ECOLOGÍA, ÉTICA Y ECONOMÍA

Venimos de experiencias personales y colectivas cargadas de dualismos, desencuentros, desarticulaciones: cuerpo – alma, afuera – adentro, humano – cristiano, material – espiritual, fe – razón, naturaleza – técnica, economía – ética, peronismo – anti peronismo, pueblo – cultura y podríamos continuar con una lista no pequeña de enfrentamientos entre cuestiones fundamentales que nos han marcado, herido, enfrentado en la historia pasada y reciente y que si no intentamos cambiar con urgencia el paradigma existencial y social, seguirán ejerciendo entre nosotros una fuerza devastadora que se expresará en un mundo cada vez más roto.

Todos intuimos que se debe cambiar con decisión y celeridad, pero sabemos que los cambios profundos necesitan tiempo y además argumentos sólidos, porque los simplistas, lejos de deshacer el fenómeno de disolución, lo acrecientan.

Creemos que en este sentido la Encíclica del Papa Francisco Laudato Si´, Sobre el cuidado de la casa común, es un instrumento necesario para comenzar en cada uno de nosotros, en nuestras comunidades pequeñas como la familia, los grupos de trabajo, el vecindario, el colegio, la parroquia y también la comunidad grande, la Nación, a comenzar decíamos, la renovación de las razones y de los fundamentos con los que nos paramos frente a la realidad.

Si seguimos disociando todo lo que en la realidad está unido de manera articulada y complementaria, sepamos que el futuro será de enfrentamientos cada vez más crudos y estériles y la casa común se irá deshaciendo no tan lentamente.

El Papa Francisco inspirado en el Santo de la Fraternidad con todas las creaturas, Francisco de Asís, nos propone ir hacia el cuidado de lo que es débil y una ecología integral.

No quiero desarrollar esta encíclica sin acudir a un modelo bello que puede motivarnos. Tomé su nombre como guía y como inspiración en el momento de mi elección como Obispo de Roma. Creo que Francisco es el ejemplo por ex­celencia del cuidado de lo que es débil y de una ecología integral, vivida con alegría y autenticidad. Es el santo patrono de todos los que estudian y trabajan en torno a la ecología, amado también por muchos que no son cristianos. Él manifestó una atención particular hacia la creación de Dios y hacia los más pobres y abandonados. Amaba y era amado por su alegría, su entrega generosa, su corazón universal. Era un místico y un peregrino que vivía con simplicidad y en una maravillosa armonía con Dios, con los otros, con la naturale­za y consigo mismo. En Él se advierte hasta qué punto son inseparables la preocupación por la naturaleza, la justicia con los pobres, el compro­miso con la sociedad y la paz interior. LAUDATO SÍ n° 10.

En esta revista, deseamos entonces tomar este desafío y darnos el gusto de pensar de una manera nueva toda las realidades, de manera más integral y con mayor armonía.

Es más, nos parece que unir ecología -ética -economía, significa despertar entre nosotros no solo una manera de ver o de pensar, sino y fundamentalmente, una manera de vivir.

Esta visión nos llena de esperanza y nos alejamos decididamente del pesimismo que muchas veces nos habita. La esperanza es realista y activa porque asume la realidad tal cual es, sin disfrazarla, y se afirma en el ser humano que aunque herido por el pecado tiene por gracia de Dios una enorme capacidad de bien, de hacer el bien y puede hacer transformaciones formidables en los mismo lugares que su acción ha generados caos.

La cercanía de la Pascua, le da a los planteos que aquí se hacen, una fuerza y una luz particular, porque la fuerza del Señor Resucitado es capaz de renovar todas las cosas.

Tratando de ser coherentes con el planteo que venimos haciendo, estamos muy agradecidos por la participación generosa de un rabino y un imán, que nos acercan el pensamiento sabio y valioso de la comunidad judía e islámica.

Mucho agradecemos también a los otros colaboradores que mucho nos ayudan a seguir creciendo en la búsqueda de un modo de ser cristiano, más abiertos al Bueno y Misericordioso Padre  Dios,  a los otros, verdaderos hermanos en el camino de la vida y al mundo, nuestra casa común.

CONTENIDOS DE LAUDATO SI´SOBRE EL CUIDADO DE LA CADA COMÚN

Una lectura completa de Laudato Si´, contribuye a la meditación y toma de conciencia acerca del cuidado de nuestra casa común, especialmente en este tiempo de Pascuas.

