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¿NOS INTERESA REALMENTE LA EDUCACIÓN?

Por Juan J. Llach. Miembro de la Academia Nacional de Educación. Ex Ministro de Educación de la Argentina

Sí, claro que nos interesa, al menos la de nuestros hijos o nietos y las de nuestro entorno más cercano. No está claro, en cambio, cuánto nos interesa en comparación con otras prioridades y si nuestra preocupación por ella alcanza también a “los otros”, a nuestros prójimos más lejanos. La intensidad de nuestro desvelo educativo sufre un primer golpe en las encuestas. Ellas revelan que cuando se nos pregunta cuán importante es la educación una abrumadora mayoría responde que es muy importante. Pero bajo esta delgada capa, al inquirírsenos cuáles son nuestros principales problemas o los del país, la educación cae a un quinto o sexto lugar detrás de la inseguridad, la inflación, el desempleo o las drogas. No es que estas cuestiones no sean importantes o prioritarias pero la postergación de la educación en nuestra nómina revela que no le otorgamos el papel causal que ella tiene respecto de todos los problemas mencionados, y de muchos otros. Las encuestas muestran también que cuando se nos pregunta si estamos satisfechos con la educación que reciben nuestros hijos en las escuelas a las que asisten entre dos tercios y tres cuartas partes mostramos conformidad. En contraste, si la pregunta es cómo está la educación en el país, idénticas proporciones la ven regular o mal. Es claro que ambas respuestas son contradictorias entre sí y, además, revelan que la gran mayoría de nosotros considera que los problemas de la educación son “de los otros”, no nuestros, lo que lleva finalmente a no preocuparse ni ocuparse más del tema.san gabriel 3

Lo anterior no impide que la añoranza de un pasado mejor tiña buena parte de las miradas sobre la educación argentina, al menos la de los otros. En parte está bien que sea así porque, más allá de matices siempre necesarios, es cierto que la posición relativa de nuestra educación en el mundo y su potencial para aportar a la construcción de una sociedad más inclusiva son hoy menores que en muchos momentos del pasado. Baste recordar que nuestra escolarización supo estar al nivel de varios países europeos o que ninguna otra nación latinoamericana ha tenido siquiera un premio Nobel de ciencias duras egresado de una universidad propia y que la Argentina ha tenido tres, aunque el último de ellos hace ya treinta años.

Los indicios del deterioro de nuestra educación formal son varios y están en aumento. Limitándonos a la educación básica –inicial, primaria y media–surge que la Argentina ha caído desde el primero o segundo puesto en Latinoamérica hace veinte años a entre el cuarto y el octavo hoy, según niveles y disciplinas en los resultados de pruebas estandarizadas internacionales de lengua, matemática y ciencia – tanto las de UNESCO (PERCE, SERCE y TERCE, tercero y sexto año de primaria) como las de la OCDE (PISA, secundaria, 15 años de edad). Sólo 52% de los chicos argentinos de 15 años comprende cabalmente lo (poco) que lee y sólo un tercio alcanza niveles mínimos en matemática. No es todo, porque el clima de trabajo en las aulas y en las escuelas, según los propios chicos, es el peor entre los 65 países participantes en la última prueba PISA (2012). Ellos también reconocen ser los segundos que más faltan voluntariamente a clases, detrás de los de Letonia. El ausentismo docente también es muy alto y la cantidad legal de días de clase relativamente baja (190). De estos indicios se deduce que, la cantidad de días en la que maestros y alumnos se encuentran en el aula y logran un buen clima de trabajo, es cerca de la mitad de la legal.san gabriel 1

Los lectores que llegaron hasta aquí probablemente pensarán que todo lo dicho no afecta directamente a sus hijos, hermanos, nietos o amigos. Yo no estaría tan seguro porque según la misma prueba PISA de 2012 (este año se toma otra), los aprendizajes de los adolescentes argentinos en las escuelas de mayor nivel socioeconómico son iguales a los que obtienen los chicos que asisten a las escuelas de menor nivel socioeconómico en los países desarrollados.

