medioambiente

MEDIOAMBIENTE, ÉTICA Y ECONOMÍA

Matias F. Argarate
Exalumno del colegio y miembro de la Comunidad San Gabriel

 

A propósito de la Carta Encíclica Laudato Sí del Papa Francisco sobre el cuidado de la casa común

Muy a menudo tomamos conocimiento a traves de los medios de comunicación de innumerables situaciones o prácticas que producen un daño a nuestro medio ambiente, ya sea por actos individuales de los seres humanos o producto de la actividad industrial que llevan a cabo las empresas.

Son factores determinantes de las prácticas que ocasionan el impacto negativo o contaminación ambiental, entre otros, el incremento sostenido de los niveles de industrialización, muchas veces empujado por el capitalismo, sumado al afán de las empresas de obtener ingresos a costas del agotamiento o contaminación de recursos no renovables. Muchos de estos recursos naturales son vitales para el desarrollo de los seres vivos y sobre todo para asegurar el desarrollo sustentable de las generaciones futuras.

El impacto negativo de dichas prácticas en nuestro planeta nos lleva a reflexionar acerca del cuidado de nuestro hogar, entendido como el lugar común de todos los seres que habitamos el planeta Tierra. Ese es el desafío que el Papa Francisco nos plantea como cristianos a través de esta encíclica papal, en búsqueda de un desarrollo sostenible e integral para garantizar la protección del hogar común que compartimos, y del que también tienen derecho a gozar nuestros hijos, nietos y las generaciones futuras de la humanidad y el resto de los seres vivos con quien Dios ha dispuesto que compartamos este hogar común.

Debemos tomar conciencia de que muchos esfuerzos para solucionar la crisis ambiental lamentablemente se ven frustrados no solo por el rechazo de los poderosos sino también por la falta de interés de los demás. Las actitudes que obstruyen los caminos de solución van de la negación del problema a la indiferencia, la resignación cómoda o la confianza ciega en las soluciones técnicas.[1] A su vez, la falta de conocimiento e instrucción sobre esta problemática dificulta la toma de conciencia de la magnitud del daño que se le está causando a nuestro planeta. Debemos reflexionar también en relación a estos aspectos, convenciéndonos que, si bien no todos serán parte del problema, necesitamos de todos para formar parte de la solución a nuestro medio ambiente.

Son múltiples las formas y vías de contaminación de nuestro planeta, las cuales en honor a la brevedad, no podré describir en detalle porque que exceden el alcance y objetivo de este breve artículo. De todas maneras, a modo ejemplificativo, paso a mencionar algunas prácticas no sustentables que causan un impacto negativo en el ambiente y los seres vivos; sin que su mención implique darle mayor trascendencia o atribuirles mayor gravedad que a otros omitidos en el presente. El caso de la contaminación de nuestra atmósfera por generación o acumulación de sustancias diversas, como gases o fluidos y otros desechos en general, que afectan diariamente a los seres vivos que se ven expuestos. Esta exposición causa gran cantidad de enfermedades de diversa índole, por ejemplo, por inhalación de humo de las industrias o contacto directo con dichas sustancias. Entre otros, depósitos de sustancias, fertilizantes, insecticidas, fungicidas, controladores de malezas y agrotóxicos en general, tanto los residuos industriales como los productos químicos utilizados en las ciudades y en el agro pueden producir efectos irreversibles para la salud de los seres vivos.[2]

A su vez, algunos problemas de contaminación están ligados también a la cultura del descarte, que afecta tanto a los seres humanos excluidos como a las cosas que rápidamente convertimos o se convierten en basura. A modo de ejemplo, la mayor parte del papel producido es descartado sin ser sometido a un proceso de reciclado. Gran parte de los sistemas industriales no han implementado modelos de producción, distribución y comercialización que garanticen recursos para todos, ricos y pobres, y a su vez para las generaciones futuras. Para ello debieran ser implementadas decisiones a nivel gobal para restringir el uso de los recursos no renovables, moderando el consumo a niveles sustentables, haciendo más eficientes los productos, y también contemplando la posibilidad de reciclarlos y reutilizarlos.

