compromiso social

COMPROMISO SOCIAL

Por Dra.  Diana Ana María Severin-Abogada- Universidad Católica Argentina. Posgrado en Ciencias Jurídicas. Integrante el equipo de Liturgia de la Parroquia San Gabriel

Todos los días escuchamos estas dos palabras cuyo significado, más allá de la definición del diccionario, tendrá para cada uno el sentido que le quiera dar.  Decidí hacer una pequeña encuesta entre personas de diferentes edades y  actividades  formulando una pregunta: Si te digo “compromiso social” ¿qué me contestarías? Las respuestas  a esa pregunta resultaron  diversas y a simple título ejemplificativo enuncio algunas: “con los niños” “con el medio ambiente” “con los pobres” “contra la corrupción” “contra la inseguridad” “contra la exclusión” “con la educación” “con la salud” “con la democracia” “con la justicia” “contra la droga” “con la vida” “por la inclusión” “contra el trabajo esclavo” y seguramente si Uds. se formulan a sí mismos la pregunta tendrán una respuesta similar o diferente y decididamente válida.

Mientras hacía esta encuesta, los medios de comunicación me enfrentaron a la imagen desgarradora de un niño ahogado  tendido en la arena, hecho ocurrido mientras escapaba con sus padres de la guerra y  en simultáneo, frente a la imagen cruel de un niño argentino muerto por desnutrición. Inmediatamente escuchamos hasta el infinito y transmitido por todos los medios sea gráficos, audiovisuales o cibernéticos opiniones de políticos, comunicadores, organizaciones no gubernamentales y todos tuvimos algo para decir. El Papa Francisco como jefe de la Iglesia se pronunció con firmeza una vez más como lo viene haciendo desde el inicio de su papado sobre el grave problema de los refugiados que huyen a Europa en busca de una oportunidad y ofreciendo su propia casa para alojar algunas familias. Nuestros obispos y sacerdotes también, como lo vienen haciendo desde hace largo tiempo, una vez más pusieron el énfasis sobre la pobreza agravada que vive nuestro país y sobre la desnutrición infantil que esta conlleva. Las estadísticas que elabora el Observatorio Social de la Universidad Católica nos golpean con cifras que leemos y nos conmueven. Los que pensamos que todas las realidades se pueden cambiar nos tropezamos con otros que encogiéndose de hombros repiten una frase que escuchamos muchas veces “es lo que hay”.

Es cierto que numerosas  personas respondemos con generosidad cada vez que se produce una catástrofe, sin ir muy lejos las últimas inundaciones son un claro ejemplo, sin distinción de creencias o ideas políticas.  Esto me lleva a repensar las palabras compromiso social como algo más amplio que la ayuda espontánea frente a una situación concreta de desastre.

La persona humana es el eje del compromiso social.  La persona humana como ser libre amado por Dios, quien nos envía a su Hijo Jesús, cumpliéndose el acontecimiento decisivo de la historia de Dios con los hombres. La salvación cristiana es para todos los hombres y para todo el hombre.  Jesús nos deja su mensaje transmitido hasta nuestros días por sus primeros discípulos en los Evangelios y en los escritos apostólicos enviados  a las primeras comunidades cristianas, reunido en lo que conocemos como Nuevo Testamento. Este mensaje implica un nuevo inicio en el concepto de lo social y  cuya piedra fundamental  la podemos encontrar en el Evangelio,   “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente” “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”, (Evangelio de San Mateo 22 vs.37-39) “ Os doy un mandamiento nuevo  que os améis los unos a los otros como Yo los amo” (Evangelio de San Juan 13  vs.34)

Este concepto de Amor al otro fue continuado por los obispos y sacerdotes, sucesores de los primeros apóstoles, a lo largo de los siglos y hasta nuestros días en sus comunidades, denunciando y actuando para y por el otro, en defensa del prójimo,  salvaguardando la trascendencia de la persona humana y acompañándola en su realidad terrenal.

