¿A QUÉ JUGAMOS?

EDITORIAL

Con el equipo de redacción nos hemos planteado qué matices deseábamos tuviese este número de nuestra revista, asumiendo este tiempo vital de la Nación.

La lectura atenta de las diversas reflexiones que aquí se ofrecen, nos ayuda a pensar que la diversidad que habita en nuestro pueblo es una de las enormes fuerzas y riquezas que posee,  y que si aprendemos a respetarnos diversos y convivimos de manera más adulta, podremos terminar jugando a ser Nación, cada una, cada uno aportando lo propio que es tan necesario en el complejo rompecabezas que a lo largo de la historia hemos ido armando y desarmando entre todos.

Lo interesante de jugar, es que si bien hay encuentro y esperanza, no se controla el resultado. Los tiempos de resultados inciertos son llamados en la cultura china, “tiempos interesantes”.

Aceptar esto de los encuentros de resultados inciertos, es abrirse a las gracias de jugar, de recibir los resultados imprevistos y tal vez mucho más gratificantes que aquellos que la mezquindad de la mente tacaña, desmotivada, conservadora, pueda articular.

El  juego es entre otras cosas un abandonar el uso exclusivo de la razón para abrirnos a las opciones que tal vez ni tenemos idea de que existan.

Porque hay cosas sabias que pueden ocurrir, que ni siquiera sé que no las se / que ni siquiera sabemos que no las sabemos. Y sabiduría es estar preparado, darse cuenta si en el acaso ocurrieran.

En periodos de nuestra vida en que el paisaje parece yermo, determinado, sin ritmo ni opciones que nos sorprendan ni nos nutran, corresponde más que nunca, estar alertas y jugar.

¿Qué podemos imaginar como lo más opuesto al ánimo de juego? Cada lector haga su propia lista de opciones…

A veces los conflictos no son con un enemigo o con una contraparte. A veces se nos opone como un obstáculo un estado de ánimo que se nos instala obsesivamente, desgastándonos, en una situación que no nos merece entusiasmo, fe ni esperanza racionales. Una situación rígida o yerma, sin opciones cargadas de significado que permitan discernir en la elección.

Como cristianos podemos jugar con prudencia, sin volcarnos desproporcionadamente a lo que no sabemos. Discerniendo y confiando. Sin sentirnos desoídos en la oración.

Confiando y abrazándonos en la confianza hacia un juego que sabemos excede lo que percibimos. El que sopla donde quiere y cuando quiere, favorece los espíritus sabios, discernientes y lúdicos. Alerta, prontos para darse cuenta. De oído gentil para comprender la música.

Así que entonces, ¿a que jugamos con nuestras opciones en los próximos meses?

¿Si la situación pareciera ofrecer opciones descontadas, herméticas a nuestra comprensión insuficiente? En las que nuestra sensibilidad no consiguiera desentrañar el sentido de nuestro juego, aun tal vez luego de discernir sin mucha convicción a quien dar nuestro voto?

En los días, semanas, meses, en que los resultados, las expectativas, debates, parezcan no aportar lo que nos gustaría que le diera drama y movimiento a nuestro futuro político, tal vez podamos reconocer los movimientos sutiles y sabios que se deslizan entre lo previsible.

Inspirándonos y discerniendo con el Espíritu, escuchemos y encontrémonos con verdadera esperanza, con ánimo de un juego en el que hay más de lo que vemos y  que hace que en efecto, la situación sea fluida, interesante. Y confiando en la plenitud que pueda darnos la gracia y el ritmo de un continuo, generoso, lúdico y creativo dialogo.

Mucho agradecemos a todos los que con sus escritos se exponen a la comunidad, que ciertamente es una forma muy válida para seguir construyendo la casa común.

 

¿NOS INTERESA REALMENTE LA EDUCACIÓN?

Por Juan J. Llach. Miembro de la Academia Nacional de Educación. Ex Ministro de Educación de la Argentina

Sí, claro que nos interesa, al menos la de nuestros hijos o nietos y las de nuestro entorno más cercano. No está claro, en cambio, cuánto nos interesa en comparación con otras prioridades y si nuestra preocupación por ella alcanza también a “los otros”, a nuestros prójimos más lejanos. La intensidad de nuestro desvelo educativo sufre un primer golpe en las encuestas. Ellas revelan que cuando se nos pregunta cuán importante es la educación una abrumadora mayoría responde que es muy importante. Pero bajo esta delgada capa, al inquirírsenos cuáles son nuestros principales problemas o los del país, la educación cae a un quinto o sexto lugar detrás de la inseguridad, la inflación, el desempleo o las drogas. No es que estas cuestiones no sean importantes o prioritarias pero la postergación de la educación en nuestra nómina revela que no le otorgamos el papel causal que ella tiene respecto de todos los problemas mencionados, y de muchos otros. Las encuestas muestran también que cuando se nos pregunta si estamos satisfechos con la educación que reciben nuestros hijos en las escuelas a las que asisten entre dos tercios y tres cuartas partes mostramos conformidad. En contraste, si la pregunta es cómo está la educación en el país, idénticas proporciones la ven regular o mal. Es claro que ambas respuestas son contradictorias entre sí y, además, revelan que la gran mayoría de nosotros considera que los problemas de la educación son “de los otros”, no nuestros, lo que lleva finalmente a no preocuparse ni ocuparse más del tema.san gabriel 3

Lo anterior no impide que la añoranza de un pasado mejor tiña buena parte de las miradas sobre la educación argentina, al menos la de los otros. En parte está bien que sea así porque, más allá de matices siempre necesarios, es cierto que la posición relativa de nuestra educación en el mundo y su potencial para aportar a la construcción de una sociedad más inclusiva son hoy menores que en muchos momentos del pasado. Baste recordar que nuestra escolarización supo estar al nivel de varios países europeos o que ninguna otra nación latinoamericana ha tenido siquiera un premio Nobel de ciencias duras egresado de una universidad propia y que la Argentina ha tenido tres, aunque el último de ellos hace ya treinta años.

Los indicios del deterioro de nuestra educación formal son varios y están en aumento. Limitándonos a la educación básica –inicial, primaria y media–surge que la Argentina ha caído desde el primero o segundo puesto en Latinoamérica hace veinte años a entre el cuarto y el octavo hoy, según niveles y disciplinas en los resultados de pruebas estandarizadas internacionales de lengua, matemática y ciencia – tanto las de UNESCO (PERCE, SERCE y TERCE, tercero y sexto año de primaria) como las de la OCDE (PISA, secundaria, 15 años de edad). Sólo 52% de los chicos argentinos de 15 años comprende cabalmente lo (poco) que lee y sólo un tercio alcanza niveles mínimos en matemática. No es todo, porque el clima de trabajo en las aulas y en las escuelas, según los propios chicos, es el peor entre los 65 países participantes en la última prueba PISA (2012). Ellos también reconocen ser los segundos que más faltan voluntariamente a clases, detrás de los de Letonia. El ausentismo docente también es muy alto y la cantidad legal de días de clase relativamente baja (190). De estos indicios se deduce que, la cantidad de días en la que maestros y alumnos se encuentran en el aula y logran un buen clima de trabajo, es cerca de la mitad de la legal.san gabriel 1

Los lectores que llegaron hasta aquí probablemente pensarán que todo lo dicho no afecta directamente a sus hijos, hermanos, nietos o amigos. Yo no estaría tan seguro porque según la misma prueba PISA de 2012 (este año se toma otra), los aprendizajes de los adolescentes argentinos en las escuelas de mayor nivel socioeconómico son iguales a los que obtienen los chicos que asisten a las escuelas de menor nivel socioeconómico en los países desarrollados.

La de la calidad no es, lamentablemente, la única señal de alarma. El progreso de la escolarización en el siglo XXI ha sido importante en el nivel inicial pero muy pobre en la escuela media donde sólo el 58% de los chicos termina de cursar las materias –algo más si se computa también el plan FINES que ayuda a hacerlo con calidad mediocre o mala– y apenas un 44% se gradúa a tiempo. En fin, hay también una persistente segregación o discriminación social de hecho, ya que, quienes nacen en cunas más ricas asisten luego a escuelas de mayor calidad que quienes nacen con mayores carencias, un verdadero escándalo que perpetúa la pobreza y la desigualdad y que muchas familias intentan atemperar pasando a sus hijos desde la escuela de gestión estatal hacia la privada. Posible solución individual, pero no colectiva. Afortunadamente también hay escuelas, estatales y privadas, que alcanzan buenos logros en contextos socioeconómicos desfavorables por la capacitación y voluntad de sus directivos y docentes.san gabriel 2

En medio de tantos sinsabores la realidad nos muestra también algunas luces. Por ejemplo, hay un mayor acuerdo técnico sobre varios puntos de la agenda pendiente de políticas educativas. Extender y fortalecer el desarrollo infantil con más y mejores jardines maternales; lograr la universalización del nivel inicial desde los 3 años; extender la jornada escolar hasta por lo menos 6 horas para permitir que todos los chicos puedan acceder sistemáticamente a la segunda lengua, la tecnología, la expresión artística, el deporte o la recreación, hoy sólo al alcance de menos de la mitad de ellos; realizar evaluaciones censales de calidad de los aprendizajes cada dos años para que cada escuela pueda identificar fortalezas y debilidades y capacitarse en consecuencia, cambiando así el centro de gravedad de las políticas educativas desde las burocracias hacia las escuelas. También, dado el tremendo desafío de los cientos de miles de jóvenes que no trabajan ni estudian –en la mayoría de los países- es esencial que en la jornada extendida de la escuela secundaria los chicos adquieran alguna competencia laboral, incluyendo la capacidad de emprender. Repensar la escuela media desde la diversidad cultural y la inserción en el mundo del trabajo es una de las grandes tareas, y deudas, del ahora. Claro, nada de lo dicho podrá realizarse sin una sistemática jerarquización de la docencia plasmada en una nueva carrera docente con un horizonte sostenido de aumento de las remuneraciones reales pero también con nuevos criterios de promoción, tales como la mejora de la formación docente, hoy muy deteriorada; una capacitación genuina y programada, no un supermercado de cursos; estímulos al presentismo; profesores secundarios por cargo y no por horas para ser parte de un equipo y el reconocimiento a todo el personal de las escuelas que mejoren sus logros de graduación y de aprendizajes, cualquiera sea su punto de partida. Esta carrera debería ser obligatoria para los nuevos docentes y optativa para quienes están en ejercicio.

Por cierto, la educación tiene alcances mucho más amplios que la escolarización y la calidad del aprender. Ella da la oportunidad para que los chicos y los jóvenes formen lo que antes se llamaba el carácter y hoy se nombra como habilidades no cognitivas o socioemocionales, tales como la confianza en sí mismo, la proactividad, la capacidad de formular y desarrollar proyectos y algo tan fundamental como la buena relación con los demás. Por otro lado, es decisivo el papel de la educación en valores que, para quienes somos cristianos, deben estar centrados en el amor al prójimo como expresión del amor Divino, con todas las exigencias pero también las grandes alegrías que esto conlleva.san gabriel

Frente a una realidad tan compleja y en la que abundan aspectos negativos cada uno de nosotros debería sentirse interpelado por el título de estas líneas: ¿nos interesa, realmente, la educación? Una respuesta positiva sólo es cabal si se acompaña con acciones, desde las más sencillas de poner granitos de arena para la mejora de la escuela a la que estoy vinculado hasta la participación en alguna de las tantas organizaciones de la sociedad civil, laicas o religiosas, que luchan por la mejora educativa, y especialmente por la de aquellos que más lo necesitan.

En un plano más general, la mejora plena de la educación sólo será posible si los líderes políticos la colocan en lo más alto de sus prioridades, algo que está muy lejos de ocurrir. Casi siempre se encuentran excusas para priorizar lo urgente por sobre lo importante y la educación es percibida como algo que cuesta mucho tiempo y esfuerzo cambiar, quedando los eventuales beneficios para el sucesor. Las próximas elecciones presidenciales dan una nueva oportunidad y sería importante que los candidatos sean más claros que hasta ahora en sus propuestas. Pero para poner en marcha este círculo virtuoso será esencial una mayor y mejor participación de la sociedad civil exigiendo esa prioridad de la educación. También en esto nos estamos quedando respecto de muchos países latinoamericanos –Brasil, Chile, Colombia, México- en los que hay vastos movimientos sociales que hacen el mejor de los lobbies, el de la educación. Si esta nos interesa de veras tenemos que actuar más coherentemente en el futuro. Sólo así podremos construir una sociedad más acorde a los valores del Evangelio, con menos pobreza y una mayor integración social.

EVANGELII GAUDIUM Capítulo IV

Capítulo cuarto
La dimensión social de la evangelización

 El bien común y la paz social

Hemos hablado mucho sobre la alegría y sobre el amor, pero la Palabra de Dios menciona también el fruto de la paz (cf. Ga 5,22).