El clima es otro bien común de esta Tierra que establece condiciones esenciales para la vida humana. La contaminación de nuestro planeta además de dañar en forma directa a sus habitantes también genera modificaciones en las condiciones climáticas de distintos ecosistemas que terminan siendo perjudiales para los seres vivos. Hay consenso indiscutido a nivel global respecto a que nuestro planeta Tierra está en una situación muy preocupante debido a los niveles de calentamiento cada vez más elevados del sistema climático. Son señal de ello el nivel elevado del mar por reducción de glaciares, entre otros factores, y los innumerables eventos meteorológicos extremos sucedidos durante las últimas décadas.

Las reacciones de los países más industrializados, principales responsables de las emisiones desmedidas que ocasionan los desajustes del sistema climático salvo excepciones, han sido lo suficientemente débiles como para consentir que nada cambie; o que el cambio siga siendo rentable desde el punto de vista económico y financiero pero que siga dando pérdida desde la perspectiva ambiental. Dice nuestro Papa Francisco que “nunca hemos maltratado y lastimado nuestra casa común como en los últimos dos siglos”.[3] Francisco nos convoca a construir liderazgos necesarios para marcar el camino del cambio cultural ambiental y ético, que busquen atender las necesidades de las generaciones actuales con inclusión de todos, sin perjudicar a las generaciones futuras.

La idea de un crecimiento económico infinito e ilimitado supone la falacia de la disponibilidad eterna de los bienes del planeta que, según Francisco, lleva a exprimirlo mas allá de sus límites. Esa concepción económica es éticamente incorrecta ya que parte de la premisa falsa de que existe “una cantidad ilimitada de energía y de recursos utilizables, que su regeneración inmediata es posible y que los efecos negativos de las manipulaciones de la naturaleza pueden ser fácilmente absorbidos”.[4]

Sería un error grosero intentar que el cambio de cultura ecológica necesario sea reducido simplemente a respuestas y soluciones reactivas a una serie de eventos y problemas que se suscitan en torno a la degradación del ambiente, al agotamiento de las reservas naturales y a la contaminación. Nuevamente Francisco nos pide una mirada distinta,  políticas y hasta un estilo de vida, “que conformen una resistencia ante el avance del paradigma tecnocrático.”[5] La tierra que recibimos pertenece también a los que vendrán, dice Francisco. Desde una perpectiva de ecología integral, se la debe considerar como un préstamo que recibe cada generación y que debe transmitir a las generaciones futuras.[6]

Hay diversas opiniones respecto a las posibles soluciones de los problemas y daños ambientales a nuestro planeta. Mientras algunos sostienen el mito del progreso para justificar el daño, considerando que los desajustes ambientales serán solucionados mediante nuevas aplicaciones técnicas, en el otro extremo otros ven al ser humano como una amenaza ante cualquier interacción con el ecosistema mundial. Entre ambas posturas radicales, Francisco nos propone el desafío de identificar posibles escenarios futuros para debatir respuestas integrales, ya que no hay un único camino de solución. Hay que apuntar a ampliar la mirada para orientar la técnica al servicio de otro tipo de progreso más sano, más humano, más social, más integral. [7]

Es necesario que los Estados en forma mancomunada implementen nuevos modelos de progreso económico y social, y para eso se requiere modificar el modelo de desarrollo a nivel mundial. Esto implica una reflexión para repensar la finalidad de la economía, y así poder corregir sus distorsiones y disfunciones.[8] Históricamente la mayoría de las empresas han buscado alcanzar el principio de maximización de la ganancia, calculando y pagando una parte ínfima de los costos, sin interesarse demasiado por la escases futura de los recursos naturales o el menoscabo al ambiente. Benedico XVI ha dicho al respecto que solo podría considerarse ético un comportamiento en el cual “los costos económicos y sociales que se derivan del uso de los recursos ambientales comunes se reconozcan de manera transparente y sean asumidos totalmente por aquellos que se benefician, y no por otros o por las futuras generaciones.”[9]

Como habitantes de esta Tierra, el cambio de paradigma es forzoso e indispensable para poder generar y fomentar desarrollos sustantables que tiendan al cuidado de nuestra casa común y a exigir de manera firme una responsabilidad social del empresariado y grupos de poder en general. Tengamos en cuenta que el cambio también depende de nosotros mismos, por más insignificante que pueda parecer, desde el lugar que nos toque en la comunidad, comenzando por el ejemplo en nuestros hogares, ante nuestros hijos, ya que el primer paso es sembrar conciencia pregonando con el ejemplo. No obstante ello, el cambio individual no alcanza por sí para modificar el paradigma cultural ambiental a nivel global.

