Lemas de Paz

PAPA PABLO VI

  • La promoción de los derechos del hombre, camino hacia la paz (1969)
  • Educarse para la paz a través de la reconciliación (1970)
  • Todo hombre es mi hermano (1971)
  • Si quieres la paz, trabaja por la justicia (1972)
  • La paz es posible (1973)
  • La paz depende también de ti (1974)
  • La reconciliación, camino hacia la paz (1975)
  • Las verdaderas armas de la paz (1976)
  • Si quieres la paz, defiende la vida (1977)
  • No a la violencia, sí a la paz (1978)

Colombia, el triunfo del No en el plebiscito por la paz es la oportunidad para unir al país

Vatican Insider, La Stampa http://www.lastampa.it/vaticaninsider/es

NÉSTOR PONGUTÁ PUERTO

No había una sola encuesta que diera por ganador al sector del NO en el plebiscito del proceso de paz con las FARC el pasado domingo dos de octubre. Aunque la diferencia fue de apenas el 0.43% (60.116 votos) el gran ganador fue el abstencionismo que superó el 60%.

 

Después de más de medio siglo de guerra, muerte, secuestros, extorsión, narcotráfico y desolación, el pueblo colombiano dijo NO al acuerdo de la paz con las FARC lo que deja en evidencia un país polarizado y dividido.

 

El Presidente Juan Manuel Santos se ha jugado su capital político y su popularidad en este proceso de negociación con la guerrilla más antigua de América latina. Después de aprobado y firmado apostó a legitimarlo, sometiéndolo a la aprobación popular en un plebiscito pero algo falló, porque algo tan anhelado como la paz no fue suficiente para que en las urnas los colombianos lo aprobaran.

 

Sin embargo no es acertado reducir al resultado de la votación del plebiscito a la definición que Colombia no quiere la paz. El país está cansado de tres generaciones en guerra y esto lo ha llevado a que sea una inmensa minoría los que simpatizan con las FARC, guerrilla que a sus inicios tuvo motivaciones ideológicas y políticas pero luego se convirtió en un grupo terrorista.

 

En la votación del domingo pasado quedó en evidencia que ante la opinión pública las FARC están debilitadas. Para un sector del país no era aceptable que luego de cometer cientos de delitos luego tuvieran entre otros beneficios 10 curules en el congreso, 31 estaciones radiales en frecuencia modulada y un canal de televisión. Pero, ¿qué son unas emisoras frente a vivir en paz? ¿No es mejor que sus propuestas las presenten con los argumentos de las palabras y no con las balas?. Sin embargo los hechos son contundentes. En las urnas ganó el NO al acuerdo con las FARC.

 

Esta situación llevó también a algo inesperado. Después de 6 años, ayer en el Palacio Presidencial Juan Manuel Santos y su equipo se sentaron a hablar con el expresidente y ahora senador Alvaro Uribe, quien pasó de ser su mentor político a su máximo opositor.

 

Mientras tanto, en las calles de Bogotá miles de personas se manifestaban en favor de un arreglo inmediato para llegar a la paz. Pero ¿cuántos de los que colmaron las calles salieron a votar? Aunque la abstención en las elecciones en Colombia ha sido siempre mayoría, no se entiende que en una situación tan relevante como la paz con las FARC, el 60% de los votantes no hayan acudido a las urnas contribuyendo así a dividir más el país.

 

Es cierto que es más fácil ser historiador que profeta pero, ¿cuántos dolores de cabeza nos hubiéramos evitado los colombianos si esa reunión entre los sectores del SI y del NO se hubiera realizado antes de la votación del plebiscito?

 

La discordia entre Santos y Uribe tiene sus antecedentes: solo unos meses después de que el Presidente Juan Manuel Santos había iniciado su primer período presidencial en 2010, varios nombramientos de opositores del anterior gobierno y la reunión con el entonces presidente de Venezuela Hugo Chávez (QEPD) a quien llamó su nuevo mejor amigo, desató la ira de su exjefe Álvaro Uribe Vélez, quien desde ese momento se consolidó como la cabeza de la oposición.

 

Ese escenario no estaba previsto ni por el más agudo de los analistas políticos. Santos había sido su Ministro de defensa y “punta de lanza” para dar hasta ese momento los golpes más contundentes a la guerrilla de las FARC, incluido el rescate de “la joya de la corona”, la excandidata presidencial colombo-francesa Ingrid Betancourt. Muchos de los votos que lo llevaron al Palacio de Nariño eran de los seguidores de Uribe, quien esperaba que Santos continuara con su política de mano dura contra la guerrilla y por eso el expresidente se sintió traicionado.

 

Cuando Santos en agosto de 2012 anunció a los colombianos el inicio de diálogos con las FARC, esta decisión fue el punto de quiebre definitivo con Uribe, quien desde su curul como senador desató la más dura campaña de desprestigio contra el gobierno de su exministro. Aunque tuvieron que pasar más de 6 años para que Santos y Uribe se sentaran de nuevo a buscar puntos de acuerdo, es esperanzador que haya diálogo porque en este largo y complicado conflicto, entre los cuales las FARC es uno de los actores, no hay un solo de los más de 47 millones de colombianos que no haya sido tocado de manera directa o indirecta por el conflicto en el país.

 

¿El Papa Francisco es la clave? 

Aunque el Papa Francisco dijo la semana anterior, primero en la reunión con los dirigentes hebreos en Roma y luego en la rueda de prensa de regreso de Azerbaijan, que su viaje a Colombia en 2017 dependía de la aprobación del plebiscito y el blindaje del proceso de paz, no se puede descartar su visita ya que ésta puede ser un impulso definitivo para que el Pontífice contribuya a encontrar puntos de acuerdo a la división en Colombia. El Santo Padre ha demostrado con hechos concretos que para él las puertas nunca se cierran con llaves sin duplicado.

 

Desde el inicio del proceso, el Santo Padre ha promovido la posibilidad de encontrar la paz en Colombia. Cuando recibió en la Santa Sede al Presidente Santos en junio de 2015, le confesó que era la persona por la que más rezaba y le dijo sí al llamado del mandatario colombiano para que lo ayudara a encontrar la paz. Luego, tres meses después en su visita a Cuba, desde la plaza de la Revolución lanzó un claro mensaje al decir que “No tenemos derecho a permitirnos otro fracaso más en este camino de paz y reconciliación” y en su ida a Armenia en junio pasado ya había expresado su interés para que los países que trabajaron para hacer la paz blindaran este acuerdo, para que no se regresara hacia un estado de guerra.

 

Por eso, una visita apostólica a Colombia sería un gran espaldarazo a reconstruir la unidad en el país, ya que su presencia traería esperanza y ambiente de paz porque como lo ha demostrado en sus periplos por zonas de conflicto, ha sido muy efectiva su manera de tender puentes animando a trabajar en los puntos en común y no en las diferencias y por eso en este momento cuando las FARC y el gobierno ya han aceptado recorrer el camino de la paz, son las diferencias políticas e ideológicas las que han llevado a dividir a Colombia en tres: los que votaron SI, los que votaron NO y la gran mayoría LOS INDIFERENTES, que prefirieron ignorar cita democrática.

 

Aunque como lo escribió hoy el Ossevatore Romano, el desenlace del proceso de paz es incierto, no hay nada claro en qué punto están las gestiones para concretar esta visita apostólica. Sin embargo, para el Presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia, Arzobispo Augusto Castro Quiroga, la visita del Papa Francisco a Colombia sigue en pie argumentando que el Sumo Pontífice vendría como pastor y en nada pueden influir motivos políticos para condicionar su presencia en Colombia.

 

Por eso, la reunión entre el Presidente Santos y el sector opositor que lidera Uribe es un mensaje concreto que el país está buscando trabajar unido por la paz y sería el momento de recordar las declaraciones que nos concedió el Papa Francisco a la W Radio durante el viaje a Polonia: “Para que cualquier país pueda ir adelante, tiene que tener tres referencias: memoria de la historia recibida, coraje para afrontar el presente y esperanza hacia el futuro”.

 

Su Pontificado durante estos tres años se ha basado en la misericordia y uno de sus componentes más importantes es la reconciliación. Esa reconciliación no solo se refiere a los conflictos entre gobiernos y grupos armados, sino que sus argumentos van hasta la base de la sociedad que es la familia, los entornos personales y así desde esos pequeños núcleos, construir unas bases sólidas para por fin tener en Colombia una paz sólida, duradera y blindada.

 

Nuestra contribución a la paz

Por Verónica Carabajal, Licenciada en Psicología

Hace un tiempo leí una nota de una psicoanalista suiza, Alice Miller, que me impactó por la sencillez con la que resumió algo que creo absolutamente cierto y relevante.

Puntualiza con profunda claridad, que los efectos de los traumatismos infligidos a los niños repercuten inevitable y, directamente, sobre la sociedad.

Las situaciones de maltrato infantil se repiten con frecuencia, y tal como lo menciona Miller, “ante la situación de maltrato la reacción normal del niño debiera ser el enojo y el dolor. Pero, en su soledad, la experiencia del dolor no podría tolerarla y el enojo muchas veces le sería castigado, entonces, no tiene otra salida que reprimir el recuerdo. Es esta angustia no expresada, esta impotencia .desconectada de su verdadero origen la que se expresa luego en actos destructores, que se dirigirán contra otros o hacia él mismo” (desde cosas severas como la criminalidad o adicción, hasta trastornos psíquicos de distinta índole).

“Cada niño en su fragilidad e inexperiencia, tiende a sentirse culpable de la crueldad de sus padres. Y como, a pesar de todo, sigue queriéndolos, los disculpa así de su responsabilidad”, pero no sin un costo interno que de alguna forma cobrará como adulto a la sociedad.

“Sin duda las experiencias traumatizantes de la infancia, reprimidas repercuten inconscientemente durante toda la vida de la persona”, finaliza Miller.

La palabra traumatismo es tan severa, que pareciera alejar el riesgo de criar niños discordantes en nuestros entornos o en nuestras propias familias, suponiendo que estas cosas suceden solo en ambientes marginados con carencias de educación o materiales.

Sin embargo el espectro de acciones que pueden alejar a los niños de la posibilidad de salud psíquica y emocional plena, es amplio y variado.

Nuestros modelos de crianza están tan basados en patrones heredados   y socialmente aceptados que repetimos conductas casi automáticamente sin cuestionarnos.

Venimos de modelos educativos en los que se autorizaba a docentes a usar la vara para castigar en el aula o era común que los padres mandaran al rincón a los niños.

Parece una obviedad describir esos métodos, hoy en desuso,  como inaceptables, sin embargo la impronta de la violencia autorizada socialmente sobre los niños sigue muy presente.

En la vida cotidiana no es poco frecuente encontrar adultos que aún creen que “un cachetazo de vez en cuando” o “un tirón de orejas dado a tiempo” no vienen nada mal.

Tampoco es poco usual circular por la calle, la plaza o el supermercado y encontrarse con escenas de padres que llevan a los chicos arrastrándolos o gritándoles en forma continua como forma de trato habitual.

Menos frecuente aún es presenciar escenas de manipulación a chicos con “pequeñas mentiras” que sin duda nos demandan   menos esfuerzo que decirles la verdad a nuestros hijos y contener la reacción adversa de un chico que se frustra porque algo que esperaba no va a llegar.

Sin duda no nos gusta que nos ridiculicen o burlen en público, pero muchas veces lo hacemos con ellos “en broma” para reírnos con otros adultos.

Pareciera que en nuestra vida cotidiana plagada de obligaciones y exigencias, no queda tiempo ni paciencia para buscar formas distintas de abordar a nuestros hijos.

Este artículo debía ser sobre la paz y muchos se preguntarán por qué mencioné todo lo anterior

Las noticias nos inundan con conflictos e imágenes que nos desconsuelan. Nos rodea la violencia expandida por cada vez más rincones del mundo.

Es poco lo que podemos hacer para menguar esa violencia pero es mucho lo que podemos hacer para revisar la que ejercemos cada día en nuestras casas.

Para sembrar paz no tenemos que sentirnos llamados a solucionar el conflicto en Medio Oriente, tenemos que sentirnos llamados a sembrar respeto y buen trato en nuestra vida cotidiana y especialmente en nuestras casas,  con nuestros hijos.

El mix más sano de crianza incluye no solo el buen trato, la palabra y la honestidad para con nuestros hijos sino también lo que ellos pueden aprender de nosotros viéndonos interactuar en la sociedad.

Sería un logro enorme criar hijos evitando gritos y tironeos, cachetazos y engaños, pero mucho mejor aún sería si no nos vieran gritar a otros ni mentir en nuestra vida cotidiana.

La paz comienza por casa, en cada familia y los pequeños actos de violencia no desatan guerras en el mundo pero sin duda minan el camino de bienestar, diálogo y respeto que hacen al bienestar de todos.

La sociedad (y la sociedad somos nosotros) está   ávida de valores que contrarresten el desinterés, la falta de respeto y la  indiferencia  que prima en muchos lugares por los que transitamos.

Sepamos que cada uno de nosotros tiene el poder de alterar lo que no nos gusta no solo siendo el cambio que queremos ver sino además criando hijos que puedan salir al mundo cargados de experiencias y recuerdos de respeto, empatía y sinceridad.

Inyectar adultos alegres, optimistas y energizados puede que sea una gran parte de la misión personal de cada uno de nosotros.

Revisar nuestro manual de crianza puede que valga la pena. Si cerramos los ojos y podemos visualizar el mundo que queremos tener, es probable que haya tradiciones muy aceptadas que ya deban dejar de figurar.  .

Experiencias de paz

Por Agustina Vanella y Grupos de Jóvenes de la Parroquia

La paz encarnó en juventud. La paz tomó diversas formas, dibujó figuras, adquirió colores de arcoiris. La paz se apareció en vivientes y en no vivientes. Divulgarla es promulgarla, es propagar su eco.

A continuación, los jóvenes de la parroquia comparten las experiencias de paz que fueron recolectando en sus actividades y la visión personal que lograron formar sobre ella.

Lectores, los invitamos a ser instrumentos de paz.

 

“Experiencia de paz”. Para poder dar mi experiencia acerca de esto creo necesario explicar qué es para mí, qué significa.

Una experiencia de paz es ese momento en el que nada más importa, en el que se vive el aquí y el ahora, un momento que al recordarlo, te hace estallar el corazón de emoción.

Y así lo sentí en este último retiro de Mar Adentro. Creo que un momento de paz implica poder volver a sentir lo vivido, acordarse de ese momento y volver a sentir el mismo amor.

Ver a tanta gente junta y tan unida, cantando y riendo por un mismo motivo, eso, hace que mi corazón se llene por completo, eso, es Dios y puedo decir sin duda alguna que Él está en cada uno de esos “momentos de paz”.

Lucía Pampliega

Es lunes por la noche y algunos sentimientos y emociones siguen decantando en mi cerebro como la misma lluvia sobre el techo, creando un sonido agradable y reconfortante como lo que viví este fin de semana en el retiro.

No es fácil explicar las emociones que uno experimenta en estas escapadas, pero si te puedo contar que lo que sucedió en la casa de retiros de Morón fue algo mágico. Voy a hacer el esfuerzo de ponerlo en palabras, por más difícil que pueda resultar esto.

Imaginate estar en un espacio rodeado de personas con las que te venís viendo domingo a domingo. No conoces en profundidad a cada uno de ellos pero en el retiro todo prejuicio que tengas sobre el otro se desvanece como por arte de magia. Ves sonreír al más serio y llorar al más duro.

Este retiro en particular tuvo una atmósfera de calidez, donde reinaba el amor y el cariño en cada uno de los rincones de ese lugar.

Constantemente te ves rodeado de abrazos y besos, una afectividad que no es usual en la rutina de nuestras vidas. Esos 3 días son una clara muestra que Jesús vive presente en nuestros corazones, pero somos nosotros quienes no logramos verlo en la cotidianidad. Muchas veces hacemos oídos sordos a sus llamados y achicamos la vista cuando Dios nos busca a través de una señal o gesto. Como un niño que busca esconderse del mundo cubriéndose los ojos con las manos… de esta forma, él no logra escaparse del mundo que lo rodea pero al menos consigue refugiarse en la oscuridad que le proporciona este mecanismo de escape. De la misma forma, nosotros, buscamos ocultarnos de Jesús, muchas veces por temor a que nos muestre lo que nuestro corazón nos está pidiendo y en repetidas ocasiones porque somos personas que nos complace permanecer en la zona de confort que nos proporciona la rutina.

Pero… los retiros son el equivalente a quitarnos las manos de los ojos y agudizar nuestros sentidos más dormidos, para encontrarnos así, rodeados de la inmensidad de Dios.

Estoy seguro de que lo que viví en este retiro y en la misa que dio el Padre Jorge fue el equivalente a vivir en el Reino de los Cielos.

¿Cómo logro explicarle a alguien que jamás lo vivió qué significa estar en el Reino de los Cielos? Bueno… para mí es el equivalente a estar suspendido mental y espiritualmente, es dejar tu corazón volar por el caudal de emociones y amor que te despierta cada mirada de tus coordinados y cada abrazo de tus amigos. Imaginate sentir una calidez reconfortante, donde uno no logra explicar cómo es que su corazón se siente con tanta paz y armonía ni por qué las lágrimas brotan de tu cara, así como también la piel se te eriza cuando cantás cada canción de misa desde la  profundidad de tu voz.