La paz social no puede entenderse como un irenismo o como una mera ausencia de violencia lograda por la imposición de un sector sobre los otros. También sería una falsa paz aquella que sirva como excusa para justificar una organización social que silencie o tranquilice a los más pobres, de manera que aquellos que gozan de los mayores beneficios puedan sostener su estilo de vida sin sobresaltos mientras los demás sobreviven como pueden. Las reivindicaciones sociales, que tienen que ver con la distribución del ingreso, la inclusión social de los pobres y los derechos humanos, no pueden ser sofocadas con el pretexto de construir un consenso de escritorio o una efímera paz para una minoría feliz. La dignidad de la persona humana y el bien común están por encima de la tranquilidad de algunos que no quieren renunciar a sus privilegios. Cuando estos valores se ven afectados, es necesaria una voz profética.

La paz tampoco «se reduce a una ausencia de guerra, fruto del equilibrio siempre precario de las fuerzas. La paz se construye día a día, en la instauración de un orden querido por Dios, que comporta una justicia más perfecta entre los hombres». En definitiva, una paz que no surja como fruto del desarrollo integral de todos, tampoco tendrá futuro y siempre será semilla de nuevos conflictos y de variadas formas de violencia.

En cada nación, los habitantes desarrollan la dimensión social de sus vidas configurándose como ciudadanos responsables en el seno de un pueblo, no como masa arrastrada por las fuerzas dominantes. Recordemos que «el ser ciudadano fiel es una virtud y la participación en la vida política es una obligación moral». Pero convertirse enpueblo es todavía más, y requiere un proceso constante en el cual cada nueva generación se ve involucrada. Es un trabajo lento y arduo que exige querer integrarse y aprender a hacerlo hasta desarrollar una cultura del encuentro en una pluriforme armonía.

Para avanzar en esta construcción de un pueblo en paz, justicia y fraternidad, hay cuatro principios relacionados con tensiones bipolares propias de toda realidad social. Brotan de los grandes postulados de la Doctrina Social de la Iglesia, los cuales constituyen «el primer y fundamental parámetro de referencia para la interpretación y la valoración de los fenómenos sociales». A la luz de ellos, quiero proponer ahora estos cuatro principios que orientan específicamente el desarrollo de la convivencia social y la construcción de un pueblo donde las diferencias se armonicen en un proyecto común. Lo hago con la convicción de que su aplicación puede ser un genuino camino hacia la paz dentro de cada nación y en el mundo entero.

El tiempo es superior al espacio

Hay una tensión bipolar entre la plenitud y el límite. La plenitud provoca la voluntad de poseerlo todo, y el límite es la pared que se nos pone delante. El «tiempo», ampliamente considerado, hace referencia a la plenitud como expresión del horizonte que se nos abre, y el momento es expresión del límite que se vive en un espacio acotado. Los ciudadanos viven en tensión entre la coyuntura del momento y la luz del tiempo, del horizonte mayor, de la utopía que nos abre al futuro como causa final que atrae. De aquí surge un primer principio para avanzar en la construcción de un pueblo: el tiempo es superior al espacio.

Este principio permite trabajar a largo plazo, sin obsesionarse por resultados inmediatos. Ayuda a soportar con paciencia situaciones difíciles y adversas, o los cambios de planes que impone el dinamismo de la realidad. Es una invitación a asumir la tensión entre plenitud y límite, otorgando prioridad al tiempo. Uno de los pecados que a veces se advierten en la actividad sociopolítica consiste en privilegiar los espacios de poder en lugar de los tiempos de los procesos. Darle prioridad al espacio lleva a enloquecerse para tener todo resuelto en el presente, para intentar tomar posesión de todos los espacios de poder y autoafirmación. Es cristalizar los procesos y pretender detenerlos. Darle prioridad al tiempo es ocuparse de iniciar procesos más que de poseer espacios. El tiempo rige los espacios, los ilumina y los transforma en eslabones de una cadena en constante crecimiento, sin caminos de retorno. Se trata de privilegiar las acciones que generan dinamismos nuevos en la sociedad e involucran a otras personas y grupos que las desarrollarán, hasta que fructifiquen en importantes acontecimientos históricos. Nada de ansiedad, pero sí convicciones claras y tenacidad.

A veces me pregunto quiénes son los que en el mundo actual se preocupan realmente por generar procesos que construyan pueblo, más que por obtener resultados inmediatos que producen un rédito político fácil, rápido y efímero, pero que no construyen la plenitud humana. La historia los juzgará quizás con aquel criterio que enunciaba Romano Guardini: «El único patrón para valorar con acierto una época es preguntar hasta qué punto se desarrolla en ella y alcanza una auténtica razón de ser la plenitud de la existencia humana, de acuerdo con el carácter peculiar y las posibilidades de dicha época».

Este criterio también es muy propio de la evangelización, que requiere tener presente el horizonte, asumir los procesos posibles y el camino largo. El Señor mismo en su vida mortal dio a entender muchas veces a sus discípulos que había cosas que no podían comprender todavía y que era necesario esperar al Espíritu Santo
(cf. Jn 16,12-13). La parábola del trigo y la cizaña (cf. Mt 13,24-30) grafica un aspecto importante de la evangelización que consiste en mostrar cómo el enemigo puede ocupar el espacio del Reino y causar daño con la cizaña, pero es vencido por la bondad del trigo que se manifiesta con el tiempo.

La unidad prevalece sobre el conflicto

El conflicto no puede ser ignorado o disimulado. Ha de ser asumido. Pero si quedamos atrapados en él, perdemos perspectivas, los horizontes se limitan y la realidad misma queda fragmentada. Cuando nos detenemos en la coyuntura conflictiva, perdemos el sentido de la unidad profunda de la realidad.

Ante el conflicto, algunos simplemente lo miran y siguen adelante como si nada pasara, se lavan las manos para poder continuar con su vida. Otros entran de tal manera en el conflicto que quedan prisioneros, pierden horizontes, proyectan en las instituciones las propias confusiones e insatisfacciones y así la unidad se vuelve imposible. Pero hay una tercera manera, la más adecuada, de situarse ante el conflicto. Es aceptar sufrir el conflicto, resolverlo y transformarlo en el eslabón de un nuevo proceso. «¡Felices los que trabajan por la paz!» (Mt 5,9).

De este modo, se hace posible desarrollar una comunión en las diferencias, que sólo pueden facilitar esas grandes personas que se animan a ir más allá de la superficie conflictiva y miran a los demás en su dignidad más profunda. Por eso hace falta postular un principio que es indispensable para construir la amistad social: la unidad es superior al conflicto. La solidaridad, entendida en su sentido más hondo y desafiante, se convierte así en un modo de hacer la historia, en un ámbito viviente donde los conflictos, las tensiones y los opuestos pueden alcanzar una unidad pluriforme que engendra nueva vida. No es apostar por un sincretismo ni por la absorción de uno en el otro, sino por la resolución en un plano superior que conserva en sí las virtualidades valiosas de las polaridades en pugna.

Este criterio evangélico nos recuerda que Cristo ha unificado todo en sí: cielo y tierra, Dios y hombre, tiempo y eternidad, carne y espíritu, persona y sociedad. La señal de esta unidad y reconciliación de todo en sí es la paz. Cristo «es nuestra paz» (Ef 2,14). El anuncio evangélico comienza siempre con el saludo de paz, y la paz corona y cohesiona en cada momento las relaciones entre los discípulos. La paz es posible porque el Señor ha vencido al mundo y a su conflictividad permanente «haciendo la paz mediante la sangre de su cruz» (Col 1,20). Pero si vamos al fondo de estos textos bíblicos, tenemos que llegar a descubrir que el primer ámbito donde estamos llamados a lograr esta pacificación en las diferencias es la propia interioridad, la propia vida siempre amenazada por la dispersión dialéctica. Con corazones rotos en miles de fragmentos será difícil construir una auténtica paz social.

El anuncio de paz no es el de una paz negociada, sino la convicción de que la unidad del Espíritu armoniza todas las diversidades. Supera cualquier conflicto en una nueva y prometedora síntesis. La diversidad es bella cuando acepta entrar constantemente en un proceso de reconciliación, hasta sellar una especie de pacto cultural que haga emerger una «diversidad reconciliada», como bien enseñaron los Obispos del Congo: «La diversidad de nuestras etnias es una riqueza […] Sólo con la unidad, con la conversión de los corazones y con la reconciliación podremos hacer avanzar nuestro país».

La realidad es más importante que la idea

Existe también una tensión bipolar entre la idea y la realidad. La realidad simplemente es, la idea se elabora. Entre las dos se debe instaurar un diálogo constante, evitando que la idea termine separándose de la realidad. Es peligroso vivir en el reino de la sola palabra, de la imagen, del sofisma. De ahí que haya que postular un tercer principio: la realidad es superior a la idea. Esto supone evitar diversas formas de ocultar la realidad: los purismos angélicos, los totalitarismos de lo relativo, los nominalismos declaracionistas, los proyectos más formales que reales, los fundamentalismos ahistóricos, los eticismos sin bondad, los intelectualismos sin sabiduría.

La idea —las elaboraciones conceptuales— está en función de la captación, la comprensión y la conducción de la realidad. La idea desconectada de la realidad origina idealismos y nominalismos ineficaces, que a lo sumo clasifican o definen, pero no convocan. Lo que convoca es la realidad iluminada por el razonamiento. Hay que pasar del nominalismo formal a la objetividad armoniosa. De otro modo, se manipula la verdad, así como se suplanta la gimnasia por la cosmética. Hay políticos —e incluso dirigentes religiosos— que se preguntan por qué el pueblo no los comprende y no los sigue, si sus propuestas son tan lógicas y claras. Posiblemente sea porque se instalaron en el reino de la pura idea y redujeron la política o la fe a la retórica. Otros olvidaron la sencillez e importaron desde fuera una racionalidad ajena a la gente.

La realidad es superior a la idea. Este criterio hace a la encarnación de la Palabra y a su puesta en práctica: «En esto conoceréis el Espíritu de Dios: todo espíritu que confiesa que Jesucristo ha venido en carne es de Dios»
(1 Jn 4,2). El criterio de realidad, de una Palabra ya encarnada y siempre buscando encarnarse, es esencial a la evangelización. Nos lleva, por un lado, a valorar la historia de la Iglesia como historia de salvación, a recordar a nuestros santos que inculturaron el Evangelio en la vida de nuestros pueblos, a recoger la rica tradición bimilenaria de la Iglesia, sin pretender elaborar un pensamiento desconectado de ese tesoro, como si quisiéramos inventar el Evangelio. Por otro lado, este criterio nos impulsa a poner en práctica la Palabra, a realizar obras de justicia y caridad en las que esa Palabra sea fecunda. No poner en práctica, no llevar a la realidad la Palabra, es edificar sobre arena, permanecer en la pura idea y degenerar en intimismos y gnosticismos que no dan fruto, que esterilizan su dinamismo.

El todo es superior a la parte

Entre la globalización y la localización también se produce una tensión. Hace falta prestar atención a lo global para no caer en una mezquindad cotidiana. Al mismo tiempo, no conviene perder de vista lo local, que nos hace caminar con los pies sobre la tierra. Las dos cosas unidas impiden caer en alguno de estos dos extremos: uno, que los ciudadanos vivan en un universalismo abstracto y globalizante, miméticos pasajeros del furgón de cola, admirando los fuegos artificiales del mundo, que es de otros, con la boca abierta y aplausos programados; otro, que se conviertan en un museo folklórico de ermitaños localistas, condenados a repetir siempre lo mismo, incapaces de dejarse interpelar por el diferente y de valorar la belleza que Dios derrama fuera de sus límites.

El todo es más que la parte, y también es más que la mera suma de ellas. Entonces, no hay que obsesionarse demasiado por cuestiones limitadas y particulares. Siempre hay que ampliar la mirada para reconocer un bien mayor que nos beneficiará a todos. Pero hay que hacerlo sin evadirse, sin desarraigos. Es necesario hundir las raíces en la tierra fértil y en la historia del propio lugar, que es un don de Dios. Se trabaja en lo pequeño, en lo cercano, pero con una perspectiva más amplia. Del mismo modo, una persona que conserva su peculiaridad personal y no esconde su identidad, cuando integra cordialmente una comunidad, no se anula sino que recibe siempre nuevos estímulos para su propio desarrollo. No es ni la esfera global que anula ni la parcialidad aislada que esteriliza.

