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NO HABÍA LUGAR PARA ELLOS

Mensaje de Navidad de los Obispos de la Región Patagonia-Comahue (diciembre de 2009)

Queridas hermanas y hermanos,

Una vez más las festividades de la Navidad nos unen en la gozosa meditación del gran amor de Dios Padre que “tanto amó al mundo que quiso enviarnos a su Hijo, para que tuviéramos vida por medio de él” (1 Jn. 4,9).

No tendría sentido hacer fiesta, comer pan dulce y brindar con sidra si no pensáramos, al menos un momento, por qué estamos haciendo fiesta y por qué intercambiamos los augurios de felicidad.

1- “No había lugar para ellos”

En la narración del nacimiento de Jesús hay una  afirmación que nos parece muy importante reflexionar. El Evangelio de S. Lucas dice que José y María, cuando llegaron a Belén, tuvieron que refugiarse en una gruta porque “NO HABÍA LUGAR PARA ELLOS” (Lc. 2,7) en el albergue de la ciudad. La triste realidad era que el mundo que había nacido de Dios Padre como un proyecto de amor para ser “casa de todos”, no hacía lugar para hospedar una mujer que estaba a punto de dar a luz.

Situación que se ha vuelto muy frecuente en la historia de la humanidad. Hoy se torna cada vez más difícil que todos “tengan un lugar”. No sólo no hay viviendas para todas las nuevas familias, en particular las más pobres que tienen que amontonarse en asentamientos inhumanos, sino también porque se multiplican los lugares donde la vida humana ya no es posible por la contaminación y la desertificación.

El drama de Belén hoy se repite. Hay quienes no tienen lugar porque se les niega el derecho a la vida antes de nacer, así como existen ancianos que sufren el desalojo y alejamiento de su propia familia. Hay familias que por la inseguridad y la violencia sufrida pierden su casa y sus bienes. Y de no tomarse en serio el cuidado del suelo, el aire y el agua muchos más quedarán sin “un lugar” para vivir. Es por eso que, en sintonía con el lema del año 2010: “SI QUIERES CULTIVAR LA PAZ, CUIDA LA CREACIÓN”,  propuesto  por Benedicto XVI, quisiéramos llamar su atención sobre el cuidado del universo  para que no transformemos este mundo en un lugar inhabitable

2- La tierra, el aire y el agua don de Dios para todos

La familia humana necesita una casa a su medida, un ambiente donde vivir sus propias relaciones. Esta casa es la tierra, el ambiente que Dios Creador nos ha dado para que lo habitemos.

El Papa Benedicto XVI nos dice: “Cuando Dios, con la creación, ha dado al hombre las llaves de la tierra, espera de él que sepa usar de este gran don haciéndolo fructificar en modo responsable y respetuoso”.

Solamente así con responsabilidad y respeto esa naturaleza que nos alberga y que hemos recibido como un don será capaz de ser la casa de nosotros y de nuestros descendientes.

Existen dos formas de relacionarse con la creación: usarla de manera respetuosa, para que nos conceda lo necesario para la vida, o explotarla de forma irresponsable, para sacarle todo lo que tiene y dejarla inservible y nociva para las futuras generaciones.

Dice Benedicto XVI: “Hoy se ha de ayudar a las personas a que sepan ver en la creación algo más que una simple fuente de riqueza o de explotación en manos del hombre”. La Creación es la casa común de todos nosotros y  de nuestros sucesores. Una casa que debemos cuidar, que no podemos explotar bajo pena de destruirla para siempre.

En la vida cotidiana cuando alguien puede llegar a tener una casa propia se esmera para hacerla habitable, trata de mejorarla cada día y no permite que alguien la arruine o destruya. Así tendría que ser nuestra relación con la naturaleza que nos cobija, tanto más para aquellos que vivimos en este rincón maravilloso del planeta: la Patagonia. Un lugar ciertamente muy codiciado por ser aún natural, por no haber sido dañado por la mano del hombre, por ser uno de los reservorios de agua dulce más importante del mundo.

Es por eso que nos preguntamos: ¿Qué intenciones pueden inspirar a ciertos proyectos que terminan transformando una naturaleza llena de vida en tierra de muerte? La explicación posible parece ser la búsqueda del lucro inmediato sin alguna preocupación por el futuro. Esta actitud no tiene en cuenta“el bien común” y  prioriza el interés de unos pocos en desmedro de las necesidades de la familia humana de hoy y  de mañana.

