Laudato Si

LAUDATO SI

Por Augusto Zampini Davies.

El Papa Francisco nos ha enviado recientemente una carta inspiradora, tanto para nuestra fe como para el desarrollo de la humanidad.  La carta tiene la intención de ser circulada de persona en persona (encíclica).  El título, Laudato Si’ (alabado sea), está tomado del Cántico de las Creaturas, de San Francisco de Asís.  En él, Dios es alabado por las maravillas de todos los seres creados, desde la hermana luna y las estrellas –luminosas, preciosas y bellas-, hasta el hermano viento –que nos sustenta en todo tiempo-; desde la hermana agua –útil, humilde y casta-, hasta la madre tierra –que nos sustenta y gobierna-.  Pero dicha dimensión contemplativa de la creación no es una mirada idealista, sino agradecida y profunda.  Y es precisamente esta misma mirada la que nos permite constatar no sólo la bondad y belleza de la creación, sino también la fealdad y el deterioro de nuestra madre tierra, nuestra casa común.

2Y0A5757La crisis ecológica

La encíclica de Francisco aborda el desafío de los problemas ecológicos.
Nueva York, Estados Unidos

Entre ellos incluye el cambio climático, la polución ambiental y la deforestación, la contaminación de ríos y mares, y la triste pérdida de la biodiversidad.  Haciendo eco de una abrumadora mayoría de estudios científicos, el Papa señala que, por primera vez en la historia, tales deterioros ecológicos son provocados primariamente por la actividad humana.  Nunca hemos maltratado y lastimado nuestra casa común como en los últimos tiempos.  El uso y abuso de los recursos naturales, un consumismo desenfrenado que fomenta una cultura del descarte, y un modelo de progreso económico que no respeta límite alguno ni considera los costos de daños sociales y ambientales, han convertido nuestra casa común, la tierra, en ‘un inmenso depósito de porquería’.

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El daño ecológico no sólo afecta la salud de muchas personas que viven en centros urbanos, sino también el trabajo y la vida familiar de millones de comunidades que
Sismo en Nepal

viven en zonas rurales vulnerables al cambio climático, donde las sequías son cada vez más prolongadas, las inundaciones más frecuentes, y las tormentas más dañinas.   Por ejemplo, y tal como lo comprobamos a diario desde Cáritas International, muchos jóvenes deben migrar de las tierras heredades de su ancestros hacia lugares desconocidos para poder sobrevivir.  Los más ancianos suelen optar por quedarse, incluso a riesgo de desnutrición.  Ergo, el gemido de los abandonados del mundo, tanto para Francisco de Asís como para el Papa Francisco, está íntimamente conectado con el gemido de nuestra madre tierra.  De allí que la crisis en la que nos encontramos no sea sólo es ambiental, sino más bien ‘eco-lógica’, porque además de afectar los ambientes en donde vivimos, perjudica a todas las redes de vida que coexisten en nuestro planeta.

2Y0A6552Tibias respuestas

Frente a semejante crisis ecológica, el Papa Francisco
Ruanda

denuncia, proféticamente, la debilidad de nuestras reacciones, tanto políticas, económicas como personales.  El fracaso de las Cumbres mundiales sobre cambio climático revela cuán débiles han sido las respuestas político-internacionales a la crisis.   Y dado que este año las Naciones Unidas tomarán decisiones sobre cómo afrontar tamaña crisis que nos afecta a todos, la encíclica de Francisco es una invitación a renovar y reinventar el diálogo político-internacional.  Francisco ha publicado deliberadamente su carta durante el proceso de negociaciones en Naciones Unidas, que finalizarán en la reunión de París a fin de año.

También las respuestas tecno-económico globales han sido exánimes.  La encíclica denuncia una alianza cortoplacista entre la economía y la política.  Ya sea por la obsesión de perpetuarse en el poder de los políticos, o por la ambición de meros réditos inmediatos de quienes controlan la economía, las políticas económicas locales y nacionales han permitido y justificado los daños ambientales, culturales y sociales.  El problema es que, tal como lo señala la tradición social de la Iglesia, un desarrollo económico que beneficia sólo a algunos pocos, o que afecta tan sólo la dimensión material de nuestra existencia, no es verdadero progreso ni es auténticamente humano.  Un verdadero avance de la humanidad se ve frustrado cuando intereses económicos controlan todas las decisiones políticas, o cuando gobiernos corruptos  prometen beneficios para hoy, pero a costa de hipotecar las generaciones y el medio ambiente del futuro.

La solución no es fácil ni univoca. Por ello, la carta-encíclica es un llamado al diálogo sincero y honesto para encontrar un nuevo modelo de desarrollo, un modelo que promueva políticas y prácticas verdaderamente inclusivas y sustentables.