El Papa Francisco hace un llamado urgente a la reflexión acerca de nuestra responsabilidad como parte de la creación, para con nuestro Planeta.

A continuación, algunos fragmentos de la Carta Encíclica, nos permiten descubrir la importancia de entrar en diálogo con todo lo que nos rodea, que Dios puso a nuestro cuidado.

 

Contenidos de Laudato Si´ sobre el cuidado de la casa común[1]

  1. 1. «Laudato si’, mi’ Signore» – «Alabado seas, mi Señor», cantaba San Francisco de Asís. En ese hermoso cántico nos recordaba que nuestra casa común es también como una hermana, con la cual compartimos la existencia, y como una madre bella que nos acoge entre sus brazos: «Alabado seas, mi Señor, por la hermana nuestra madre Tierra, la cual nos sustenta, y gobierna y produce diversos frutos con coloridas flores y hierba».
  2. 2. Esta hermana clama por el daño que le provocamos a causa del uso irresponsable y del abuso de los bienes que Dios ha puesto en ella. Hemos crecido pensando que éramos sus propietarios y dominadores, autorizados a expoliarla. La violencia que hay en el corazón humano, herido por el pecado, también se manifiesta en los síntomas de enfermedad que advertimos en el suelo, en el agua, en el aire y en los seres vivientes. Por eso, entre los pobres más abandonados y maltratados, está nuestra oprimida y devastada Tierra, que «gime y sufre dolores de parto» (Rm 8,22). Olvidamos que nosotros mismos somos tierra (cf. Gn 2,7). Nuestro propio cuerpo está constituido por los elementos del Planeta, su aire es el que nos da el aliento y su agua nos vivifica y restaura.
  3. 8. El Patriarca Bartolomé se ha referido particularmente a la necesidad de que cada uno se arrepienta de sus propias maneras de dañar el Planeta, porque, «en la medida en que todos generamos pequeños daños ecológicos», estamos llamados a reconocer «nuestra contribución –pequeña o grande– a la desfiguración y destrucción de la creación». Sobre este punto él se ha expresado repetidamente de una manera firme y estimulante, invitándonos a reconocer los pecados contra la creación: «Que los seres humanos destruyan la diversidad biológica en la creación divina; que los seres humanos degraden la integridad de la Tierra y contribuyan al cambio climático, desnudando la tierra de sus bosques naturales o destruyendo sus zonas húmedas; que los seres humanos contaminen las aguas, el suelo, el aire. Todos estos son pecados». Porque «un crimen contra la naturaleza es un crimen contra nosotros mismos y un pecado contra Dios».
  4. 9. Al mismo tiempo, Bartolomé llamó la atención sobre las raíces éticas y espirituales de los problemas ambientales, que nos invitan a encontrar soluciones no sólo en la técnica sino en un cambio del ser humano, porque de otro modo afrontaríamos solo los síntomas. Nos propuso pasar del consumo al sacrificio, de la avidez a la generosidad, del desperdicio a la capacidad de compartir, en una ascesis que «significa aprender a dar, y no simplemente renunciar. Es un modo de amar, de pasar poco a poco de lo que yo quiero a lo que necesita el mundo de Dios. Es liberación del miedo, de la avidez, de la dependencia».
  5. 13. El desafío urgente de proteger nuestra casa común incluye la preocupación de unir a toda la familia humana en la búsqueda de un desarrollo sostenible e integral, pues sabemos que las cosas pueden cambiar. El Creador no nos abandona, nunca hizo marcha atrás en su proyecto de amor, no se arrepiente de habernos creado. La Humanidad aún posee la capacidad de colaborar para construir nuestra casa común. Deseo reconocer, alentar y dar las gracias a todos los que, en los más variados sectores de la actividad humana, están trabajando para garantizar la protección de la casa que compartimos. Merecen una gratitud especial quienes luchan con vigor para resolver las consecuencias dramáticas de la degradación ambiental en las vidas de los más pobres del mundo. Los jóvenes nos reclaman un cambio. Ellos se preguntan cómo es posible que se pretenda construir un futuro mejor sin pensar en la crisis del ambiente y en los sufrimientos de los excluidos.
  6. 14. Hago una invitación urgente a un nuevo diálogo sobre el modo como estamos construyendo el futuro del Planeta. Necesitamos una conversación que nos una a todos, porque el desafío ambiental que vivimos, y sus raíces humanas, nos interesan y nos impactan a todos. El movimiento ecológico mundial ya ha recorrido un largo y rico camino, y ha generado numerosas agrupaciones ciudadanas que ayudaron a la concientización. Lamentablemente, muchos esfuerzos para buscar soluciones concretas a la crisis ambiental suelen ser frustrados no solo por el rechazo de los poderosos, sino también por la falta de interés de los demás. Necesitamos una solidaridad universal nueva. Todos podemos colaborar como instrumentos de Dios para el cuidado de la creación, cada uno desde su cultura, su experiencia, sus iniciativas y sus capacidades.