El modelo no es la esfera, que no es superior a las partes, donde cada punto es equidistante del centro y no hay diferencias entre unos y otros. El modelo es el poliedro, que refleja la confluencia de todas las parcialidades que en él conservan su originalidad. Tanto la acción pastoral como la acción política procuran recoger en ese poliedro lo mejor de cada uno. Allí entran los pobres con su cultura, sus proyectos y sus propias potencialidades. Aun las personas que puedan ser cuestionadas por sus errores, tienen algo que aportar que no debe perderse. Es la conjunción de los pueblos que, en el orden universal, conservan su propia peculiaridad; es la totalidad de las personas en una sociedad que busca un bien común que verdaderamente incorpora a todos.

A los cristianos, este principio nos habla también de la totalidad o integridad del Evangelio que la Iglesia nos transmite y nos envía a predicar. Su riqueza plena incorpora a los académicos y a los obreros, a los empresarios y a los artistas, a todos. La mística popular acoge a su modo el Evangelio entero, y lo encarna en expresiones de oración, de fraternidad, de justicia, de lucha y de fiesta. La Buena Noticia es la alegría de un Padre que no quiere que se pierda ninguno de sus pequeñitos. Así brota la alegría en el Buen Pastor que encuentra la oveja perdida y la reintegra a su rebaño. El Evangelio es levadura que fermenta toda la masa y ciudad que brilla en lo alto del monte iluminando a todos los pueblos. El Evangelio tiene un criterio de totalidad que le es inherente: no termina de ser Buena Noticia hasta que no es anunciado a todos, hasta que no fecunda y sana todas las dimensiones del hombre, y hasta que no integra a todos los hombres en la mesa del Reino. El todo es superior a la parte.

NOSOTROS QUEREMOS CAMBIAR EL MUNDO

Por Sandra M. Almeyda. Lic. en Relaciones Internacionales. Magíster en Derechos Humanos

Entrevista a Juan Carr, fundador de la Red Solidaria y exalumno de San Gabriel

Sábado por la mañana en un café de Vicente López, instalados en la “mesa de Juan”, donde se reúne habitualmente con personas de diversas instituciones, voluntarios y amigos, para intentar dar solución a problemas apremiantes de variada índole: catástrofes naturales, personas perdidas, o que esperan un órgano para trasplante.

Damos inicio a la conversación y a medida que responde las preguntas, en forma simultánea pone a cargar la batería de su teléfono celular; saluda a varias personas que entran y salen del café, una le dice que tiene un colchón para donar; contesta mensajes que le entran en el chat; opina en twitter. Y todo esto, con absoluta naturalidad y dando muestra de ser un verdadero “tecno-sapiens”.

Como si esto fuera poco, durante la entrevista mantiene diálogo con un sacerdote de Nueva York por un tema de inmigrantes; con un profesor de la Universidad de La Plata porque se perdió una joven de 19 años; con Gustavo Béliz; con Adrián Suar y con varios scouts para lanzar una nueva aplicación de alerta solidaria.

¿Cómo definís la tarea que desarrollás?

No sé bien cómo definirme, porque lo que me obsesiona es cambiar la realidad. Al que sufre le pregunto qué necesita y veo cómo ayudarlo. Hace 21 años que estamos haciendo esto. Desde el inicio en la Red Solidaria, nosotros queremos cambiar el mundo. Esto va desde algo tan simple como salvar un árbol autóctono que está en riesgo de perecer, hasta colaborar con un señor en China, a quien le 11755885_1023820950984758_6180256874359030483_nrobaron su hijo y está recorriendo el país con su camioneta para encontrarlo. También si hay un terremoto en Irán, enviamos desde España o Francia 100 frazadas. El viernes a la noche hicimos una cena para personas en situación de calle, con la colaboración de los hermanos Petersen que prepararon el menú y además, comieron acompañados por un cuarteto de cuerdas. En agosto, ante la catástrofe de las inundaciones en la Provincia de Buenos Aires, enviamos 75 camiones con ropa y pañales para tres meses.

¿Qué hay de aquella “revolución solidaria”?

Sigue intacta. Si una persona que vive en la calle tiene frío, la abrigo y después hay que sostenerla y acompañarla hasta donde se puede. Hoy desde Mundo Invisible, trabajamos en la última etapa de una Cultura Solidaria en Movimiento: es una herramienta para aquellos que necesitan expresar su necesidad, su urgencia, su soledad, o sencillamente su deseo, y conectarlos con todos los que estén dispuestos a emprender un camino hacia ellos. Desde ahí generamos campañas de comunicación masiva a través de profesionales de la comunicación, que actúan en comunión con numerosas empresas, organizaciones sociales, docentes, artistas, científicos, trabajadores y gobiernos. Nuestro desafío es dar visibilidad a los postergados, los enfermos, los que duermen en la calle, los que esperan un trasplante, las personas perdidas, las que carecen de acceso a tecnología médica excepcional, o deben enfrentar las consecuencias de una catástrofe natural. Son los que esperan una oportunidad. Son los que necesitan de nuestro compromiso. Nuestro twitter de HambreCero tiene 4,5 puntos de “raiting” en las redes sociales, eso implica un nivel de difusión enorme.

¿El compromiso social es un modo de hacer política?

Sin duda. Por ejemplo, es conmovedor ver que nosotros lanzamos que en la Ciudad de Buenos Aires se perdió un niño y el Gobierno de la Ciudad pone una línea telefónica, para que la población que cuente con alguna información, pueda comunicarla rápidamente. Hicimos un WhatsApp solidario para disparar una alerta solidaria cuando se pierde una persona. Estamos conectados con iglesias, municipios, bomberos, scouts. Ya está en marcha, lo que queremos es que el país se entere de lo que pasa. La comunidad tiene que saber qué pasa. Contamos con 5.500 voluntarios digitales que replican y difunden. Seguro que esta tarea conlleva a instalar temáticas en la agenda pública. Nosotros articulamos con los Macri de Ciudad y del Municipio, con Massa en Tigre, con Universidades, con clubes de fútbol, trabajamos en red con todos los sectores y ámbitos de la sociedad. El993302_618621254838065_931462222_n aumento de la concientización en la sociedad genera cambios espectaculares: hace 10 años se hacía un trasplante cada 3 semanas y el 30% salía bien; hoy se hace 1 cada 3 días y el 70% sale bien. Colaboramos con las Madres del Dolor, que trabajan para evitar muertes por accidentes de tránsito. Hace 10 años morían entre 20 y 22 personas por día por estos accidentes, hoy la cifra bajó a 10. Por eso es necesario hacer campañas de concientización a la población en general y también a los políticos y políticas, para la toma de decisiones.


¿De qué modo pensás que incidís con tu tarea en las políticas públicas?

Depende del día, de la hora y del lugar. Hoy incidimos más que hace 21 años. Mi generación es la que gobierna hoy, la que tiene el poder, tanto desde lo privado como desde lo público. Nosotros hemos contribuido con temáticas como la donación de sangre, de médula ósea, de trasplantes, de chicos perdidos, de trata de personas, de suicidios, de soledad, de tránsito, de autismo, de enfermedades raras.

Algunas personas temen hacer política desde la sociedad civil ¿por qué pensás que la política tiene mala prensa?

En mi opinión, la política no tiene mala prensa. Mirá, los 90 fueron débiles en participación social, sabíamos que se venía una crisis y pensamos que la solidaridad crecería y que la sociedad civil iba a generar nuevos líderes en los partidos políticos. Eso todavía no sucedió. A algunos políticos los admiro, otros son un desastre. Hay gente en la política que trabaja heroicamente. Pero la solidaridad sigue lejos de la política y eso es preocupante. Porque hay que tener en cuenta que lo que cambia la realidad no es la solidaridad, sino la política y ese es el puente que aún falta construir. En lo personal, tengo relación permanente con la política y los políticos. La gente en la calle me felicita porque no me meto en política y eso me parece tremendo. La clase media está enojada con la política.

¿Cuáles serían las líneas de política pública que habría que impulsar?

Sin duda falta profundizar en varias líneas. Algunas de ellas: enfermedades raras como la esclerosis múltiple, utilización del cinturón de seguridad, incrementar la realización de tests de alcoholemia, falta de donantes de sangre, donación de órganos. Nosotros hemos identificado 81 temáticas en las que hay mucho por hacer aún.

¿Cómo ves la acción colectiva en Argentina?

La acción colectiva en Argentina crece, mejora, fue variando durante el curso de la Historia. En 1810 fue muy fuerte y conmovedora; también en la época de Rosas; durante la Generación del 80, que hubo una gran movilización ciudadana; con la fundación de la Unión Cívica Radical; con Yrigoyen, se reforzó con la Ley Sáenz Peña; disminuyó con las dictaduras; reaparece fuerte con Perón y el gremialismo; con Illia; con Alfonsín; se desinfla en los 90 y se multiplica con la crisis del 2001. Hoy en día sigue creciendo, el compromiso cada vez dura más tiempo y pienso que esto depende de la educación, de los lugares donde se forman los jóvenes y de la importancia que tenga la cultura solidaria desde las instituciones educativas.

¿Sabiendo que sos un optimista, qué mensaje le darías a las personas que se quejan siempre porque dicen que en Argentina está todo mal?

Les diría ante todo que respeto su opinión, cada uno tiene derecho a manifestar lo que le parece. Lo que compartiría es que si a ese que está enojado, lo viera su abuelo, su bisabuelo, o su tatarabuelo que migró hasta la Argentina, le agradecería a la vida y lo felicitaría. La lectura histórica de lo que pasó en 4 ó 5 generaciones es fantástica. Pensemos que nuestras generaciones pasadas eran migrantes que escapaban de la Primera Guerra Mundial, de la Segunda, de la Guerra Civil Española. Ellos hoy sin duda verían una evolución enorme. ¿Falta? Sí, mucho. Está muy bien quejarse, la clase media se queja por el dólar, por el aumento de los servicios, porque no puede cambiar el auto, porque no puede pagar un piletero. Pero yo veo por ejemplo, que el mejor índice de terciario/universitario lo tuvimos con Illia, que ascendía al 7%. Hoy contamos con Universidades Nacionales en el Gran Buenos Aires que en el 2014 tenían 350.000 estudiantes que cursaban como primera generación universitaria de sus familias, es decir, que por primera vez esas familias tienen un hijo en la Universidad. Los miedos siguen, pero hubo una evolución.

¿De qué manera pensás que la educación recibida en San Gabriel influyó para dedicarte a la solidaridad?

Un 95%. Sí. Me marcó en mi preocupación por los wichís, los leprosarios, la gente en situación de calle, los mayores. En fin, querer cambiar el mundo. Fue una mezcla entre la escuela secundaria y 9 años de scout en San Gabriel. Hoy en día, casi todas las mañanas rezo las cuatro oraciones del scout y también recuerdo siempre la Promesa Scout (sonríe y la recita): “Por mi honor prometo hacer cuanto de mí dependa para cumplir mis deberes con Dios y la Patria; ayudar a los otros, sin importar el sacrificio propio; conocer la Ley Scout y obedecerla”. A los 15 años un cura pasionista dijo que los wichís vivían una catástrofe en Formosa y quise ir allá, pero no me dejó porque me dijo que tenía que esperar hasta los 18 años y mientras tanto, debía formarme. Tenía muchas ganas de tener 18 años, así fue como11402940_927707157252539_8229164875949226503_n al día siguiente de cumplir 18, hice tres cosas: me afilié a un partido político, doné sangre y me fui a Formosa a ayudar a los wichís.

UNA NUEVA RECUPERACIÓN DEMOCRÁTICA

Por Joaquín Bernárdez. Licenciado en Ciencia Política y Catequista del colegio.

“No hay pared sin pintar ni corazones sin vibrar” titulaba un artículo de La Nación en la jornada histórica del 30 de octubre de 1983, día en que casi 15 millones de ciudadanos argentinos concurrieron a ejercer el derecho al voto después de soportar 7 años con las urnas escondidas. Gobiernos de elites oligárquicas, infructuosos intentos republicanistas, incontables experimentos autoritarios, éxitos y fracasos peronistas, dictaduras, y algunos más, se sucedieron en el tumultuoso camino del primer siglo de la Argentina moderna, caracterizada (¿condenada?) por la búsqueda crónica de un redentor que la encaminara a su supuesto destino de gloria, y por una sociedad separada históricamente en binomios irreconciliables que impidieron siempre la construcción de proyectos duraderos. Pienso que todos aquellos que no pudimos estar presentes -no por abstencionismo sino por inexistencia- para atestiguar aquella mítica jornada, igual comprendemos lo significativo que fue para la sociedad argentina el paso a una nueva vida democrática.

El ambiente político de época comprendía que el 30 de octubre era la oportunidad histórica para determinar de una vez por todas 1) un rumbo próspero y estable para el país y 2) afianzar las elecciones libres como práctica esencial para nuestra vida política y social. El segundo ítem estaría bien cubierto. Lo primero… ya todos habrán evaluado como viene saliendo.