Puedo decir que me sentí en paz absoluta, una paz que me inundaba debido al afluente de amor que me proporcionaban  cada una de las personitas que ocupaban las primeras filas de la misa y quienes ahora ocupan las gradas de mi corazón.

Para mí vinimos al mundo a ser felices y les puedo decir que estos 3 días que viví en el retiro de Mar Adentro fui feliz. Les quiero pedir a las personas que estén leyendo esto que vayan y abran su corazón, no cierren los ojos ni hagan oídos sordos al llamado de Dios, porque Él los está esperando con los brazos abiertos para acurrucarlos como el amor que un padre siente por su hijo.

Rodrigo Alonso

Si bien no es fácil poner en palabras los sentimientos tan fuertes que uno puede llegar a sentir, voy a hacer el intento.

Me fui de mi casa en duda, pensando en todas las cosas que debía hacer y que no haría por estar yendo al retiro. Me entregué, me puse en sus manos y dejé que Él haga lo que desee. A lo largo del fin de semana pude sentir cómo cada vez me iba adentrando en un estado de extrema calma. Esa es la palabra, mi alma estaba en calma y ya no lloraba por las cosas del día a día. Me hallaba en el Reino de los Cielos. Ese lugar que llegas a conocer muy pocas veces en vida de donde no podes pensar en otra cosa que quedarte. Mi cuerpo y alma estaban en paz. Al llegar a ese estado, cuando volví del retiro, traté de llevar ese Reino de los Cielos a cada ámbito al que pertenecía. De esa manera, podría revivir esa sensación una y mil veces más y, a la vez, contagiarla a mi entorno. La paz que se apoderó de mí en aquel momento perdura por un tiempo. Queda en nosotros hacer que se convierta en parte de nuestra vida cotidiana.

Yo pienso que es necesario que todos nosotros tengamos, aún que sea una vez al año, la posibilidad de “retirarnos” de nuestra realidad diaria y pensar en nosotros y en nuestra relación con Dios. La tranquilidad y calma que uno siente en ese momento son inmensas. No es posible describirla en palabras, aún que se puede hacer el intento…

Virginia Salvucci

¿Experiencia de paz? Definitivamente digo “La misión al barrio Las Flores, en Villa Martelli”. Contextualizo brevemente: pertenezco a uno de los grupos de jóvenes de la parroquia llamado Sal y Luz, en el cual los sábados por la mañana tenemos actividades de servicio en diferentes barrios de la provincia (como Virreyes y Villa Martelli) y los domingos a la noche tenemos reuniones de espiritualidad. El ciclo termina con una misión de 4 días a uno de estos barrios.

Jamás en mi vida sentí tanta paz como cuando me levantaba por las mañanas más temprano que todos mis compañeros para preparar el desayuno, saludar al sol y después despertar a mis amigos con música, saltos y buenos deseos para el día. Esas mañanas de pura alegría, plenitud y entrega son mi definición de paz. Ver el amanecer sin importar las pocas horas que haya dormido, lo largo que iba a ser mi día o lo que me dolían los músculos de caminar, saltar, bailar y jugar.

La paz es sentirse pleno, feliz y sentir que lo que uno está haciendo es aportar una pequeña gota de amor para mejorar el mundo. Lo que hicimos en aquellos días, no fue una pequeña gota, fue una catarata. ¿Cómo no sentirse en paz con una experiencia así?

Lola Schcolnik

Una experiencia de paz
Todas las semanas encuentro paz. Paz verdadera.
Lo que cuesta es mantenerla.
Es fácil encontrar esta sensación en la parroquia, viví muchos retiros, campamentos, convivencias y eventos. Todos la generan. Algunos una paz más tranquila y otras una llena de energía. Me parece que no es una cuestión de estar quieto, sino más bien de estar centrado.

Lo que me gustaría transmitir es otra cosa, más allá de los retiros y todo eso.
Porque esa paz es inmensa pero momentánea y yo encuentro otra mucho mayor, una que queda y creo que vale la pena.

Soy coordinador un grupo de jóvenes, chicos de último año de colegio que terminan el ciclo estando en la Facultad.
A pesar de tener muchos miedos, el mayor es perder la fe en las personas. Creer que todo lo que hago es en vano, que nada va a cambiar, que mi grano de arena no es suficiente porque constantemente veo odio que quita paz. Pero ellos, cada uno de esos chicos, me demuestra lo contrario, me devuelven la  fe.

El otro día discutía con algunos amigos sobre la paz y la guerra. Como la paz lleva al amor/ el amor a la paz y como la guerra al odio/ el odio a la guerra. Dos círculos viciosos de los que cuesta salir.
Discutíamos acerca de cómo salir de tanto odio y tanta guerra continuos que nos rodea, en una sociedad violenta y ansiosa. Es muy difícil encontrarse en paz cuando todos están tan alterados, pero salir de este círculo es posible. La pregunta era ¿cuál es el camino que transforma el odio en amor? Y la respuesta es muy fácil. El camino es Jesús.
El Papa Francisco dijo “no hay paz sin diálogo” y nosotros nos juntamos todos los domingos a hablar de Jesús, así OBVIO que es fácil encontrar la paz.
Por eso estoy agradecido y me considero afortunado, porque tengo la oportunidad de compartir a Jesús todas las semanas y transformar todo mi odio en amor y así combatir todas mis guerras con paz.

Julián Cosentino

A no rendirse

Cuando mi mente está en modo zen. Estoy cero acelerada, pienso en lo que tenga que pensar de una manera muy relajada asegurando que hay tiempo para todo y sin apresurarme a que suceda nada.

Me suele pasar en los viajes en el colectivo cuando estoy sentada con el rayito de sol suavemente en mi cara y pocas veces, cuando vuelvo de hacer una actividad. Vuelvo tan cansada y/o relajada que me siento en paz y bien con el mundo.

Una experiencia de paz fue un encuentro callejero que tuve con un señor mayor en el 161 volviendo a mi casa. Este encuentro empezó con un estirón de brazo, sin llegar a tocarlo, para que no se cayera y termino con un buen apretón de brazos deseándonos cosas hermosas y de real importancia.

Hablamos de su vida principalmente, de cosas que le habían sucedido, unas buenas otras no tanto, y rescatábamos lo importante que era darle para adelante pase lo que pase y no rendirse. Esta última parte se repitió a lo largo de todo el camino. El señor me pregunto sobre la religión y estuvimos debatiendo eso, tirando ambos para el mismo lado, aunque no practicáramos lo mismo. Me admitía que antes no le gustaba ir a la iglesia hasta que después de un problema empezó a ir y su vida de a poco fue transformándose. Estando cada día mejor espiritualmente aunque su cuerpo, quizás, no dijera lo mismo.

Fue el momento de mayor plenitud ese viaje, de una paz interna que se mantuvo a lo largo de todo el día. No nos importaba el frío de afuera, a el de unos 70 y largos ni a mí de 18, estábamos tan cálidos hablando que todo lo demás se había olvidado, lo único que importaba era ese instante, ese momento, donde su presencia con la mía se entrelazaban en palabras. Fue el viaje más corto y más largo de mi vida y ahí me di cuenta de la importancia de estar cien por ciento presentes en el presente.

Algo tan escuchado y tan poco practicado.

Mercedes Bina

¿Paz? Cuando me preguntan por la paz lo primero que pienso es en amor. Amor, que me lleva a pensar en mis amigas y mi familia.

Paz sentí cuando me desahogué escribiendo en un papel todo lo que sentía y me salía del alma decirle a mi hermana después que ella me escribió una cartita para mi retiro de Mar Adentro. Lloré mucho, y eso me ayudó un montón a sacarme todo ese peso que tenía, ese momento de paz que viví fue un respirar profundo y mirar hacia adelante con mucho optimismo, hacia todo lo nuevo que estaba por venir con ella. También sentí mucha paz en un abrazo fuerte y duradero con una amigota. Fueron de esos que cerrás los ojos y pensás solo en el contacto con la otra persona. Dura todo lo que necesitemos y se siente, y ese momento de paz completa deja un recuerdo hermoso, al que si pudiera fuera adicta.

Antonella Dileo

Así como todo en la naturaleza busca alcanzar y luego permanecer en un estado de equilibrio, las personas tendemos a un estado de paz.

Sería erróneo asociarlo a la tranquilidad, a lo estático, a lo seguro, a lo fijo. No se encuentra donde falta movimiento sino después de un arduo trabajo de búsqueda. Todos tenemos nuestras actividades, proyectos y aspiraciones. Razones y personas por las que nos levantamos de la cama todos los días. Nos desafían, nos ponen a prueba, nos enseñan, nos hacen crecer y nos demuestran constantemente la importancia de ponerle actitud a todo y de saber darle a cada cosa un valor. La libertad irrevocable que intrínsecamente nos fue dada, nos permite tomar nuestras propias decisiones, elegir en qué dar nuestro tiempo y cuánto dar de nosotros mismos, definir cómo encarar las cosas. Aún frente a situaciones de preocupación o desborde o momentos donde toca asumir consecuencias o arreglar errores, no existe lugar para la culpa cuando fuimos protagonistas de nuestra libertad. Contamos con la capacidad de estar tranquilos aún en situaciones de extrema turbulencia.  Nadie aguanta tener algo inconcluso, una carga constante, un problema sin solucionar, una pelea sin reconciliación, ni nada que no nos deje dormir profundo. Así es como se manifiesta nuestra tendencia a un estado de equilibrio. Encuentro la paz todos los días, en el dinamismo constante de nuestra vida cotidiana.

Julieta Vanella

Vivimos en un mundo en el que se nos presentan miles de estímulos cotidianamente. Nos vemos bombardeados por estos en diversas formas. Como noticias, en el diario, como fotos en Instagram o Snapchat, o como conocimiento difundido a través del colegio o facultad.

Al tener un ritmo de vida acelerado, prima una sensación de falta de tiempo.

Yo creo que los estímulos que recibimos son inevitables y muchos de ellos incluso necesarios. Por eso no buscaría rechazarlos, pero sí aprender a descansar de ellos. Poder tomarme algún momento de paz en el que la cabeza esté lo más libre y despejada posible. Esos momentos se pueden buscar aunque también aparecen solos, si se los sabe interpretar. Pueden ser desde ir a misa, meditar, salir a caminar, escuchar una linda canción, etc. Depende de cada uno, y por eso no hay una única receta.

Si bien veo a la paz en algunos momentos concretos, creo que existe también como sensación general. Es decir, uno podría vivir una vida acelerada o súper productiva, sin perder esa sensación de paz en su interior. Como a su vez, se puede vivir muy relajado, sin hacer muchas actividades pero no sentirse en paz.

Me parece que la paz está subvalorada y no terminamos de asumir su importancia porque creemos que se puede vivir sin ella.

Francisco Spector

La paz en el deporte

Por Juliana Giménez y Francisco  Cambilargiu, Estudiantes de 5° año de Sociales de San Gabriel

En las últimas semanas pudimos ver cómo la pintoresca ciudad de Río de Janeiro se tiñó de todos los colores con el comienzo de la 31° edición de los Juegos Olímpicos (JJOO). Cerca de 11.000 atletas de más de 200 países compiten con ansias por llevarse para su país una gloriosa medalla dorada. Estos JJOO cuentan con 41 disciplinas de 28 deportes olímpicos y con la gran novedad de un equipo formado por un total de 10 deportistas elegidos entre un total de 43 refugiados, quienes competirán bajo la bandera olímpica.

Pero no es todo risas y alegrías, ya que por la actualidad en la que vivimos, la amenaza de un atentado terrorista está latente más que nunca en esta edición de los JJOO, por ello, miles de efectivos policiales e incluso personal de las fuerzas armadas locales transitan por las calles de Río y se concentran en las principales sedes donde se desarrollan los juegos.

Estas son solo generalidades para ubicarlos en el contexto, pero lo que buscamos destacar en este artículo, es la buena voluntad de los atletas al competir amistosamente y más que nada con fair play, juego limpio. Pudimos ver infinidades de buenos gestos entre atletas de diferentes países, un abrazo luego de competir, palabras de ánimo y empatía con los perdedores son solo algunos de ellos, porque los atletas tienen más que claros que son rivales, pero no enemigos.

La Asamblea General de las Naciones Unidas decidió proclamar el 6 de abril como el Día Internacional del Deporte para el Desarrollo y la Paz. Este año, diferentes países celebraron la contribución del deporte en el desarrollo del ser humano como vía de incremento social e instrumento universal para la paz. En este último tiempo, el deporte ha demostrando, y sigue demostrando, ser una herramienta muy eficaz para promover la paz y el desarrollo en poblaciones de todo el mundo.

Los Juegos Olímpicos surgen además, para competir en diferentes disciplinas, ganar medallas y sonreír para las fotos, para promover la paz mundial, la amistad, la solidaridad y la justicia, de diferentes formas. Los atletas que compiten y representan a cada país, deben ser un buen ejemplo para las poblaciones de todo el mundo, para demostrar cómo países que quizá se ven en conflictos entre sí, ya sean armados o no,  pueden dejar de lado sus diferencias. Personas que son como todos nosotros, demuestran que a pesar de los diferentes conflictos que puedan llegar a tener, se valoran como personas, no se prejuzgan y se dan una oportunidad el uno al la otro con pequeños gestos, desde sacarse  fotos juntos, hasta tan solo saludarse al finalizar su disciplina.

Uno de los gestos más claros de competencia en paz fue el buen gesto, tanto de los jugadores argentinos como de los brasileros de Rugby 7’, al sacarse una foto en conjunto tras finalizar el partido. A pesar de la derrota de los cariocas, estos reconocen la importancia de promover la paz entre las aficiones de ambos países, que chocan constantemente.

Otro hecho a destacar, es la buena voluntad por parte de dos competidoras en gimnasia artística, provenientes de Corea del Sur y Corea del Norte, quienes al finalizar la dinámica se sacaron una selfie. Cabe destacar que estos países viven en constante choque el uno con el otro, siempre con riesgo de que estalle una guerra. El hecho de que estas dos atletas se tomen una foto juntas parecía inimaginable, pero sin embargo lo hicieron con ansias de calmar las aguas entre sus países.

Estos pequeños gestos, entre otros, que podemos ver en los JJOO, demuestran que es posible competir en paz y armonía, donde tanto atletas como espectadores están en paz, disfrutando del espectáculo. Hoy en día estamos acostumbrados a ver incontables hechos de violencia en el fútbol, por ejemplo, donde los jugadores y fanáticos de diferentes equipos se enfrentan constantemente, dejando heridos y hasta muertos en los estadios y en las calles.

Que estos Juegos Olímpicos sean ejemplo para deportistas y para espectadores, que el deporte se disfruta mucho más si se juega en paz, si el ambiente es sano y agradable. No estemos en contra de las rivalidades, ya que sin rivales no existiría la competencia; estemos en contra de las enemistades, que lo único que hacen es generar un mal momento e impiden que el deporte se mire, se juegue o se viva como se debe, en paz.

 

LA PAZ
Francisco Cambilargiu

La paz… ¿Qué es la paz? Aquello que todo ser vivo anhela, ya sea hombre, mujer o animal. ¿La paz del destino, quizá? ¿La que proporciona la muerte? ¿O la paz en vida que permite a los trabajadores  volver tranquilos a sus hogares, sabedores de que pueden satisfacer una familia y poner el pan en la mesa? ¿Es la paz el saber que tenemos un Dios no arriba nuestro sino que a nuestro lado? ¿Es la paz solo la ausencia de un conflicto armado?

Cada alma busca su destino y la paz es un fin noble, para todos. De algún modo u otro, todos la buscamos, la perseguimos y, al final, damos con ella, sea en forma de sueño eterno o llegando a nuestras fronteras con una bandera blanca, símbolo perpetuo de amistosas y bondadosas almas.

Quien busca la paz merece respeto, más aquellos que la buscan no para su regocijo sino para el de otros, merecen admiración.

Así pues, ¿nos llegará algún día esa paz que algunos tanto ansiamos? Esperemos vivir para verlo.

 

Paz y cultura

Por Esther Córdoba, Presidenta de la Fundación Música Esperanza
y Nicolás Aulet, Profesor Coordinador de Talleres Musicales

El movimiento humanitario Música Esperanza surgió de la historia del pianista argentino Miguel Ángel Estrella. Artista no convencional, Miguel Ángel deseaba desarrollar una actividad socio-musical en los lugares más desfavorecidos de su país. En diciembre de 1977, es secuestrado y encarcelado por la dictadura argentina. Fue liberado en 1980, luego de una campaña de solidaridad que reunió a artistas y amigos del mundo entero.

 

En 1982, Miguel Ángel Estrella funda con su amigo Yves Haguenauer, Música Esperanza,  cuya sede está en París y tiene como objetivo contribuir, por medio de la música, a la construcción de un mundo sin fronteras, más solidario y más humano. Desde hace 30 años, desarrolla actividades internacionales, que pone la música al servicio de los Derechos Humanos, la Paz y la Juventud.

Musique Espérance Paris

Uno de sus principios básicos consiste en favorecer esencialmente entre un público de niños y adolescentes, la igualdad de oportunidades y la apertura a una Cultura de Paz, por medio de programas musicales capaces de suscitar en ellos una participación activa, así como de despertar su solidaridad.