La de la calidad no es, lamentablemente, la única señal de alarma. El progreso de la escolarización en el siglo XXI ha sido importante en el nivel inicial pero muy pobre en la escuela media donde sólo el 58% de los chicos termina de cursar las materias –algo más si se computa también el plan FINES que ayuda a hacerlo con calidad mediocre o mala– y apenas un 44% se gradúa a tiempo. En fin, hay también una persistente segregación o discriminación social de hecho, ya que, quienes nacen en cunas más ricas asisten luego a escuelas de mayor calidad que quienes nacen con mayores carencias, un verdadero escándalo que perpetúa la pobreza y la desigualdad y que muchas familias intentan atemperar pasando a sus hijos desde la escuela de gestión estatal hacia la privada. Posible solución individual, pero no colectiva. Afortunadamente también hay escuelas, estatales y privadas, que alcanzan buenos logros en contextos socioeconómicos desfavorables por la capacitación y voluntad de sus directivos y docentes.san gabriel 2

En medio de tantos sinsabores la realidad nos muestra también algunas luces. Por ejemplo, hay un mayor acuerdo técnico sobre varios puntos de la agenda pendiente de políticas educativas. Extender y fortalecer el desarrollo infantil con más y mejores jardines maternales; lograr la universalización del nivel inicial desde los 3 años; extender la jornada escolar hasta por lo menos 6 horas para permitir que todos los chicos puedan acceder sistemáticamente a la segunda lengua, la tecnología, la expresión artística, el deporte o la recreación, hoy sólo al alcance de menos de la mitad de ellos; realizar evaluaciones censales de calidad de los aprendizajes cada dos años para que cada escuela pueda identificar fortalezas y debilidades y capacitarse en consecuencia, cambiando así el centro de gravedad de las políticas educativas desde las burocracias hacia las escuelas. También, dado el tremendo desafío de los cientos de miles de jóvenes que no trabajan ni estudian –en la mayoría de los países- es esencial que en la jornada extendida de la escuela secundaria los chicos adquieran alguna competencia laboral, incluyendo la capacidad de emprender. Repensar la escuela media desde la diversidad cultural y la inserción en el mundo del trabajo es una de las grandes tareas, y deudas, del ahora. Claro, nada de lo dicho podrá realizarse sin una sistemática jerarquización de la docencia plasmada en una nueva carrera docente con un horizonte sostenido de aumento de las remuneraciones reales pero también con nuevos criterios de promoción, tales como la mejora de la formación docente, hoy muy deteriorada; una capacitación genuina y programada, no un supermercado de cursos; estímulos al presentismo; profesores secundarios por cargo y no por horas para ser parte de un equipo y el reconocimiento a todo el personal de las escuelas que mejoren sus logros de graduación y de aprendizajes, cualquiera sea su punto de partida. Esta carrera debería ser obligatoria para los nuevos docentes y optativa para quienes están en ejercicio.

Por cierto, la educación tiene alcances mucho más amplios que la escolarización y la calidad del aprender. Ella da la oportunidad para que los chicos y los jóvenes formen lo que antes se llamaba el carácter y hoy se nombra como habilidades no cognitivas o socioemocionales, tales como la confianza en sí mismo, la proactividad, la capacidad de formular y desarrollar proyectos y algo tan fundamental como la buena relación con los demás. Por otro lado, es decisivo el papel de la educación en valores que, para quienes somos cristianos, deben estar centrados en el amor al prójimo como expresión del amor Divino, con todas las exigencias pero también las grandes alegrías que esto conlleva.san gabriel

Frente a una realidad tan compleja y en la que abundan aspectos negativos cada uno de nosotros debería sentirse interpelado por el título de estas líneas: ¿nos interesa, realmente, la educación? Una respuesta positiva sólo es cabal si se acompaña con acciones, desde las más sencillas de poner granitos de arena para la mejora de la escuela a la que estoy vinculado hasta la participación en alguna de las tantas organizaciones de la sociedad civil, laicas o religiosas, que luchan por la mejora educativa, y especialmente por la de aquellos que más lo necesitan.

En un plano más general, la mejora plena de la educación sólo será posible si los líderes políticos la colocan en lo más alto de sus prioridades, algo que está muy lejos de ocurrir. Casi siempre se encuentran excusas para priorizar lo urgente por sobre lo importante y la educación es percibida como algo que cuesta mucho tiempo y esfuerzo cambiar, quedando los eventuales beneficios para el sucesor. Las próximas elecciones presidenciales dan una nueva oportunidad y sería importante que los candidatos sean más claros que hasta ahora en sus propuestas. Pero para poner en marcha este círculo virtuoso será esencial una mayor y mejor participación de la sociedad civil exigiendo esa prioridad de la educación. También en esto nos estamos quedando respecto de muchos países latinoamericanos –Brasil, Chile, Colombia, México- en los que hay vastos movimientos sociales que hacen el mejor de los lobbies, el de la educación. Si esta nos interesa de veras tenemos que actuar más coherentemente en el futuro. Sólo así podremos construir una sociedad más acorde a los valores del Evangelio, con menos pobreza y una mayor integración social.