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LA MISERICORDIA -Walter Kasper

Por Prof. Luis Pérez Bahamonde. Presidente del Centro de Estudios Bíblicos Ecuménicos para Laicos (CEDEBEL)

CLAVE DEL EVANGELIO Y DE LA VIDA CRISTIANA

“Si no somos capaces de anunciar de forma nueva el mensaje de la misericordia divina a las personas que padecen aflicción corporal y espiritual, deberíamos callar sobre Dios. Después de las terribles experiencias vividas en el siglo XX y en el todavía incipiente siglo XXI, la pregunta por la compasión de Dios y por las personas compasivas es hoy más acuciante que nunca…”

Esta  grave declaración  del cardenal Kasper  en el prólogo mismo de su obra  justifica el trabajo   que este  reconocido teólogo, amigo personal del papa Francisco, pone hoy en nuestras manos. Poco que decir de una figura que en estos últimos tiempos está, por uno u otro motivo, en las primeras páginas de  los informativos eclesiales. Teólogo de larga y reconocida trayectoria,  ha tenido  recientemente una participación destacada en el sínodo que se acaba de celebrar en Roma alentando con su  opúsculo  el “Evangelio de la Familia” y la presente obra de la Misericordia, una mirada más humana y compasiva  en  torno al  complejo problema del matrimonio y de la familia en el mundo actual.

La obra que ahora paso a comentar  es de data reciente. El cardenal Kasper la publicó en el 2012 y  ese mismo año los lectores de habla hispana pudieron disfrutar su lectura a través de la editorial Sal Terrae, en su colección Presencia teológica. La razón inmediata de su aparición, como señala en el prólogo,  fue la constatación de que “la misericordia, tan fundamental en la Biblia, o bien ha caído en gran medida en el olvido en la teología sistemática, o bien es tratada solo de forma muy negligente”

Con este fin  ofrece en  nueve nutridos  apartados  una  rica  y oportuna reflexión  sobre la MISERICORDIA, atributo de Dios que él tiene por principal y que, por distintas razones, había caído un tanto en el olvido.

En el primer apartado –  La misericordia: un  tema actual, pero olvidado – Kasper  pone de relieve que la crisis de Dios  surgida a partir de la siempre difícil cuestión del sufrimiento y el mal no tiene solución en tanto no se abran nuevas pistas de reflexión. La sola razón o el simple fideísmo no podrán responder a las inquietudes del corazón humano en búsqueda incansable de sentido. La clave para hallar una respuesta adecuada  depende de  una reflexión  teológica que ponga en primer plano la misericordia de Dios. “En una situación – dice el autor – en la que muchos de nuestros contemporáneos se sienten desalentados, desesperanzados y desorientados, el mensaje de la misericordia divina debería hacerse valer en cuanto mensaje de confianza y esperanzas…”

Motivado por tal desafío, en el segundo apartado – Aproximaciones – el autor partiendo de la filosofía y de las religiones,  se ocupa del  término misericordia, de su origen etimológico  y también del contenido. Misericordia, del latín,  quiere decir “tener el corazón (cors) con los pobres (miseri), sentir afecto por los pobres… La misericordia denota la actitud de quien trasciende el egoísmo  y no tiene el corazón cabe sí, sino orientado hacia los demás…” A este nivel, dice Kasper, la misericordia, en contra de lo que muchos pensaban, es la virtud de los fuertes y no sentimentalismo barato de simples y débiles. Más aún,  la misericordia,   encarnada en la regla de oro que reza: “No hagas al otro lo que  no quieras para ti”, es patrimonio común de todas las religiones. Una regla, claro está, que cada religión adecúa a su realidad histórica y cultural.

Ahora bien, como cristianos, nosotros, si queremos alcanzar una comprensión integral de la misericordia  tenemos que acudir a la fuente: la Biblia. Partiendo del Antiguo Testamento – es la razón del tercer apartado – Kasper  asume el desafío de indagar  en sus páginas  el verdadero contenido de la misericordia.  (Digo lo de “desafío” porque él sabe muy bien que todavía hoy son muchos los cristianos que tienen  por “vengativo e iracundo” al Dios del A.T. Sin embargo resuelve el entuerto  remitiéndose  “al proceso de la progresiva transformación crítica de la idea de Dios dentro del A.T”. Es decir, en las páginas de estos libros no se encuentran “definiciones” sino descripciones progresivas  de Dios. Para las definiciones tenemos que esperar al N.T en la persona de Jesucristo…) Partiendo de la etimología bíblica de la misericordia, afirma:   “Es significativo  que el A.T conozca para la compasión y la misericordia el término RAHAMIN, palabra que deriva de REHEM, que denota el seno materno. También puede aludirse a las entrañas de la persona…” Por consiguiente, el término ya resulta elocuente si tenemos presente que el “útero” es el órgano femenino por antonomasia y cuya peculiaridad consiste en “ensancharse”  para dar cabida a lo diferente. Después, cuando ha alcanzado su punto culminante, la madurez, lo expulsa para que prosiga el proceso de crecimiento.  Por misericordia, a tenor de su etimología, ha de entenderse la capacidad de Dios de ensancharse, distenderse para acogernos a nosotros como somos, con nuestras virtudes y defectos. Lo contrario, sería la rigidez, la severidad, la inflexibilidad de un dios que, atento a su dignidad y honor, castiga y destruye a quienes infringen sus mandamientos. Y no se detiene ahí el alcance semántico de la misericordia. Kasper  cree que el término más importante para la comprensión de la misericordia es este otro: HESED,  que hace presente la benevolencia inesperada e inmerecida  de un superior que se inclina hacia el inferior como bien dice nuestro autor  en estas palabras: “ El hecho de que el Dios omnipotente y santo asuma la menesterosa situación en la que el ser humano se ha colocado a sí mismo, de que perciba la miseria del ser humano pobre y desdichado, de que escuche su queja, de que se inclina y humille, de que descienda para estar junto al hombre en su necesidad y lo vuelva a acoger  una y otra vez a despecho de su infidelidad, lo perdone y le brinde una nueva oportunidad, aunque más bien merecía el justo castigo, todo ello rebasa las experiencias  y expectativas normales, va más allá de la imaginación y el pensamientos humanos…”