  7. 18. A la continua aceleración de los cambios de la Humanidad y del Planeta se une hoy la intensificación de ritmos de vida y de trabajo, en eso que algunos llaman «rapidación». Si bien el cambio es parte de la dinámica de los sistemas complejos, la velocidad que las acciones humanas le imponen hoy contrasta con la natural lentitud de la evolución biológica. A esto se suma el problema de que los objetivos de ese cambio veloz y constante no necesariamente se orientan al bien común y a un desarrollo humano, sostenible e integral.
  8. 20. Existen formas de contaminación que afectan cotidianamente a las personas. La exposición a los contaminantes atmosféricos produce un amplio espectro de efectos sobre la salud, especialmente de los más pobres, provocando millones de muertes prematuras. A ello se suma la contaminación que afecta a todos, debida al transporte, al humo de la industria, a los depósitos de sustancias que contribuyen a la acidificación del suelo y del agua, a los fertilizantes, insecticidas, fungicidas, controladores de malezas y agrotóxicos en general. La tecnología que, ligada a las finanzas, pretende ser la única solución de los problemas, de hecho suele ser incapaz de ver el misterio de las múltiples relaciones que existen entre las cosas, y por eso a veces resuelve un problema creando otros.
  9. 21. Hay que considerar también la contaminación producida por los residuos, incluyendo los desechos peligrosos presentes en distintos ambientes. Se producen cientos de millones de toneladas de residuos por año, muchos de ellos no biodegradables: residuos domiciliarios y comerciales, residuos de demolición, residuos clínicos, electrónicos e industriales, residuos altamente tóxicos y radioactivos. La Tierra, nuestra casa, parece convertirse cada vez más en un inmenso depósito de porquería.
  10. 23. El clima es un bien común, de todos y para todos. Hay un consenso científico muy consistente que indica que nos encontramos ante un preocupante calentamiento del sistema climático. La Humanidad está llamada a tomar conciencia de la necesidad de realizar cambios de estilos de vida, de producción y de consumo, para combatir este calentamiento o, al menos, las causas humanas que lo producen o acentúan.
  11. 25. El cambio climático es un problema global con graves dimensiones ambientales, sociales, económicas, distributivas y políticas, y plantea uno de los principales desafíos actuales para la Humanidad. Los peores impactos probablemente recaerán en las próximas décadas sobre los países en desarrollo. Muchos pobres viven en lugares particularmente afectados por fenómenos relacionados con el calentamiento, y sus medios de subsistencia dependen fuertemente de las reservas naturales y de los servicios ecosistémicos, como la agricultura, la pesca y los recursos forestales. No tienen otras actividades financieras y otros recursos que les permitan adaptarse a los impactos climáticos… también se ven obligados a migrar con gran incertidumbre por el futuro de sus vidas y de sus hijos.
  12. 28. El agua potable y limpia representa una cuestión de primera importancia, porque es indispensable para la vida humana y para sustentar los ecosistemas terrestres y acuáticos. La pobreza del agua social se da especialmente en África, donde grandes sectores de la población no acceden al agua potable segura, o padecen sequías que dificultan la producción de alimentos.
  13. 29. Un problema particularmente serio es el de la calidad del agua disponible para los pobres, que provoca muchas muertes todos los días. Entre los pobres son frecuentes enfermedades relacionadas con el agua, incluidas las causadas por microorganismos y por sustancias químicas. La diarrea y el cólera, que se relacionan con servicios higiénicos y provisión de agua inadecuados, son un factor significativo de sufrimiento y de mortalidad infantil.
  14. 30. Mientras se deteriora constantemente la calidad del agua disponible, en algunos lugares avanza la tendencia a privatizar este recurso escaso, convertido en mercancía que se regula por las leyes del mercado. En realidad, el acceso al agua potable y segura es un derecho humano básico, fundamental y universal, porque determina la sobrevivencia de las personas, y por lo tanto es condición para el ejercicio de los demás derechos humanos. Este mundo tiene una grave deuda social con los pobres que no tienen acceso al agua potable, porque eso es negarles el derecho a la vida radicado en su dignidad inalienable.
  15. 31. Una mayor escasez de agua provocará el aumento del costo de los alimentos y de distintos productos que dependen de su uso. Algunos estudios han alertado sobre la posibilidad de sufrir una escasez aguda de agua dentro de pocas décadas si no se actúa con urgencia. Los impactos ambientales podrían afectar a miles de millones de personas, pero es previsible que el control del agua por parte de grandes empresas mundiales se convierta en una de las principales fuentes de conflictos de este siglo.
  16. 45. En algunos lugares, rurales y urbanos, la privatización de los espacios ha hecho que el acceso de los ciudadanos a zonas de particular belleza se vuelva difícil. En otros, se crean urbanizaciones «ecológicas» solo al servicio de unos pocos, donde se procura evitar que otros entren a molestar una tranquilidad artificial. Suele encontrarse una ciudad bella y llena de espacios verdes bien cuidados en algunas áreas «seguras», pero no tanto en zonas menos visibles, donde viven los descartables de la sociedad.
  17. 49. Quisiera advertir que no suele haber conciencia clara de los problemas que afectan particularmente a los excluidos. Ellos son la mayor parte del Planeta, miles de millones de personas. Hoy están presentes en los debates políticos y económicos internacionales, pero frecuentemente parece que sus problemas se plantean como un apéndice, como una cuestión que se añade casi por obligación o de manera periférica, si es que no se los considera un mero daño colateral. De hecho, a la hora de la actuación concreta, quedan frecuentemente en el último lugar. Esto a veces convive con un discurso «verde». Pero hoy no podemos dejar de reconocer que un verdadero planteo ecológico se convierte siempre en un planteo social, que debe integrar la justicia en las discusiones sobre el ambiente, para escuchar tanto el clamor de la Tierra como el clamor de los pobres.
  18. 51. La inequidad no afecta sólo a individuos, sino a países enteros, y obliga a pensar en una ética de las relaciones internacionales. Porque hay una verdadera «deuda ecológica», particularmente entre el Norte y el Sur, relacionada con desequilibrios comerciales con consecuencias en el ámbito ecológico, así como con el uso desproporcionado de los recursos naturales llevado a cabo históricamente por algunos países. Las exportaciones de algunas materias primas para satisfacer los mercados en el Norte industrializado han producido daños locales, como la contaminación con mercurio en la minería del oro o con dióxido de azufre en la del cobre. A esto se agregan los daños causados por la exportación hacia los países en desarrollo de residuos sólidos y líquidos tóxicos, y por la actividad contaminante de empresas que hacen en los países menos desarrollados lo que no pueden hacer en los países que les aportan capital. Generalmente, al cesar sus actividades y al retirarse, dejan grandes pasivos humanos y ambientales, como la desocupación, pueblos sin vida, agotamiento de algunas reservas naturales, deforestación, empobrecimiento de la agricultura y ganadería local, cráteres, cerros triturados, ríos contaminados…
  19. 52. La deuda externa de los países pobres se ha convertido en un instrumento de control, pero no ocurre lo mismo con la deuda ecológica. De diversas maneras, los pueblos en vías de desarrollo, donde se encuentran las más importantes reservas de la biosfera, siguen alimentando el desarrollo de los países más ricos a costa de su presente y de su futuro.
  20. 53. Estas situaciones provocan el gemido de la hermana Tierra, que se une al gemido de los abandonados del mundo, con un clamor que nos reclama otro rumbo. Nunca hemos maltratado y lastimado nuestra casa común como en los últimos dos siglos.
  21. 54. Llama la atención la debilidad de la reacción política internacional. El sometimiento de la política ante la tecnología y las finanzas se muestra en el fracaso de las Cumbres mundiales sobre medio ambiente. Hay demasiados intereses particulares y muy fácilmente el interés económico llega a prevalecer sobre el bien común y a manipular la información para no ver afectados sus proyectos. En esta línea, el Documento de Aparecida reclama que «en las intervenciones sobre los recursos naturales no predominen los intereses de grupos económicos que arrasan irracionalmente las fuentes de vida». La alianza entre la economía y la tecnología termina dejando afuera lo que no forme parte de sus intereses inmediatos.
  22. 55. Poco a poco algunos países pueden mostrar avances importantes, el desarrollo de controles más eficientes y una lucha más sincera contra la corrupción. Hay más sensibilidad ecológica en las poblaciones, aunque no alcanza para modificar los hábitos dañinos de consumo, que no parecen ceder sino que se amplían y desarrollan. Es lo que sucede, para dar sólo un sencillo ejemplo, con el creciente aumento del uso y de la intensidad de los acondicionadores de aire. Los mercados, procurando un beneficio inmediato, estimulan todavía más la demanda. Si alguien observara desde afuera la sociedad planetaria, se asombraría ante semejante comportamiento que a veces parece suicida.
  23. 57. Es previsible que, ante el agotamiento de algunos recursos, se vaya creando un escenario favorable para nuevas guerras, disfrazadas detrás de nobles reivindicaciones. La guerra siempre produce daños graves al medio ambiente y a la riqueza cultural de las poblaciones, y los riesgos se agigantan cuando se piensa en las armas nucleares y en las armas biológicas.
  24. 76. Para la tradición judeo-cristiana, decir «creación» es más que decir naturaleza, porque tiene que ver con un proyecto del amor de Dios donde cada criatura tiene un valor y un significado. La naturaleza suele entenderse como un sistema que se analiza, comprende y gestiona, pero la creación solo puede ser entendida como un don que surge de la mano abierta del Padre de todos, como una realidad iluminada por el amor que nos convoca a una comunión universal.
  25. 93. Hoy creyentes y no creyentes estamos de acuerdo en que la Tierra es esencialmente una herencia común, cuyos frutos deben beneficiar a todos. Para los creyentes, esto se convierte en una cuestión de fidelidad al Creador, porque Dios creó el mundo para todos. Por consiguiente, todo planteo ecológico debe incorporar una perspectiva social que tenga en cuenta los derechos fundamentales de los más postergados.
  26. 112. Sin embargo, es posible volver a ampliar la mirada, y la libertad humana es capaz de limitar la técnica, orientarla y colocarla al servicio de otro tipo de progreso más sano, más humano, más social, más integral.
  27. 122. Un antropocentrismo desviado da lugar a un estilo de vida desviado. Cuando el ser humano se coloca a sí mismo en el centro, termina dando prioridad absoluta a sus conveniencias circunstanciales, y todo lo demás se vuelve relativo. Por eso no debería llamar la atención que, junto con la omnipresencia del paradigma tecnocrático y la adoración del poder humano sin límites, se desarrolle en los sujetos este relativismo donde todo se vuelve irrelevante si no sirve a los propios intereses inmediatos.
  28. 123. La cultura del relativismo es la misma patología que empuja a una persona a aprovecharse de otra y a tratarla como mero objeto, obligándola a trabajos forzados, o convirtiéndola en esclava a causa de una deuda. Es la lógica interna de quien dice: «Dejemos que las fuerzas invisibles del mercado regulen la economía, porque sus impactos sobre la sociedad y sobre la naturaleza son daños inevitables». Es la misma lógica del «usa y tira», que genera tantos residuos solo por el deseo desordenado de consumir más de lo que realmente se necesita.
  29. 129. Para que siga siendo posible dar empleo, es imperioso promover una economía que favorezca la diversidad productiva y la creatividad empresarial. Las economías de escala, especialmente en el sector agrícola, terminan forzando a los pequeños agricultores a vender sus tierras o a abandonar sus cultivos tradicionales. Para que haya una libertad económica de la que todos efectivamente se beneficien, a veces puede ser necesario poner límites a quienes tienen mayores recursos y poder financiero.
  30. 139. Cuando se habla de «medioambiente», se indica particularmente una relación, la que existe entre la naturaleza y la sociedad que la habita. Esto nos impide entender la naturaleza como algo separado de nosotros o como un mero marco de nuestra vida. Estamos incluidos en ella, somos parte de ella y estamos interpenetrados. Las razones por las cuales un lugar se contamina exigen un análisis del funcionamiento de la sociedad, de su economía, de su comportamiento, de sus maneras de entender la realidad. No hay dos crisis separadas, una ambiental y otra social, sino una sola y compleja crisis socio-ambiental.
  31. 141. Por otra parte, el crecimiento económico tiende a producir automatismos y a homogeneizar, en orden a simplificar procedimientos y a reducir costos. Por eso es necesaria una ecología económica, capaz de obligar a considerar la realidad de manera más amplia. Hay una interacción entre los ecosistemas y entre los diversos mundos de referencia social, y así se muestra una vez más que «el todo es superior a la parte».