Constatamos que con frecuencia las empresas que obran así son multinacionales, que hacen aquí lo que no se les permite en países desarrollados o del llamado primer mundo. Generalmente al cesar sus actividades y al retirarse dejan grandes pasivos humanos y ambientales, como la desocupación, pueblos sin vida, agotamiento de algunas reservas naturales, deforestación, empobrecimiento de la agricultura y ganadería local, cráteres, cerros triturados, ríos contaminados y algunas pocas obras sociales que ya no se pueden sostener.

La pesca y la minería son actividades necesarias, nobles y dignas de ser aprobadas, siempre que se ejerzan evitando la depredación impune y la contaminación.  Hay que cultivar la tierra, sin intoxicarla y sin agotarla. Todas las actividades productivas y extractivas, deben respetar un determinado orden inscrito en las leyes y en la finalidad de la naturaleza para que no se vuelvan contra el hombre.

Debemos entonces ser consientes y estar preocupados por  las consecuencias de la actividad del hombre, sobre los frágiles equilibrios del planeta. La afirmación del Evangelio que estamos comentando, es dramática y muy triste: “no había lugar”, más dramática y triste cuando es producto del egoísmo humano y de una ausencia total de solidaridad.

3- Todos somos responsables

Frente a la situación de María y José al “no encontrar un lugar” para cuidar la vida de Jesús, queremos llamar al compromiso para que el mundo pueda ser  siempre la casa de todos. Compromiso entonces de cuidar y defender la tierra, el agua y el aire, para que sea en definitiva un “mundo habitable”, como Dios quiere (cf. Is. 45,18).

Cuidar de la creación requiere la participación responsable de todos en lo que atañe al bien común.

Invitamos a nuestros legisladores para que pongan reparo a esta situación mejorando las leyes existentes, haciendo más rigurosos los controles necesarios y estableciendo regalías e impuestos que permitan a los gobiernos provinciales y municipales pensar en la economía futura cuando las empresas hayan dejado el lugar.

Pedimos a los gobernantes que no se dejen ilusionar por las promesas y el dinero que empresas sin escrúpulos pudieran ofrecer. Que piensen políticas de estado a mediano y largo plazo apropiadas en la búsqueda de un desarrollo sustentable para las actuales y futuras generaciones.

Comprometemos a todos, y en especial a los medios de comunicación social, a incentivar la responsabilidad que nos compete a todos de cuidar el ‘eco sistema’ en función del bien común.

Exhortamos a todos los hombres y mujeres de buena voluntad  para que estén alerta y se organicen para impedir proyectos que no tengan en cuenta la preservación del medio ambiente y de la vida, que no se dejen ilusionar por beneficios inmediatos que comprometen negativamente el futuro.

Invitamos a todos los empresarios a tener en cuenta la responsabilidad social de sus emprendimientos, la explotación de los recursos naturales tiene una hipoteca social.

Alentamos a cada familia, y al mundo de la educación, que siembren en las nuevas generaciones un estilo de vida marcado por la sobriedad y austeridad solidaria, como camino seguro para que el planeta sea siempre “casa para todos”.

Valoramos a todos aquellos, especialmente a los pueblos originarios, que consideran a la tierra como madre, fuente de vida y casa común, y los alentamos a promover esta verdad en los demás.

  1. Imploremos la gracia de la Navidad.

Pedimos al Señor, por intercesión de María que buscaba albergue para dar a luz a su Niño, para que todas las mujeres y los hombres, especialmente los más pobres, puedan encontrar un lugar digno en el mundo, y que el nuevo año nos encuentre comprometidos viviendo el lema de la jornada mundial de la paz que nos propone el Papa: “Si quieres cultivar la paz, cuida la creación”.

Los Obispos de la Región patagónica muy fraternalmente compartimos con ustedes y sus familias la alegría del Nacimiento del Salvador, y  el compromiso que su presencia suscita  de hacer de nuestro suelo y de nuestra historia un lugar feliz, de bendición, de gracia y de progreso sustentable para todos.

Les damos nuestra afectuosa bendición personal en estas fiestas de Navidad y del Nuevo Año del Bicentenario de nuestro camino como Nación Argentina.

Rezamos por ustedes, recen por nosotros.

Mons. Marcelo Melani, sdbobispo de Neuquén
Mons. Néstor Hugo Navarro, obispo de Alto Valle
Mons. Esteban Laxague, sdbobispo de Viedma
Mons. Fernando Maletti, obispo de San Carlos de Bariloche
Mons. José Slaby, cssrobispo Prelado de Esquel
Mons. Virgino Bressanelli, scjobispo de Comodoro Rivadavia
Mons. Juan Carlos Romanín, sdbobispo de Río Gallegos