8

NOSOTROS QUEREMOS CAMBIAR EL MUNDO

Por Sandra M. Almeyda. Lic. en Relaciones Internacionales. Magíster en Derechos Humanos

Entrevista a Juan Carr, fundador de la Red Solidaria y exalumno de San Gabriel

Sábado por la mañana en un café de Vicente López, instalados en la “mesa de Juan”, donde se reúne habitualmente con personas de diversas instituciones, voluntarios y amigos, para intentar dar solución a problemas apremiantes de variada índole: catástrofes naturales, personas perdidas, o que esperan un órgano para trasplante.

Damos inicio a la conversación y a medida que responde las preguntas, en forma simultánea pone a cargar la batería de su teléfono celular; saluda a varias personas que entran y salen del café, una le dice que tiene un colchón para donar; contesta mensajes que le entran en el chat; opina en twitter. Y todo esto, con absoluta naturalidad y dando muestra de ser un verdadero “tecno-sapiens”.

Como si esto fuera poco, durante la entrevista mantiene diálogo con un sacerdote de Nueva York por un tema de inmigrantes; con un profesor de la Universidad de La Plata porque se perdió una joven de 19 años; con Gustavo Béliz; con Adrián Suar y con varios scouts para lanzar una nueva aplicación de alerta solidaria.

¿Cómo definís la tarea que desarrollás?

No sé bien cómo definirme, porque lo que me obsesiona es cambiar la realidad. Al que sufre le pregunto qué necesita y veo cómo ayudarlo. Hace 21 años que estamos haciendo esto. Desde el inicio en la Red Solidaria, nosotros queremos cambiar el mundo. Esto va desde algo tan simple como salvar un árbol autóctono que está en riesgo de perecer, hasta colaborar con un señor en China, a quien le 11755885_1023820950984758_6180256874359030483_nrobaron su hijo y está recorriendo el país con su camioneta para encontrarlo. También si hay un terremoto en Irán, enviamos desde España o Francia 100 frazadas. El viernes a la noche hicimos una cena para personas en situación de calle, con la colaboración de los hermanos Petersen que prepararon el menú y además, comieron acompañados por un cuarteto de cuerdas. En agosto, ante la catástrofe de las inundaciones en la Provincia de Buenos Aires, enviamos 75 camiones con ropa y pañales para tres meses.

¿Qué hay de aquella “revolución solidaria”?

Sigue intacta. Si una persona que vive en la calle tiene frío, la abrigo y después hay que sostenerla y acompañarla hasta donde se puede. Hoy desde Mundo Invisible, trabajamos en la última etapa de una Cultura Solidaria en Movimiento: es una herramienta para aquellos que necesitan expresar su necesidad, su urgencia, su soledad, o sencillamente su deseo, y conectarlos con todos los que estén dispuestos a emprender un camino hacia ellos. Desde ahí generamos campañas de comunicación masiva a través de profesionales de la comunicación, que actúan en comunión con numerosas empresas, organizaciones sociales, docentes, artistas, científicos, trabajadores y gobiernos. Nuestro desafío es dar visibilidad a los postergados, los enfermos, los que duermen en la calle, los que esperan un trasplante, las personas perdidas, las que carecen de acceso a tecnología médica excepcional, o deben enfrentar las consecuencias de una catástrofe natural. Son los que esperan una oportunidad. Son los que necesitan de nuestro compromiso. Nuestro twitter de HambreCero tiene 4,5 puntos de “raiting” en las redes sociales, eso implica un nivel de difusión enorme.

¿El compromiso social es un modo de hacer política?

Sin duda. Por ejemplo, es conmovedor ver que nosotros lanzamos que en la Ciudad de Buenos Aires se perdió un niño y el Gobierno de la Ciudad pone una línea telefónica, para que la población que cuente con alguna información, pueda comunicarla rápidamente. Hicimos un WhatsApp solidario para disparar una alerta solidaria cuando se pierde una persona. Estamos conectados con iglesias, municipios, bomberos, scouts. Ya está en marcha, lo que queremos es que el país se entere de lo que pasa. La comunidad tiene que saber qué pasa. Contamos con 5.500 voluntarios digitales que replican y difunden. Seguro que esta tarea conlleva a instalar temáticas en la agenda pública. Nosotros articulamos con los Macri de Ciudad y del Municipio, con Massa en Tigre, con Universidades, con clubes de fútbol, trabajamos en red con todos los sectores y ámbitos de la sociedad. El993302_618621254838065_931462222_n aumento de la concientización en la sociedad genera cambios espectaculares: hace 10 años se hacía un trasplante cada 3 semanas y el 30% salía bien; hoy se hace 1 cada 3 días y el 70% sale bien. Colaboramos con las Madres del Dolor, que trabajan para evitar muertes por accidentes de tránsito. Hace 10 años morían entre 20 y 22 personas por día por estos accidentes, hoy la cifra bajó a 10. Por eso es necesario hacer campañas de concientización a la población en general y también a los políticos y políticas, para la toma de decisiones.


¿De qué modo pensás que incidís con tu tarea en las políticas públicas?

Depende del día, de la hora y del lugar. Hoy incidimos más que hace 21 años. Mi generación es la que gobierna hoy, la que tiene el poder, tanto desde lo privado como desde lo público. Nosotros hemos contribuido con temáticas como la donación de sangre, de médula ósea, de trasplantes, de chicos perdidos, de trata de personas, de suicidios, de soledad, de tránsito, de autismo, de enfermedades raras.

Algunas personas temen hacer política desde la sociedad civil ¿por qué pensás que la política tiene mala prensa?

En mi opinión, la política no tiene mala prensa. Mirá, los 90 fueron débiles en participación social, sabíamos que se venía una crisis y pensamos que la solidaridad crecería y que la sociedad civil iba a generar nuevos líderes en los partidos políticos. Eso todavía no sucedió. A algunos políticos los admiro, otros son un desastre. Hay gente en la política que trabaja heroicamente. Pero la solidaridad sigue lejos de la política y eso es preocupante. Porque hay que tener en cuenta que lo que cambia la realidad no es la solidaridad, sino la política y ese es el puente que aún falta construir. En lo personal, tengo relación permanente con la política y los políticos. La gente en la calle me felicita porque no me meto en política y eso me parece tremendo. La clase media está enojada con la política.

¿Cuáles serían las líneas de política pública que habría que impulsar?

Sin duda falta profundizar en varias líneas. Algunas de ellas: enfermedades raras como la esclerosis múltiple, utilización del cinturón de seguridad, incrementar la realización de tests de alcoholemia, falta de donantes de sangre, donación de órganos. Nosotros hemos identificado 81 temáticas en las que hay mucho por hacer aún.

¿Cómo ves la acción colectiva en Argentina?

La acción colectiva en Argentina crece, mejora, fue variando durante el curso de la Historia. En 1810 fue muy fuerte y conmovedora; también en la época de Rosas; durante la Generación del 80, que hubo una gran movilización ciudadana; con la fundación de la Unión Cívica Radical; con Yrigoyen, se reforzó con la Ley Sáenz Peña; disminuyó con las dictaduras; reaparece fuerte con Perón y el gremialismo; con Illia; con Alfonsín; se desinfla en los 90 y se multiplica con la crisis del 2001. Hoy en día sigue creciendo, el compromiso cada vez dura más tiempo y pienso que esto depende de la educación, de los lugares donde se forman los jóvenes y de la importancia que tenga la cultura solidaria desde las instituciones educativas.

¿Sabiendo que sos un optimista, qué mensaje le darías a las personas que se quejan siempre porque dicen que en Argentina está todo mal?

Les diría ante todo que respeto su opinión, cada uno tiene derecho a manifestar lo que le parece. Lo que compartiría es que si a ese que está enojado, lo viera su abuelo, su bisabuelo, o su tatarabuelo que migró hasta la Argentina, le agradecería a la vida y lo felicitaría. La lectura histórica de lo que pasó en 4 ó 5 generaciones es fantástica. Pensemos que nuestras generaciones pasadas eran migrantes que escapaban de la Primera Guerra Mundial, de la Segunda, de la Guerra Civil Española. Ellos hoy sin duda verían una evolución enorme. ¿Falta? Sí, mucho. Está muy bien quejarse, la clase media se queja por el dólar, por el aumento de los servicios, porque no puede cambiar el auto, porque no puede pagar un piletero. Pero yo veo por ejemplo, que el mejor índice de terciario/universitario lo tuvimos con Illia, que ascendía al 7%. Hoy contamos con Universidades Nacionales en el Gran Buenos Aires que en el 2014 tenían 350.000 estudiantes que cursaban como primera generación universitaria de sus familias, es decir, que por primera vez esas familias tienen un hijo en la Universidad. Los miedos siguen, pero hubo una evolución.

¿De qué manera pensás que la educación recibida en San Gabriel influyó para dedicarte a la solidaridad?

Un 95%. Sí. Me marcó en mi preocupación por los wichís, los leprosarios, la gente en situación de calle, los mayores. En fin, querer cambiar el mundo. Fue una mezcla entre la escuela secundaria y 9 años de scout en San Gabriel. Hoy en día, casi todas las mañanas rezo las cuatro oraciones del scout y también recuerdo siempre la Promesa Scout (sonríe y la recita): “Por mi honor prometo hacer cuanto de mí dependa para cumplir mis deberes con Dios y la Patria; ayudar a los otros, sin importar el sacrificio propio; conocer la Ley Scout y obedecerla”. A los 15 años un cura pasionista dijo que los wichís vivían una catástrofe en Formosa y quise ir allá, pero no me dejó porque me dijo que tenía que esperar hasta los 18 años y mientras tanto, debía formarme. Tenía muchas ganas de tener 18 años, así fue como11402940_927707157252539_8229164875949226503_n al día siguiente de cumplir 18, hice tres cosas: me afilié a un partido político, doné sangre y me fui a Formosa a ayudar a los wichís.