Los jóvenes de ayer y su esperanza
Dentro del 85% del padrón que participó de las elecciones, una gran masa lo hacía por primera vez en la vida. Un dominante sentido de esperanza y compromiso patriótico permanecía con ellos: por primera vez la sociedad y los medios les preguntaban qué pensaban y se convertían en partícipes formales de la construcción del futuro de su país. ¿Cómo no entusiasmarse?

Debacles económicas, hiperinflaciones, cantidad incalculable de pobres e indigentes, corridas bancarias, enfrentamientos armados, saqueos, funcionarios expuestos por -seamos buenos- “desmanejos” de fondos públicos, incumplimiento de promesas electorales, provincias convertidas en feudos, sometimiento a poderes extraterritoriales, liquidación de activos públicos, precarización laboral, denuncias de fraude electoral, y -cortemos acá- retroalimentada división social mediante hacen que sea inmenso el contraste sentimental al día de la fecha, en relación a aquellos corazones vibrantes del 83. Si uno se toma el trabajo de consultar hoy a miembros de esas generaciones de primeros votantes respecto de su confianza en la capacidad de nuestra democracia para resolver los conflictos latentes, el panorama que pintan suele ser desolador. El hecho de volver a elegir autoridades en octubre de este año puede llegar a ser para ellos tan significativo como para Lio Messi hacer el 6to pase a la red en una goleada frente al Rayo Vallecano por la ya indeciblemente previsible Liga Española. La pregunta entonces queda dada vuelta: ¿Cómo hacer para entusiasmarse?

La recuperación de la democracia se mostraba como un premio invaluable para las generaciones que lucharon por ella y al mismo tiempo la promesa para comenzar a revertir los males que aquejaron históricamente a nuestra Nación. Con tantas desilusiones a cuestas es inevitable la búsqueda de culpables.

Es moneda corriente y justificada caerle a la clase política. Ya sea que se lo atribuyamos a su impericia o su falta de ética, una buena proporción de los representantes que elegimos en los últimos 32 años nos han fallado y son responsables por las deudas que tiene pendiente por saldar nuestra democracia. Los académicos intentan ir más allá de lo que refiere a los comportamientos humanos, y muchos de ellos explican que el problema no es exclusivo de la clase política sino de la deficiente configuración de los sistemas presidencialistas como el nuestro y la volátil dinámica social. Otros más pacientes dirán que nos encontramos en un proceso de maduración de nuestra cultura democrática, y que en ese sentido estamos dando pasos firmes y “normales” hacia una democracia avanzada que brindará naturalmente soluciones a nuestros conflictos y déficits históricos. El problema es que existe una enorme masa marginal que no tiene tanto tiempo para esperar…

El mito electoralista
Alguna vez dijo Churchill -emblemático Primer Ministro Inglés- que “la democracia es el peor sistema de gobierno creado, exceptuando todos los demás”. A la luz de los hechos, el bueno de Winston tenía algo de razón…

Vivimos bajo un sistema de Democracia Representativa. En el plano teórico-conceptual, la democracia implica que el conjunto de los ciudadanos detentan la soberanía real, pero como no podemos juntarnos todos a discutir y decidir en la ágora[1] cada vez que hay alguna cuestión que nos afecta (democracia del tipo asamblea), delegamos en manos de la clase política la toma de decisiones en nombre de todos. El voto es la práctica esencial de la participación política, en el rito del sufragio vemos realizado el ejercicio formal de nuestra ciudadanía. En efecto, una democracia no puede ser tal sin elecciones, es condición necesaria para su existencia, pero –tal lo muestra la evidencia- no suficiente. Para que funcione hacen falta organismos de gobierno cercanos a las necesidades reales de la gente que perduren en el tiempo, instituciones respetadas con funcionarios creíbles a cargo, una justicia que oficie de árbitro imparcial, libertad de asociación y empresa sin discriminación, igualdad de derechos, reconocimiento de las reglas de parte de todos los jugadores, y –quizás más importante que todas las demás–una ciudadanía activa dispuesta a trabajar los lazos comunitarios.

Hay quien dice que la democracia es meramente un procedimiento formal, sin contenido ni pretensiones, no más que una serie de reglas de juego que ofrecen un marco regulador a la organización de un estado-nación. Si así lo fuera, no tendríamos nada que esperar de ella. Muchos otros preferimos no liberarla de su deuda; para los que creemos y agradecemos a todos aquellos que lucharon por recuperarla, la democracia debe ser un rumbo por seguir, un proceso de ampliación y equiparación de derechos, de inclusión, y mejoramiento de las condiciones de vida societarias. De esta forma, la democracia no es sólo un sistema electivo sino un proyecto de sociedad. Aún con todas sus imperfecciones, la democracia es una promesa en que confiar, pero debe quedar en claro que esa promesa no se cumplirá sola.

Desencanto justificado
Los jóvenes de hoy están en un limbo en cuanto a su confianza en “lo político”

  • Hijos de padres defraudados por las promesas vacías de sucesivos gobiernos incapaces de resolver problemas históricos, y envueltos en una lógica comunitaria que presenta una ciclotimia ocasionalmente autoincendiaria, absorben ese desencanto y no encuentran grandes motivos para creer en la posibilidad de un cambio sustancial. En esta línea, no deja de sorprender la enorme cantidad de adolescentes que expresan el deseo de desarrollar su futuro en el exterior, porque descreen que el sistema vaya a tener respuestas a sus preocupaciones.
  • En la era post ideológica que estamos atravesando a escala global, los grandes paradigmas de organización social (capitalismo/comunismo) ya no chocan porque uno lo absorbió casi todo. Frente al triunfo de una cultura globalizada se impone la fantasía que invita a creer que ya no hay valores sociales y culturales en pugna, y presenta como ingenuo a cualquiera que pretenda revisarlos. En esta línea, los candidatos de hoy no llevan a la arena política la contraposición de ideas y proyectos de país, sino la lucha por la popularidad y el afecto del votante, cristalizado en las encuestas bajo la sobrevaluada “imagen positiva”. En efecto, buscan presentarse a sí mismos más como eficientes administradores de los recursos públicos que como promotores de proyectos colectivos que se distingan entre sí. Nadie parece esforzarse mucho por diferenciarse del resto, menos por la claridad en delinear sus planes de acción.
  • La desesperanza que absorben de sus mayores a cuestas, la decepción adquirida por la falta de respuestas a cuestiones sociales de vital importancia, y la confusión que genera el escenario político, demuestran a los jóvenes que el sistema democrático tiene más grietas que virtudes, y escasas muestras de recuperación. Ante este escenario de opciones electorales confusas resulta fácil encontrarse desorientado y desencantado.

Los jóvenes tienen argumentos sólidos para desconfiar de las bondades del sistema imperante y descreen generalmente de la importancia que puede tener dedicar sus energías a la participación política. Afortunadamente, el pensamiento crítico está a la orden del día. Un nuevo sujeto que se incorpora a la ciudadanía política siempre tiene algo para decir y los jóvenes de hoy parecen estar al tanto de eso.

Nuevos agentes de cambio
Las deudas de la democracia no se saldan solas. Como se dijo anteriormente, se requiere de agentes sociales dispuestos a trabajar por ello. Es una verdad que a nivel general los corazones de los jóvenes ya no vibran por las disputas políticas partidarias (el mismo sistema de partidos está desmembrado), pero su voluntad por enfrentar las problemáticas sociales que nos aquejan se encuentra a la orden del día. Hay una gran masa de jóvenes con energía disponible y compromiso social que no se ve pero efectivamente actúa.

Si bien podría parecer a ojos de muchos que los jóvenes viven en una realidad aparte (la “burbuja”), su desencanto o desinterés por la política tradicional no se traduce necesariamente en indiferencia cívica, sino por el contrario muchas veces lo hace en mayor compromiso social. Es una porción menor la que se resigna ante la realidad. Existen hoy en día una enorme cantidad de proyectos que parten desde el mundo académico (Manos a la Obra), religioso (grupos parroquiales en San Gabriel como Misión, Sal y Luz, Mar Adentro, ACJ), laboral (áreas de Responsabilidad Social en empresas), ONG’s (Techo, Fundación Si, Mundo Invisible, etc.), en los cuales, -impulsados por las generaciones jóvenes- se ofrece combate a diario a los males de la actualidad. Estas iniciativas surgen como reacción a las limitaciones del sistema, y son firme evidencia de una generación que no se queda quieta ante lo que queda por hacer.

Al mismo tiempo, como producto en parte de la crisis de representación que sufren los partidos políticos de hoy, y la falta de confianza en el ámbito de la política, las nuevas generaciones van descubriendo nuevas líneas de acción y canalización de sus demandas, constituyéndose potencialmente en sólidos agentes de cambio. Nacidos en una era tecnológica, tienen a las redes sociales como armas de difusión de sus ideas y son dominantes en esa arena de debate virtual que, bien utilizada, puede llegar a afianzar lazos comunitarios hoy debilitados y cimentarse como una ágora* reinventada de donde surja la recuperación de la democracia contemporánea. Si el compromiso está, el desafío para ellos es seguir contagiando a los que no forman parte hoy en día de la marea disconforme y activa, y llamar la atención de la clase política -¿por qué no formar parte de ella?- para que ambos poderes (político y joven) se complementen en la acción y fortifiquen su función social.  A fin de cuentas, si la democracia es una promesa que se construye cada día y los jóvenes tenemos ganas de participar en ello, no tenemos por qué quedarnos quietos; aún nos quedan muchas paredes por pintar.

[1] Plaza pública de la Antigua Grecia donde el pueblo se juntaba a discutir y deliberar.

DONAR SANGRE ES UN EJERCICIO PARA EL BIEN COMÚN

Por Dra. Silvana Gamba. Jefa Servicio de Hemoterapia Instituto Argentino de Diagnóstico y Tratamiento.
Exalumna del Colegio San Gabriel

Las transfusiones de sangre y sus componentes, constituyen en la actualidad, tanto una posibilidad de vida, como una mejora en la calidad de vida de muchos pacientes. Seguramente, todos tenemos a nuestro alrededor una persona que en algún momento precisó una transfusión.

Con los adelantos científicos de los últimos tiempos, se ha logrado aumentar la expectativa de vida de las personas, a través de nuevos medicamentos para tratamientos varios, como también trasplantes y cirugías. Sin embargo, estos avances no han logrado fabricar sangre artificial. Este fluido vital, sólo podemos obtenerlo a partir de una vena solidaria de un ser humano, capaz de regalar fácilmente una esperanza.

Los médicos contamos con el saber científico y la tecnología médica, pero necesitamos de las personas que conforman la sociedad, para que con su gesto altruista, nos brinden la materia prima: la sangre. Esta representa el primer eslabón indispensable de la cadena transfusional. Solo en forma conjunta y cohesionada, médicos y comunidad, lograremos avanzar en la construcción del bien común.

El objetivo más importante de los Servicios de Hemoterapia, consiste en ofrecer una reserva adecuada, suficiente y segura de productos sanguíneos (glóbulos rojos, plaquetas y plasma). Para ello, se deben reclutar, seleccionar, educar, registrar y fidelizar a los donantes de sangre. Esto implica por sobre todas las cosas, contar con una gestión de donantes apropiada, estratégica e inteligente. Además, se requiere contar con recursos humanos altamente calificados, para procesar la sangre y realizar los análisis necesarios, a fin de descartar la presencia de ciertas enfermedades, que podrían ser transmitidas por la transfusión. Por otra parte, los Servicios de Hemoterapia, buscan proteger tanto al donante y al paciente, como también al personal de salud, contra posibles reacciones adversas provocadas por la exposición a la sangre humana.

En Argentina, la mayoría de los donantes son familiares o amigos de los pacientes, que además de encontrarse atravesando una situación dolorosa, deben ocuparse de convocar donantes. Este tipo de donación, llamada de reposición, no es la modalidad más segura para el paciente que recibirá una transfusión. Esto se debe a que el donante de reposición, concurre a pedido de sus familiares, lo cual significa cierto grado de presión familiar o social.  El riesgo que esto puede traer es que durante la entrevista que se realiza para evaluar si está apto o no para donar sangre, el donante no sea totalmente sincero en sus respuestas, o que se sienta inducido a mentir, para cumplir con el pedido familiar. La entrevista confidencial consiste en evaluar algunos hábitos de vida del donante, que indiquen que haya estado expuesto a posibles situaciones de riesgo de contagio. La prioridad de los Servicios de Hemoterapia, reside en cuidar al donante y también proteger al receptor de sangre.

Si bien se realizan todos los estudios a la sangre donada, en caso que el donante se hubiera contagiado recientemente alguna enfermedad y durante la entrevista no informa acerca de situaciones de riesgo a las que estuvo expuesto, las pruebas de infección podrían dar negativas, pero la sangre estar contaminada. Esto se debe a que existe un tiempo que se denomina Período de Ventana, en que los análisis no logran detectar enfermedades. En consecuencia, llevaría a contagiar a todos los pacientes que reciban componentes de esa sangre.