Para generar y poder plasmar un cambio contundente, duradero, que implique un compromiso internacional de las mayores potencias (y generadores de contaminación) del mundo, es indispensable celebrar acuerdos internacionales que se cumplan, ya que las naciones en forma aislada no pueden intervenir de manera eficaz. Se deben generar marcos regulatorios globales que impongan obligaciones de manera uniforme y prohíban acciones inaceptables.[10]

Al parecer, las principales potencias del mundo están empezando a tomar lentamente pero cada vez más en serio la problemática ambiental. Una muestra de ello, son las medidas adoptadas en el marco de la reciente Conferencia de Naciones Unidas sobre Cambio Climático que tuvo lugar en París durante los meses de noviembre y diciembre de 2015[11], y fue coronada con la firma del Acuerdo de París.[12] Este acuerdo refleja fuertes señales de avance en materia de compromiso global ambiental por parte de las grandes naciones del mundo firmantes, las que reconocen que el cambio climático representa una amenaza urgente y potencialmente irreversible para la Humanidad y el Planeta.

Es importante destacar que el acuerdo reconoce una responsabilidad compartida pero diferenciada de los Estados, en función de las capacidades respectivas y de los contextos nacionales diferentes. En concreto, toma en consideración el nivel de desarrollo y las necesidades específicas de los países especialmente vulnerables. Además de los compromisos financieros, los países industrializados deberán facilitar las transferencias de tecnología y, de forma más amplia, la adaptación a una economía descarbonizada.[13]

Uno de los principales objetivos de dicha Cumbre fue profundizar medidas de protección en materia de niveles de emisión de gases de efecto invernadero tendientes a acelerar su reducción. La reducción de los niveles de emisión es vital para contener el aumento de las temperaturas de nuestro planeta. Por eso, el eje del acuerdo se centró en la implementación de medidas para contener el aumento de la temperatura media muy por debajo de los 2° C con respecto a los niveles preindustriales y continuar con las actuaciones llevadas a cabo para limitar el aumento de la temperatura a 1,5° C.[14]

Es importante destacar que el Acuerdo de París ha sido celebrado con la participacion adicional de algunas naciones que hasta ahora se habían mostrado renuentes a reducir sus parámetros de emisión de gases.[15] Ello debido justamente al lobby que ejercen las industrias y los grupos de poder, aferrados a mantener o aumentar su rentabilidad a cualquier precio. Es la primera vez que se logra un acuerdo universal exigible sobre lucha contra el cambio climático.

Esperemos que finalmente soplen vientos de cambio y se encienda una luz de esperanza en materia ambiental en pos del cuidado sustentable de nuestra Casa Común. Tengamos fe.

2Y0A6073

[1] Francisco, Carta Encíclica Laudato si, sobre el cuidado de la casa común. 16, 2015

[2] Ibis,  20 y 21.

[3] Ibis, 37.

[4] Consejo Pontificio Justicia y Paz, Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, 462.

[5] Francisco, Carta Encíclica Laudato si, sobre el cuidado de la casa común. Pag. 71, 2015.

[6] conferencia episcopal Portuguesa, carta pastoral responsabilidade solidaria pelo bem comun, 15/09/03, 20.

[7] Ibis, 72.

[8] Ibis, 114.

[9] Benedicto XVI, Carta enc. Caritas in veritate, 29/06/09, 50:AAS 101 (2009), 686

[10] Ibis, 104.

[11] United Nations. Framework Convention on Climate Change, Paris, Nov. Dic. 2015.

[12] Paris Agreement, Diciembre 12, 2015, https://unfccc.int/resource/docs/2015/cop21/eng/l09r01.pdf

[13] http://www.diplomatie.gouv.fr/es/asuntos-globales/clima/paris-2015-cop21/cop21-el-acuerdo-de-paris-en-cuatro-puntos-clave/article/cop21-el-acuerdo-de-paris-en-cuatro-puntos-clave-un-avance-historico-para-el

[14] Ibis 13.

[15] Los 195 Estados Partes en la negociación se han comprometido a formular estrategias de desarrollo bajas en emisiones de gases de efecto invernadero a largo plazo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *