cien por ciento presentes en el presente.

Algo tan escuchado y tan poco practicado.

Mercedes Bina

¿Paz? Cuando me preguntan por la paz lo primero que pienso es en amor. Amor, que me lleva a pensar en mis amigas y mi familia.

Paz sentí cuando me desahogué escribiendo en un papel todo lo que sentía y me salía del alma decirle a mi hermana después que ella me escribió una cartita para mi retiro de Mar Adentro. Lloré mucho, y eso me ayudó un montón a sacarme todo ese peso que tenía, ese momento de paz que viví fue un respirar profundo y mirar hacia adelante con mucho optimismo, hacia todo lo nuevo que estaba por venir con ella. También sentí mucha paz en un abrazo fuerte y duradero con una amigota. Fueron de esos que cerrás los ojos y pensás solo en el contacto con la otra persona. Dura todo lo que necesitemos y se siente, y ese momento de paz completa deja un recuerdo hermoso, al que si pudiera fuera adicta.

Antonella Dileo

Así como todo en la naturaleza busca alcanzar y luego permanecer en un estado de equilibrio, las personas tendemos a un estado de paz.

Sería erróneo asociarlo a la tranquilidad, a lo estático, a lo seguro, a lo fijo. No se encuentra donde falta movimiento sino después de un arduo trabajo de búsqueda. Todos tenemos nuestras actividades, proyectos y aspiraciones. Razones y personas por las que nos levantamos de la cama todos los días. Nos desafían, nos ponen a prueba, nos enseñan, nos hacen crecer y nos demuestran constantemente la importancia de ponerle actitud a todo y de saber darle a cada cosa un valor. La libertad irrevocable que intrínsecamente nos fue dada, nos permite tomar nuestras propias decisiones, elegir en qué dar nuestro tiempo y cuánto dar de nosotros mismos, definir cómo encarar las cosas. Aún frente a situaciones de preocupación o desborde o momentos donde toca asumir consecuencias o arreglar errores, no existe lugar para la culpa cuando fuimos protagonistas de nuestra libertad. Contamos con la capacidad de estar tranquilos aún en situaciones de extrema turbulencia.  Nadie aguanta tener algo inconcluso, una carga constante, un problema sin solucionar, una pelea sin reconciliación, ni nada que no nos deje dormir profundo. Así es como se manifiesta nuestra tendencia a un estado de equilibrio. Encuentro la paz todos los días, en el dinamismo constante de nuestra vida cotidiana.

Julieta Vanella

Vivimos en un mundo en el que se nos presentan miles de estímulos cotidianamente. Nos vemos bombardeados por estos en diversas formas. Como noticias, en el diario, como fotos en Instagram o Snapchat, o como conocimiento difundido a través del colegio o facultad.

Al tener un ritmo de vida acelerado, prima una sensación de falta de tiempo.

Yo creo que los estímulos que recibimos son inevitables y muchos de ellos incluso necesarios. Por eso no buscaría rechazarlos, pero sí aprender a descansar de ellos. Poder tomarme algún momento de paz en el que la cabeza esté lo más libre y despejada posible. Esos momentos se pueden buscar aunque también aparecen solos, si se los sabe interpretar. Pueden ser desde ir a misa, meditar, salir a caminar, escuchar una linda canción, etc. Depende de cada uno, y por eso no hay una única receta.

Si bien veo a la paz en algunos momentos concretos, creo que existe también como sensación general. Es decir, uno podría vivir una vida acelerada o súper productiva, sin perder esa sensación de paz en su interior. Como a su vez, se puede vivir muy relajado, sin hacer muchas actividades pero no sentirse en paz.

Me parece que la paz está subvalorada y no terminamos de asumir su importancia porque creemos que se puede vivir sin ella.

Francisco Spector