El Período de Ventana se puede graficar del siguiente modo:
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Uno de los grandes desafíos que tenemos en la Argentina, es la promoción de la donación voluntaria de sangre, con el fin de satisfacer las necesidades de los pacientes y proveer sangre segura.

La donación voluntaria y no relacionada de sangre, proviene de una persona conocedora de la problemática, informada, instruida en los cuidados de su salud y además, interesada en proteger al prójimo. Su única motivación es la generosidad, la solidaridad y la responsabilidad social. Este es el modelo al que debemos apuntar y para eso, estamos trabajando en educar a la población hacia un cambio cultural, que implique ser solidario y responsable, sin estar relacionado a un paciente en particular, sino entendiendo que siempre, en todo momento y lugar, es necesaria la donación de sangre.

En la mayoría de los países desarrollados, el 100% de la sangre que se transfunde, proviene de donantes voluntarios. Mujeres y hombres concientizados, donan sangre sistemáticamente dos veces al año. El 90% de esa sangre se obtiene a partir de colectas externas que realizan los bancos de sangre, que se trasladan a empresas y universidades. Además, hay asociaciones de donantes de sangre que promocionan la causa. Esto revela la existencia de un componente esencial para realizar cualquier transformación en una sociedad: la cohesión social. Por supuesto, se requiere que los gobiernos asignen un presupuesto importante para la transfusión sanguínea, pero este compromiso social tiene más que ver con la unión, la fraternidad, la identificación y la inclusión.

Los argentinos somos muy generosos, sólo nos falta estar más informados, organizados y concientizados. Generalmente se dona ante una emergencia. Un claro ejemplo, es que el día del estallido de la AMIA, 700 personas se acercaron espontáneamente a los hospitales para donar sangre. Esta actitud, sin duda, habla muy bien de nuestra sociedad. Sin embargo, eso no alcanza, ya que en cuestiones sanitarias, es necesaria además la previsión. De hecho, dos meses más tarde, había déficit de stock de sangre en algunos hospitales. No se trata de apagar incendios de manera espástica, sino de trabajar en la solidaridad en forma sostenida a lo largo del tiempo, pues la necesidad de sangre es permanente.

Hay una serie de mitos asociados a la donación de sangre, que ya es necesario superar. Donar sangre no duele, no engorda, no debilita. Estos temores y sentimientos negativos respecto a la donación, muchas veces desalientan a las personas. Sin embargo, donar sangre es un proceso sencillo, seguro (no nos podemos contagiar ninguna enfermedad: se utiliza material descartable y de uso único) y además, es muy gratificante, ya que con una donación, se ayuda a 3 ó 4 pacientes, que reciben una transfusión de productos sanguíneos (glóbulos rojos, plaquetas, plasma).

Otro mito consiste en que hay que estar en ayunas para donar sangre. Contrariamente, el día de la donación se debe desayunar normalmente. Luego de la extracción, solo se debe evitar realizar deportes duros, o tareas de riesgo, como conducción de maquinarias, o trabajos en altura.

El volumen de sangre que extraemos a los donantes es de 450 ml. El organismo lo tolera muy bien y lo repone con abundante ingesta de líquido, durante las primeras horas posteriores a la donación. Por su parte, las células de la sangre, vuelven a su número habitual en pocos días.

Además, la sangre se analiza para descartar algunas enfermedades que podrían ser transmitidas por la transfusión. Si algún resultado fuera desfavorable, se da aviso al donante y se lo deriva y asesora para un diagnóstico y tratamiento precoz.

Es necesario concientizar a toda la población, informando y educando en todos los niveles formativos.  En Argentina, desde 2004 celebramos el Día Nacional del Donante Voluntario de Sangre, el 9 de Noviembre de cada año, en conmemoración a la primera transfusión sanguínea del mundo con sangre citratada. Este fue un descubrimiento del prestigioso científico argentino, Dr. Luis Agote. Este día incluido en el Calendario Escolar del Ministerio de Educación, favorece el desarrollo de clases alusivas en las aulas de todo el país.

No puedo dejar de mencionar, que desde los Bancos de Sangre debemos facilitar la donación, acercándonos a los lugares donde trabajan o se reúnen potenciales donantes, como clubes, iglesias, universidades, colegios, empresas. En el marco de las Colectas Externas de Sangre, se trasladan equipos de profesionales con los materiales necesarios y atienden a los donantes en un ámbito festivo. Esto trae como consecuencia, no solo un aumento de las donaciones voluntarias de sangre, sino otros beneficios secundarios, como por ejemplo, una mejor imagen de las empresas que abren las puertas a esta actividad. También debemos garantizar y prever la excelencia en la atención del donante que se acerca a las instituciones de salud para donar sangre, facilitándole el acceso, la ampliación de horarios, el buen trato, una infraestructura agradable y adecuada y además, brindarle información certera y unificada, para así también, lograr una mayor eficiencia y alcance del objetivo tan buscado.

requisitos donar

 

La Generosidad en la Sangre
Médicos y enfermeros del Hospital de Stanford, en Estados Unidos, suelen recordar el caso de una niña, que hace muchos años, padecía una enfermedad extraña a la que sólo podría sobrevivir si recibía sangre de su hermano menor, de cinco años. Con sencillez, le explicaron al niño la situación y le preguntaron si estaba dispuesto a donar sangre. Dijo que si eso salvaba a su hermana, lo haría. Durante la transfusión, los hermanos se encontraban en camas paralelas. Cuando el niño vio que la cara de su hermana tomaba color, preguntó: “¿En qué momento moriré?”. Había imaginado que su hermana recibiría toda su sangre y que él en realidad, le donaría su propia vida.

COMPROMETERNOS

Por Gabriel Castelli. “Director de ICBC Bank y Farmacity”.
Fue Director Nacional de Cáritas Argentina y Presidente de la Comisión de Justica y Paz”.

Un desafío permanente

Integrar la FE con la Vida, quién no ha escuchado esta frase tan mentada. El Evangelio mismo es una invitación a vivir la vida de manera diferente. Sin embargo, no siempre encontramos la manera de hacerlo. El “descubrir la voluntad de Dios en nuestra vida” es para muchos de nosotros una meta inalcanzable, donde sólo sentimos que la vida nos va pasando mientras buscamos la respuesta. Estamos tan ocupados buceando en nuestro interior que no podemos ver lo que pasa a nuestro alrededor. Es cierto que cada uno de nosotros tenemos que cargar con nuestra cruz y que no sirven las comparaciones sobre si es o no más pesada que la de mi hermano, es la mía, y cómo me cuesta cargarla.

Sin embargo, el Evangelio es una invitación a salir de nosotros mismos para ir al encuentro del otro, toda nuestra vida está en relación con el otro, con el “hermano”.

Hay momentos en los cuales la sensación de desánimo nos toma por completo. Son tantos los problemas que atraviesa nuestro país que cuesta mucho mantener la esperanza intacta, basta con leer el diario. Sin embargo, si uno se guía por el Evangelio e intenta llevarlo a la práctica, debería caminar con una actitud confiada. Ese mismo Evangelio es el que nos invita a no transitar por la vida como meros espectadores de lo que va sucediendo a nuestro alrededor. Tenemos una tendencia a criticar y cuestionar el hacer de los demás desde una posición pasiva, como si no fuéramos parte del problema y menos de la solución. Es cierto que en muchos casos no somos responsables de lo que acontece, al menos no con nuestra acción, pero muchas veces sí lo somos con nuestra omisión, indiferencia o con nuestro silencio. A veces la magnitud y complejidad de los problemas que afectan a tantos hermanos nuestros, nos genera un nivel de impotencia tal que nos paraliza, haciendo muy difícil pensar que podemos ser parte de la solución.

Entre nosotros hay seguramente algunos que están llamados a ser verdaderos líderes capaces de transformar las estructuras desde posiciones de poder, pero ciertamente no son la mayoría. Para el resto lo que el Evangelio nos propone y a lo que nos invita es a transitar por la vida como “héroes silenciosos”, como verdaderos agentes de cambio, capaces de ser “Sal y luz” en el ambiente en que nos movemos.

Si verdaderamente entendiéramos lo que esto significa, y la fuerza transformadora que la suma de las acciones individuales tiene en el conjunto de la sociedad, nuestra Argentina sería ciertamente más justa, equitativa y digna para muchos de los que hoy están padeciéndola.

Muchas veces me pregunté el significado de “amarás a tu prójimo como a ti mismo”, tratando de traducir en acciones el significado del compromiso por el otro. Tal vez uno de los ejemplos que me iluminó, fue la interpretación que le escuché a un sacerdote  de la parábola del buen samaritano. En su explicación, solamente se refirió a enumerar los verbos contenidos en el texto: lo vio, se compadeció, se acercó, lo curó, lo condujo, lo cuidó, se desprendió,  le encargó a otro que lo cuide, volvió sobre sus pasos para asegurarse que había sido atendido.

Integrar la Fe y la Vida, no es más que transitar por el mundo con la actitud del bueno samaritano. No es un llamado sólo para unos pocos, porque no depende de lo que tenga sino de lo que soy capaz de dar, de lo que estoy dispuesto a renunciar en pos del otro. Muchas veces es sólo un gesto, un acercamiento, una palabra, es una donación de tiempo. Para otros puede ser una actitud más osada de compartir desde lo material, de jugarse en situaciones de injusticia, de alzar la voz contra los que agreden o atreverse a arriesgarlo todo para defender los valores y la dignidad. No es un camino fácil, exige salir de nuestra comodidad para ir al encuentro del otro. Pero aquellos que han experimentado el servicio, la entrega a una causa, que se han jugado por lo que creían, que acompañaron a quienes lo necesitaban, que generaron oportunidades en la vida de otra persona, saben que la alegría, la recompensa es mucho mayor que el sacrificio de la entrega.

Hay una palabra que hoy se usa mucho que es la “empatía”. La empatía es la capacidad de poder sentir lo que siente el otro, sentir con el otro.  A veces nuestras propias preocupaciones o la vida que llevamos nos hace vivir a un ritmo en el que difícilmente podamos percibir las necesidades de los demás: pareja, hijos, amigos, compañeros de trabajo, la señora que trabaja en casa y todos los “otros” que nos rodean. Es más, muchas veces ni siquiera nos hacemos tiempo para procesar y entender lo que nosotros sentimos, lo que nosotros vamos viviendo.

Para poder generar empatía con mi prójimo, tengo que hacer silencio, generar la capacidad de auto observación, porque la forma de poder sentir con el otro, de poder conmoverme, pasa por poder comprender lo que a mí me provoca la realidad del otro como si fuera yo el que las padeciera.  Tenemos que hacernos tiempo para contemplar, para observar. Para poder darme genuinamente al otro, como Jesús nos pide, tenemos que sentir lo que él siente, y desde ahí acompañarlo, a veces sólo escucharlo sabiendo que no podemos hacer más que eso, y otras veces comprometiéndonos con él.

Cuando hacemos el ejercicio de pasar a través nuestro la vida de los otros, surge con claridad lo que tenemos que hacer,  porque es exactamente lo que Yo necesitaría. De ahí que cobra sentido la cita “Amarás al prójimo como a ti mismo”. Vivimos tan rápido, que ya no sabemos ni quiénes somos, por qué hacemos lo qué hacemos, para qué trabajamos tanto. Nuestro compromiso con los demás corre el riesgo de transformarse en activismo, en acciones superficiales, carentes de sentido, que no logran transformar, que nos va vaciando a medida que más damos.

La vivencia de la Fe no es una suma de mandatos a poner en práctica, no es sólo una serie de normas sobre lo que está bien o está mal. Es una invitación a vivir la vida con libertad desde el amor, con la capacidad plena para juzgar frente a cada hecho lo que más me hace persona. Es una invitación a vivir en comunidad, a ser consciente que no vivo solo, que el otro es mi hermano, y me necesita como yo lo necesito a él y que en tanto haya hermanos que sufran, mi felicidad no puede ser completa y por tanto no puedo desentenderme.

Argentina está atravesando una etapa difícil, una etapa de muchos enfrentamientos y divisiones, en la cual una gran parte  todavía no pueden vivir dignamente. Nuestro compromiso como laicos nos tiene que animar a actuar en nuestros ambientes de manera valiente y jugada, a llevar a la vida lo que creemos con la profunda convicción que no estamos solos.compartir

SOLIDARIDAD EN MISERICORDIA

Por Javier Goliszewski. Miembro del Equipo Responsable de la revista.

Contemplación en la acción

Una reflexión de Gustavo Gutiérrez y la Teología de la liberación

¿Es posible una espiritualidad que abrace al mismo tiempo lo nutritivo de la oración y de la contemplació6n, propias de nuestro
mundo interior y nuestra inserción solidaria con los necesitados?

