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ESTUVE PRESO Y ME VINISTE A VER

Por Padre Juan Ignacio Pandolfini. Sacerdote de la Diócesis de San Isidro

“¿Por qué venís?” ¿Por qué vas?” Son dos preguntas que frecuentemente nos hacen cuando estamos en la cárcel o contamos lo que hacemos desde el Equipo de Pastoral Carcelaria. Hay, decimos entre nosotros, miles de razones para no ir y una sola para ir: “Estuve preso y me viniste a ver…”.

Si le pongo solo el corazón, las ganas, la confianza en que algo va a cambiar, por nuestra presencia en la cárcel, literalmente: “me la doy contra la pared”. El amor al prójimo que no acompañando por el acto de fe en estas palabras de Jesús, no se sostiene… hay que demostrar la fe con la caridad, dice el Apóstol Santiago, pero no es menos verdad que en estas realidades, la fe sostiene a la caridad. Una fe profunda en el misterio de la persona que está privada de su libertad te permite permanecer con muchas preguntas que finalmente se condensa en esta: ¿Por qué voy?

A los que empezamos a ir a la cárcel rápidamente nos aconsejan no preguntar el motivo que hizo que esté procesado o condenado. Y estoy totalmente de acuerdo con este criterio. Con los años uno comienza a darse cuenta que esa pregunta uno la escucha de parte del que está preso: “¿por qué estás acá?” Es la misma pregunta pero que viene inesperadamente del “otro lado” y esperan una respuesta que los haga salir muchas veces de una desconfianza que fue haciéndose el único modo de defensa para de ellos/as.

¡Qué alegría cuando vimos a Francisco en su primera Semana Santa, ir a un penal y compartir la celebración de la Última Cena con varones y mujeres! Verlo agachado lavando sus pies nos confirmó en este camino. Si su gesto nos conmovió, sus palabras nos llenaron de entusiasmo para permanecer en este lugar pensado como único recurso punitivo de una sociedad que no quiere hacerse cargo de lo que ella misma provoca.

Cuando nace la pregunta ¿por qué venís?, respiro tranquilo, porque me doy cuenta de que entre los que estamos en ese momento, se hace presente Otro que prometió su Presencia cuando haya dos o tres reunidos en su Nombre (Mt 18,20).