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Los mártires de este tiempo

Por Andrés Sensini, Director General del Colegio San Gabriel

Es tiempo de Pascua y  los cristianos celebramos la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús que nos llena de júbilo y esperanza pero las noticias de las persecuciones de  cristianos en el mundo como los atentados perpetrados en dos templos de la ciudad de Lahore, Pakistán y las masacres de cristianos en Medio Oriente nos siguen conmocionando y no cesa nuestro dolor y  angustia.

Frente a hechos de ésta naturaleza nuestra conciencia colectiva se activa y recordamos aquellas persecuciones de las primeras comunidades cristianas de Roma  y cómo esos  testimonios lejos de debilitar nuestra iglesia le dieron más fuerza, sustentados en una  Fe que es capaz de entregarlo todo.

Me permito rescatar un rasgo característico de aquel tiempo y es que estos cristianos no buscaron venganza, ni siquiera pudieron apelar a la Justicia como forma codificada de reparación, sino que sólo prestaron su sangre y sufrimiento para que nuestra Fe como pueblo de Dios crezca y se fortalezca.  Tertuliano, “Padre la Iglesia”, y  que viviera en el siglo II  lo expresaba así: “La sangre de los mártires es la semilla de los cristianos”

Es interesante observar que estos mártires del siglo XXI abrazaron la fe con el mismo amor y determinación de aquellos primeros seguidores de Cristo. Me llamó la atención que junto a los 19 egipcios cristianos coptos asesinados en las playas de Libia había otro hombre proveniente de Chad que no era cristiano pero quiso dar la vida como sus compañeros al ver  su fe tan grande. “Su Dios es mi Dios”, dijo antes de ser ejecutado. ¡Qué maravilloso testimonio!

El Papa Francisco dijo al enterarse: “Sean católicos, ortodoxos, coptos, luteranos, no interesa: son cristianos. Y la sangre es la misma, la sangre confiesa a Cristo”

Hablar de “Mártires” en sentido estricto nos lleva a pensar en aquellas  personas que han sufrido persecuciones,  padecimientos, torturas y muerte a causa de su religión y que dan testimonio de ello al no abjurar de su Fe. En un universo más amplio me parece interesante  ampliarlo a quienes dan su vida a fin de sostener sus ideales.

Es en este contexto cuando muchos nos preguntamos: ¿cómo es que aún no hemos podido, como humanidad, aprender de nuestros errores? y ¿Cómo es que hoy, en el siglo XXI, las religiones monoteístas no hemos podido atravesar “el desierto” –  imagen del  Pesaj de la Pascua Judía- en búsqueda de “una tierra prometida” en la que todos podamos vivir en paz?

Los ejemplos sobran y no me refiero exclusivamente a  los padecimientos de los primeros mártires cristianos en Roma sino que surgen de mi memoria todas las aberraciones vividas durante el pasado siglo XX con el genocidio del pueblo Armenio, al holocausto Judío, las masacres de los Gobiernos Comunistas Rusos y Chinos, las bombas atómicas sobre el Japón y todas otras formas de exterminio masivo o persecuciones de minorías que hemos soportado como humanidad.  Desde ya que nosotros, los Cristianos, tenemos lo nuestro y debemos pedir perdón por los tiempos de la Inquisición y muchas otras formas de haber sido parte o consentido procesos de este tipo en el que nuestras acciones en nada reflejaron las enseñanzas de Cristo.  Todos sabemos que en  nuestro querido país tampoco hemos estado exentos de ésta lamentable experiencia.

Pero prefiero analizar este presente complejo y cambiante para poder proyectarnos hacia el futuro. Así, observamos el crecimiento de un enorme sector de la población mundial,  no se limita exclusivamente a alguna Secta, Religión, Etnia o  Estado-Nación, que parece profundizar los fanatismos religiosos, que reniegan del “otro” porque advertirían en la diversidad religiosa, política, étnica, racial o ideológica la posibilidad para que se quebrante su Fe y que ello, los habilite para el uso de la violencia. Lamentablemente también vislumbro en esa dirección el aumento de los fanatismos ligados a las ideologías políticas.

A su vez, otro amplio sector de humanidad parece encaminarse hacia paradigmas mucho menos comprometidos con la búsqueda de profundidad espiritual y compromiso social que se sustentan en un claro perfil hedonista que exalta el individualismo consumista que también hace invisible al “otro”.  He aquí otras formas, tal vez menos grotescas pero eficientes, de generar padecimientos, persecuciones, sufrimientos y muertes  de otros mártires de este tiempo que son los excluidos de un sistema ya que el poder, sea económico o militar, no repara en lo humano.

Cabe preguntarnos entonces: ¿Dónde estamos nosotros los cristianos y cómo enfrentaremos  los desafíos que este tiempo nos depara como discípulos de Cristo?