¿Es posible “contemplar en la acción”, en esta época en que pareciera que no alcanza con toda nuestra energía y nuestro tiempo, y que no nos queda margen para crecer de tan estresados que estamos?

Frecuentemente nuestras actitudes cotidianas, conscientes o inconscientes, se dedican con mayor acento y desfalleciente energía a veces, a soslayar o contener, cuando no a ceder y acompañar el ser invadidos por la agresividad de la información de una actualidad dinámica e interconectada. Un mundo en el que, persistentemente, somos abrumados con más y más elementos de la realidad virtual, que se ofrecen como camino de escape o de solaz para nuestra inquietud psicológica.

Hace pocas semanas un artículo publicado en el boletín online de la agencia católica de noticias de Asia UCA news, me refrescó valores y estímulos de la teología de la liberación, a través de un breve segmento del libro titulado “Teología de la liberación”, del sacerdote franciscano Gustavo Gutiérrez, (publicado en 1971), y me hizo preguntar la razón que habría aconsejado la oportunidad de su inclusión editorial en pleno verano asiático de 2015, en un influyente e importante medio católico como este.

La teología de la liberación surge hace casi medio siglo, probablemente llenando un hiato con respecto a las necesidades sociales latinoamericanas, entre la dificultad para las instituciones políticas de entonces para intervenir en el terreno de la realidad social -ocupado en la teoría prevalentemente por pensadores y líderes de movimientos de izquierda más o menos revolucionaria-, y el rol mediador de la Iglesia, hasta entonces general y 7pragmáticamente en tándem con el poder político constituido. La Iglesia si bien considerando siempre el deber evangélico hacia el oprimido, el pobre, actuaba muchas veces entendiendo que es mejor dialogar con y desde el poder, que no oponérsele con crítica y contestación abierta, para poder así poder actuar aún, haciéndose eco del pensamiento del poder político.

Algunas  analogías pueden surgir a nuestros sentidos entre esta situación social de los setenta y la actualidad, en que la realidad virtual parece aún para los mejor intencionados, más urgente que la de nuestra vida real y de nuestros hermanos, necesitados o no, en que la pérdida de dimensión social del otro no se debe sólo a una falencia política, sino que las costumbres y la emergencia de la realidad virtual en el día a día, persistentemente ofuscan la consideración radical y profunda de mi opción por el otro.

Algunos párrafos de este texto de Gustavo Gutiérrez, parecieran ser de ayuda para descubrir personalmente moralidad, razón y método para anclarnos con mayor profundidad y frecuencia, en la realidad viva de nuestro prójimo.

La teología de la liberación, intenta sacudir la conciencia,  buscar una conversión evangélica que tenga frutos en el mundo de los oprimidos en particular, y entiende “que el cristiano no ha hecho suficientemente su conversión al prójimo, a la justicia social, a la historia, no ha percibido todavía, con la claridad deseada, que conocer a Dios es obra de la justicia. Aún no vive en un solo gesto con Dios y con los hombres. No se sitúa, todavía, en Cristo sin pretender evadirse de la historia humana concreta. Queda por correr el camino que lo lleve a buscar efectivamente la paz del Señor en el corazón de la lucha social. “Busca generar una ruptura con nuestras categorías mentales, con la forma de relacionarnos con los demás…, con todo aquello que trabe una solidaridad real y profunda con aquellos que sufren, en primer lugar, una situación de miseria e injusticia.” (o.c.)

El artículo de 8Gustavo Gutiérrez acierta ilustrando cómo nuestra espiritualidad, fundada en nuestra conciencia y nuestra oración, “consigue estar de pie según el Evangelio, cuando se experimenta que contrariamente a las leyes del mundo de la física, nuestro eje de gravedad pasa fuera de nosotros mismos”. (o.c.)

Esto es así porque cuando me pongo en contacto con las necesidades del otro, estas me interpelan más allá de mi agenda solidaria o mi bolsillo generoso. Ese contacto, esa interpelación que de un otro hacia mí estimula mi capacidad de respuesta, es muy distinta de los cada vez mayores estímulos virtuales que colman con sus personajes infra dimensionales la realidad online. Para muchos de nosotros esto resulta obvio, pero la influencia de los medios y del universo virtual, hacen que muchas veces se consiga asimilar al otro, como un dato o un personaje de la realidad mediática y aún proveyendo a sus necesidades, se vaya menoscabando en mí el percibirlo en su profundidad existencial, desde la cual incluso además de su riqueza como persona, la gracia viene hacia mí a través del encuentro.

El otro
me es gracia, en la medida en que abro mi corazón, en la medida en que en mi composición de lugar me pongo en su lugar. Observo las gracias de su condición, las vivo como propias, las abrazo y las “fecundo” y me dejo fecundar por ellas recíprocamente y en nombre, por obra, de la inspiración de Cristo en mí,  habito ambos corazones en uno solo sin rechazo de condicionamientos y circunstancias materiales que por ser del otro me sean aparentemente ajenas. Sólo cuando su condición, su sufrimiento es mirado y atendido, puede alguien mirar más allá de su herida y de su lucha y descubrir quién es en realidad. Antes de cuidar del leproso es necesario besarlo, abrazarlo, no temerlo. Hasta el límite de lo alcanzable es necesario salir de mí y sentir, aún como sin remedio, la condición del otro.

El aporte material a la necesidad del otro, acota G.G., es “un proceso permanente, en el que muchas veces los impases a que llegamos nos llevan a desandar el camino hecho y empezar nuevament9e. De nuestra disponibilidad, de nuestra infancia espiritual depende la fecundidad de nuestra conversión.”

Es decir la conversión significa “una transformación radical de nosotros mismos, significa pensar, sentir y vivir como Cristo…” (o.c.)

Cristo al hacerse igual en todo a nosotros menos en el pecado, hace nuestro su sufrimiento y suyo el nuestro, empáticos con el prójimo sufriente que comparte su condición de hermano en Adán con nosotros y hermanado en la pasión de Cristo. Es la presencia del otro que sufre, que me transforma y me conecta como Cristo fue transformado en su experiencia humana, y me conecta con el presente vivo, con Cristo que viene hacia mí, no como figura literaria, “digitalizada” o racionalizada, sino como misterio, realidad de diálogo vivo en mi corazón, realidad encarnada en el otro y en mí, otro del otro, llamada a vivir su presencia sobrenatural.

De la misma manera en que Cristo se hace presente en la multiplicación de los panes y luego se retira a la montaña, en la misma manera en que el buen samaritano asiste al viandante herido y abandonado y luego de pagar la posada sigue su camino, a través de la oración y de mi práctica íntima y espiritual, ahondo la transformación que al hacerme solidario con el otro, permitió que ese otro me inunde como gracia en mi vida.

Si bien se trata de un hacer solidario, no es un puro hacer. Es también un meditar las cosas de la solidaridad en nuestro corazón, haciéndonos entre otras mejores “antropólogos”, meditando las cosas que nos permitan poco a poco asumir los conflictos, la ruptura con nuestro viejo odre, “con nuestras categorías mentales, con la forma de relacionarnos con los demás, con nuestro modo de identificarnos con el Señor, con nuestro medio cultural, con nuestra clase social”.

Cristo, “creciendo en gracia, edad y sabiduría”, se abría
y se abre con y en nosotros a la otredad de la experiencia humana desd10e dentro mismo de nuestro corazón. Desde el corazón mismo de nuestra interioridad.

Es hacerse transparente como niños en este crecimiento de Cristo en nosotros, lo que es en esencia la solidaridad en misericordia.

“La misericordia es una palabra de reciprocidad: no es una limosna benévola, un signo de magnanimidad de quien la ejercita. Es un movimiento de respuesta al otro, un “dejarse tocar el corazón”, un sentir compasión que aún antes de hacer bien al otro, re despierta nuestra humanidad atormentada y sana antes que nada a nosotros mismos.”(Chiara Giacardi, “Le beatitudini”, trad. del a.)

Es bueno también tal vez, recordar que en este medio siglo ha evolucionado también la percepción de que la teología de la liberación sola, no ahonda lo suficiente en el misterio de la muerte, la falibilidad humana y la salvación, aunque nos da una valiosa comprensión en lo que se da en llamar el pecado social, la sordera hacia el otro
. Con ello vuelve a ser necesario considerarla favorablemente, como hipótesis de conversión radical y también de escucha de nosotros mismos, considerándonos como iglesia purgante, comunidad imperfecta y amada por Dios en el momento presente, aún si este tiempo fuere socialmente fracturado. La teología de la liberación debiera también ayudarnos para considerarnos oprimidos en nuestras dificultades en la falta de oración, en nuestra necesidad de nutrirnos con una adecuada contemplación, que nos permitan también  aceptar que somos amad
os así como estamos, inmensamente por Dios.

Desde la época en que Gustavo Gutiérrez escribió estas líneas, viene en nuestra ayuda para imaginar nuestra dimensión espiritual con el otro, el fenómeno del holograma. Una dimensión nueva, alcanzada en la plenitud de transgredir nuestra limitación de individuos con su yo infra dimensional, chato, cerrado; una plenitud de dimensión espiritual diferente, figurativamente como la del holograma, alcanzada al aventurarnos a salir de nosotros mismos hacia el otro.

Este salir hacia el otro no puede ser sin menoscabo, meramente pietista o meramente activista.11

Ambas son actitudes nobles pero que solo aportarán elementos activos para nuestra conversión, si hacemos converger nuestra actividad y compromiso físico, en una empatía del corazón, una mirada al ser del otro; y considerando sus necesidades, viéndolo y viéndonos más allá de nuestras condiciones y de nuestras necesidades. Viendo la escena si, como lucha y reivindicación de justicia. Pero también como abrazo. Como ágape de misericordia. Como contemplación de la Gracia.

SERVICIO PÚBLICO

Por Carlos Rebay. Miembro del Consejo Económico
Parroquia- Colegio

¿ADÓNDE TE ENCUENTRO?

Estamos en tiempo de elecciones  y como muchas veces nos preguntamos por quién votar, me pareció interesante tratar un tema que muchos años atrás era elemental, pero considero que hoy es una carencia importante en el país y que  puede ser algo más por considerar para decidir nuestro voto, ese momento  en que nos encontramos solos con nuestra conciencia adentro del cuarto oscuro.

Servicio público ¿adónde te encuentro?, es una pregunta que la mayoría de los ciudadanos que tenemos vocación de servicio, que sabemos que hay que interesarse y cuidar la “cosa pública” hoy no nos podemos contestar.

Los gobiernos deben ser los principales interesados en promover el bienestar de la población y, por lo tanto, son sus integrantes los que nos deberían invitar a trabajar y así poder desarrollar nuestra vocación por lo público.

Creo que hay mucha gente con vocación que hoy no ve formas transparentes de acercarse a trabajar. Quiero dejar bien claro que no hablo de participación política sino de clara dedicación a trabajar por el bien común.

Me parece que buscar entre las distintas opciones de partidos existentes, cuál  ofrece priorizar  en su gobierno el bien común y convocar a los que estamos interesados. Quienes podemos ejercer con libertad nuestra voluntad, nuestro deseo, nuestras ganas de ser servidores públicos, desde los lugares y en las funciones que correspondan, en las tareas que conocemos, para las que tenemos talento y sin tener que entregar nuestros valores a cambio. Es una búsqueda que podemos hacer y nos ayudaría a decidir nuestro voto en estos momentos de elecciones. Encontrar cuál es la opción que claramente nos ofrece convocarnos a ser parte del futuro.

La realidad de hoy es que muchos argentinos canalizan su voluntad de servicio a través de organizaciones privadas, cuando estoy convencido que los gobiernos (federal, provincial o municipal) deberían ser los que convoquen y capten esas voluntades,  esos talentos para  aplicarlos a mejorar la vida de la gente y producir que la sumatoria de esos esfuerzos logre la mejora del país.

No estoy para nada en contra de la enorme contribución de las organizaciones privadas que tanto esfuerzo hacen para mejorar diversos aspectos de la vida nacional, pero estoy convencido que los primeros que siempre deberían estar brindando esos servicios, siempre desde la primera línea y en forma inmediata son los gobiernos a través de sus funcionarios y no los privados a través de las distintas instituciones dedicadas a la asistencia.  No planteo  para nada agrandar todavía más las estructuras de los gobiernos sino que estas pongan foco en el servicio público.

Nos tenemos que dar cuenta de que para cambiar, para mejorar la vida de la gente, se necesita nuestro esfuerzo pero también tener la capacidad de poder cambiar y/o establecer normas, leyes, reglamentos que hagan que la mejora establecida tenga la estructura de gente y recursos necesarias  y  perdure legalmente en el tiempo. Esto no se puede lograr totalmente desde la actividad privada.

Mi visión de servidor público es la de la persona que desde su función en un gobierno, tiene como objetivo laboral, pero sobre todo personal, mejorar en todo sentido la vida de sus compatriotas. Deben ser buenos administradores y tener claros perfiles de servidores públicos.