El trabajo de Música Esperanza se apoya en el trabajo en terreno de 20 asociaciones, distribuidas en los siguientes 6 países: Argentina, Bélgica, España, Francia, Portugal y Suiza.

 MÚSICA ESPERANZA ARGENTINA

A través de la música, la Fundación trabaja por la creación de vínculos solidarios, la dignidad de la persona en los sectores más desprotegidos de la sociedad y la comunicación, como base para una cultura de paz.

Su misión es poner la música al servicio de todos los sectores de la comunidad, sin discriminación de ninguna índole, como reafirmación de los derechos esenciales de la persona.

Las actividades se realizan en escuelas de zonas vulnerables, hospitales, escuelas especiales, establecimientos penitenciarios, barrios populares, centros comunitarios, institutos para menores.

Escuela N°39, Barrio de La Loma, Del Viso, Buenos Aires

Creemos que la música es una herramienta poderosa en relación  a la construcción de paz. Música Esperanza entiende la música como un derecho, al cual cualquier persona que lo desee debería poder acceder. Por eso desarrolla proyectos donde este derecho está vulnerado.

Por un lado, a nivel personal, la música promueve la escucha, la reflexión, el encuentro con lo que pensamos y con lo que sentimos. Todo esto nos acerca a estar en paz con nosotros mismos y asumir desde ahí nuestra propia vida. Además, el hecho de poder elegir una actividad en la cual desarrollarse y hacerlo en un contexto de cuidado, respeto y contención, también favorece la idea de vivir en paz.

Por el otro, esta paz la pensamos también desde lo colectivo. Música Esperanza trabaja con proyectos comunitarios en los que se enseña la música, respetando los tiempos y deseos de cada persona y apuntando al mismo tiempo, a la construcción colectiva. Solemos cantar: “juntarse y ser canción”.

Para esto es necesario escucharnos, respetarnos, crear espacios inclusivos en los que la diversidad sea un aspecto enriquecedor y todos/as seamos parte. En estos espacios aflora la solidaridad, la idea de un  NOSOTROS. Creemos que trabajar en esa búsqueda aporta su granito de arena al sueño de una Humanidad con más derechos, lo cual está en íntima relación con un camino de paz.

Algunas de las actividades que realizamos son:

Talleres musicales que están a cargo de talleristas idóneos, de sólida formación musical y pedagógica, preparados ética y humanamente para abordar las peculiaridades de cada medio en el que se desempeñan. Asimismo, las actividades de este programa procuran proporcionar a sus destinatarios, los medios para ser protagonistas de su vida cultural.

Los Encuentros Musicales Solidarios son experiencias periódicas “en vivo”, a cargo de músicos voluntarios, con el fin de romper aislamientos culturales y físicos de personas afectadas por la enfermedad, la vejez, la discapacidad o la marginalidad. Estos encuentros se realizan en hogares geriátricos,  hogares para madres solteras con sus niños/as pequeños/as, institutos de menores, institutos penitenciarios.

Estos Encuentros Musicales Solidarios permiten, por medio de la vivencia directa, establecer un puente entre el “adentro” y el “afuera”, un pasaje hacia otras libertades, para aquellos que sufren limitaciones especiales o encierros prolongados.

Vuelta de obligado, Buenos Aires

  Si usted desea apoyar y/o compartir la tarea, de la Fundación Música Esperanza,  brindando tiempo como voluntario en tareas musicales y/o administrativas, aportando una contribución voluntaria, o donando instrumentos musicales. Comuníquese a través del mail  fmusicaesperanza@hotmail.com

El derecho humano a la paz

Por Dr. Carlos Villán Durán[1], Presidente de la Asociación Española para el Derecho Internacional de los Derechos Humanos

[1] Profesor de Derecho Internacional de los Derechos Humanos; Codirector del Máster en Protección Internacional de los Derechos Humanos de la Universidad de Alcalá (Madrid); Miembro de la Fondation René Cassin, Institut International des Droits de l’Homme (Estrasburgo) ;  Antiguo miembro de la oficina del alto comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (1982-2005) (Ginebra). cvillan@aedidh.org  http://www.aedidh.org

  1. INTRODUCCIÓN

Trasladar el valor universal de la paz a la categoría jurídica de derecho humano ha sido el propósito de la iniciativa legislativa llevada a cabo por la Asociación Española para el Derecho Internacional de los Derechos Humanos (AEDIDH) a partir de la Declaración de Luarca sobre el Derecho Humano a la Paz, que fue adoptada el 30 de octubre de 2006 por un comité de redacción de 15 expertos españoles[1]. Desde entonces, la AEDIDH lideró exitosamente la campaña mundial a favor del reconocimiento del derecho humano a la paz (2007-2010), por medio de la cual la Declaración de Luarca fue compartida y debatida por personas expertas independientes en consultas organizadas por la AEDIDH en todas las regiones del mundo.

Las contribuciones regionales a la Declaración de Luarca se recopilaron en las declaraciones sobre el derecho humano a la paz adoptadas por personas expertas de la sociedad civil en La Plata, Argentina (noviembre 2008 y septiembre 2013); Yaundé, Camerún (febrero 2009); Bangkok, Tailandia (abril 2009); Johannesburgo, Sudáfrica (abril 2009), Sarajevo, Bosnia y Herzegovina (octubre 2009); Alejandría, Egipto (diciembre 2009); La Habana, Cuba (enero 2010); Morphou, Chipre (octubre 2010); Caracas, Venezuela (noviembre 2010); Nagoya y Tokio, Japón (diciembre 2011); Slovenj Gradec, Eslovenia (octubre 2012); San José, Costa Rica (febrero 2012, 2013 y 2014); Oswiecim, Polonia y Londres, Reino Unido (mayo 2013).

Al final de la campaña mundial, las Organizaciones de la Sociedad Civil (OSC) adoptaron el 10 de diciembre de 2010 en un congreso internacional, la Declaración de Santiago sobre el Derecho Humano a la Paz y los Estatutos del Observatorio Internacional del Derecho Humano a la Paz (en adelante OIDHP)[2].

Este recorrido puso de relieve que una iniciativa legislativa conjunta de la sociedad civil y la academia, puede abrir el camino a la codificación y el desarrollo progresivo del derecho internacional de los derechos humanos[3], incluso en un campo particular –guerra y paz– que tradicionalmente se reserva a los representantes de los Estados soberanos.

Mientras la Declaración de Santiago recogió en términos jurídicos las aspiraciones de paz de las OSC de todo el mundo, los Estatutos del OIDHP aportaron a las OSC la estructura institucional apropiada, para promover y supervisar la aplicación de la Declaración de Santiago en todo el mundo.

Además, ambos textos —normativo e institucional— definieron la posición de las OSC ante el proceso de codificación oficial del derecho humano a la paz, que inició en 2010 el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, a instancias de la sociedad civil.

  1. EL CONTENIDO DEL DERECHO HUMANO A LA PAZ

El preámbulo de la Declaración de Santiago defiende una visión holística de la paz[4], pues esta no se limita a la estricta ausencia de conflicto armado (paz negativa). Tiene también una dimensión positiva orientada a alcanzar tres objetivos, a saber: en primer lugar, satisfacer las necesidades básicas de todos los seres humanos, con miras a erradicar la violencia estructural originada en las desigualdades económicas y sociales mundiales. En segundo lugar, eliminar la violencia cultural (por ejemplo, violencia de género, familiar, en la escuela o el puesto de trabajo, etc.). En tercer lugar, la paz positiva requiere el efectivo respeto de los derechos humanos y libertades fundamentales de todos, sin discriminación.

En consecuencia, el preámbulo de la Declaración de Santiago subraya la necesidad de establecer un nuevo orden económico internacional que elimine las desigualdades, la exclusión y la pobreza, porque son las causas básicas de la violencia estructural, la cual es incompatible con la paz, tanto a nivel nacional como internacional.

Además, el nuevo orden económico internacional debe ser sostenible, con el debido respeto al medio ambiente. También debe dedicar al desarrollo económico y social de los pueblos, los recursos liberados por el desarme internacional, que deberá llevarse a cabo bajo un estricto y eficiente control internacional.

Los 29 párrafos del preámbulo de la Declaración de Santiago, también proporcionan el fundamento jurídico a los derechos reconocidos en la parte dispositiva, que a su vez constituyen los elementos principales del derecho humano a la paz (Parte I). Además, se hace una distinción entre derechos (Sección A: artículos 1 a 12) y obligaciones (Sección B: artículo 13). La Parte II se dedica al mecanismo de supervisión de la futura declaración de las Naciones Unidas (artículos 14-15). La Declaración finaliza con tres disposiciones.

El artículo 1 de la Declaración de Santiago reconoce los titulares (personas, pueblos, grupos y humanidad) y los sujetos obligados del derecho humano a la paz (Estados y organizaciones internacionales). Los artículos 2 a 12 desarrollan el contenido material del derecho humano a la paz, a saber: derecho a la educación en y para la paz y los derechos humanos (artículo 2); derecho a la seguridad humana y a vivir en un entorno sano y seguro (artículo 3); derecho al desarrollo y a un medio ambiente sostenible (artículo 4); derecho a la desobediencia civil y a la objeción de conciencia (artículo 5); derecho de resistencia y oposición a la opresión (artículo 6); derecho al desarme (artículo 7); libertad de pensamiento, opinión, expresión, conciencia y religión (artículo 8); derecho a obtener el estatuto de refugiado (artículo 9); derecho a emigrar y a participar (artículo 10); derechos de las víctimas de violaciones de derechos humanos a la verdad, justicia y reparación (artículo 11); y derechos de las personas pertenecientes a grupos en situación de vulnerabilidad (artículo 12).

El artículo 13 de la Declaración de Santiago se refiere a las obligaciones de todos los actores internacionales para la realización del derecho humano a la paz. Mientras la responsabilidad principal de preservar la paz recae sobre los Estados y organizaciones internacionales (párrafos 2 a 6), todos los actores internacionales, incluyendo empresas, personas, grupos en sociedad, y la comunidad internacional en su conjunto, deben reconocer sus obligaciones para realizar el derecho humano a la paz.

En particular, los Estados tienen la responsabilidad de proteger a la humanidad del flagelo de la guerra. Esto, sin embargo, no implica autorización a ningún Estado para intervenir en el territorio de otros Estados. Además, toda acción militar fuera del marco de la Carta de las Naciones Unidas es contraria al derecho humano a la paz (párrafo 7).

Para garantizar la realización del derecho humano a la paz, el sistema de seguridad colectiva establecido en la Carta, debe ser fortalecido. Con este propósito, se deben revisar urgentemente la composición del Consejo de Seguridad (CS), el derecho de veto de los cinco miembros permanentes y los métodos de trabajo del mismo CS. Por último, debe permitirse a los representantes de la sociedad civil tomar parte en las reuniones ordinarias del CS (párrafo 8 del art. 13).

La supervisión de la aplicación de la futura declaración de las Naciones Unidas sobre el derecho humano a la paz (Parte II), se confía al grupo de trabajo sobre el derecho humano a la paz (artículo 14), compuesto por 10 personas expertas independientes, elegidas por la Asamblea General para un mandato de 4 años. Entre sus funciones principales (artículo 15), el grupo de trabajo debe promover el derecho humano a la paz; adoptar acciones urgentes; realizar investigaciones in loco sobre violaciones del derecho humano a la paz; presentar informes anuales a los órganos políticos relevantes de las Naciones Unidas; preparar un proyecto de convención internacional sobre el derecho humano a la paz; y contribuir a la elaboración de definiciones y normas relativas al crimen de agresión y a los límites jurídicos del derecho de los Estados a la legítima defensa.

Finalmente, las disposiciones finales sitúan a la Declaración de Santiago en el contexto de los propósitos y principios de la Carta de las Naciones Unidas y el Derecho Internacional de Derechos Humanos. También aseguran la prevalencia del principio pro persona. Por último, subrayan que todos los Estados deben aplicar de buena fe las disposiciones de la Declaración “adoptando las medidas pertinentes de carácter legislativo, judicial, administrativo, educativo o de otra índole, que fueran necesarias para promover su realización efectiva”.

  • LA CODIFICACIÓN EN LAS NACIONES UNIDAS

Las estrategias desarrolladas por el OIDHP y la AEDIDH, junto con 2.000 OSC, ciudades e instituciones públicas asociadas de todo el mundo, aseguraron que la Declaración de Santiago y sus trabajos preparatorios fueran tenidos debidamente en cuenta tanto por las 18 personas expertas del Comité Asesor, como por los 47 Estados miembro del Consejo de Derechos Humanos.

El resultado fue inicialmente muy positivo, dado que la Declaración sobre el derecho a la paz que presentó el Comité Asesor al Consejo DH el 16 de abril de 2012, incluyó el 85% de las normas propuestas por la Declaración de Santiago.

Por su parte, el Consejo DH culminó cuatro años de trabajos preparatorios el 1 de julio de 2016 con la adopción de la resolución 32/28, por la que recomienda a la Asamblea General la aprobación de la Declaración sobre el derecho a la paz. Tal Declaración es claramente insuficiente pues, a diferencia de la Declaración de Santiago, no reconoce el derecho humano a la paz ni sus elementos esenciales.

En efecto, el art. 1 se limita a afirmar que “toda persona tiene derecho a disfrutar de la paz de tal manera que se promuevan y protejan todos los derechos humanos y se alcance plenamente el desarrollo”. Se añade en el art. 2 que “los Estados deben respetar, aplicar y promover la igualdad y la no discriminación, la justicia y el estado de derecho y garantizar la liberación del temor y la miseria, como medio para consolidar la paz dentro de las sociedades y entre estas”.

Aunque se presentó como un texto que representaba el consenso de los Estados, lo cierto es que la citada resolución fue adoptada por 34 votos a favor (Estados en vías de desarrollo africanos, asiáticos y latinoamericanos, además de China, Qatar, Federación de Rusia y Arabia Saudita), 9 en contra (Alemania, Bélgica, Eslovenia, Francia, Letonia, Macedonia -antigua República Yugoslava de-, Países Bajos, Reino Unido y República de Corea) y 4 abstenciones (Albania, Georgia, Portugal y Suiza). Con esa mayoría de votos, el texto de la Declaración pudo haber sido mucho más ambicioso.

La Asamblea General se deberá pronunciar sobre esta cuestión en diciembre de 2016. Las OSC rechazaremos la Declaración propuesta por el Consejo DH y continuaremos defendiendo la pertinencia de la Declaración de Santiago.

Luarca (España), agosto de 2016.

[1] Vid. RUEDA CASTAÑÓN., C. R. y VILLÁN DURÁN, C., (eds.), La Declaración de Luarca sobre el derecho humano a la paz, 2ª ed., Granda-Siero, Madú, 2008, 560 p. Véase también VILLÁN DURÁN., C., “The human right to peace: A legislative initiative from the Spanish civil society”, Spanish Yearbook of International Law, XV (2011), p.143-171, y VILLÁN DURÁN, C., “Civil society organizations contribution to the Universal Declaration on the Human Right to Peace”, International Journal on World Peace, XXVIII, No. 4 (2011), pp. 59 – 126.

[2] Véase VILLÁN DURÁN., C. y FALEH PÉREZ, C., (eds.), Contribuciones regionales para una declaración universal del derecho humano a la paz. Luarca, AEDIDH, 2010, 638 p. Véanse los textos completos de la Declaración de Santiago y los Estatutos del OIDHP en diferentes idiomas en www. aedidh.org/?q=node/1852 y www. aedidh.org/?q=node/1855.

[3] Véase VILLÁN DURÁN., C. y FALEH PÉREZ., C., (Directors), The International Observatory of the Human Right to Peace. Luarca (España), AEDIDH, 2013, 545 p., at 34. Véase también SYMONIDES, J., “Towards the universal recognition of the human right to peace”, The International Affairs Review, 2006, Nº 1 (153), pp. 5 – 9, at 18 – 19.

[4] Véase FALEH PÉREZ., C.: “Civil society proposals for the codification and progressive development of international human rights law”, en VILLÁN, D., C. y FALEH PÉREZ, C., The International Observatory of the Human Right to Peace. Luarca, AEDIDH, 2013, pp. 105 – 132.

Casa de la Mujer San Gabriel: La Paz en camino

Por Jorgelina Pereyra, Directora Casa de la Mujer San Gabriel
y Jorge Eduardo Scheinig, Párroco San Gabriel

El Año de la Misericordia, propuesto por el Papa Francisco, nos ha predispuesto como comunidad Parroquia-Colegio, a mirar la realidad social desde una nueva perspectiva.

En estos últimos tiempos, ha crecido el número de mujeres con hijos, que viven en situación de calle. Esta problemática es un acto de violencia a la dignidad humana y  a la paz social, porque interrumpe el desarrollo integral de las personas, vulnera su integridad física y emocional, expone su salud a todo tipo de fragilidad, afecta la participación y el compromiso en la sociedad, impulsando la exclusión social y aumentando considerablemente el ausentismo y la deserción escolar.

Las mujeres y sus hijos son el llamado del Dios de la Vida,  para que asumamos nuestro compromiso real,  en favor de promover condiciones de desarrollo, promoción y protagonismo dignos de toda persona.

Así, si nos comprometemos a transformar nuestras relaciones interpersonales,   abordándonos desde nuestro ser sujetos en la sociedad, si respetamos a toda persona en sus capacidades, derechos y deberes, podemos contribuir a la construcción de la paz.

