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NO SOLO UN SUEÑO SINO UNA REALIDAD

Dra. Cristina Calvo
Profesora universitaria de Ética y Desarrollo

La iniciativa de una “economía de comunión” lanzada en Brasil y de allí a todo el mundo en mayo de 1991 se comprende ubicándola en el marco del Movimiento de los Focolares, fundado por Chiara Lubich, con un carisma dedicado a la unidad, al diálogo, a la construcción de una paz con justicia. La práctica de la comunión de bienes materiales y espirituales está dentro del ADN del Movimiento desde sus orígenes en 1943 en Trento, Italia. El valor agregado que le dió Chiara Lubich en el ´91 fue, invitar a todos los que hacían de su compromiso evangélico una causa  para la transformación social, a que pasaran de una “comunión de bienes personal a una comunión de bienes a escala productiva”. De ahí que la “economía de comunión” pasa a ser una experiencia mundial, en la que participan ciudadanos, trabajadores, profesionales, estudiantes, organizaciones  y personas en situación de necesidad y, tiene como objetivo, contribuir a erradicar la pobreza mediante el compartir de bienes espirituales y materiales y el fomento de la autosostenibilidad,  a fin de crear  una economía   más justa y más humana.  “Economía  de comunión” ha evolucionado y se ha expandido por todo el mundo, alcanzando resultados palpables en estas dos últimas décadas, entre los que cabe destacar:

  • El desarrollo de una red socialmente responsable formada por empresas productivas que están dispuestas, colectivamente, a aplicar sus utilidades para facilitar el acceso a una vida digna de personas en situación de vulnerabilidad, a crear puestos de trabajo para que esa salida de la pobreza sea sostenible y a divulgar una “cultura del compartir”. La red incluye más de 800 empresas, cooperativas  y organizaciones  pequeñas y medianas, con  y  sin  fines  de  lucro,  en  más  de  50  países   presentes   en  todos  los continentes y un número mayor de organizaciones que, sin participar directamente de la red, adhieren a su espíritu y a sus valores
  • Una red de recursos financieros  que apoya,  en África, Asia, América Latina y Europa Oriental, a miles de familias  mediante: alimentos,  refugio,  asistencia  médica,  iniciativas  educativas, formación profesional y oportunidades de trabajo
  • La divulgación de   una   nueva   “cultura   del   compartir”,   ofreciendo   cientos   de ponencias  en  conferencias,  cursos  académicos  y  seminarios  internacionales sobre temas    económicos,    empresariales    y    de    desarrollo,    en    universidades de todo el mundo
  • Un modelo de desarrollo económico y social que atrajo la atención de más de 300 tesis de investigación y doctorado realizadas por jóvenes, en 14 idiomas distintos y en diversos entornos académicos.
  • La fundación y financiación del Instituto  Internacional  de la Universidad  de Sofia, cerca de Florencia  (Italia), que forma en la cultura de la comunión a jóvenes de todo el mundo.

Pero también la “economía de comunión” , fundamentalmente a través de los jóvenes, aprovecha las convocatorias internacionales para cuestionar el desigual sistema dominante en el mundo y proponer alternativas de cambio. En febrero del 2012, por ejemplo, en las reuniones del Consejo Económico Social de Naciones Unidas presentaron su experiencia testimonial y pidieron cambios concretos, mencionando entre otras cosas: “En  los últimos años el desarrollo económico ha estado drogado por un comportamiento éticamente   discutible   que pone en peligro la vida en el mundo.   El sistema económico y financiero occidental sigue siendo estructuralmente frágil y requiere nuevas reglas que le hagan recuperar sus  funciones en pro del bien común. Por ello, pedimos a los gobiernos y a los grupos de organizaciones no gubernamentales reunidos hoy:

  1. Que involucren a la sociedad  civil en el desarrollo  de políticas  que den valor a los trabajadores, incluidos los que se dedican al cuidado de los niños y a la asistencia a personas ancianas o con discapacidad.
  2. Que desincentiven las transacciones  financieras  altamente  especulativas, fomenten la transparencia fiscal y dicten impuestos justos para todas las transacciones.
  3. Que reduzcan el gasto militar.
  4. Que eliminen las barreras aduaneras para los productos de los países que respetan a los trabajadores y el medio ambiente.
  5. Que apoyen  las  políticas  e infraestructuras  que  alientan  a las  empresas a asumir responsabilidades como ciudadanos por el bien común.

La “economía de comunión” fue reconocida por el Papa Benedicto XVI en su encíclica  Caritas  in Veritate,  de 2009,  como  “una  nueva  y amplia  realidad compuesta,  que implica al sector privado y público y que no excluye el beneficio, pero lo considera instrumento para objetivos humanos y sociales”, dentro del universo de economías alternativas centradas en el bien de la persona, su comunidad y el medio ambiente. En la actualidad todos sus integrantes, según sus específicos ámbitos de actuación, participan y se comprometen en el incesante llamado del Papa Francisco a cambiar “esta economía que mata”. Para profundizar sobre estos temas existe una web muy completa www.edc-online.org desde donde también se pueden conocer sus desarrollos en Argentina. Si estas convicciones, esperanzas y compromisos  son compartidos  por muchas  personas  de todos  los continentes  y, si nuestro comportamiento cotidiano, refleja estas convicciones, la aspiración a una economía  no solo eficiente, sino también justa y fraterna, no será un simple sueño sino una realidad.

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