Uno de los rasgos que más deberían sobresalir de un servidor público es su ética, ya que las consecuencias de sus acciones suelen llegar al conjunto de la Sociedad. A esto se le suma el prestigio social con el que deberían contar, ya que en muchos casos suelen manejar fondos estatales (el resultado del aporte de todos los ciudadanos), además de representar Entes con una larga tradición y prestigio, las cuales se deben preservar y mejorar,  dentro de los distintos poderes o instituciones gubernamentales.

Todos deberían poder caminar en sus ciudades con orgullo por su constante interés por la Comunidad, sentirse y que los sientan parte de ella, poder observar por si mismos que cosas se deben mejorar,  poder escuchar y dialogar con la gente que los eligió ó sobre la que tendrán influencia sus decisiones, con claro conocimiento de los problemas a resolver y/o que consecuencias tendrán las medidas de gobierno a tomar.

Poder percibir y ver adonde hay pobreza, necesidad de asistencia médica, falta de educación o trabajo, tendría que ser una tarea cotidiana del funcionario y/o su equipo.

No puedo ignorar que dentro de algunas actividades como las mencionadas de salud o educación hay islas en las cuales la actitud de servicio público se mantiene, pero a través de grandes esfuerzos personales, con pésimas retribuciones económicas y en ámbitos laborales con instalaciones, equipamiento y materiales de pésimo nivel.

Debe haber más áreas de la actividad nacional que se mantienen prestando el mejor servicio que pueden a la gente, pero me pregunto cuánto tardarán esas Instituciones en dejar de subsistir al no sentir que los funcionarios de los gobiernos se encargan y tienen interés en ellas.

¿Se imaginan un grupo de gente en la administración pública liderando a sus funcionarios a priorizar el servicio público, integrado por personas que permitan la participación ciudadana,  que puedan y sepan incorporar los mejores talentos a sus equipos, que muestren transparencia y pongan pasión y dedicación en su tarea?.

Creo que si percibimos quienes son los que así actuarían en caso de ser Gobierno, si vemos quienes muestran interés por servirnos y por convocarnos a colaborar con ellos, nuestra elección está hecha y quizás podamos, esta vez, comenzar a saldar lo que considero una deuda nacional: volver a generar interés por la “cosa pública” y  contribuir a disminuir el vacío que se generó cuando nosotros, los voluntarios hicimos un paso al costado y dejamos que el espacio lo llenaran funcionarios que no tienen como objetivo prioritario mejorar la vida de las personas y que además no muestran voluntad de servicio.

Si encontramos esa respuesta, si nos damos cuenta quienes son, nos habremos contestado la pregunta de esta nota: Servicio Público, ¿a dónde te encuentro?.

 

ELECCIONES

Servicio al Bien Común

El pueblo argentino vive un año de especial significación cívica con una agenda electoral intensa que representa el ejercicio soberano de la voluntad populamapar. Se expresa así la “Nación que queremos”. La democracia, que tanto esfuerzo nos ha costado al
canzar y preservar, es una conquista que no puede ponerse en riesgo por la existencia de prácticas que puedan socavar su legitimidad. Nos interesa la consolidación y desarrollo de nuestro sistema democrático en paz. Lamentablemente hemos asistido a un clima de agravios, sospechas y denu
ncias que debilitan la credibilidad de personas e
instituciones. Frente a ello sólo cabe recomponer una actitud de respeto, de diálogo sincero y de participación comprometida.  Es necesario retomar el camino de los valores éticos y promover, como nos invita el Papa Francisco, una  cultura del encuentro que facilite la amistad social. Así podremos vivir las elecciones como un acontecimiento esperanzador, que refleje el nivel cívico de un pueblo que va a las urnas con la convicción de que es el mejor modo de expresar la voluntad de ser una Nación cada vez más inclusiva para todos los argentinos. De este acontecimiento, que debe ser una auténtica fiesta cívica en el marco de la Constitución Nacional, son garantes el Estado, los Partidos Políticos y los Ciudadanos. A cada uno le corresponde un papel y una responsabilidad que hacen al bien de la República. Todos somos responsables, nadie puede sentirse ajeno: – Al Estado en sus diversos poderes le corresponde crear las condiciones objetivas que aseguren un desarrollo transparente, dando garantías al acto eleccionario. – Los candidatos y Partidos Políticos deben presentar con claridad sus plataformas, propuestas e ideas; como así también ser respetuosos ante los ocasionales adversarios. – Los ciudadanos, en el ejercicio de nuestra libertad y derechos, tenemos que conocer y discernir sobre las propuestas que mejor respondan a nuestros principios y convicciones, como así también sobre la idoneidad y coherencia de las personas que buscan nuestro voto. Todos tenemos derecho a desear un país mejor. Una democracia sin valores y sin ejemplaridad se empobrece. Por lo tanto, no deberían escatimarse esfuerzos en orden a mejorar los procedimientos, asegurar la transparencia y evitar todo tipo de sospechas que terminen provocando desconfianza y acentúen las divisiones entre los argentinos. Que ningún signo de violencia o intolerancia ensombrezca el acto eleccionario y, al mismo tiempo, esperamos actitudes de nobleza para reconocer y respetar la legítima y soberana voluntad popular.​ En camino a la celebración del Bicentenario de la Independencia Nacional anhelamos que estas elecciones honren el sacrificio y la entrega de nuestros mayores, por eso ponemos estas reflexiones en las manos de Nuestra Madre de Luján que siempre nos ha acompañado a lo largo de la historia, y elevamos juntos la oración por la Patria: Queremos ser nación, una nación cuya identidad sea la pasión por la  verdad y el compromiso con el bien común…. Concédenos la sabiduría del diálogo y la alegría de la esperanza que no defrauda.

Comisión Ejecutiva – CEA

Buenos Aires, 1 de octubre de 2015

COMPROMISO SOCIAL

Por Dra.  Diana Ana María Severin-Abogada- Universidad Católica Argentina. Posgrado en Ciencias Jurídicas. Integrante el equipo de Liturgia de la Parroquia San Gabriel

Todos los días escuchamos estas dos palabras cuyo significado, más allá de la definición del diccionario, tendrá para cada uno el sentido que le quiera dar.  Decidí hacer una pequeña encuesta entre personas de diferentes edades y  actividades  formulando una pregunta: Si te digo “compromiso social” ¿qué me contestarías? Las respuestas  a esa pregunta resultaron  diversas y a simple título ejemplificativo enuncio algunas: “con los niños” “con el medio ambiente” “con los pobres” “contra la corrupción” “contra la inseguridad” “contra la exclusión” “con la educación” “con la salud” “con la democracia” “con la justicia” “contra la droga” “con la vida” “por la inclusión” “contra el trabajo esclavo” y seguramente si Uds. se formulan a sí mismos la pregunta tendrán una respuesta similar o diferente y decididamente válida.

Mientras hacía esta encuesta, los medios de comunicación me enfrentaron a la imagen desgarradora de un niño ahogado  tendido en la arena, hecho ocurrido mientras escapaba con sus padres de la guerra y  en simultáneo, frente a la imagen cruel de un niño argentino muerto por desnutrición. Inmediatamente escuchamos hasta el infinito y transmitido por todos los medios sea gráficos, audiovisuales o cibernéticos opiniones de políticos, comunicadores, organizaciones no gubernamentales y todos tuvimos algo para decir. El Papa Francisco como jefe de la Iglesia se pronunció con firmeza una vez más como lo viene haciendo desde el inicio de su papado sobre el grave problema de los refugiados que huyen a Europa en busca de una oportunidad y ofreciendo su propia casa para alojar algunas familias. Nuestros obispos y sacerdotes también, como lo vienen haciendo desde hace largo tiempo, una vez más pusieron el énfasis sobre la pobreza agravada que vive nuestro país y sobre la desnutrición infantil que esta conlleva. Las estadísticas que elabora el Observatorio Social de la Universidad Católica nos golpean con cifras que leemos y nos conmueven. Los que pensamos que todas las realidades se pueden cambiar nos tropezamos con otros que encogiéndose de hombros repiten una frase que escuchamos muchas veces “es lo que hay”.

Es cierto que numerosas  personas respondemos con generosidad cada vez que se produce una catástrofe, sin ir muy lejos las últimas inundaciones son un claro ejemplo, sin distinción de creencias o ideas políticas.  Esto me lleva a repensar las palabras compromiso social como algo más amplio que la ayuda espontánea frente a una situación concreta de desastre.

La persona humana es el eje del compromiso social.  La persona humana como ser libre amado por Dios, quien nos envía a su Hijo Jesús, cumpliéndose el acontecimiento decisivo de la historia de Dios con los hombres. La salvación cristiana es para todos los hombres y para todo el hombre.  Jesús nos deja su mensaje transmitido hasta nuestros días por sus primeros discípulos en los Evangelios y en los escritos apostólicos enviados  a las primeras comunidades cristianas, reunido en lo que conocemos como Nuevo Testamento. Este mensaje implica un nuevo inicio en el concepto de lo social y  cuya piedra fundamental  la podemos encontrar en el Evangelio,   “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente” “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”, (Evangelio de San Mateo 22 vs.37-39) “ Os doy un mandamiento nuevo  que os améis los unos a los otros como Yo los amo” (Evangelio de San Juan 13  vs.34)

Este concepto de Amor al otro fue continuado por los obispos y sacerdotes, sucesores de los primeros apóstoles, a lo largo de los siglos y hasta nuestros días en sus comunidades, denunciando y actuando para y por el otro, en defensa del prójimo,  salvaguardando la trascendencia de la persona humana y acompañándola en su realidad terrenal.

Esta actitud pastoral toma un nuevo camino al usarse por primera vez la locución “doctrina social” con el Papa Pío XI, donde se comienzan a encarar como doctrinales temas de relevancia social y queda plasmado en la Encíclica “Rerum Novarum” de León XIII, enseñanza doctrinal de la Iglesia en el campo social (1891). Los acontecimientos históricos que se produjeron en el siglo XIX sobre todo de naturaleza económica dieron lugar a la primera gran cuestión social “la cuestión obrera” que motivaba una especial solicitud pastoral que hacía necesario delinear soluciones a los nuevos problemas que se planteaban. Esta encíclica es un documento fundamental y de referencia para la actividad cristiana en el campo social. Enumera los errores que provocan el mal social, excluye al socialismo como remedio e inicia el camino de “La Doctrina Social de la Iglesia” exponiendo sobre numerosos temas como  el trabajo, el derecho de propiedad, principio de colaboración como medio para el cambio social, dignidad de los pobres, obligaciones de los ricos, el perfeccionamiento de la justicia por la caridad y el derecho a las asociaciones profesionales.

Los  principios enunciados por León XIII serán retomados por los papas que lo sucedieron  y fueron profundizados por nuevas encíclicas y por el Concilio Vaticano II que  ponen el foco en la problemática social y piden no sólo a los católicos sino a todas las personas de buena voluntad, asumir un compromiso real con el prójimo basado en el amor al otro y en la dignidad de todo ser humano  entendido como un todo “materia y espíritu.” Esto no sólo implica el tema económico, sino toda la problemática social que se genera en la sociedad post-industrial como la urbanización, los jóvenes, la situación de la mujer, la discriminación, la emigración, el crecimiento demográfico , el medio ambiente, los medios de comunicación social , la droga, la corrupción. La única manera de lograr la paz hace indispensable el marco de la solidaridad, entendida en un concepto más amplio que la simple ayuda.

En definitiva la Doctrina Social de la Iglesia entiende que la búsqueda de un orden temporal más perfecto no puede lograrse sin que avance paralelamente el mejoramiento de lo espiritual. El hecho de que la Iglesia se involucrara activamente en todos estos temas fue y es objeto de duras críticas, y tomando como ejemplo la última encíclica del Papa Francisco, no fue la excepción.

En la elaboración y la enseñanza de la doctrina social, la Iglesia ha buscado y busca no fines teóricos, sino pastorales, cuando constata las repercusiones de los cambios sociales en la dignidad de cada uno de los seres humanos y va articulando su doctrina en la plenitud de la palabra revelada por Jesús e iluminada por el Espíritu Santo.

Este es el verdadero  sentido de compromiso social, involucrarnos con el otro no sólo en la ayuda material que es importante si no en nuestro real compromiso con la dignidad de nuestro hermano que abarca la totalidad de la persona “materia y espíritu”. Compromiso social es lograr que todos los hombres tengan igualdad de oportunidades, porque no hay otra manera de lograr una sociedad justa y equitativa. Pareciera un desafío imposible de cumplir, sin embargo simplemente involucrándonos activamente en nuestra comunidad parroquial y teniendo como principio motor las palabras de Jesús en el Evangelio, cada uno de nosotros puede lograr trabajando en conjunto un cambio sustancial.

