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Una Cáritas parroquial que salga al encuentro

Por Sergio Barrés y Luis Cosentino, coordinadores de Cáritas San Gabriel

Seguramente, en muchas oportunidades, todos escuchamos hablar de Cáritas y de la caridad. Muchas definiciones, muchos documentos y también muchas personas y agentes pastorales que nos hablaron, nos pidieron donaciones y nos brindaron su testimonio. Al mismo tiempo, en nuestra vida cotidiana, el día a día nos pone frente a situaciones que nos cuestionan respecto de nuestra caridad.

Paramos en un semáforo y alguien nos pide dinero, estamos en misa y nos reparten el sobre de la colecta de Cáritas o alguien nos cuenta que a pocas cuadras de casa hay gente en situación de calle. En fin, basta detenernos y pensar un poco, para que muchas otras situaciones como éstas vengan a nuestra mente.

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Se cuenta de la  Madre Teresa que un día encontró un hombre a punto de morir, en una cloaca al aire libre; lo tomo consigo, lo llevó a casa, lo lavó, lo consoló  y aquel hombre dijo: “He vivido como un desgraciado y muero como un rey”. Es admirable y todo un testimonio de vida la actitud  de la Madre Teresa para quien la caridad es verdadero amor a Dios que vive en el prójimo; tan grande es su acción que podemos llegar a sentirnos mal pensando que quizás nosotros no seamos capaces de poder hacerlo. Sin embargo, queremos invitarte por un instante, a  poner la mirada en aquel moribundo, en su situación de abandono, en su dolor físico y espiritual y en cómo después de haber sido objeto de ese acto gratuito seguramente sintió que quizás, por primera vez, tenía “un lugar”, que dejó de ser “un extraño”, que pudo experimentar  el “ser querido” y entonces el contraste de sus palabras revela que su vida cambió.

No resulta fácil comprender la caridad si no tomamos conciencia de nuestra naturaleza de “necesitados”.  Todos tenemos necesidades, todos necesitamos de alguien nos escuche, de alguien que nos acompañe, de alguien que nos dé una palabra de aliento en los momentos difíciles, que nos tienda una mano y nos ayude. Es en ese momento, cuando recibimos de los otros y  tenemos la oportunidad de vivir la experiencia de la caridad, cuando todo cobra significado. La caridad no puede ser neutral, indiferente, tibia o imparcial. La caridad contagia, apasiona, arriesga y se compromete. Porque la caridad verdadera siempre es inmerecida, incondicional y gratuita.

Las Cáritas parroquiales son espacios para la acción caritativa y social con los más pobres y los excluidos procurando que crezcan en dignidad y sean protagonistas de su propio desarrollo. En nuestra parroquia, Cáritas tradicionalmente se ocupa en forma ininterrumpida de la asistencia de aquellos que la vienen solicitando ocasionalmente o desde hace ya mucho tiempo. Un grupo de voluntarias que dona su tiempo, se esfuerza denodadamente por clasificar y repartir los muchos elementos que la comunidad acerca permanentemente. Se reparte ropa y alimentos a quienes no tienen recursos y se vende ropa a un precio justo a quienes pueden afrontar con dignidad el gasto. El producto de lo recaudado se lo destina a la compra de alimentos que normalmente hacen falta y que no se reciben en la cantidad necesaria así como también para las contribuciones que, anualmente en la misa del Jueves Santo, elegimos los miembros de la comunidad que participamos entre un conjunto de opciones que se presentan.

En este sentido, durante los meses de enero y febrero, hemos comenzado a reformular toda esta actividad para poder realizar una asistencia más eficiente que, aunque se siga ocupando de las necesidades básicas e inmediatas, comience también a ocuparse también de brindar un espacio para escuchar y estar atentos a las necesidades espirituales de quienes vienen y compartir con ellos la Palabra. Intentamos generar un espacio que procure transformar el asistencialismo en asistencia sin dejar de tener en cuenta que nuestra parroquia se encuentra ubicada en una zona donde actualmente no hay tantas situaciones de pobreza como en otras parroquias vecinas y que, al mismo tiempo, tenemos una comunidad parroquial con capacidad de hacer donaciones materiales. Por este motivo entendemos que una de nuestras misiones debe ser la de colaborar en la asistencia material de esas otras parroquias que se encuentran en zonas carenciadas y cuentan con menos recursos organizando la distribución de la ropa.