Respetar a las familias, que están saliendo de vivir en la calle  y cuyo único sostén es la mujer-madre, implica proponer un proceso de espiritualidad integradora, donde ella puede sanar su cuerpo, legitimar su conciencia, y caminar por la vida erguida, desde nuevos círculos de autoridad, resignificando el sentido de trascendencia y por ende, el compromiso ciudadano.

Nosotros confiamos que ellas  pueden expresar con sus actos, que es posible la reconciliación con su historia personal y crecer en autoestima y además, pueden vivir desde su identidad, experiencias fundantes que les permitan disfrutar y compartir su paz interior.

Desde esta convicción profunda,  desarrollamos el proyecto de  la Casa de la Mujer San Gabriel. Sus puertas se abren en  Aguado 1324 de la localidad de Vicente López. Nos mueve la esperanza que ellas, pueden tomar su propia vida entre manos,  transformarla y generar así, vida plena. Acompañamos a las mujeres para que puedan crecer en la construcción de espacios donde integren las dimensiones: física, afectiva, socio-económica, de tal manera que puedan vivir de manera autónoma y ayudar a sus hijos a desarrollarse en un ámbito saludable.

Sin duda alguna, este proyecto está atravesado de Vida que se brinda, para que otras mujeres puedan seguir consolidándose, con la dinámica propia del Misterio Pascual que se ofrece, entrega y se transforma.

Así, aportamos desde la comunidad San Gabriel,  nuestro granito de arena,  para que contribuya a la pacificación de la sociedad, donde la equidad es posible. Si nos animamos y nos sumamos, juntos podemos seguir caminando y hacer presente El Reino, propuesta de Jesús en medio nuestro.

La Casa de la Mujer es un proyecto que intenta colaborar en el camino de “sanación”, “afianzamiento” y “promoción de las mujeres con sus hijos que habiten nuestra Casa. Son esas pequeñas familias las principales protagonistas de ese proceso y nosotros, simples servidores, acompañantes y facilitadores, que aseguramos que todo esté bien dispuesto para que se cumpla ese camino, sus pasos y sus pequeñas y grandes metas.

Lo específico de La Casa de la mujer, aquello que quiere ser como una diferencia específica sobre otros proyectos, es su “estilo”. Allí reside lo novedoso y lo particular, es decir, en el modo y en la pedagogía que se implementará en todo momento del camino.

Compartimos algunas características del estilo pedagógico de la Casa:

Reconocemos que en el Evangelio tenemos la fuente inspiradora tanto de los contenidos esenciales, los criterios de vida, los principios orientadores, como así también de los gestos y de las actitudes que deben animar la vida de nuestra Casa. Además, en esa Palabra viva que es Jesús, podemos descubrir el camino a transitar y los pasos delicados que debemos dar con todo el grupo y con cada familia. La Casa debe tener muy en cuenta a cada mujer, a cada familia y a todo el grupo como verdadera familia grande y comunidad. Como círculos concéntricos, el núcleo familiar de las mujeres y sus hijos, se agranda en otro que se conforma con el equipo técnico, con otro, constituido también con el equipo directivo, con otro en el que participan las cuidadoras de la casa de día y de noche y con uno mucho más grande integrado ya por la comunidad de San Gabriel y sus voluntarios.

En nuestro Dios Padre y Madre, sentimos que la vida de cada uno, de cada una, puede tomar siempre un valor y un sentido nuevo. Bajo la mirada amorosa de Dios todos somos valiosos, nadie es descartable. Por eso, toda persona se juega más hacia el futuro que hacia el pasado. Cada persona, cada familia, tiene más de proyecto abierto hacia la novedad del futuro y hacia la promesa, que hacia la historia pasada que muchas veces nos detiene, y bloquea. Lo pasado es para nosotros fuente de aprendizaje. El pasado no nos condena. La escucha atenta, el silencio y la discreción serán modos concretos de respetar entrañablemente nuestras historias.

Nos proponemos generar un clima de respeto a la historia personal y familiar de cada mujer, sin juicios ni prejuicios, por ser parte de la identidad profunda, a la que nos acercaremos siempre con máxima delicadeza y ternura, a fin de ayudar a que sea asumida con honestidad y realismo, pero también con mucha consideración y cuidado hacia el misterio que encierra cada situación vivida y que siempre sobrepasa nuestro entendimiento. Para sanar, necesitamos asumir el pasado sin culpa y ahí está nuestro Dios, que nos perdona y libera interminablemente y nunca se cansará de hacerlo. Nosotros también debemos aprender a perdonarnos a nosotros mismos y saber perdonar continuamente y de corazón al hermano. La Casa es Casa de perdón.

El Espíritu de Dios nos hace libres para pensar, proyectar, discernir, decidir, hacernos cargo y responsables de la vida. El Espíritu siembra en nuestro interior el deseo de vida plena y nos acompaña para que podamos desarrollarnos y ser en verdad felices. Cada mujer, cada niño, cada familia que habite en nuestra Casa, está invitada a escuchar ese llamado profundo de Dios y nosotros facilitaremos esa escucha, tratándonos especialmente con gestos sobreabundantes de humanidad y misericordia.

La vida es un don y una tarea, la recibimos de Dios y de muchos, y está en nuestras manos hacerla crecer. Cada persona tiene la capacidad de ser sujeto de su propia historia y la de su familia. Los que participemos de la Casa necesitaremos cuidar en todo momento el sentido de gratitud y compromiso con lo recibido. Nunca desalentaremos al otro, nunca lo desvalorizaremos, nunca lo excluiremos de la mesa de la vida. Por el contrario, nos daremos ánimo para encarar el día a día y el futuro, con esperanza de saber que es posible ser dignos y vivir con dignidad. Todos somos capaces de más y podemos crecer en capacidades y habilidades.

Nuestra pedagogía mira hacia el futuro y anima a implicarse en la reinserción plena a la vida social y esto nos responsabiliza a todos en saber hacer buenas elecciones, saber tomar las decisiones correctas y oportunas, y saber comprometernos en la vida cotidiana y sus circunstancias. Para esto, necesitamos fortalecer y afianzar a cada mujer y a cada familia para que estén seguras de sí mismas y sin miedos antes las dificultades y desafíos, grandes o pequeños.

Todos necesitamos apoyos. Necesitamos apoyarnos en otros, en estructuras, en certezas, en sentimientos fuertes, en el trabajo, en un sueldo digno, en un techo, en el acceso a la salud, en una mesa servida… La Casa desea ser un apoyo para la vida vulnerada de las familias que la habiten y todos los recursos que serán puestos a disposición y al servicio de ellas, deben ser apoyos concretos que ayuden a dar pasos firmes hacia la inserción e inclusión social plena.

La Casa es nuestra Casa. Todos estamos invitados a cuidarla en todo, pero muy especialmente en este estilo de vida, que de corazón deseamos llevar adelante. Estamos profundamente convencidos que el estilo de vida de Jesús y de su Misericordia puede hacer maravillas en todos los que participemos de este sueño común, signo del Reino de Dios.

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La defensa de los cristianos y la paz en Medio Oriente

Por Khatchik DerGhougassian*, Dr. en Estudios Internacionales

* PhD en Estudios Internacionales de University of Miami (Florida, Estados Unidos), profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad de San Andrés.

En un artículo publicado en el diario francés del Líbano L’Orient-Le Jour el 29 de agosto pasado, el príncipe jordano Hasan Ben Talal considera que la desaparición del cristianismo destruiría “el rico mosaico del Medio Oriente”. “La realidad es que somos una sola comunidad unida por creencias compartidas y una historia común,” sostiene el Príncipe que acusa al llamado “Estado Islámico” de ser única en perseguir el objetivo de la aniquilación de los cristianos. En la prensa regional el Estado Islámico se referencia como Daesh –las siglas en árabe del Estado Islámico en Iraq y Siria–, organización derivada de al-Qaeda que nació en el contexto de la ocupación estadounidense de Iraq después de 2003, se expandió en un vasto territorio que controla entre Siria e Iraq. Luego de la ocupación de Mosul, segunda ciudad iraquí después de Bagdad, cambió su nombre mientras su líder, Abu Bakr al-Bagdadi, declaraba el restablecimiento del Califato. Ben Talal cita el último número de la revista digital de la organización islamista Dabiq (una ciudad norteña en Siria donde según el Corán tendrá lugar la última batalla apocalíptica de la historia de la humanidad) cuyo principal tema titulado “Quemar la cruz” rechaza la idea de que los creyentes de las tres religiones monoteístas son todos gente del Libro.

No hay dudas de la sinceridad del Príncipe en querer una región que se distinga por su diversidad y donde la convivencia entre las tres religiones abrahámicas, el judaísmo, el cristianismo y el islam, se transforme en la mayor prueba del mensaje de la paz del Libro en cualquiera de sus tres versiones el Torá, la Biblia y el Corán. Tampoco se cuestiona su tesis que considera a Daesh como la organización que abiertamente persigue el objetivo de borrar toda huella no solo del cristianismo sino de cualquier otra religión, incluyendo a las interpretaciones del islam que no responde a la que propaga como el único verdadero islam.

El problema es que cuando pensamos en la condición de los cristianos en Medio Oriente nos olvidamos que Daesh no es más que la última y más violenta expresión de la militancia islámica que empezó en el siglo XIX en el contexto de la decadencia del Imperio Otomano y el proceso de despertar de los pueblos árabes conocido como al-Nahda fuertemente inspirado por la Ilustración europea. Desde que con la conquista de Constantinopla cayó Bizancio los cristianos del Medio Oriente perdieron la última representación estatal que les quedaba y se transformaron en dhimmi, “pueblo del Libro bajo protección”, una condición que, igual que a los judíos, si bien no les negaba el derecho a la existencia pero tampoco les otorgaba igualdad con los musulmanes ante la Sharía –el derecho islámico. Además, los cristianos deberían pagar un impuesto adicional por la protección que recibían. A lo largo de la historia del islam como imperio, mucho de la condición de los cristianos dependió de las épocas de bienestar y expansión cuando sobre todo las grandes familias y los religiosos de alto grado tuvieron oportunidades de ascenso social y, hasta, formaron parte de la corte del Califa. Cabe aclarar que el término de “cristianos de Medio Oriente” no debería confundir; nunca se trató de una sola iglesia, la Ortodoxa en este caso, tampoco de una representación estatal para pueblos antiguos como asirios, armenios, caldeos, coptos y hasta árabes se consideran los primeros en aceptar la enseñanza de Jesús el Nazareno directamente de sus discípulos y de ser bautizados por ellos; así como desde la Gran Cisma entre Roma y Constantinopla en 1054 la rivalidad entre la cristiandad occidental y oriental fue un constante a tal punto que para los historiadores pocas dudas quedan acerca de la responsabilidad de Europa feudal en la caída de Bizancio por el saqueo de Constantinopla por la Cuarta Cruzada (1204) que golpeó fuertemente al imperio y el silencio de los príncipes cristianos cuando dos siglos después el Imperador Constantino pedía su ayuda ante la inminente amenaza de los turcos otomanos. Con la decadencia del Imperio Otomano en el siglo XVIII la condición cristiana empeoró; la expectativa de reformas inspiradas por la Ilustración que abrazaron muchos musulmanes preocupados por el atraso del Imperio entusiasmó a los cristianos por la oportunidad que les ofrecía para transformarse en un ciudadano con igualdad ante la ley. Sin embargo, la perspectiva de una eventual secularización de la sociedad y de la política alarmó a los sectores más conservadores del Imperio y de los musulmanes que consideraron a los cristianos traidores y cómplices de Occidente en su nueva agresión contra el islam.

La militancia del islam, entonces, comenzó en el siglo XIX contra la secularización que consideró como la mayor amenaza al califato, o el orden islámico. Pese a los esfuerzos de los pensadores de la renovación del islam y los intentos de una movilización de la Umma para una nueva guerra santa para salvar al califato, el curso de la historia impuso en un Medio Oriente estados territoriales sobre las ruinas del Imperio Otomano diseñado por las potencias coloniales y de acuerdo a sus aspiraciones de dominación. Los asirios, armenios y griegos sufrían durante la Primera Guerra Mundial y en la época posterior inmediata una aniquilación sistemática y expulsión de sus tierras ancestrales de parte del gobierno otomano, un plan estatal que años después el jurista Rafael Lemkin consideró el primer genocidio en el siglo XX que antecedió al Holocausto. Aun así, los cristianos jugaron un rol central en el esfuerzo colectivo de las sociedades árabes en la construcción y modernización de los países emergentes, participaron de la formación de los mayores partidos políticos árabes sobre todo en Siria, Líbano e Iraq, estuvieron en la vanguardia del proceso de descolonización, fueron protagonistas en la Organización de Liberación Palestina, y ocuparon cargos importantes en las administraciones después de la independencia. Minorías en prácticamente todas las sociedades árabes y no árabes comparado a la mayoría musulmán dominante salvo en el Líbano hasta la guerra civil (1975-1990), los cristianos entendieron el nacionalismo árabe y el estado secular como el contexto donde siglos de discriminación ante la ley desaparecían. No les ha ido mal en el contexto convulsivo de una región que creció y ocupó un lugar central en la política internacional durante la Guerra Fría. Sobre todo en el Líbano donde a diferencia de todos los demás países árabes la república se construyó sobre la base de un pacto nacional entre las distintas comunidades religiosas que se repartieron el poder y crearon un sistema democrático que sin ser liberal ni perfecto y tampoco exento de las luchas por el poder aseguró la convivencia casi ejemplar de todas las confesiones. Por mucho tiempo se consideró que el Líbano era la miniatura de una región convulsiva y el escenario donde los árabes y otros actores regionales competían por el liderazgo y el poder; la tesis se comprueba en parte y es válida hasta para la actualidad; pero las guerras confesionales en los países vecinos, donde supuestamente la ideología de una identidad secular había homogenizado la sociedad y abierto camino para el progreso y desarrollo para todos, vino a comprobar que en el fondo el Líbano era el espejo de una realidad regional que todos ignoraron así como ignoraron que quizá el sistema confesional con todos sus defectos podría ser mejor garante de la paz social… Es que pese a la consolidación de las estructuras estatales y la secularización oficial en todos los países la discriminación silenciosa y el prejuicio contra los cristianos siguió en estas sociedades aunque su denuncia haya sido un tabú incluyendo para los propios cristianos.

La derrota árabe en la Guerra de los Seis Días en 1967 marcó el fracaso del proyecto nacional y el auge lento pero seguro de la convicción de que “el islam es la solución”. La Revolución Islámica en Irán en 1979 y su impacto en la movilización y politización de la identidad de los Shía, el apoyo de Estados Unidos a la resistencia islámica en Afganistán contra la ocupación soviética en los 80 y la guerra Irán-Iraq que pocos en su momento se dieron cuenta que se trataba de la primera confrontación abierta entre los Sunni y los Shía en el siglo XX, aceleraron el proceso de la islamización de la política de poder en los 90 marcados por episodios sangrientos en Argelia, Chechenia, Afganistán los territorios palestinos, Asia Central el Cáucaso y los Balcanes.

En este avance de la islamización en Medio Oriente agravado con la pésima conceptualización de la “guerra contra el terrorismo” y la intervención y ocupación de Iraq de parte de Estados Unidos en 2003, la condición de los cristianos se deterioró rápidamente. El fenómeno es observable en la disminución de la población cristiana en Iraq y Siria pero también en Egipto, Argelia, los territorios palestinos. Ataques contra iglesias, asesinato de curas e intelectuales, amenazas y humillaciones son incidentes que se registraron y se registran hasta en países como Turquía y Egipto donde supuestamente el estado debería proteger a todos sus ciudadanos. El problema es que con el afán de apaciguar a los sectores más intransigentes de sus poblaciones estos estados a menudo hacen la vista gorda a la violación de los derechos de los cristianos que, así, viven un calvario silencioso.

Es cierto, los Shía, los kurdos, judíos y hasta los Sunni que no aceptan la versión del islam de Daesh son potenciales víctimas. Sin embargo, mientras cada uno de estos grupos tiene su organización de autodefensa y/o estados que los protejan, los cristianos del Medio Oriente se encuentran solos. El problema es uno de los dilemas que enfrentan los países desarrollados que en el pasado se reconocían como cristianos; el cristianismo, según el pensador francés Luc Ferry, es la única de las tres religiones monoteístas que se secularizó, entendiendo por el concepto en general la separación del estado y de la religión. Lo que para el mundo moderno rige desde la Ilustración es la universalidad de los Derechos Humanos y la razón de Estado como criterio de resolución de conflictos. Abogar por los cristianos, por lo tanto, ¿no sería discriminar/favorecer un grupo de víctimas sobre otro? Más aún, ¿no sería reavivar la terrible memoria de la barbarie de los Cruzados que marcaron a los musulmanes y que, precisamente, los islamistas evocan como justificación de la violencia que ejercen?