La proximidad de las elecciones nos obliga a un compromiso político, elegir nuevas autoridades. Se hace indispensable escuchar atentamente las propuestas de los diferentes candidatos, que utilizan en todos sus discursos alguna referencia a la problemática social, al compromiso social o a la responsabilidad social.  El que resulte elegido tiene por delante un compromiso político y/o una responsabilidad política con nosotros como sociedad para cumplir con lo prometido. Sepamos distinguir la verdad de la manipulación dialéctica, única manera de poder avanzar como nación hacia un futuro mejor. Como decimos cuando rezamos la Oración por la Patria… “Queremos ser Nación una Nación cuya identidad sea la pasión por la verdad y el compromiso por el bien común”.

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¿ASISTENCIA SOCIAL, RESPONSABILIDAD SOCIAL O COMPROMISO SOCIAL?

Por Enrique Parborell. Consultor de Empresas

¿Dónde podemos ser más efectivos con nuestra ayuda?

Vivimos en un mundo donde no todos tenemos las mismas posibilidades, desde el primer minuto de nuestras vidas. No es lo mismo nacer en Siria hoy que en Holanda. No es lo mismo nacer en un hogar con dos padres esperando con amor la llegada del nuevo hijo/a, que en una casa humilde con una madre abandonada por su pareja y con siete hijos para criar. No es lo mismo estar bien alimentado y amado en los primeros años de la vida, donde uno crea su autoestima y la capacidad de aprendizaje necesaria para tener una vida con un nivel digno de desarrollo intelectual y laboral. No es lo mismo…

Dependiendo del lado en el que hemos nacido, podremos necesitar imperiosamente de la  asistencia social gubernamental para subsistir o, si tenemos la suerte de trabajar en una empresa grande, podremos experimentar la ejecución de acciones de Responsabilidad Social hacia miembros de una comunidad. Pero, ni la ayuda de gobiernos ni la de compañías privadas y ONGs,  es suficiente para llegar a todos los que necesitan de estas acciones. Por esto, es clave entender y concientizarnos sobre lo que representa un Compromiso Social mancomunado para llegar a mucha más gente, y más, si lo hacemos en forma colaborativa y en red.  Repasemos un poco las diferencias.

Asistencia Social
Está asociada a un servicio que se presta para solucionar problemas de diversa índole y mejorar las condiciones de vida  de las personas. Su objetivo es que todos los integrantes de una sociedad gocen de los mismos derechos  y oportunidades. Como en toda comunidad existen desigualdades, la asistencia social está dirigida a los más desfavorecidos. Su trabajo se orienta a que todos los individuos puedan satisfacer sus necesidades básicas. Típicamente, la ejecutan Gobiernos, Municipios y ONGs. En estados con Gobiernos populistas, esta Asistencia Social puede transformarse en Asistencialismo, con fines políticos para conseguir adhesiones partidarias en contraparte del servicio de asistencia, sea cual fuere.

Responsabilidad Social
Es el continuo compromiso de los negocios o empresas para conducirse éticamente y contribuir al desarrollo económico mientras mejoran la calidad de vida de sus empleados y familias, así como de la comunidad local y sociedad en general.

Hay empresas más obligadas que otras a desarrollar este tipo de acciones, como las Mineras o Papeleras, donde la operación puede provocar daños en el medio ambiente, dependiendo el nivel de madurez de tecnología que utilizan (gestión de desperdicios, y uso de recursos naturales) para operar.

Compromiso social
Acciones llevadas a cabo con el objetivo de crear conciencia en la comunidad sobre una problemática y/o situación negativa, logrando el apoyo de ésta para solucionar dicho problema o hacer frente a una necesidad.

Son ejemplos bastantes conocidos de Compromiso Social, cómo colaboramos con actividades ad-honorem en Hospitales o cómo  donamos un día por año a organizaciones como Techo para levantar un techo a quien lo necesita.

inundados

Ahora bien, el objetivo de esta nota no es brindar conceptualización de las diferencias entre Asistencia, Responsabilidad y Compromiso Social. Si no, concientizarnos dónde podemos aportar más a nuestro país, o mejor dicho, a las personas de nuestro país, donde no llegan ni el Gobierno de turno ni las empresas.

Pero vayamos  a pequeños ejemplos diarios donde podemos estar “conectados” con el prójimo. Días atrás, estuve personalmente colaborando con el llevado de productos a zonas inundadas en el conurbano bonaerense. Me quedé impresionado por la cantidad de jóvenes de la Parroquia San Gabriel que habían dedicado su tiempo desde el día anterior secando casas inundadas. Me quedé más emocionado con el agradecimiento de la gente del lugar por los productos donados.

También me conmovieron las historias de transformación personal de los jóvenes que fueron a misionar durante Agosto, donde destacaron que más que “dar”, “recibieron” de las personas a las que ver para misionar.

Mi deformación profesional (consultor de empresas) me lleva a preguntarme por qué estas situaciones deben ser salteadas (1 semana de misión por año, 1 recolección de Cáritas, otra de Más x Menos, etc). ¿Por qué no podemos vivir durante todo el año haciendo acciones de compromiso social en forma directa o indirecta? ¿Por qué no podemos hacer de esto, un estilo de vida e incorporarlo como lo hacemos con un deporte?  Me pregunto… si las personas con necesidades básicas no tienen, acaso, estas necesidades durante todo el año (demanda todo el año) y no justo cuando tengo tiempo para ayudar (oferta de a ratos). Como diría un economista… “tenemos un problema de oferta demanda”.

Vayamos a un ejemplo para los jóvenes lectores de esta nota. Hace unas semanas, leí una nota de una aplicación nueva para ciegos llamada Be My Eyes, de la organización www.bemyeyes.org, que organiza a más de 200.000 voluntarios para que puedan recibir algún llamado de alguien ciego quien prende su celular para chequear, por ejemplo, la fecha de vencimiento de un alimento. Sólo toca un botón del celular, su cámara se prende, el voluntario recibe la imagen en vivo de lo que está frente a la persona ciega, y puede ayudarlo a identificar si está vencido o no ese producto. Una gran idea que usa 5 minutos de alguno de los 200.000 voluntarios.

Personalmente creo que debe organizarse el compromiso social en redes colaborativas e instantáneas, como la que puede generarse vía Internet. De esta manera podemos ser increíblemente  efectivos. Colectas como la de Más x Menos de la Iglesia, o las Campañas Solidarias del periodista Andrés Kusnetzoff (que año tras año coordina más de 100 camiones que van a distintos comedores y escuelas del país) son muestras de cómo la organización vía medios masivos “multiplica” su efecto benefactor.

Estos son casos de Compromiso Social y, por qué no, de Solidaridad con impacto en “muchos” pero ¿qué hacemos nosotros como individuos con el compromiso social con los que están cerca?

A diario, pasamos por debajo de General Paz y vemos familias completas viviendo debajo de cartones. Pasamos por la estación de Retiro de subte y vemos personas y chicos durmiendo sobre un piso frío y mojado, sin detenernos. Viajamos en trenes y subtes, y no escuchamos los reiterados pedidos de personas muy pobres en estados lamentables.

Me pregunto, una vez más como consultor  ¿Nuestros problemas personales/laborales nos bloquean nuestro nivel de apreciación de las necesidades de nuestro prójimo? ¿Esto no nos convierte en un poco egoístas?

Hace unas semanas hice un ejercicio personal que lo llamé de “conexión”. Vino a pedirme dinero un padre con su hija para comprar una prótesis para su maltrecha pierna. En vez de darle dinero, directamente me puse a charlar sobre cómo iba a comprar la prótesis, su costo y a quién. Me di cuenta que iba a comprarla a un intermediario que probablemente le estaba cobrando casi 3 veces su valor. Yo conocía a alguien que podría traer la prótesis directamente, y me ofrecí a contactarlo. Este pequeño “ejercicio” tuvo sus frutos más en mí que en la persona que yo quería ayudar. Me di cuenta de lo poco conectado que estoy/estamos con el prójimo que más nos necesita. Me di cuenta que muchas veces vamos por la vida como “observadores” de una película de otros y no como actores de la misma, sin saber que la película era una sola. Me di cuenta, que esta indiferencia con el otro no era el nivel de compromiso social que yo quería lograr.

¿Qué pasa si subimos este nivel un 10% siendo más CONSCIENTES de las necesidades de nuestro prójimo?  Si cada lector de esta nota lo hace,  lo hace todos los días y además lo comunica a sus seres queridos más cercanos y estos, a su vez, aumentan sus acciones de compromiso social en un 10%. ¿Qué pasaría si empezamos a escuchar  a los que nos necesitan? ¿Qué pasaría si en vez de sólo donar dinero empezamos a donar nuestro tiempo para acompañar a un abuelo o enfermo o preso? O simplemente donar nuestro tiempo para escuchar al otro…

Quiero cerrar este artículo con la definición que ya presenté párrafos atrás de lo que es Compromiso Social:

“Acciones llevadas a cabo con el objetivo de crear conciencia en la comunidad sobre una problemática y/o situación negativa, logrando el apoyo de ésta para solucionar dicho problema o hacer frente a una necesidad”

…y me pregunto finalmente…¿qué acciones voy a llevar a cabo este mes, el siguiente y el resto del año?

Yo quiero incrementar los niveles de mi consciencia y ser protagonista en esta película y no un observador pasivo, y ¿usted de qué lado quiere estar?

DE LA CARTA A DIOGNETO

De autor desconocido, compuesta seguramente a finales del s. II

Los cristianos en el mundo 

“Los cristianos no se distinguen de los demás hombres, ni por el lugar en que viven, ni por su lenguaje, ni por sus costumbres. Ellos, en efecto, no tienen ciudades propias, ni utilizan un hablar insólito, ni llevan un género de vida distinto. Su sistema doctrinal no ha sido inventado gracias al talento y especulación de hombres estudiosos, ni profesan, como otros, una enseñanza basada en autoridad de hombres.

Viven en ciudades griegas y bárbaras, según les cupo en suerte, siguen las costumbres de los habitantes del país, tanto en el vestir como en todo su estilo de vida y, sin embargo, dan muestras de un tenor de vida admirable y, a juicio de todos, increíble. Habitan en su propia patria, pero como forasteros; toman parte en todo como ciudadanos, pero lo soportan todo como extranjeros; toda tierra extraña es patria para ellos, pero están en toda patria como en tierra extraña. Igual que todos, se casan y engendran hijos, pero no se deshacen de los hijos que conciben. Tienen la mesa en común, pero no el lecho.

Viven en la carne, pero no según la carne. Viven en la tierra, pero su ciudadanía está en el Cielo. Obedecen las leyes establecidas, y con su modo de vivir superan estas leyes. Aman a todos, y todos los persiguen. Se los condena sin conocerlos. Se les da muerte, y con ello reciben la vida. Son pobres, y enriquecen a muchos; carecen de todo, y abundan en todo. Sufren la deshonra, y ello les sirve de gloria; sufren detrimento en su fama, y ello atestigua su justicia. Son maldecidos, y bendicen; son tratados con ignominia, y ellos, a cambio, devuelven honor. Hacen el bien, y son castigados como malhechores; y, al ser castigados a muerte, se alegran como si se les diera la vida. Los judíos los combaten como a extraños y los gentiles los persiguen, y, sin embargo, los mismos que los aborrecen no saben explicar el motivo de su enemistad.

Para decirlo en pocas palabras: los cristianos son en el mundo lo que el alma es en el cuerpo. El alma, en efecto, se halla esparcida por todos los miembros del cuerpo; así también los cristianos se encuentran dispersos por todas las ciudades del mundo. El alma habita en el cuerpo, pero no procede del cuerpo; los cristianos viven en el mundo, pero no son del mundo. El alma invisible está encerrada en la cárcel del cuerpo visible; los cristianos viven visiblemente en el mundo, pero su religión es invisible. La carne aborrece y combate al alma, sin haber recibido de ella agravio alguno, sólo porque le impide disfrutar de los placeres; también el mundo aborrece a los cristianos, sin haber recibido agravio de ellos, porque se oponen a sus placeres.

El alma ama al cuerpo y a sus miembros, a pesar de que este la aborrece; también los cristianos aman a los que los odian. El alma está encerrada en el cuerpo, pero es ella la que mantiene unido el cuerpo; también los cristianos se hallan retenidos en el mundo como en una cárcel, pero ellos son los que mantienen la trabazón del mundo. El alma inmortal habita en una tienda mortal; también los cristianos viven como peregrinos en moradas corruptibles, mientras esperan la incorrupción celestial. El alma se perfecciona con la mortificación en el comer y beber; también los cristianos, constantemente mortificados, se multiplican más y más. Tan importante es el puesto que Dios les ha asignado, del que no les es lícito desertar.

De la Carta a Diogneto (Cap. 5-6; Funk 1, 317-321)