padre richards

LA MÁQUINA DEL VIEJO FRED

Por Susana Taurozzi. Vice directora del colegio. Profesora de Historia

El Padre Federico Richards fue parte de la comunidad de San Gabriel, durante la década de los ochenta. Su figura y la profundidad de su reflexión atraían fuertemente a los jóvenes del Colegio, que por ese entonces,  estaban descubriendo tímidamente el camino que situaba a la Argentina en la senda de la transición democrática. Nacido en el seno de una familia irlandesa en 1921, hermano del P. Pedro Richards coordinador del Movimiento Familiar Cristiano en la Argentina, ingreso a la Congregación de los Misioneros Pasionistas en el año 1938 y se ordenó sacerdote en 1945. Sus estudios y formación transcurrieron en el Seminario Menor que la Congregación había instalado en la localidad de Vicente López, hoy nuestro Colegio y Parroquia San Gabriel, cursando sus estudios de Teología y Filosofía en el Retiro San Pablo y Santísimo Rosario bajo formadores de la misma Congregación.

Sus responsabilidades, una vez ordenado fueron muchas: se desempeñó como superior de la Residencia Santa Gema en Montevideo y de la casa de formación en San Miguel, contigua al Colegio Máximo de los PP: Jesuitas. También ocupó cargos de gestión como superior provincial en  el año 1963  y fue rector del retiro Santa Cruz.  Otras actividades que excedieron el marco de la Congregación fueron: Vice Asesor Nacional del Movimiento Familiar en Argentina, Asesor Nacional delegado del Uruguay a los Encuentros Latinoamericanos del M.F.C. en Montevideo, Santiago de Chile, Río de Janeiro, Caracas, Bogotá y San José-Texas, EE.UU., Director y Editor de la revista The Southern Cross, enviado especial a Irlanda con motivo de la visita del Papa a Irlanda, miembro de la Mesa Directiva de la Asamblea Permanente de Derechos Humanos de la Argentina, miembro del Directorio de la Asociación Católica Irlandesa y  Presidente del Instituto Cultural Argentino Irlandés.

Estas últimas tareas son las que detienen nuestro relato biográfico. Hombre de Iglesia en tiempos difíciles y hombre de letras en tiempos de silencio. La pluma de Federico ilustró esos años difíciles y, su compromiso ciudadano, lo llevó a participar activamente en la fundación y desarrollo de las actividades de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos.

El P. Federico Richards fue director del periódico The Southern Cross desde el año 1969.  Desde allí,  puso a prueba su mirada profética ante situaciones que requerían un alto grado de compromiso. Ya desde 1972 podemos reconocer sus editoriales, que retornan una y otra vez,  a los valores que pretendía sostener: justicia, verdad y compromiso. En 1973,  ante la apertura electoral en la Argentina escribía: “Luego de un proceso que pasará a la historia política argentina como una alucinante cadena de contradicciones, zozobras, rumores, trampas y desafíos matonescos, el pueblo argentino llega a las vísperas de las tan ansiadas elecciones. Atrás queda, en el pasado inmediato, el triste fracaso de lo que se llamó la Revolución Argentina, que comenzara con una tácita aceptación del pueblo, ansioso de un auténtico proceso liberador, para terminar en otra de las múltiples frustraciones que ha debido padecer en las últimas décadas. (…) reflexionemos que hay una actitud que le está vedada al cristiano en estas circunstancias, y esta sería la abstención o la indiferencia. Sí, descorazonado y escéptico, alguien se dejara llevar por ese pesimismo o egoísmo estaría abdicando de un deber que nace de la Fe. El Evangelio es bien explícito en señalar que somos responsables del bien de nuestro prójimo. La Iglesia a su vez, no deja de recalcar la actitud del cristiano frente a lo temporal, la cual podría resumirse en la siguiente frase: El cristiano es aquel a quien Dios responsabilizó del mundo”[1].  Este sentido de compromiso cristiano era pensado desde una mirada latinoamericana, incluso reconociendo una distancia con respecto a su propia formación: “En el campo del apostolado o pastoral: ¿no nos contentamos con importar sistemas apostólicos pensados para una Europa, su idiosincrasia y sus problemas, y los aplicábamos ciegamente a nuestra realidad y nuestro continente. (…) válidos en sí pero no pensados desde nosotros mismos. (…) La tarea a la cual es llamada la Iglesia por Pablo VI y por Medellín es acompañar este despertar de la conciencia latinoamericana y esta búsqueda de su propio ser y misión” [2]|.