Pero además de las tibias respuestas políticas y económicas frente a una crisis ecológica sin precedentes, Francisco también menciona las endebles respuestas personales.  Aquellos que vivimos con un cierto estilo de vida y confort, somos generalmente reticentes a cambiar nuestros hábitos, sobre todo aquellos hábitos de consumo que impliquen renunciar a lo que nos ofrece el mercado.   Citando a su predecesor Benedicto XVI, Francisco nos recuerda que ‘comprar’ o ‘consumir’ siempre es un acto moral.  Y cuando nuestro consumo está totalmente desconectado con la procedencia de los productos, con las personas que los trabajan, con el ambiente del cual provienen sus materiales, o con el lugar en donde se depositan sus desechos, entonces nuestro consumo está alimentado por una conciencia aislada y autorreferencial.  Dicha estado de consciencia nos impide superar la barrera de los intereses personales, obstaculizando el desarrollo de un estilo de vida alternativo.  Esto ocurre aún a personas comprometidas con la religión Católica.

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Ecología integral

¿Pero cómo vencer éste círculo de injusticias?  ¿Cómo revertir las tibias y ventajistas respuestas personales,
económicas o políticas,
Berbera, Somalilandia

en respuestas apasionadas y solidarias?   La propuesta de Laudato Si’ es promover una ‘ecología integral’, con la cual se cultiven sólidas virtudes de compromiso ecológico, tanto personales como comunitarias.  Dicha ecología integral, para Francisco, es el nuevo parámetro de justicia global.

Calbuco22-4-15

En efecto, una sana ‘ecología’ no estudia y cuida solamente un aspecto del medio ambiente, o una sola clase de seres vivientes.  Más bien, ‘integra’ todas las redes de vida entre sí y con sus hábitats naturales.
Volcán Calbuco, Chile

Resultaría sospechoso, por ejemplo, luchar por proteger los bosques y ser indiferente a violaciones de la dignidad humana.  Es también similarmente incoherente trabajar por un estado de bienestar humano a costa del medio ambiente, del clima, de la naturaleza, y de la próximas generaciones.   Es la interconexión de las relaciones en el planeta la que necesita un replanteamiento radical.  Para promover una ‘ecología integral’ y una conversión profunda en nuestra relación con los demás y con la naturaleza, la encíclica hace hincapié en el diálogo, y en el aporte de la espiritualidad Cristiana.

Nueva creación

Sin vergüenza alguna, Francisco plantea que una espiritualidad basada en la  teología de la creación tiene mucho que aportar al diálogo ecológico de hoy.  Los Evangelios,  en efecto, incluso para los no creyentes, son como obras clásicas de arte, que han formado y estimulado a miles de comunidades por más de veinte siglos.  Ellos pueden aportar un elemento de profunda motivación, ausente en el planteo ecológico actual, y una visión que contribuya a sondear las profundas causas antropológicas de la crisis ambiental.

Según lo que Francisco llama ‘el Evangelio de la Creación’, todo lo creado por Dios es bueno, y su existencia tiene un sentido en sí mismo, más allá de su utilidad.  Los seres humanos, además, estamos creados a imagen y semejanza de Dios.  Pero tal privilegio no nos habilita a dominar a discreción al resto de la creación, ni a ‘instrumentalizarla’ a nuestro antojo.  Por el contrario, hemos sido nombrados por Dios co-administradores de su creación.  Nuestra misión es tratarla tal cómo Dios los haría, respetando la esencia de cada creatura.  Claro que podemos y debemos ‘trabajar’ la tierra para nuestro sustento.  Pero también debemos cuidarla y protegerla, dejando que florezca su capacidad de resiliencia.  Podríamos decir, por lo tanto, que la mejor manera de colaborar con la obra de Dios, es ayudándola a completar y perfeccionarse.

Pero, tal como lo describe el libro del Génesis, cuando nuestra actitud no es la de servicio sino la de dominio, ya sea sobre las cosas, sobre la naturaleza, sobre otros seres vivos, o sobre el prójimo, entonces nos posicionamos como ‘dioses’.  Dicha des-ubicación necesariamente distorsiona el mundo creado, generando violencia y destrucción.  Quienes en algún momento hemos caído en este pecado, destrozando relaciones por buscar nuestro propio beneficio o interés, conocemos la magnitud del desastre y la necesidad del perdón para comenzar de nuevo.  El pecado original de Adán y Eva, simbolizado en la apropiación del único árbol que no podían tocar, indica la ambición de vivir una vida sin límites, como si fuéramos dioses.  Esto genera, tarde o temprano, un actitud de dominio y violencia, tanto para el prójimo  como para la naturaleza, reflejado en las historias de Caín-Abel y el Arca de Noé.  Ante las calamidades socio-naturales, según la tradición bíblica, se necesita una nueva Alianza, un nuevo comienzo en donde los seres humanos se puedan re-ubicar como cariñosos y fieles servidores del prójimo y de las creaturas.  En este sentido, Laudato Si’ no es tanto una carta apocalíptica sino más bien una propuesta jubilar.  La crisis ecológica es una oportunidad para comenzar de nuevo.  Lo que necesitamos, señala el Papa, es una nueva humanidad, fruto de una manera diferente de entender las relaciones con los demás, con la creación y con el Creador.  De allí podrá surgir un nuevo modelo de desarrollo que ayudará a afrontar la crisis ambiental.

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Fotografías de Clara Wetzel, miembro de la ONG What Took You So Long?