Y así, tomando como punto de partida,  la terminología bíblica de la misericordia (rehem y hesed)  recorre Kasper, en apretada síntesis, los principales hitos de la historia del  pueblo de Israel comenzando por  las primeras páginas del Génesis que son  parábola de este pueblo y de toda la humanidad. Frente a la trasgresión y el caos del inicio,  Dios no actúa como “justo” Señor sino que se conduce con “misericordia” hacia el hombre y la humanidad caída. Esta misma misericordia se hace patente en el trascendental episodio del Éxódo. Dios se revela   a Moisés como Yavhe. Y no lo olvidemos, en hebreo se trata de la tercera persona  singular del verbo Ser. Por consiguiente, no es un sustantivo, por sí mismo estático; es un verbo, por lo tanto acción. Yavhé es el Dios que se revela actuando, interviniendo en la historia. Como bien dice Kasper,  “el ser de Dios es existencia para su pueblo y con su pueblo…, el ser de Dios es ser-para-su-pueblo…” Así lo expresa el salmo 86,5: “Porque tú Dios mío, eres bueno y perdonas, eres MISERIDORDIOSO  con los que te invocan.”

Como era de esperar este mensaje de la misericordia de Dios se hace historia en la persona de JESUCRISTO.  Desde el inicio – los relatos de la Infancia – Jesús se convierte  en evangelio, anuncio de la  compasión del Padre-Dios. Después,  la vida pública, en los tres evangelistas – Marcos, Lucas y Mateo – se abre justamente con el programa de la misericordia de Dios. “Ciegos recobran la vista, cojos caminan, leprosos quedan limpios, sordos oyen, muertos resucitan, pobres reciben la buena noticia…” (Mt. 11,5) “Año de gracia del Señor…”, señala Lucas al final de la intervención de Jesús en Nazaret. (Lc. 4, 16-30) Esa misma misericordia brilla, sin duda, en la misma designación de Dios como “Abba”, es decir, padre-madre. Un título que, por lo demás, sobresale en el evangelio de San Juan.  Y qué no decir del mensaje de las parábolas; todas ellas encarnan la misericordia de Dios-Abba  traducido en perdón y acogida hacia los alejados, los perdidos, publicanos  y pecadores, un colectivo despreciado por “los buenos”, los que se ajustaban al cumplimiento  de la Toráh.

Jesús, en suma,  encarna la misericordia de Dios-Padre a través de su PRO-EXISTENCIA, es decir, viviendo en favor y para los otros, para los hombres hasta  su culminación en la Cruz. Porque la cruz, dirá Kasper, es signo de la misericordia del padre, de su capacidad para ensancharse a fin de acoger a todos los hombres, justos y pecadores.  “En la cruz  Dios se adentra incluso en lo contrario de sí mismo, echa la muerte sobre sí y se somete a las potencias de la muerte… De ahí que  la muerte de Jesús en la cruz sea la muerte de la muerte, el triunfo de la vida…”

Los cinco restantes apartados de la obra se pueden condensar en estas palabras del autor: “El amor, que se demuestra en la misericordia, puede y debe convertirse en fundamento de una nueva cultura de la vida, de la Iglesia y de la sociedad”.  En cada uno de ellos va desgranando Kasper  cual sea la importancia de la misericordia para el buen desempeño de las instituciones mencionadas. La misericordia (esto no lo dice el autor, pero se puede concluir) es el lubricante  esencial para que las piezas  de tan complejas maquinarias no salten por los aires.

Por mi parte, solo me resta, invitar a los lectores de esta reseña a la lectura  completa  del hermoso y oportunísimo libro del cardenal Kasper  que, en mi opinión, ha de contribuir a mejorar nuestra relación con Dios. Porque, y esta es una verdad que no admite duda,  muchos cristianos aunque no lo expresen claramente, dudan de la misericordia de Dios; para ellos tienen más relieve la justicia, lo penal, el castigo y no la misericordia.

 

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