Pero no sólo sus editoriales propiciaban la reflexión sobre el compromiso socio- político del cristiano, sino que denunciaban las situaciones de  violencia que comenzaban a manifestarse en la sociedad argentina. Ante la muerte del P. Carlos Mugica expresaba: “Quien haya asistido a las exequias del P. Mugica en el misérrimo barrio de Comunicaciones, guardará para siempre el recuerdo de los cuadros de dolor desgarrante con que sus humildísimos habitantes despidieron a su P. Carlos. (…) A nosotros nos queda tan sólo la muy seria oportunidad de sacar algún fruto positivo de esta sangre sacerdotal irracionalmente derramada ante el atrio del Señor. (…) Nos queda rogar a Dios que esta joven sangre libada presumiblemente por manos argentinas no caiga como una maldición sobre nuestro pueblo, sino sea más bien el riego fertilizador que haga brotar en nuestra Iglesia más hombres capaces de ponerse por encima de sus pequeños y raquíticos prejuicios y egoísmos, y jugarse en la medida de sus fuerzas al lado de los que Cristo escogió: los perseguidos, los torturados, los hambrientos, los sedientos de justicia y amor.”[3]

Tiempo después, ya instalado el gobierno militar en 1976, desde su título la editorial del periódico enarbolaba la frase “Si quieres la paz, defiende la vida”, y señalaba: “porque el día que aprobemos en nuestro corazón el asesinato, el secuestro y la tortura de un solo hombre, ese día nos hemos separado de la Eucaristía de la Iglesia y hemos condenado a miles de hermanos- inocentes o no- a ese mismo fin”.[4]  De la misma manera, denunciará la muerte de los cinco Religiosos Palotinos: “El Evangelio nos relata que los soldados custodios de la tumba de Cristo, al descubrirla  vacía, huyeron llenos de miedo. El derrotado y muerto Galileo evidentemente había vuelto a la vida para espanto de los verdugos. Este pensamiento nos asaltó el lunes pasado, 4 de julio, cuando celebramos en la Iglesia San Patricio, junto a una multitud, la memoria de los cinco Religiosos Palotinos vilmente asesinados hacía exactamente un año: ¡Los muertos de ayer, estaban vivos!”[5]

Esta actitud de continua denuncia, suscitó la incomprensión de quienes no comprendieron lo osado de  su conducta. En abril de 1978  el P. Federico Richards renunció a la dirección del periódico The Southern Cross, esgrimiendo motivos de salud. El 5 de mayo escribió su última editorial,  bajo el título: “Una última  palabra al partir” allí señalaba : “The Southern Cross, cuyo fundador creó como órgano de opinión y que en manos de sus sucesores jamás escamoteó su deber y compromiso de estar presente con su palabra y opinión sobre los problemas nacionales, de Iglesia o concernientes a Irlanda, tampoco en estas circunstancias adoptó una cómoda actitud aséptica, tan buscada por quienes creen que se puede llegar al Reino, libres de polvo y del barro del camino (…). Frente a la orquestada campaña de grupos de poder y de intereses ajenos a nuestro pueblo y a nuestra Fe, de tergiversar, ignorar o combatir las directivas de la Iglesia en nuestra América Latina, puestas de manifiesto en sus grandes encíclicas como Populorum Progressio, la Octagésima Adveniens y otras, pusimos nuestro esfuerzo por desenmascarar toda acción que quisiera utilizar  a la Iglesia o hacerla traicionar su compromiso prioritario para con los marginados, los humildes y los perseguidos de la tierra. Descendientes de quienes conocieron cárcel, tortura y exilio, ¿qué otra podía ser nuestra opción?”[6]

Sin embargo, el P. Federico Richards estuvo alejado apenas un año de la dirección del periódico, en mayo de 1979 volvemos a leer sus editoriales que mantuvieron el mismo tono de denuncia que en la etapa anterior. En 1980 destacaremos dos de ellas: la del 27 de julio de 1980, bajo el título “No es lícito olvidar”, culmina señalando: ¿Es necesario que sigamos citando? Kelly, Leaden, Angelelli, Romero, los cerca de 500 sacerdotes, religiosos y laicos dirigentes, que han dado su sangre en nuestra América Latina en estas dos décadas últimas (…). Y hoy, su sangre generosa riega y fertiliza esta tierra latinoamericana.”[7]  El compromiso del P. Federico Richards para con la justicia y los derechos humanos no sólo se reflejó en sus editoriales, participó activamente hasta 1988 en la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos y junto con los P.P. Mateo Perdía y Carlos O´Leary atestiguó en el juicio por la desaparición de las Religiosas Francesas. En el año 1988 se realizó una conferencia de prensa convocada por los PP. Mateo Perdía, Federico Richards, Joaquín Carregal (Obispado de Quilmes) y los Religiosos Metodistas: Federico Pagura y Emilio Monti, con el objeto de poner a disposición del periodismo documentación que se estimaba útil para orientar en la investigación de la causas de los asesinatos de los PP. Murias y Longueville, y luego del propio Obispo de La Rioja Monseñor Angelleli.

Hombre de Iglesia, de profundo compromiso ciudadano y afilada pluma, Federico Richards ha dejado su legado a través de acciones y palabras, que brindan alternativas para repensar las maneras de actuar en  aquellos tiempos difíciles. Hoy a la distancia volvemos a apelar a su memoria, que bien vale la pena incluir en este número dedicado a la JUSTICIA.

 

[1]  “Y ahora a votar”, 2 de febrero de 1973, TSC.

[2]Pensar Latinoamericanamente”,  3 de julio de 1973, TSC.

[3]  Sangre en el Templo,Viernes 17 de mayo de 1974, TSC.

[4] Si quieres la paz, defiende la vida,Viernes 13 de agosto de 1976, TSC.

[5]  Vuestros muertos viven, 8 de Julio de 1977, TSC.

[6] Una última Palabra al partir, 5 de Mayo de 1978, TSC.

[7] No es lícito olvidar, viernes 27 de junio de 1980, TSC.