Esta actitud pastoral toma un nuevo camino al usarse por primera vez la locución “doctrina social” con el Papa Pío XI, donde se comienzan a encarar como doctrinales temas de relevancia social y queda plasmado en la Encíclica “Rerum Novarum” de León XIII, enseñanza doctrinal de la Iglesia en el campo social (1891). Los acontecimientos históricos que se produjeron en el siglo XIX sobre todo de naturaleza económica dieron lugar a la primera gran cuestión social “la cuestión obrera” que motivaba una especial solicitud pastoral que hacía necesario delinear soluciones a los nuevos problemas que se planteaban. Esta encíclica es un documento fundamental y de referencia para la actividad cristiana en el campo social. Enumera los errores que provocan el mal social, excluye al socialismo como remedio e inicia el camino de “La Doctrina Social de la Iglesia” exponiendo sobre numerosos temas como  el trabajo, el derecho de propiedad, principio de colaboración como medio para el cambio social, dignidad de los pobres, obligaciones de los ricos, el perfeccionamiento de la justicia por la caridad y el derecho a las asociaciones profesionales.

Los  principios enunciados por León XIII serán retomados por los papas que lo sucedieron  y fueron profundizados por nuevas encíclicas y por el Concilio Vaticano II que  ponen el foco en la problemática social y piden no sólo a los católicos sino a todas las personas de buena voluntad, asumir un compromiso real con el prójimo basado en el amor al otro y en la dignidad de todo ser humano  entendido como un todo “materia y espíritu.” Esto no sólo implica el tema económico, sino toda la problemática social que se genera en la sociedad post-industrial como la urbanización, los jóvenes, la situación de la mujer, la discriminación, la emigración, el crecimiento demográfico , el medio ambiente, los medios de comunicación social , la droga, la corrupción. La única manera de lograr la paz hace indispensable el marco de la solidaridad, entendida en un concepto más amplio que la simple ayuda.

En definitiva la Doctrina Social de la Iglesia entiende que la búsqueda de un orden temporal más perfecto no puede lograrse sin que avance paralelamente el mejoramiento de lo espiritual. El hecho de que la Iglesia se involucrara activamente en todos estos temas fue y es objeto de duras críticas, y tomando como ejemplo la última encíclica del Papa Francisco, no fue la excepción.

En la elaboración y la enseñanza de la doctrina social, la Iglesia ha buscado y busca no fines teóricos, sino pastorales, cuando constata las repercusiones de los cambios sociales en la dignidad de cada uno de los seres humanos y va articulando su doctrina en la plenitud de la palabra revelada por Jesús e iluminada por el Espíritu Santo.

Este es el verdadero  sentido de compromiso social, involucrarnos con el otro no sólo en la ayuda material que es importante si no en nuestro real compromiso con la dignidad de nuestro hermano que abarca la totalidad de la persona “materia y espíritu”. Compromiso social es lograr que todos los hombres tengan igualdad de oportunidades, porque no hay otra manera de lograr una sociedad justa y equitativa. Pareciera un desafío imposible de cumplir, sin embargo simplemente involucrándonos activamente en nuestra comunidad parroquial y teniendo como principio motor las palabras de Jesús en el Evangelio, cada uno de nosotros puede lograr trabajando en conjunto un cambio sustancial.

La proximidad de las elecciones nos obliga a un compromiso político, elegir nuevas autoridades. Se hace indispensable escuchar atentamente las propuestas de los diferentes candidatos, que utilizan en todos sus discursos alguna referencia a la problemática social, al compromiso social o a la responsabilidad social.  El que resulte elegido tiene por delante un compromiso político y/o una responsabilidad política con nosotros como sociedad para cumplir con lo prometido. Sepamos distinguir la verdad de la manipulación dialéctica, única manera de poder avanzar como nación hacia un futuro mejor. Como decimos cuando rezamos la Oración por la Patria… “Queremos ser Nación una Nación cuya identidad sea la pasión por la verdad y el compromiso por el bien común”.

mundo1

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