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El Monasterio y yo

Por Josefina Díaz Colodrero, Miembro de la Comunidad San Gabriel

Campo…
Paz…
Doblando la ruta un tramo de tierra.
Un tramo, no más!
Y, a la derecha, el Monasterio!
…Allá en el fondo, la Capilla, bellísima en su humildad.
Adelante, en el parque, las flores que dan la bienvenida.
A la izquierda, la Hospedería, acogedora también en su simpleza absolutamente clara y limpia!
La sonrisa nos recibe en el rostro de la hospedera.
Y, finalmente, el cuarto, a mí destinado, que habla de silencio tranquilizador, a pesar del bullicio de los recién llegados, que rompe la geografía con el abrir y cerrar de puertas.
…Y me quedo embobada mirando el paisaje que se adelanta a la ventana y termina allá en el fondo de una avenida de árboles frondosos, desde donde calandrias, pilinchos y tantos otros pájaros nos saludan a su modo…
Oigo el tañer algo lejano de una campanita tan humilde, que pareciera pedir permiso para avisar que en la Capilla van a celebrar “las horas de la tarde”.
Todavía extasiada con el entorno casi irreal, voy al encuentro de los Salmos cantados…
Se abre la puerta!
Allá en el fondo se ve la Cruz, presidiendo el espacio sagrado.
Abajo, a derecha e izquierda, los altos sillones, donde contemplándose unos a otros los frailes cantan alabanzas a Dios.
Más adelante, en el medio, el altar.
Bajando un peldaño están, en dos hileras los bancos de los visitantes.
Acá atrás, desde la puerta, a mi derecha veo la hornacina, desde donde la Virgen Negra mira con ojos de dulzura infinita.
…Y, a mi izquierda, guardado, el Santísimo… espera.
Son las nueve, se ha cerrado la puerta y ha bajado la barrera de la entrada…
Es la noche del viernes…
Ya cenamos en un clima donde nuestras alegrías mundanas nos impiden guardar el silencio monacal y se entremezclan con el ruido de platos, vasos y cubiertos…
El salón va quedando vacío.
Vuelven el silencio y el descanso.
Pero yo, no voy a dormir.
Nos reuniremos con mi Comunidad.
Necesitamos desnudarnos de nuestras preocupaciones y contarnos qué esperamos de estos días de proceso interior.
Luego, sí, cada uno se retira a descansar.
Nuevo día.
Es sábado.
Acompañamos los cánticos de “las horas monacales” y en la Misa al Señor Eucaristía…
En distintos momentos conversamos, algunos con los monjes, otros nos confesamos.
Vamos entrando en el interior de nosotros mismos!
Qué PAZ!
Si pareciera que la fragancia de las rosas fuera más profunda y el canto de los pájaros más melodioso!
…Claro, además de espíritu tenemos materia que se deleita comprando dulces, quesos y otros productos de elaboración monacal!
Finalmente retomamos momentos espirituales en la nutrida biblioteca a nuestra disposición!
El domingo es el último día en el Monasterio.
La Misa, con procesión de los monjes, nos emociona!
Y, en la salida, el “entrevero” con monjes, curas, hermanos y visitantes!
Después… el último almuerzo… y… risas, abrazos, y una nostalgia que nos invita… no a decir… Adiós!… si no…“¡Hasta siempre queridísimos hermanos a quienes llevamos, para siempre ya, adheridos a nuestros corazones, convertidos en fraternas oraciones”!

 

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