Este tiempo de cuaresma es una buena oportunidad para que como comunidad podamos reflexionar sobre nuestro caminar junto a los más necesitados, los marginados y oprimidos. Todas nuestras respuestas desde la caridad que contribuyan al crecimiento verdaderamente humano, todo lo que signifique auténtica justicia en la relaciones sociales, todo lo que signifique auténtica justicia en las relaciones sociales y  todo lo que signifique aumento de vida, constituye una forma de actualizar la resurrección, anticiparse y preparar su plenitud futura. Esto es lo que realizó la Madre Teresa.

Como un posible punto de partida para comenzar a pensar e implementar nuevas acciones desde nuestra Cáritas parroquial,  puede ser interesante tener en cuenta dos cuestiones  a las que el Papa Francisco nos invita permanentemente a todos los cristianos.

En primer lugar, nos parece importante que insista en que quiere una iglesia que “salga a la calle”, una iglesia que recupere el protagonismo saliendo a misionar. Podemos, en línea con esto, comenzar a pensar en una Cáritas parroquial que no espere a que vengan sino que salga activamente al encuentro de los más necesitados para darle respuestas a sus requerimientos en propios ámbitos. Esta puede ser también una forma más dinámica de involucrarnos más fuertemente con los desafíos que presenta una realidad cambiante y de este modo para poder llevar las respuestas del evangelio.

En segundo lugar, cuando el Papa se dirigió a los líderes del apostolado laical en Corea del sur  y destacó su labor con los pobres y necesitados, les dijo: “Esta tarea no se puede limitar a la asistencia  caritativa, sino que debe extenderse también a la consecución del crecimiento humano. Asistir a los pobres es bueno y necesario, pero no basta”. En este sentido, en Cáritas parroquial podemos comenzar a ocuparnos de la “promoción” para que, como también expresó el Papa, todos los hombres y mujeres puedan conocer la alegría que viene de la dignidad de ser persona.

Tenemos que pensar en generar los espacios para ayudar a crecer a partir de las necesidades, a acompañar procesos de inclusión de los más desposeídos para que puedan desarrollar sus potencialidades y  capacidades para dar solución a sus propios problemas ayudando y acompañando un proceso que genere crecimiento no solo en su persona sino en toda la comunidad, en una comunidad “en caridad”.

Es claro que todas estas acciones y desafíos que planteamos requieren de nosotros y de nuestro compromiso con el evangelio. No es necesario un compromiso tan grande como el de la Madre Teresa. Todos podemos hacer nuestro aporte. Porque así como experimentamos la caridad cuando nos sabemos necesitados, también todos tenemos diferentes “talentos” que estamos llamados a poner al servicio del Reino. Todos tenemos mucho para dar y sabemos que hay muchas personas que tienen necesidades de nosotros.

Para llevar adelante todos estos desafíos, Caritas parroquial necesita el compromiso y la colaboración de cada uno de nosotros como integrantes de la comunidad, de una comunidad generosa que sienta la alegría de compartir con aquellos que más necesitan, de hombres y mujeres dispuestos a donar algo de su tiempo para escuchar, asesorar, acompañar, asistir, dar trabajo, de jóvenes con espíritu de salir al encuentro de los más desposeídos, de cuestionar, de querer transformar situaciones injustas.

Como dijo el Papa Francisco: “Cada cristiano y cada comunidad están llamado a ser instrumentos de Dios para la liberación de los pobres, de manera que puedan integrarse plenamente en la sociedad; esto supone que seamos dóciles y atentos para escuchar el clamor del pobre y socorrerlo”.