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ECOLOGÍA, ÉTICA Y ECONOMÍA

Venimos de experiencias personales y colectivas cargadas de dualismos, desencuentros, desarticulaciones: cuerpo – alma, afuera – adentro, humano – cristiano, material – espiritual, fe – razón, naturaleza – técnica, economía – ética, peronismo – anti peronismo, pueblo – cultura y podríamos continuar con una lista no pequeña de enfrentamientos entre cuestiones fundamentales que nos han marcado, herido, enfrentado en la historia pasada y reciente y que si no intentamos cambiar con urgencia el paradigma existencial y social, seguirán ejerciendo entre nosotros una fuerza devastadora que se expresará en un mundo cada vez más roto.

Todos intuimos que se debe cambiar con decisión y celeridad, pero sabemos que los cambios profundos necesitan tiempo y además argumentos sólidos, porque los simplistas, lejos de deshacer el fenómeno de disolución, lo acrecientan.

Creemos que en este sentido la Encíclica del Papa Francisco Laudato Si´, Sobre el cuidado de la casa común, es un instrumento necesario para comenzar en cada uno de nosotros, en nuestras comunidades pequeñas como la familia, los grupos de trabajo, el vecindario, el colegio, la parroquia y también la comunidad grande, la Nación, a comenzar decíamos, la renovación de las razones y de los fundamentos con los que nos paramos frente a la realidad.

Si seguimos disociando todo lo que en la realidad está unido de manera articulada y complementaria, sepamos que el futuro será de enfrentamientos cada vez más crudos y estériles y la casa común se irá deshaciendo no tan lentamente.

El Papa Francisco inspirado en el Santo de la Fraternidad con todas las creaturas, Francisco de Asís, nos propone ir hacia el cuidado de lo que es débil y una ecología integral.

No quiero desarrollar esta encíclica sin acudir a un modelo bello que puede motivarnos. Tomé su nombre como guía y como inspiración en el momento de mi elección como Obispo de Roma. Creo que Francisco es el ejemplo por ex­celencia del cuidado de lo que es débil y de una ecología integral, vivida con alegría y autenticidad. Es el santo patrono de todos los que estudian y trabajan en torno a la ecología, amado también por muchos que no son cristianos. Él manifestó una atención particular hacia la creación de Dios y hacia los más pobres y abandonados. Amaba y era amado por su alegría, su entrega generosa, su corazón universal. Era un místico y un peregrino que vivía con simplicidad y en una maravillosa armonía con Dios, con los otros, con la naturale­za y consigo mismo. En Él se advierte hasta qué punto son inseparables la preocupación por la naturaleza, la justicia con los pobres, el compro­miso con la sociedad y la paz interior. LAUDATO SÍ n° 10.

En esta revista, deseamos entonces tomar este desafío y darnos el gusto de pensar de una manera nueva toda las realidades, de manera más integral y con mayor armonía.

Es más, nos parece que unir ecología -ética -economía, significa despertar entre nosotros no solo una manera de ver o de pensar, sino y fundamentalmente, una manera de vivir.

Esta visión nos llena de esperanza y nos alejamos decididamente del pesimismo que muchas veces nos habita. La esperanza es realista y activa porque asume la realidad tal cual es, sin disfrazarla, y se afirma en el ser humano que aunque herido por el pecado tiene por gracia de Dios una enorme capacidad de bien, de hacer el bien y puede hacer transformaciones formidables en los mismo lugares que su acción ha generados caos.

La cercanía de la Pascua, le da a los planteos que aquí se hacen, una fuerza y una luz particular, porque la fuerza del Señor Resucitado es capaz de renovar todas las cosas.

Tratando de ser coherentes con el planteo que venimos haciendo, estamos muy agradecidos por la participación generosa de un rabino y un imán, que nos acercan el pensamiento sabio y valioso de la comunidad judía e islámica.

Mucho agradecemos también a los otros colaboradores que mucho nos ayudan a seguir creciendo en la búsqueda de un modo de ser cristiano, más abiertos al Bueno y Misericordioso Padre  Dios,  a los otros, verdaderos hermanos en el camino de la vida y al mundo, nuestra casa común.

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