Ciertamente la defensa de los cristianos no debe aspirar a “privilegiar” la pena y el dolor de un grupo por encima de los demás. Pero también es cierto que dentro de todos los grupos que enfrentan la amenaza de la barbarie de los islamistas, incluyendo los propios musulmanes, los cristianos son los más vulnerables. En la misa de conmemoración del Genocidio armenio en el Vaticano en abril de 2015 en ocasión del centenario, Francisco  recordó que los cristianos seguían enfrentando la amenaza de extinción. No ha sido una casualidad que los barrios armenios de la castigada ciudad siria Alepo fueran blanco de un bombardeo terrible en el mismo día…

El 7 de septiembre pasado se celebró en Amman, Jordania, la 11 conferencia del Consejo de Iglesias del Medio Oriente. En su discurso inaugural, Su Santidad Aram I, Católicos de la Gran Casa de Cilicia de la Iglesia Apostólica Armenia con sede en Antelias (Líbano) declaró que el Medio Oriente no solo ha sido la cuna del cristianismo sino que el cristianismo era parte inseparable del Medio Oriente, y presentó ocho prioridades para las iglesias del Medio Oriente enfatizando particularmente la participación de los cristianos de los procesos democráticos, la defensa de sus derechos y su unidad.

La defensa de los cristianos del Medio Oriente no pasa por la organización de una nueva cruzada, ni pretende privilegiar los derechos de un grupo sobre los demás. Se trata en primer lugar de reconocer su condición de mayor vulnerabilidad y asegurarles un lugar en las mesas de negociaciones.

El Monasterio y yo

Por Josefina Díaz Colodrero, Miembro de la Comunidad San Gabriel

Campo…
Paz…
Doblando la ruta un tramo de tierra.
Un tramo, no más!
Y, a la derecha, el Monasterio!
…Allá en el fondo, la Capilla, bellísima en su humildad.
Adelante, en el parque, las flores que dan la bienvenida.
A la izquierda, la Hospedería, acogedora también en su simpleza absolutamente clara y limpia!
La sonrisa nos recibe en el rostro de la hospedera.
Y, finalmente, el cuarto, a mí destinado, que habla de silencio tranquilizador, a pesar del bullicio de los recién llegados, que rompe la geografía con el abrir y cerrar de puertas.
…Y me quedo embobada mirando el paisaje que se adelanta a la ventana y termina allá en el fondo de una avenida de árboles frondosos, desde donde calandrias, pilinchos y tantos otros pájaros nos saludan a su modo…
Oigo el tañer algo lejano de una campanita tan humilde, que pareciera pedir permiso para avisar que en la Capilla van a celebrar “las horas de la tarde”.
Todavía extasiada con el entorno casi irreal, voy al encuentro de los Salmos cantados…
Se abre la puerta!
Allá en el fondo se ve la Cruz, presidiendo el espacio sagrado.
Abajo, a derecha e izquierda, los altos sillones, donde contemplándose unos a otros los frailes cantan alabanzas a Dios.
Más adelante, en el medio, el altar.
Bajando un peldaño están, en dos hileras los bancos de los visitantes.
Acá atrás, desde la puerta, a mi derecha veo la hornacina, desde donde la Virgen Negra mira con ojos de dulzura infinita.
…Y, a mi izquierda, guardado, el Santísimo… espera.
Son las nueve, se ha cerrado la puerta y ha bajado la barrera de la entrada…
Es la noche del viernes…
Ya cenamos en un clima donde nuestras alegrías mundanas nos impiden guardar el silencio monacal y se entremezclan con el ruido de platos, vasos y cubiertos…
El salón va quedando vacío.
Vuelven el silencio y el descanso.
Pero yo, no voy a dormir.
Nos reuniremos con mi Comunidad.
Necesitamos desnudarnos de nuestras preocupaciones y contarnos qué esperamos de estos días de proceso interior.
Luego, sí, cada uno se retira a descansar.
Nuevo día.
Es sábado.
Acompañamos los cánticos de “las horas monacales” y en la Misa al Señor Eucaristía…
En distintos momentos conversamos, algunos con los monjes, otros nos confesamos.
Vamos entrando en el interior de nosotros mismos!
Qué PAZ!
Si pareciera que la fragancia de las rosas fuera más profunda y el canto de los pájaros más melodioso!
…Claro, además de espíritu tenemos materia que se deleita comprando dulces, quesos y otros productos de elaboración monacal!
Finalmente retomamos momentos espirituales en la nutrida biblioteca a nuestra disposición!
El domingo es el último día en el Monasterio.
La Misa, con procesión de los monjes, nos emociona!
Y, en la salida, el “entrevero” con monjes, curas, hermanos y visitantes!
Después… el último almuerzo… y… risas, abrazos, y una nostalgia que nos invita… no a decir… Adiós!… si no…“¡Hasta siempre queridísimos hermanos a quienes llevamos, para siempre ya, adheridos a nuestros corazones, convertidos en fraternas oraciones”!

 

La paz

Por Mamerto Menapace, Monje de Los Toldos

Cuando una persona que vive normalmente en la ciudad llega al monasterio, es frecuente que comente de entrada y con agradable sorpresa:

– ¡Qué paz que se respira aquí!

Probablemente esto sea cierto desde su punto de vista, porque al venir del ruido y del acelere, el contraste es muy fuerte. Por lo general aquí nadie grita, uno se cruza con relativamente poca gente, y no se aturde con los ruidos del tránsito ciudadano. Más que una presencia, pareciera que el primer contacto con la paz es el de una ausencia de cosas que habitualmente a uno lo tienen acorralado, una cierta sensación de libertad y hasta de bienestar.

Pero luego de un rato y de haber acomodado sus pocas pertenencias en la celda que se le asigna, comienza a entrarle un cierto desasosiego. En vano se busca llenar el silencio con algo. No hay televisor ni radio (¡a menos que uno se haya traído la computadora!) y sobre todo, uno se siente desvalido al darse cuenta de que en su habitación no hay señal para el celular. Y quizá tampoco se anima a preguntar. Aunque luego de unas horas descubre que en ciertos lugares del parque se puede encontrar una relativa señal, que se corta a menudo.

Y ahí comienza a desmoronarse un poco la sensación de paz que inicialmente se sentía con fuerza. Uno constata que hay ruidos. Quizá no tanto los de afuera, cuanto los de adentro de uno mismo. Comienza un desasosiego y se mira con insistencia el horario y el reloj para saber cuánto falta para la oración de los monjes o para la comida de la hospedería. Porque de alguna manera no se sabe qué hacer con el tiempo y sobre todo con el silencio.

Entre los instrumentos que el monje tiene que utilizar para su vida, San Benito coloca un axioma que dice:

¡Busca la Paz. Y síguela!

Pareciera que se imagina a la paz como algo que está en camino y hay que meterle pata para alcanzarla y luego más pata aún para seguirla. Tiene mucho de esfuerzo, de entrenamiento diario, de carrera, si se quiere. No se la puede agarrar para quedarse y gozarla como una sandía que una encuentra por casualidad entre el yuyal. Hay que alcanzara y luego seguirla por donde ella nos lleve, como se hace en la montaña con un buen guía que nos quiere conducir a la cumbre.

 

Es que en realidad al monasterio no se viene a buscar algo, sino a alguien. Los monasterios siempre quisieron ser lugares de paz. Incluso hay un libraco gordo con muchas ilustraciones que muestran las principales abadías de todo el mundo y lleva el título en Latín “Loco ubi Deus queritur”, es decir: Lugares donde se busca a Dios.

Generalmente la gente que viene a hospedarse en un monasterio puede quedarse solo un par de días, a lo sumo sumarle otras dos mitades entre llegada y partida. En el primero uno se siente desubicado, en el segundo busca ubicarse y cuando tienen que partir ya se da cuenta de que se le pasó la oportunidad. Diría que se le borró la sensación de paz que había experimentado en el primer momento. Y puede ser que hasta tenga ganas de reencontrarse nuevamente con aquello a lo que está habituado y sienta urgencia de regresar a lo suyo para retomar lo cotidiano.

Si la cosa ha sido así, su estadía fue un éxito. No encontró lo que buscaba, sino lo que necesitaba. Se encontró consigo mismo y con el Señor. Y más aún, si tuvo la oportunidad de abrir su corazón a alguien que lo escuchó y no le dijo gran cosa. Recién con el pasar de los días, y en su rutina diaria, comenzará a darse cuenta de la paz que encontró en ese parate que hizo en el monasterio, rezando con los monjes y perdiendo el tiempo en el parque escuchando la naturaleza o leyendo lo que encontró en la celda, por no saber qué hacer. Pudo pararse un rato y no le quedó más remedio que toparse con la paz, que lo invitó a buscarla y seguirla luego en la vida diaria.

Les cuento una experiencia. En una de mis salidas por estos caminos de tierra, una siesta de verano, luego de unas horas de caminata, sentí un tremendo cansancio. En realidad lo que sentía era sed y por eso debilidad. Necesitaba que alguien me diera fuerzas. Pero no había a la vista nada ni nadie a quien pedirle ayuda. Solo un alambrado y a unos cien metros, un molino con su tanque australiano para llenar bebederos. Crucé el alambrado y trepé el terraplén del tanque para alcanzar el chorro de agua fresca. No había ni siquiera una sombrita. Lo único que me podía ofrecer el molino era un poco de agua fresca, bebida trago a trago trayéndola a la boca en el cuenco de las manos. Luego de tomarla, miré el horizonte que se había agrandado un  poco gracias a la altura desde donde lo observaba. Pero no podía pedir nada más. Solo otro poco de agua antes de descender. Solo cuando estuve de regreso en el monasterio, me di cuenta que aquel molino con su poco de agua fresca, me había regalado todo el resto del camino.

¿Qué es la paz? No lo sé, pero me la imagino así. Es tener esperanza. Es decir, creer tanto en el futuro, que podamos vivir el pasado sin rencor y con fidelidad el presente. Y si esto puede lograrse con alegría, mucho mejor. El Papa Francisco diría, con una frase medio filosófica y difícil de entender de entrada:

“El tiempo es superior al espacio”.

Yo diría que existen más cosas que las que logro ver. Y caminar hacia ellas es avanzar. Y alcanzar es buscar la paz… y seguirla.

La tarea de preservar la paz

Por Emilio J. Cárdenas, Exembajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas

La tarea de preservar la paz en el mundo es la más importante de todas aquellas que conforman el enorme y complejo universo de la diplomacia contemporánea. Tan es así, que la propia Carta de las Naciones Unidas la define, al tiempo de comenzar su texto, como una resolución adoptada por todos los pueblos que decidieran conformar esa organización, y como la tarea de: “preservar a las generaciones venideras del flagelo de la guerra que dos veces durante nuestra vida ha infligido a la Humanidad sufrimientos indecibles”.

 

La paz es, en los hechos, la relación mutua entre quienes no están en guerra. Es, entonces, en esencia, la ausencia de conflictos. Pero es ciertamente también mucho más que eso. Es sosiego, es reconciliación, es concordia, es tolerancia y es hasta el regreso a la amistad.

 

Para el Preámbulo de la Carta de las Naciones Unidas, la paz debe defenderse disminuyendo sistemáticamente aquellas amenazas que puedan generar la violencia o la guerra. Esto supone, en primer lugar, que las relaciones entre las naciones deben ser amistosas. Pero también que la función asignada a las Naciones Unidas es una permanente, de carácter estabilizador, cuyo objeto es la disminución del riesgo de los conflictos armados. Para ello, asegurar la paz y seguridad internacional incluye la necesidad de acometer constantemente distintas empresas, como son el desarme, la proscripción de armas nucleares y de todo tipo, la descolonización, y hasta el impulso al desarrollo.

 

Ocurre que la defensa de la paz requiere de una acción permanente y positiva, de modo de enfrentar todas las amenazas que –de tiempo en tiempo- aparezcan y sean capaces de afectarla. Como hemos dicho más arriba, eso supone acciones de distinto tipo, pero también el respeto de diversos principios. Como, por ejemplo, la renuncia al uso de la fuerza, la solución pacífica de las controversias, la promoción y defensa de los derechos humanos, así como de las libertades civiles y políticas, la eliminación de las discriminaciones raciales, la protección del ambiente y hasta la mejora del nivel de vida de los pueblos.

 

Para la defensa de la paz, las Naciones Unidas edificaron un sistema de seguridad colectiva que todos deben respetar, porque obra a la manera de garantía común. Esto incluye la protección a todos los miembros de la Organización respecto de posibles acciones violentas o ataques por parte de cualquier otro Estado miembro del sistema.

 

Como la membresía de las Naciones Unidas es universal, la protección de la paz en el concierto de las naciones es muy amplia. Hablamos siempre de una paz genuina y duradera y de un mundo en el que quien de pronto tenga un poder hegemónico esté sujeto a normas y reglas que lo moderen, así como a estándares comunes en materia de conductas que las hagan previsibles. Un mundo que funcione entonces, edificado sobre la cooperación mucho más que sobre los esfuerzos individuales.

 

A lo que cabe agregar que no hay paz que pueda edificarse si no hay además justicia y equidad real para todos, como en su momento sostuviera el pontífice Pío XII, en su encíclica “Summi Pontificatus”, de octubre de 1939.

 

Todos los 21 de septiembre de cada año, las Naciones Unidas celebran el “Día Internacional de la Paz”, que está consagrado al fortalecimiento de los ideales de la paz, tarea que conforma un desafío realmente constante. Tanto entre las naciones, como entre todos los pueblos y entre los miembros de cada uno de ellos.

 

Ese día, el Secretario General de la organización hace sonar la campana de la paz que fuera donada por el Japón y se guarda enseguida un respetuoso y simbólico minuto de silencio. Eso ocurre en medio de una liturgia corta, pero ciertamente directa y conmovedora.

 

Este año, el tema elegido para conmemorar el Día de la Paz es particularmente sugestivo. Es: “Los Objetivos de Desarrollo Sustentable: elementos constitutivos de la paz”. Los que fueran aprobados por los 193 Estados Miembros de la ONU, en septiembre de 2015.

 

Se trata de la llamada “Agenda 2030”, que propone una labor de quince años y contiene las tareas que son consideradas esenciales para que el mundo actual pueda efectivamente preservar la paz. Con tres objetivos centrales, como son la eliminación de la pobreza; la protección del planeta; y el garantizar la prosperidad para todas las personas.

 

La Agenda en cuestión contiene una lista explícita de las diecisiete principales acciones que deberían priorizarse para empeñarnos todos en mantener la paz. Porque la paz no se cuida sola, sino que requiere de la atención, esfuerzo y de la responsabilidad constante de la humanidad, en su conjunto.

 

Veamos de qué se trata ese listado actual de acciones concretas. Sucintamente, al menos.

 

  • Es necesario poner fin a la pobreza. En todas partes del mundo. Especialmente donde ella es más manifiesta, o sea en Asia Meridional y África. Hay razones para ser optimistas, desde que los índices de la pobreza mundial se han reducido a la mitad desde 1990. Pero todavía una de cada cinco personas en las regiones en desarrollo aún sobrevive con menos de 1,25 dólares diarios. A veces, con hambre y otras con malnutrición. Por esto, entre otras cosas, uno de cada cuatro niños menores de 5 años no tiene una altura adecuada. Se puede mejorar, según sugiere la experiencia.

 

  • “Hambre cero”. En esto la Argentina, uno de los productores y exportadores más eficientes del mundo, debería definir y mantener una posición de liderazgo.

 

  • Garantizar a todos una vida sana y el bienestar a todas las edades, incluyendo la de nuestros ancianos. Hay que trabajar mucho aún sobre la salud materna y las enfermedades endémicas.

 

  • Es necesario promover una educación inclusiva, con oportunidades para todos. En el mundo, unos 103 millones de jóvenes no tienen un nivel mínimo de alfabetización. Y, de ellos, el 60 % son mujeres.

 

  • Lograr la igualdad de género y empoderar a las mujeres cuando están efectivamente postergadas.

 

  • Garantizar -a todos por igual- el acceso al agua y al saneamiento. En esto hay también mucho que hacer en nuestro propio país, por razones de dignidad.

 

  • Posibilitar, asimismo, el acceso a la energía eléctrica. Otra materia pendiente entre nosotros.

 

  • Promover eficazmente el crecimiento y el empleo. Generar trabajo, entonces, que es un objetivo permanente e ineludible.

 

  • Construir la infraestructura necesaria y fomentar la innovación. Para la Argentina, otra gruesa asignatura pendiente de reacción.

 

  • Reducir las desigualdades. Lo que –en esencia– supone generar oportunidades.

 

  • Lograr que los centros urbanos sean inclusivos y seguros. Tarea, esta última, donde existe una enorme disconformidad, en casi todo el mundo. Es obvio, además, que la marginalidad alimenta la inseguridad.

 

  • Garantizar modalidades de consumo y de producción que sean sostenibles. Cada año, el mundo desperdicia nada menos que la tercera parte de los alimentos que produce, todavía hoy. Algo muy parecido sucede con el agua y con la energía. Promover la eficiencia es entonces una labor urgente.

 

  • Combatir el cambio climático. Hablamos del calentamiento mundial y sus efectos. Y de las emisiones contaminantes. De preservar el mundo que recibimos para aquellos que nos seguirán.

 

  • Conservar los recursos marinos y su diversidad, evitando su agotamiento.

 

  • Defender los ecosistemas y la diversidad biológica. Esto incluye la defensa y el cuidado de los bosques. Y la necesidad de evitar la desertificación.

 

  • Facilitar el acceso a la justicia y defender las instituciones. Pocas cosas hay más peligrosas para la libertad del hombre que enfrentar jueces corruptos o no independientes. Y no hay desarrollo sostenible sin que exista Estado de Derecho.

 

  • Revitalizar la alianza para el desarrollo. Para, por ejemplo, hacer cosas que parecen simples: como impulsar sistemáticamente el acceso de todos a la Internet o financiar el desarrollo.

 

Como queda visto, hay un sinnúmero de andariveles muy diversos en los que todos podemos trabajar para tratar de edificar un mundo capaz de vivir en paz. Más equilibrado. Más justo. Más tolerante. Más moderno. Más estable. Más predecible. Más humano. Más inclusivo.

 

Es necesario comprender que la paz siempre se construye entre todos,  todos los días. Ese y no otro es el mensaje que nos llega desde las Naciones Unidas. La paz se defiende. Se mantiene. Se promueve. Se vigila. Pero todo eso requiere de una toma real de conciencia de la importancia central que cabe asignarle, seguida de una labor comprometida que, en los hechos, nos integre en un esfuerzo en pro de la paz que necesariamente es común.

La celebración comunitaria de la Eucaristía lleva a la Paz

Por Miguel Ángel D’Annibale, Obispo de Río Gallegos

Cuando llegué a la Diócesis de Río Gallegos en el año 2011 visité por primera vez la ciudad de 28 de Noviembre ubicada al suroeste de la provincia de Santa Cruz. Es vecina de la ciudad de Río Turbio y la mayoría de la población de ambas ciudades se dedica a la extracción del carbón en la mina.

El párroco de la parroquia María Auxiliadora convocó a una reunión de la comunidad para que podamos conocernos. Como yo venía del Gran Buenos Aires les pregunté a los participantes de donde habían venido. Una señora compartió que ella había venido de La Rioja en la década del 70. Primero vino su esposo solo y consiguió trabajo en la mina. Cuando pudo obtener una casa ella se vino con sus hijos muy pequeños.

Al llegar a 28 de Noviembre se encontró con una pequeña población, en medio de la Patagonia, al pie de la Cordillera, con mucha nieve y mucho frío. Fue a vivir a una modesta casa calefaccionada a carbón. La angustia fue grande porque comenzó a extrañar y mucho a su familia,  su pueblo, su gente, su tierra y su cultura.

En medio de esta situación un domingo a la mañana se dijo: “voy a misa a la Parroquia porque allí seguro voy a encontrar la paz que estoy buscando”. Y así fue. Cuando llegó a la parroquia las personas que ya habían llegado antes a la ciudad la recibieron con mucho cariño, ella pudo contar cómo estaba, cómo se sentía y lo que hacía en la Parroquia de la ciudad donde venía. La participación en la misa la conectó con toda su historia de fe que había dejado en La Rioja. “Aquí encontré mi lugar” fueron sus palabras. El párroco le encargó algunas tareas en la catequesis. Y esa misa fue el comienzo de un arraigo en la ciudad que hasta hoy la mantiene muy comprometida con la tarea evangelizadora y con el corazón en paz.

Cuando me pidieron que escriba sobre la relación entre la paz y la liturgia, enseguida me vino al corazón el rostro de esa señora y la paz que transmite. Y cómo esa paz la había encontrado en una celebración litúrgica. Y me puse a pensar cuántos vínculos se pueden encontrar entre la celebración litúrgica y la paz.

La reforma litúrgica encarada por el Concilio Vaticano II hace ya más de 50 años se propuso que la liturgia se celebrara con noble sencillez en sus ritos. De ese modo priorizaba el lenguaje de los signos como comunicadores del misterio de Dios. Ordenó la celebración de los sacramentos en un ritual que se desarrolla en cuatro partes: Ritos iniciales, Liturgia de la Palabra, Liturgia del Sacramento y Ritos finales.

La finalidad de los ritos iniciales es congregar una comunidad con personas venidas de distintas culturas, experiencias, modos de obrar, situaciones sociales. Se reúnen en un lugar común y conforman la asamblea litúrgica. Esta asamblea es un signo de la convivencia en paz a la cual estamos llamados a vivir los hombres que habitamos este mundo. Durante estos ritos iniciales se canta el Gloria. Este himno dice al comienzo: “Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor”.

Una de las celebraciones más populares del año es la del Domingo de Ramos. La característica peculiar de esta celebración es que en los Ritos iniciales se propone una procesión con ramos de olivo u otras plantas por las calles de la ciudad. Y esta procesión tiene mucha afluencia de gente que con sus ramos bendecidos camina y recibe a Cristo Resucitado, Rey de Paz. El olivo es signo de paz.

En la ciudad de Río Gallegos los conflictos sociales se manifiestan en las calles. Casi todos los días hay una marcha reclamando algún derecho. Y son reclamos legítimos que hacen diversos sectores de la sociedad. Pero perturban la paz de la ciudad. En al año 2013, apenas elegido el Papa Francisco, convoqué a los sacerdotes de la ciudad para hacerles la propuesta de celebrar juntos el Domingo de Ramos con una procesión por las calles de la ciudad y una misa concelebrada. A todos les gustó la propuesta y elegimos el domingo a la mañana, comenzando la celebración en la puerta de la Catedral y caminando unas 15 cuadras por la ciudad, pasando por la puerta del Hospital Central hasta un gimnasio cerrado y calefaccionado donde celebramos la misa. La misma celebración comunitaria se realiza en las ciudades de Río Grande y Ushuaia, provincia de Tierra del Fuego. La convocatoria es caminar las calles de la ciudad con un ramo en la mano como signo de la paz que queremos vivir. Esas mismas calles que día a día se transitan con reclamos y protestas, poder recorrerlas juntos, con participación de diversos, pero unidos por la paz. Cada año crece la cantidad de fieles y ya se espera ese signo de paz en las ciudades de la Patagonia austral.

Podemos ampliar la mirada sobre este Rito Inicial y reconocer en las peregrinaciones a los santuarios otro signo de paz. Participé muchos años en la Peregrinación a Luján del primer fin de semana de octubre. Cuánta gente que camina esos 60 km con profunda fe y devoción. Cuánta gente ayuda en los puestos de servicio para que el peregrino alcance su meta. Cuántos servidores reciben a los peregrinos en Luján y les permiten llegar hasta la Virgen. Cuántos sacerdotes ofrecen el sacramento de la reconciliación para que el peregrino regrese en paz a su hogar. En Río Gallegos se organiza el 8 de diciembre una peregrinación a la Virgen de Güer Aike (lugar del agua) ubicada en un cerro a 35 km de la ciudad a orillas del Río Gallegos. Es una caminata que se realiza en condiciones climáticas a veces muy adversas, con viento en contra y mucho frío. Pero los peregrinos caminan y llegan con mucho gozo al pie de la Virgen. Y los servidores los reciben con mucho cariño.

La peregrinación es un signo de paz, es una muestra que es posible caminar juntos, ayudarnos para llegar a la meta, sostenernos en las dificultades, perdonarnos en lo que le hicimos mal al otro.

En la Liturgia de la Palabra la comunidad reunida se dispone en primer lugar a escuchar a Dios. La Palabra de Dios contenida en la Biblia es proclamada, es leída en voz alta por un lector, para que la asamblea la escuche y la interiorice. Encuentro aquí otro signo de paz, porque la actitud de escuchar a otro y al Otro que es Dios, nos aleja del encierro y del peligro que nos da creer que tenemos todo resuelto. El escuchar con el corazón, no solo el oír, es un camino de paz.

En la Liturgia de la Palabra una vez que escuchamos, respondemos con la oración. Y así manifestamos las necesidades de este tiempo a Dios. Y Dios nos escucha como Pueblo, como asamblea. Poder comunicar lo que nos pasa y saber que alguien nos escucha es también un camino hacia la paz.

La Liturgia de la Palabra está propuesta en clave de diálogo, de escucha profunda y de manifestación de lo que nos pasa. Dialogar es un camino necesario para la paz.

La Liturgia del Sacramento toma diversos caminos de acuerdo al sacramento que se celebra. Si es el Bautismo se centrará en derramar el agua, si es la Confirmación en la imposición de manos y la unción con el crisma, si es la Eucaristía en consagrar el pan y el vino para luego comerlo y beberlo. Y así con los demás sacramentos.

La asamblea congregada y presidida por el ministro ordenado toma los elementos de la naturaleza y por medio de ellos recibe la gracia y el amor de Dios. Podemos vislumbrar aquí otro signo de paz. La tierra y la naturaleza brindan lo necesario para el sustento del cuerpo y también de la vida de fe. Estamos comprometidos a que se cuiden estos elementos de la naturaleza y que a nadie le falte el agua y el pan para vivir. Cuando esto falta, falta paz, cuando esto se brinda se alcanza la paz. La reciente encíclica Laudato Si del Papa Francisco nos propone recorrer este camino de paz.

En la Liturgia del Sacramento de la Eucaristía, se propone el saludo de la paz. Es un momento muy significativo, donde se entrelazan saludos, abrazos y profundos deseos de paz. Previo a eso en muchas comunidades se reza o se canta el Padre Nuestro tomados de la mano. Un gesto de unidad. Todo prepara la comunión con Cristo eucaristía. Si vamos a entrar en comunión con Cristo ya intentamos y deseamos vivir en comunión con los que viven a nuestro lado. Como creyentes que participamos de la celebración eucarística estamos llamados a que este rito de la paz no se quede dentro de nuestros templos sino que se transmita en los lugares donde estamos.

En los Ritos finales recibimos la bendición y somos enviados. La bendición es un don de Dios que toca nuestras vidas. Cuánta gente pide la bendición en tantas circunstancias de la vida. Bendecir es comunicar paz. En los santuarios los peregrinos piden bendición. En las iglesias la gente pide que se los bendiga. La práctica pastoral de salir a la calle durante unas horas, en alguna plaza, con imágenes de la Virgen María y de San Cayetano, trae como consecuencia que la gente se acerque y pida la bendición. Esa bendición trae paz. La gente continúa recorriendo su día en paz.

Somos enviados con la formula “Pueden ir en paz”, al final de la misa. Experimentamos la paz y nos comprometemos a llevarla allí donde estamos. La  participación plena conciente y activa en la celebración litúrgica nos lleva a comunicar la paz que recibimos para que podamos vivir en paz.

Por medio de este ritual en cuatro partes la Liturgia actualiza, hace presente, el Misterio Pascual de Cristo en nuestras vidas. El paso de la Muerte a la Vida, la Pascua, no queda anclada en el pasado sino que por la celebración litúrgica se hace presente y actual. La Pascua del Señor, su triunfo sobre la muerte, es fuente de paz. Vivir en clave pascual es vivir en paz.

Considero que la paz no es solo la tranquilidad por la ausencia de conflictos, que no “pase nada”. Vivir en paz y con paz es encontrar día a día el sentido de lo que nos pasa, el apoyo para recorrer situaciones a veces muy complicadas y difíciles. La sociedad necesita la paz de sus habitantes para lograr la paz social.

La liturgia en su lenguaje de signos, actualiza la paz, comunica la paz, dentro de ella se vive de modo real la paz y se nos envía como testigos para comunicarla. La vecina de 28 de Noviembre venida de la Rioja así lo experimentó.

Sed de paz, religiones y culturas en diálogo

Discurso del Papa Francisco
Jornada Mundial de Oración por la Paz
Asís, 20 de septiembre 2016[1]

[1] Para ver el texto completo: http://press.vatican.va/content/salastampa/es/bollettino/pubblico/2016/09/20/asis.html

 

“Santidades, Ilustres Representantes de las Iglesias, de las Comunidades cristianas y de las Religiones, queridos hermanos y hermanas:

Os saludo con gran respeto y afecto, y os agradezco vuestra presencia. Doy las gracias a la Comunidad de Sant’Egidio, a la Diócesis de Asís y a las Familias Franciscanas que han preparado esta jornada de oración. Hemos venido a Asís como peregrinos en busca de paz. Llevamos dentro de nosotros y ponemos ante Dios las esperanzas y las angustias de muchos pueblos y personas. Tenemos sed de paz, queremos ser testigos de la paz, tenemos sobre todo necesidad de orar por la paz, porque la paz es un don de Dios y a nosotros nos corresponde invocarla, acogerla y construirla cada día con su ayuda.

«Bienaventurados los que trabajan por la paz» (Mt 5,9). Muchos de vosotros habéis recorrido un largo camino para llegar a este lugar bendito. Salir, ponerse en camino, encontrarse juntos, trabajar por la paz: no sólo son movimientos físicos, sino sobre todo del espíritu, son respuestas espirituales concretas para superar la cerrazón abriéndose a Dios y a los hermanos. Dios nos lo pide, exhortándonos a afrontar la gran enfermedad de nuestro tiempo: la indiferencia. Es un virus que paraliza, que vuelve inertes e insensibles, una enfermedad que ataca el centro mismo de la religiosidad, provocando un nuevo y triste paganismo: el paganismo de la indiferencia.

No podemos permanecer indiferentes. Hoy el mundo tiene una ardiente sed de paz. En muchos países se sufre por las guerras, con frecuencia olvidadas, pero que son siempre causa de sufrimiento y de pobreza. En Lesbos, con el querido Patriarca ecuménico Bartolomé, he visto en los ojos de los refugiados el dolor de la guerra, la angustia de pueblos sedientos de paz. Pienso en las familias, cuyas vidas han sido alteradas; en los niños, que en su vida sólo han conocido la violencia; en los ancianos, obligados a abandonar sus tierras: todos ellos tienen una gran sed de paz. No queremos que estas tragedias caigan en el olvido. Juntos deseamos dar voz a los que sufren, a los que no tienen voz y no son escuchados. Ellos saben bien, a menudo mejor que los poderosos, que no hay futuro en la guerra y que la violencia de las armas destruye la alegría de la vida.

Nosotros no tenemos armas. Pero creemos en la fuerza mansa y humilde de la oración. En esta jornada, la sed de paz se ha transformado en una invocación a Dios, para que cesen las guerras, el terrorismo y la violencia. La paz que invocamos desde Asís no es una simple protesta contra la guerra, ni siquiera «el resultado de negociaciones, compromisos políticos o acuerdos económicos, sino resultado de la oración». Buscamos en Dios, fuente de la comunión, el agua clara de la paz, que anhela la humanidad: ella no puede brotar de los desiertos del orgullo y de los intereses particulares, de las tierras áridas del beneficio a cualquier precio y del comercio de las armas.

Nuestras tradiciones religiosas son diversas. Pero la diferencia no es para nosotros motivo de conflicto, de polémica o de frío desapego. Hoy no hemos orado los unos contra los otros, como por desgracia ha sucedido algunas veces en la Historia. Por el contrario, sin sincretismos y sin relativismos, hemos rezado los unos con los otros, los unos por los otros. San Juan Pablo II dijo en este mismo lugar: «Acaso más que nunca en la historia ha sido puesto en evidencia ante todos el vínculo intrínseco que existe entre una actitud religiosa auténtica y el gran bien de la paz»  Continuando el camino iniciado hace treinta años en Asís, donde está viva la memoria de aquel hombre de Dios y de paz que fue san Francisco, «reunidos aquí una vez más, afirmamos que quien utiliza la religión para fomentar la violencia contradice su inspiración más auténtica y profunda» que ninguna forma de violencia representa «la verdadera naturaleza de la religión. Es más bien su deformación y contribuye a su destrucción». No nos cansamos de repetir que nunca se puede usar el nombre de Dios para justificar la violencia. Sólo la paz es santa. Sólo la paz es santa, y no la guerra.

Hoy hemos implorado el don santo de la paz. Hemos orado para que las conciencias se movilicen y defiendan la sacralidad de la vida humana, promuevan la paz entre los pueblos y cuiden la creación, nuestra casa común. La oración y la colaboración concreta nos ayudan a no quedar encerrados en la lógica del conflicto y a rechazar las actitudes rebeldes de los que sólo saben protestar y enfadarse. La oración y la voluntad de colaborar nos comprometen a buscar una paz verdadera, no ilusoria: no la tranquilidad de quien esquiva las dificultades y mira hacia otro lado, cuando no se tocan sus intereses; no el cinismo de quien se lava las manos cuando los problemas no son suyos; no el enfoque virtual de quien juzga todo y a todos desde el teclado de un ordenador, sin abrir los ojos a las necesidades de los hermanos ni ensuciarse las manos para ayudar a quien tiene necesidad. Nuestro camino es el de sumergirnos en las situaciones y poner en el primer lugar a los que sufren; el de afrontar los conflictos y sanarlos desde dentro; el de recorrer con coherencia el camino del bien, rechazando los atajos del mal; el de poner en marcha pacientemente procesos de paz, con la ayuda de Dios y con la buena voluntad.

Paz, un hilo de esperanza, que une la tierra con el cielo, una palabra tan sencilla y difícil al mismo tiempo. Paz quiere decir Perdón que, fruto de la conversión y de la oración, nace de dentro y, en nombre de Dios, hace que se puedan sanar las heridas del pasado. Paz significa Acogida, disponibilidad para el diálogo, superación de la cerrazón, que no son estrategias de seguridad, sino puentes sobre el vacío. Paz quiere decir Colaboración, intercambio vivo y concreto con el otro, que es un don y no un problema, un hermano con quien tratar de construir un mundo mejor. Paz significa Educación: una llamada a aprender cada día el difícil arte de la comunión, a adquirir la cultura del encuentro, purificando la conciencia de toda tentación de violencia y de rigidez, contrarias al nombre de Dios y a la dignidad del hombre.

Aquí, nosotros, unidos y en paz, creemos y esperamos en un mundo fraterno. Deseamos que los hombres y las mujeres de religiones diferentes, allá donde se encuentren, se reúnan y susciten concordia, especialmente donde hay conflictos. Nuestro futuro es el de vivir juntos. Por eso, estamos llamados a liberarnos de las pesadas cargas de la desconfianza, de los fundamentalismos y del odio. Que los creyentes sean artesanos de paz invocando a Dios y trabajando por los hombres. Y nosotros, como Responsables religiosos, estamos llamados a ser sólidos puentes de diálogo, mediadores creativos de paz. Nos dirigimos también a quienes tienen la más alta responsabilidad al servicio de los pueblos, a los Líderes de las Naciones, para que no se cansen de buscar y promover caminos de paz, mirando más allá de los intereses particulares y del momento: que no quede sin respuesta la llamada de Dios a las conciencias, el grito de paz de los pobres y las buenas esperanzas de las jóvenes generaciones. Aquí, hace treinta años, san Juan Pablo II dijo: «La paz es una cantera abierta a todos y no solamente a los especialistas, sabios y estrategas. La paz es una responsabilidad universal». Hermanas y hermanos, asumamos esta responsabilidad, reafirmemos hoy nuestro sí a ser, todos juntos, constructores de la paz que Dios quiere y de la que la Humanidad está sedienta”.

Sed de Paz

Como en cada número de la Revista, intentamos presentar el tema elegido desde diversas perspectivas. Y bien decimos diversas, porque aspiramos a poner énfasis en lo heterogéneo, lo plural, para que la mayor cantidad posible de lectores se sientan interpelados con alguno de los artículos.

Es difícil pensar la PAZ disociada de la violencia, es casi un paradójico binomio. Y al mismo tiempo, bien sabemos que la PAZ es mucho más que no-violencia.

En esta edición presentamos artículos acerca de la PAZ interior relacionada con la espiritualidad y desde la mirada de la psicología y también, la PAZ en  el ámbito social, político, religioso, deportivo, artístico…

La PAZ como un bien multidimensional, es necesario observarla desde múltiples ángulos, que van de lo particular a lo general, de lo individual a lo colectivo. Es un ejercicio pendular que oscila entre lo macro y lo micro.

A nivel macro, pensemos en las cifras monstruosas que arrojan algunos estudios y que producen escozor: en 2015 en el mundo hubo 35 conflictos armados, de los cuales un tercio fueron de alta intensidad, causando miles de víctimas mortales (los más letales fueron 55.000 en Siria, 16.000 en Iraq, 4.000 en Ucrania…). El 70% de estos conflictos tuvieron lugar en países con graves desigualdades de género y la violencia sexual se utilizó de manera deliberada como arma de guerra. Esto llevó a que más de 60 millones de personas fueran desplazadas de manera forzosa, a causa de conflictos, violencia y persecución.

Este escenario seguramente nos deja pasmados en la impotencia. No obstante, es bueno saber que durante 2015 hubo una serie de procesos de PAZ que se pusieron en marcha en 39 contextos de negociación. Los principales fueron en Colombia, Chipre, Sudán del Sur, Afganistán, Tailandia.

Teniendo en cuenta la evolución y naturaleza de varios escenarios, se sabía que durante 2016 los mismos podían empeorar y convertirse en focos de inestabilidad y violencia todavía más graves. Todo esto sin mencionar al terrorismo, que por su complejidad requeriría de un análisis tan extenso y profundo, que trasciende el objetivo de esta publicación. Como es sabido, tanto al-Qaeda como ISIS han hecho llamamientos a ataques yihadistas de “lobos solitarios” contra objetivos en Occidente y esto trajo como consecuencia, el ascenso de discursos de ultraderecha y xenófobos en Europa y Estados Unidos, obstaculizando la centralidad de la PAZ.

Como vemos, es ínfimo el margen de maniobra que tenemos los seres humanos “comunes y corrientes” para incidir ante la perspectiva macro. Esas son decisiones que se toman en otras esferas.

Sin embargo, a nivel micro, cuando ponemos la lupa más cerca de la esencia del ser, de lo humano, observamos otro tipo de situaciones y actitudes que también son generadoras de conflicto, algunas de ellas sutiles, otras no tanto. A modo de ejemplo, podemos tomar algo tan simple como el lenguaje —para nada inocente ni inofensivo— como “disparador” de violencia. En el lenguaje cotidiano a través de la palabra, aparece con frecuencia un maltrato que ha sido tan naturalizado, que ya ni lo percibimos como tal. Aparecen modos discriminatorios como insultos y menosprecios, incluso hacia algunas minorías, hacia personas diferentes o hacia las mujeres, estos últimos bajo la forma de comentarios o actitudes rústico-machistas.

Así como la palabra puede ser generadora de violencia —de hecho la Carta de Santiago nos dice que la lengua es un mundo de maldad, incontrolable, llena de veneno mortal y que de la misma boca sale bendición y maldición (Carta de Santiago: 3,5-10) también la palabra puede ser fuente de pacificación, cuando aparece un trato afectuoso, respetuoso, amoroso.

Pero además de la palabra, vivimos a cotidiano situaciones que si bien son menores, también generan malestar y conflicto innecesarios. Enumeremos algunas de ellas: avivadas como colarse en una fila; pasar por la derecha a un auto para arrancar primero en el semáforo; no ser agradecidos ante algo tan simple como cuando alguien mantiene una puerta abierta para que pasemos; no dar prioridad a los peatones cuando manejamos un auto; ser indiferentes o ningunear cuando no respondemos mensajes, con el pretexto de que recibimos tal caudal de comunicaciones; dejar la puerta del ascensor abierta mientras charlamos con el encargado, sin importar el perjuicio de vecinos que están esperando para poder usar el ascensor;…

Este nivel micro pareciera ser más abordable para incidir y transformar algunas situaciones y desactivar, tan solo con un poco de civilidad, el mecanismo de malestar que puede desencadenar en una escalada violenta que nos aleja de la PAZ.

Así, la PAZ no es una entelequia que aparece en la nube de lo abstracto, o en el deseo de algunos románticos pacifistas. La PAZ es bien concreta. Es un bien público que podemos proponernos construir entre todos los miembros de la sociedad, desde las unidades más pequeñas: uno mismo, familia, colegio, barrio; hasta las más grandes: ciudad, país, región, planeta. Al apropiarnos de la PAZ como bien público, se puede reconstruir el tejido social y la convivencia pacífica.

Nuestra vida escolar y la Pascua

 

La llegada del tiempo pascual nos renueva y alienta a seguir nuestro camino como Comunidad Educativa.

Un nuevo año escolar se inicia y queremos poner en nuestro Colegio San Gabriel en Clave Pascual para dejarnos atravesar por la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo que nos transforma nuevamente.

Estar dispuestos a que el AMOR de Jesús nos guíe e ilumine en nuestras búsquedas personales y colectivas, de allí, el lema institucional de este año: “El amor transforma nuestras vidas” que proyecta nuestra Visión.

Las tres prioridades Evangelizar – Incluir – Formar Comunidad han sido elegidas por el Equipo Directivo para favorecer el cumplimiento de nuestra Misión Educativa a tenor del complejo desafío que significa educar en este tiempo.

No son sólo acciones estratégicas, queremos que estén presentes y recorran transversalmente todos los sectores y áreas del Colegio proponiendo un “estilo de vida” acorde a la cosmovisión cristiana que deseamos seguir fomentando entre todos los miembros de nuestra comunidad.

Evangelizar

La identidad de nuestro colegio hunde sus raíces en el seguimiento de Jesús que es el Dios hecho carne para nuestra salvación. Creemos que él es el Hijo de Dios que nos hace hijos del mismo Padre Dios y por lo tanto hermanos en el mismo Espíritu Santo y en la misma Iglesia.La evangelización es lo que le da sentido a la Iglesia, es el fin de su existencia. Ella existe para evangelizar y nuestro colegio parroquial también.

Para llevar adelante la evangelización, todos necesitamos reconocernos discípulos-misioneros, llamados a compartir entre nosotros y con todos la Buena Noticia de su Reino.Como dice el Papa Francisco “….la propuesta del Evangelio no es sólo la de una relación personal con Dios…En la medida en que Él logre reinar entre nosotros, la vida social será un ámbito de fraternidad, de justicia, de paz, de dignidad para todos…. Nada de lo humano le puede resultar extraño… la tarea evangelizadora implica y exige una promoción integral de cada ser humano.”Por este motivo, es que la evangelización debemos hacerla en cada aula, en los pasillos, en los recreos, en cada palabra dicha, en los contenidos propuestos, en las pedagogías y estrategias utilizadas, en cada gesto, en todo momento, en todo lugar.Un área específica y personas concretas del colegio tienen la responsabilidad de llevar adelante la pastoral y la catequesis, sin embargo, todo el colegio y cada uno de sus miembros estamos llamados a evangelizar. Este es nuestro desafío y nadie puede estar ajeno a esta misión común y esencial de nuestra comunidad educativa.

Un enorme y fascinante desafío para todos nosotros está en animar el crecimiento sostenido de la vida interior y espiritual, procurando permanentes búsquedas y una sana y constante clarificación, para lo cual, necesitamos de la comunidad. ¿Cuál es la imagen de Dios en el que creo-creemos? ¿Quién es para nosotros el hombre? ¿Cómo comunicar al Dios de Jesucristo y a su Evangelio?

Incluir

acceso a la educación de cada niña y niño y de toda persona, además de un derecho individual inalienable, también es confirmar delante de Dios y de la comunidad social, que toda mujer y todo varón es hijo de Dios y por lo tanto un hermano al que se debe respetar y cuidar.
Nuestra comunidad educativa está decidida a ser cada día más inclusiva e incluyente, es decir, a que nadie experimente de otro ser humano y por ningún motivo: una palabra, un gesto, o una acción de rechazo, descalificación o maltrato.

Todos somos personas diferentes. La diferencia es una realidad y un valor a descubrir, apreciar, asumir y respetar.

Incluir es mucho más que integrar, es que cada alumno con Necesidades Educativas Especiales esté en igualdad de condiciones a las de sus otros compañeros.

Por lo tanto debemos procurar crecer día a día en un estilo de comunidad escolar que junto al desarrollo de nuevas y creativas competencias educativas, cuide con misericordia y ternura de todos, pero muy especialmente de los más frágiles y pequeños.
¿Qué actitudes, qué gestos, qué acciones debemos adquirir todos y cada uno para ser una comunidad más inclusiva e incluyente?

Formar comunidad

Una de las formas culturales más extendidas de nuestro tiempo es el individualismo, que lejos de ser inocuo, produce fuertes heridas en cada uno de nosotros y en cada una de nuestras familias: encierro, desinterés por el otro, egoísmo, insolidaridad, materialismo, narcisismo, ingratitud, aislamiento, etc.

Asumiendo entonces un estilo contracultural, nos proponemos trabajar para ser una comunidad fraterna en la que generemos corrientes de interés y cuidado por el otro.

El colegio ya es una comunidad, pero, que sea más y mejor comunidad, es un desafío y una responsabilidad de todos. Somos corresponsables de nuestro lugar y de que nadie se sienta afuera.
Para crecer en la comunicación y el diálogo necesitamos procurar día a día generar un clima de esperanza, alegría, confianza, respeto, y libertad, lejos de miedos, prejuicios, pesimismos y diferentes formas de violencia. Pero también a la inversa, con un buen diálogo y comunicación, podremos generar mejores climas institucionales.

Estamos invitados a asumir el desafío de ser una comunidad misionera, abierta a todo el colegio y sus familias, pero también al barrio y a la sociedad. Misionera y portadora de la Buena Noticia del Evangelio de Jesús que está lleno de un nuevo sentido de la vida, en la que el otro, lejos de ser un desconocido o un enemigo, es mi hermano.

La comunidad de docentes, el personal de administración y de maestranza, por el hecho de compartir trabajo, tiempo, talentos y el espacio – lugar, tenemos una especial responsabilidad en el desafío de procurar ser una comunidad más fraterna y misionera.
¿Cuál es nuestra imagen de colegio y de comunidad eclesial? ¿Cuál es el testimonio que damos cuando nos escuchan y ven?

Los mártires de este tiempo

Por Andrés Sensini, Director General del Colegio San Gabriel

Es tiempo de Pascua y  los cristianos celebramos la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús que nos llena de júbilo y esperanza pero las noticias de las persecuciones de  cristianos en el mundo como los atentados perpetrados en dos templos de la ciudad de Lahore, Pakistán y las masacres de cristianos en Medio Oriente nos siguen conmocionando y no cesa nuestro dolor y  angustia.

Frente a hechos de ésta naturaleza nuestra conciencia colectiva se activa y recordamos aquellas persecuciones de las primeras comunidades cristianas de Roma  y cómo esos  testimonios lejos de debilitar nuestra iglesia le dieron más fuerza, sustentados en una  Fe que es capaz de entregarlo todo.

Me permito rescatar un rasgo característico de aquel tiempo y es que estos cristianos no buscaron venganza, ni siquiera pudieron apelar a la Justicia como forma codificada de reparación, sino que sólo prestaron su sangre y sufrimiento para que nuestra Fe como pueblo de Dios crezca y se fortalezca.  Tertuliano, “Padre la Iglesia”, y  que viviera en el siglo II  lo expresaba así: “La sangre de los mártires es la semilla de los cristianos”

Es interesante observar que estos mártires del siglo XXI abrazaron la fe con el mismo amor y determinación de aquellos primeros seguidores de Cristo. Me llamó la atención que junto a los 19 egipcios cristianos coptos asesinados en las playas de Libia había otro hombre proveniente de Chad que no era cristiano pero quiso dar la vida como sus compañeros al ver  su fe tan grande. “Su Dios es mi Dios”, dijo antes de ser ejecutado. ¡Qué maravilloso testimonio!

El Papa Francisco dijo al enterarse: “Sean católicos, ortodoxos, coptos, luteranos, no interesa: son cristianos. Y la sangre es la misma, la sangre confiesa a Cristo”

Hablar de “Mártires” en sentido estricto nos lleva a pensar en aquellas  personas que han sufrido persecuciones,  padecimientos, torturas y muerte a causa de su religión y que dan testimonio de ello al no abjurar de su Fe. En un universo más amplio me parece interesante  ampliarlo a quienes dan su vida a fin de sostener sus ideales.

Es en este contexto cuando muchos nos preguntamos: ¿cómo es que aún no hemos podido, como humanidad, aprender de nuestros errores? y ¿Cómo es que hoy, en el siglo XXI, las religiones monoteístas no hemos podido atravesar “el desierto” –  imagen del  Pesaj de la Pascua Judía- en búsqueda de “una tierra prometida” en la que todos podamos vivir en paz?

Los ejemplos sobran y no me refiero exclusivamente a  los padecimientos de los primeros mártires cristianos en Roma sino que surgen de mi memoria todas las aberraciones vividas durante el pasado siglo XX con el genocidio del pueblo Armenio, al holocausto Judío, las masacres de los Gobiernos Comunistas Rusos y Chinos, las bombas atómicas sobre el Japón y todas otras formas de exterminio masivo o persecuciones de minorías que hemos soportado como humanidad.  Desde ya que nosotros, los Cristianos, tenemos lo nuestro y debemos pedir perdón por los tiempos de la Inquisición y muchas otras formas de haber sido parte o consentido procesos de este tipo en el que nuestras acciones en nada reflejaron las enseñanzas de Cristo.  Todos sabemos que en  nuestro querido país tampoco hemos estado exentos de ésta lamentable experiencia.

Pero prefiero analizar este presente complejo y cambiante para poder proyectarnos hacia el futuro. Así, observamos el crecimiento de un enorme sector de la población mundial,  no se limita exclusivamente a alguna Secta, Religión, Etnia o  Estado-Nación, que parece profundizar los fanatismos religiosos, que reniegan del “otro” porque advertirían en la diversidad religiosa, política, étnica, racial o ideológica la posibilidad para que se quebrante su Fe y que ello, los habilite para el uso de la violencia. Lamentablemente también vislumbro en esa dirección el aumento de los fanatismos ligados a las ideologías políticas.

A su vez, otro amplio sector de humanidad parece encaminarse hacia paradigmas mucho menos comprometidos con la búsqueda de profundidad espiritual y compromiso social que se sustentan en un claro perfil hedonista que exalta el individualismo consumista que también hace invisible al “otro”.  He aquí otras formas, tal vez menos grotescas pero eficientes, de generar padecimientos, persecuciones, sufrimientos y muertes  de otros mártires de este tiempo que son los excluidos de un sistema ya que el poder, sea económico o militar, no repara en lo humano.

Cabe preguntarnos entonces: ¿Dónde estamos nosotros los cristianos y cómo enfrentaremos  los desafíos que este tiempo nos depara como discípulos de Cristo?

Un desafío para que todos tengamos vida

Por familias del Colegio San Gabriel

Iván

¿Y si Jesús no hubiera resucitado…? Seguramente igual habría trascendido su mensaje amoroso de paz, de humildad, de ayuda al más necesitado. Seguramente habría quedado en la historia de la humanidad como lo hicieron otros hombres geniales. Sus enseñanzas habrían inspirado como lo hicieron las enseñanzas de Gandhi, Teresa de Calcuta, Aristóteles, Martin Luther King, Francisco de Asis y tantos más.

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Pero Jesús resucitó, y ya no sólo fue hombre sino Dios. Y la Resurrección le dio sentido no sólo a la vida sino también a la muerte. La muerte necesaria para alcanzar la felicidad eterna.  La Resurrección nos hizo entender el significado de la esperanza.  La esperanza que nos brinda consuelo ante las pérdidas, las enfermedades, el dolor, la angustia.

En nuestro microcosmos particular, todos hemos vivido “micro pasiones, muertes y resurrecciones”. Cada mala noticia, cada frustración, cada vez que algo no sale como lo habíamos pensado, planeado, esperado. Y cuánto más, cuando esto afecta a nuestros hijos. ¿Cómo impacta la Resurrección de Jesús en nuestra vida terrenal?

Cuando nuestro hijo empezó  a manifestar conductas que se apartaban de la media, que parecían conformar los síntomas de una enfermedad, comenzamos a transitar nuestra propia “pasión”. El diagnóstico fue una “muerte”. No una muerte física, pero decididamente la muerte de proyectos, de ideas,  de ilusiones. Y si Jesús resucitó al tercer día, nuestros proyectos, ideas e ilusiones se tomaron un tiempo más, pero resucitaron. Y lo hicieron de la mano de la fe y la esperanza que Dios nos ofreció como un don.

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Últimamente, se ha puesto de moda la palabra resiliencia, que es como la versión laica de la resurrección. Es el proceso de aceptación de la realidad atravesada por la angustia, es el parto con dolor de una renovada mirada a la vida, es un empoderamiento que impulsa a hacer nuevas cosas, una energía que alienta a priorizar lo positivo, lo que se puede, lo que hay y no lo que falta, el talento y no la discapacidad. Y todo con alegría.

Nuestro hijo tiene TEA (trastorno del espectro autista). El habla poco, sólo lo necesario para pedir lo que quiere o para responder una pregunta puntual, y a veces es difícil entender lo que dice; pero canta. Él no lee; pero reconoce los tonos de voz, las lágrimas ajenas, las caras tristes, y se acerca y te pone una mano en la espalda cariñosa y protectora. Él no escribe más que su nombre, el de su hermano Brian, mamá y papá, pero se expresa exquisitamente a través de la percusión. Cuando dejamos de buscar que él fuera como los demás e hiciera lo que hacían los demás, y pusimos foco en aquello que veíamos que él hacía tan bien y que tanto disfrutaba, todo cambió. “Resucitamos”.

Este fue un proceso de muchos años y al que contribuyeron muchísimas personas: médicos, terapeutas, maestros, compañeros y padres del colegio San Gabriel, los músicos que actualmente integran la banda Iván y sus amigos, y nosotros, su familia. Todos aportamos conocimientos, emociones, comprensión, dedicación, compromiso, una cuota extra de paciencia a veces también, y sobre todo, amor. No tenemos duda de que Iván es quien es y como es hoy gracias al amor que recibe y que él sabe apreciar. No tenemos dudas de que cuando enfocamos con esperanza y pasión en la capacidad, en el talento, y trabajamos todos “juntos y a la par”, como dice la canción, entonces vencemos todas las barreras, y alcanzamos metas inimaginables.

Vivamos la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo en cada Pascua, y revivámosla con Fe y Esperanza cada día.

Marta y Ricardo Demirci, papás de Iván

 

Bruno

En esta época de Cuaresma, descubrí otro sentido, si me permiten, de la palabra RESURRECCIÓN. Soy mama de un chico integrado en el colegio, desde hace dos años, cuando ingresamos en la comunidad de San Gabriel. Es un camino con paralelismos al concepto de resurrección. Muchas veces sentimos que nos caemos o tropezamos, como en el Vía Crucis, y nos volvemos a levantar. Sin esperanza y amor no se pueden afrontar los infinitos desafíos que nos presenta nuestro hijo. Mil y una vez se cree haber acertado con ÉL especialista o LA medicación, pero con el tiempo nos damos cuenta de que nuevos escenarios aparecen. La familia cobra una importancia vital y tiene una misión intransferible que la hace más esencial que en otros hogares.

El escenario que se me ocurre más fácilmente para ilustrar estas caídas y “resurrecciones” es la vida social escolar. Un chico integrado siempre está tratando de insertarse con sus compañeros, casi intuitivamente y no son pocas las decepciones que sufre. No entiende por qué todos fueron a una “piyamada”  menos él, por qué nunca o casi nunca recibe invitaciones para ir a jugar a la casa de sus amigos. Y ahí sale la familia, en un rol de casi súper héroe, para levantar el ánimo del nene; minimizando los eventos y haciendo mil piruetas para conseguir que alguien venga a casa.

En esta especie de “rutina desgastante”, la de caerse por la frustración y volver a levantarse confiando en que podemos cambiar nuestra realidad, siento que entran en juego como pilares las virtudes cristianas que siempre nombramos como creyentes: fe, esperanza y caridad. Chicos como nuestro hijo nos ponen a prueba para ver si somos capaces de llevar a la práctica tanta teoría aprendida. La fe es como una luz constante que nos guía y da fuerza para no bajar los brazos, la esperanza nos alienta a seguir creyendo en nuestros semejantes para confiar en que puedan abrir sus corazones a personas  con necesidades especiales y la caridad nos invita a poner en práctica con los que nos rodean las mismas conductas que pretendemos para nuestro hijo.

Es Cuaresma, tiempo de perdón y más todavía de resurrección. Como propósito personal tengo abrir mi corazón para que con más amor tenga la capacidad de entender  a nuestros hermanos, niños y adultos, cada uno con sus limitaciones pero también con un inmenso potencial a ser descubierto y disfrutado. Me gustaría terminar esta reflexión con un pensamiento que me ayuda mucho cuando una nueva “caída” amenaza el horizonte:

“Cada vez que te ocurra un sufrimiento, no lo guardes. Deja que suceda, pero no lo  nutras. ¿Para qué  ir hablando sobre él? Recuerda una de las leyes: que a todo lo que le das tu atención, crece. La atención es un elemento que ayuda al crecimiento. Si le prestas atención a algo, crece más”.

Resurrección también es elegir la luz, siempre, prestarle atención a la vida y apostar una y mil veces a que el amor es el único camino.

Silvina Marcachini, mamá de Bruno

Milagro

Por Adriana de la Iglesia y Jorge Arbini

Con motivo de la próxima celebración de la Pascua de Resurrección, Jorge Eduardo nos ha invitado a que diésemos testimonio de lo que vivió nuestra familia el año pasado.

Nosotros, entre julio y agosto de 2014, vivimos un milagro. Vivimos de alguna manera, a nuestra manera, el milagro de la resurrección. Nuestra historia, comenzó siete meses antes -en noviembre de 2013-, con un hecho insignificante: haber calculado erróneamente la fecha de inicio y de finalización de las vacaciones de invierno del año 2014, lo que nos llevó a sacar los pasajes para viajar al exterior con un desfase de una semana.

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Así, partimos el viernes 11 de julio de 2014 -una semana antes que comenzara las vacaciones de invierno- y, en consecuencia, regresamos el domingo 27 de julio, una semana antes que finalizara el receso.

Algunos dirán que este error nimio, fue una mera circunstancia casual, que fue el destino, otros, que fue la obra de Dios. Lo cierto es, que regresamos a nuestro hogar, al mediodía del domingo 27 de julio de 2014, luego de estar dos semanas fuera de nuestro país. El domingo 27 de julio, nos encontramos con que nuestro hijo Ignacio (de 27 años), quien había quedado sólo en casa, se encontraba enfermo. Pensábamos que estaba sufriendo una afección respiratoria, máxime que el médico que lo había visto el viernes, le había diagnosticado y medicado por un proceso gripal. Al atardecer, su estado se había agravado, al punto que lo encontramos tirado en el piso, sin fuerzas para levantarse por sí mismo.

 

Lo llevamos rápidamente a la Clínica Olivos. Dios también quiso que los médicos que allí lo atendieran, repararan de inmediato en la gravedad de su estado. Es que habiéndolo llevado por lo que nosotros creíamos que era una neumonía, nos encontramos con una frase que nunca olvidaremos: “Es necesario trasladarlo de inmediato a un centro de mayor complejidad, para un eventual transplante cardíaco.

Todos podemos comprender la gravedad de tal sentencia, solidarizarnos, compadecernos, angustiarnos, pero el dolor, el dolor profundo que atraviesa en esos momentos el alma, sólo lo pueden comprender quienes han vivido una situación similar o, más trágica aún, como es la noticia de la muerte de una persona querida, sobre todo, la de un hijo.

Comenzó a partir de allí un verdadero calvario. Conseguir un domingo al anochecer la autorización de la obra social para el traslado; lograr la inmediata internación en el Hospital Italiano; bregar por la rápida llegada de una ambulancia de alta complejidad que estuviera adecuadamente equipada; intentar seguir adelante, tratando de contener las emociones que ahogan el alma, para que el espíritu pueda ocuparse en esos momentos, de trámites, decisiones, llamados, ruegos.

Aún recordamos confusamente la llegada de numerosos familiares y amigos. De la honda preocupación y solidaridad de los médicos y del personal de la Clínica Olivos, quienes lograron la urgente derivación al Hospital Italiano. Todas personas con la que estaremos agradecidas de por vida.

Finalmente en la noche del domingo, tras un importante operativo médico, dada la gravedad del cuadro, Ignacio fue ingresado en la guardia del Hospital Italiano. Luego de varias horas de espera, en medio de la madrugada del lunes, una jovencísima médica que tenía más temor que nosotros, nos anunció que Ignacio ya estaba en unidad cardíaca y que su estado era gravísimo.

Nosotros, luego de semejante jornada y después de haber hecho combinaciones en aeropuertos y viajado en avión por casi 24 horas, decidimos ir a casa a descansar y reponernos. Sin saber qué hacer, con el alma asfixiada por el dolor, por la angustia. Sólo atinábamos a rezar, rezar como nunca antes lo habíamos hecho.

Temprano en la mañana del lunes 28 de julio, nos requieren que con urgencia concurramos al Hospital Italiano. Sin animarnos a decir una sola palabra en todo el trayecto, ambos apretados contra el asiento trasero y tomados firmemente de la mano, suponíamos que era para anunciarnos lo peor. Ni bien llegamos al Italiano, nuestros otros hijos, nos tranquilizaron informándonos que nos habían buscado simplemente para que autorizáramos la conexión a un corazón externo y, que ellos ya lo habían hecho.

Minutos más tarde los médicos del servicio de cardiología y de cirugía cardíaca del Hospital Italiano, nos reciben y nos informan que el corazón de Ignacio no funcionaría más, que sufría una miocarditis fulminante y, que horas antes le habían tenido que conectar de urgencia a un ECMO, que bombeaba y oxigenaba la sangre, sustituyendo al corazón y a los pulmones. Que su única esperanza de vida, era un trasplante. Que su corazón estaba destruido.

Ignacio fue incluido de inmediato en el INCUCAI, a la espera de un corazón y estuvo durante más de quince días primero en la lista de emergencia nacional. No nos atrevimos a preguntar cuánto tiempo podía estar conectado a esa máquina, pero se intuía, que era por unos pocos días.

Ese mismo lunes, atinamos a pedirle al Ing. Luis Olaizola (Rector del secundario del Colegio San Gabriel) que incluyera a Ignacio en las oraciones del Colegio y de la Parroquia. A partir de ese lunes se produjo un fenómeno increíble. Amigos, parientes e incluso conocidos, se enteraron de la situación de Ignacio, a través de cadenas de oración.

El día martes 29 de julio de 2014, se comunicó con nosotros Jorge Eduardo para informarnos que en la Parroquia se estaba rezando por Ignacio y, pidió permiso para ir a visitarlo el jueves 31, “… si no te molesta…”, aún recordamos sus palabras.

 

En la noche del miércoles 30, nos llamaron del Italiano para avisarnos que durante la madrugada del jueves se haría el trasplante, ya que había surgido un donante en el interior del país. Comenzó nuevamente nuestra vigilia y renació nuestra esperanza, aunque todos sabíamos que Ignacio no estaba en las mejores condiciones para ser transplantado.

Recién a las 5 de la mañana del jueves 31 de julio, nos convoca el cirujano Dr. Ricardo Marenchino, para comunicarnos que no habían podido practicar el transplante, porque el corazón del donante había empezado a fallar, en el momento mismo en que se comenzaba con la ablación. Que a raíz de ello, habían hecho regresar a Buenos Aires, al equipo médico que había viajado.

Nosotros lo vivimos como otro golpe, como una inmensa caída al vacío, como el desbaratamiento de nuestras esperanzas, pero en realidad se trató de un verdadero milagro. Dios quiso que el trasplante no se realizara. Dios quiso que el corazón del donante fallase instantes antes de comenzar a extraérselo.

Al mediodía del jueves 31, se acercó hasta el Italiano -que había pasado a ser nuestra casa-, Jorge Eduardo. Nos confortó, le suministró a Ignacio la unción y luego rezamos todos en la Capilla del Italiano junto con nuestra familia y amigos. Jorge Eduardo nos refirió que en el momento que le estaba suministrando la unción, sintió la presencia de Dios, “… sentí que Dios lo estaba cuidando…” fueron sus palabras.

Ese día el jueves 31 de julio, el día de San Ignacio de Loyola, sin que nosotros lo supiéramos, se produjo otro milagro. Las cadenas de oraciones se habían multiplicado por todo el mundo, se rogaba por Ignacio en misas en varios continentes. Lo hacían personas de varias religiones (judíos, musulmanes y hasta budistas). Incluso recibimos un llamado de monseñor Alejandro Daniel Giorgi (obispo auxiliar de Buenos Aires), haciéndonos llegar un mensaje del Papa Francisco, diciéndonos que tenía presente en sus oraciones a Ignacio y a su familia.

Por otra parte, para ese jueves, la necesidad de un transplante urgente para Ignacio ya había sido recogida por los diarios, radios y televisión y alcanzó notoriedad en Facebook y Twitter.

En la mañana del día viernes 1º de agosto, nos convocan los cardiólogos y el cirujano, quienes nos confiesan que se encontraban ante un verdadero dilema. Que ellos no sabían cómo proceder si aparecía en esos momentos un donante, porque inesperadamente, en la tarde del jueves 31, el corazón de Ignacio que se había detenido tres días antes -el lunes 28 de julio-, había comenzado nuevamente a latir. Nos confían que ellos, que realizan un promedio de 25 transplantes de corazón por año, nunca habían visto un caso así, que era un hecho inédito en el Italiano. Que Ignacio, por el estado de su corazón, sólo podría haber sobrevivido con un transplante.

Con el correr de los días, el personal de enfermería, técnico y administrativo que estaba en contacto con nosotros, con emoción nos refería que se trataba de un verdadero milagro, que nadie lo podía creer. Algunos médicos por su formación científica, fueron mucho más reticentes y dieron explicaciones técnicas. Sin embargo otros, calificaron su cura como sorprendente, como milagrosa.

Ignacio luego de haber estado durante tres días con su corazón detenido, muerto, volvió a latir, a resucitar, precisamente el día de San Ignacio de Loyola, el mismo día en que Jorge Eduardo, le ungiera. Más adelante nos enteramos que tres personas allegadas habían creído recibir de la Virgen María, manifestaciones en sus oraciones o en sus sueños, que Ignacio sanaría.

Ignacio, luego de tres semanas de internación en terapia intensiva, no padece de ninguna secuela. Hoy hace una vida totalmente normal. Su caso, por lo extraordinario, fue comentado en el último Congreso de Cardiología celebrado en Buenos Aires.

A esa recuperación milagrosa de su cuerpo, de la vuelta a la vida de su corazón, se produjo también la de nuestras almas. Ha renacido nuestra fe. Es que conforme le anticipáramos a Jorge Eduardo, el martes 29 de julio ante nuestra sorpresa por la cantidad de personas que rezaban por Ignacio en todo el mundo, que ante la fe de tanta gente, la solidaridad, cualquiera fuera el desenlace, pasaríamos de ser socios adherentes a plenarios, como solía decir Aníbal Coerezza.

Consideramos que hemos sido protagonistas de un milagro. Si no hubiésemos equivocado el inicio de las vacaciones, no hubiésemos regresado a tiempo para salvar a Ignacio. Si el corazón del donante no hubiese fallado y se hubiese practicado el transplante, era muy improbable que Ignacio, por el cuadro infeccioso que además padecía en esos días, hubiese podido sobrevivir.

Obviamente que sin médicos ni enfermeras, sin el certero diagnóstico, sin antibióticos ni ECMO, sin la internación hospitalaria ni la oportuna ambulancia, sin las veinticinco transfusiones, sin los cuidados que le dispensaron, no estaría hoy vivo. Pero sin la intervención de Dios, sin la fe y la oración, tampoco lo estaría.

Nosotros queremos agradecer una vez más a todos los que nos ayudaron, a los que nos acompañaron, a los que rezaron y, especialmente queremos pedir una oración por el alma de quien iba a donar su corazón y por la familia del donante que estuvo dispuesta a hacer el gesto mas grande de generosidad, que era permitir la continuidad de la vida, en otro.

Gracias, gracias, muchas gracias.