  32. 194. Para que surjan nuevos modelos de progreso, necesitamos «cambiar el modelo de desarrollo global», lo cual implica reflexionar responsablemente «sobre el sentido de la economía y su finalidad, para corregir sus disfunciones y distorsiones». Un desarrollo tecnológico y económico que no deja un mundo mejor y una calidad de vida integralmente superior no puede considerarse progreso.
  33. 196. ¿Qué ocurre con la política? Es verdad que hoy algunos sectores económicos ejercen más poder que los mismos Estados. Pero no se puede justificar una economía sin política, que sería incapaz de propiciar otra lógica que rija los diversos aspectos de la crisis actual. La lógica que no permite prever una preocupación sincera por el ambiente es la misma que vuelve imprevisible una preocupación por integrar a los más frágiles, porque «en el vigente modelo “exitista” y “privatista” no parece tener sentido invertir para que los lentos, débiles o menos dotados puedan abrirse camino en la vida».
  34. 198. La política y la economía tienden a culparse mutuamente por lo que se refiere a la pobreza y a la degradación del ambiente. Pero lo que se espera es que reconozcan sus propios errores y encuentren formas de interacción orientadas al bien común. Mientras unos se desesperan solo por el rédito económico y otros se obsesionan solo por conservar o acrecentar el poder, lo que tenemos son guerras o acuerdos espurios donde lo que menos interesa a las dos partes es preservar el ambiente y cuidar a los más débiles. Aquí también vale que «la unidad es superior al conflicto».
  35. 202. Muchas cosas tienen que reorientar su rumbo, pero ante todo la Humanidad necesita cambiar. Hace falta la conciencia de un origen común, de una pertenencia mutua y de un futuro compartido por todos. Esta conciencia básica permitiría el desarrollo de nuevas convicciones, actitudes y formas de vida. Se destaca así un gran desafío cultural, espiritual y educativo que supondrá largos procesos de regeneración.
  36. 209. La conciencia de la gravedad de la crisis cultural y ecológica necesita traducirse en nuevos hábitos. Muchos saben que el progreso actual y la mera sumatoria de objetos o placeres no bastan para darle sentido y gozo al corazón humano, pero no se sienten capaces de renunciar a lo que el mercado les ofrece.
  37. 214. A la política y a las diversas asociaciones les compete un esfuerzo de concientización de la población. También a la Iglesia. Todas las comunidades cristianas tienen un rol importante que cumplir en esta educación.
  38. 216. Quiero proponer a los cristianos algunas líneas de espiritualidad ecológica que nacen de las convicciones de nuestra fe, porque lo que el Evangelio nos enseña tiene consecuencias en nuestra forma de pensar, sentir y vivir. No se trata de hablar tanto de ideas, sino sobre todo de las motivaciones que surgen de la espiritualidad para alimentar una pasión por el cuidado del mundo.
  39. 222. La espiritualidad cristiana propone un modo alternativo de entender la calidad de vida, y alienta un estilo de vida profético y contemplativo, capaz de gozar profundamente sin obsesionarse por el consumo. Es importante incorporar una vieja enseñanza, presente en diversas tradiciones religiosas, y también en la Biblia. Se trata de la convicción de que «menos es más». La constante acumulación de posibilidades para consumir distrae el corazón e impide valorar cada cosa y cada momento. La espiritualidad cristiana propone un crecimiento con sobriedad y una capacidad de gozar con poco. Es un retorno a la simplicidad que nos permite detenernos a valorar lo pequeño, agradecer las posibilidades que ofrece la vida sin apegarnos a lo que tenemos ni entristecernos por lo que no poseemos.

[1] Carta Encíclica Laudato si’ sobre el cuidado de la casa común, Dado en Roma, junto a San Pedro, el 24 de mayo, Solemnidad de Pentecostés, del año 2015, tercero de mi Pontificado. Franciscus.

Para ver texto completo: http://w2.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa-francesco_20150524_enciclica-laudato-si.html

 

 

ORACIÓN POR NUESTRA TIERRA

Dios omnipotente,
que estás presente en todo el Universo
y en la más pequeña de tus criaturas,
Tú, que rodeas con tu ternura todo lo que existe,
derrama en nosotros la fuerza de tu amor
para que cuidemos la vida y la belleza.
Inúndanos de paz, para que vivamos como hermanos y hermanas
sin dañar a nadie.
Dios de los pobres,
ayúdanos a rescatar
a los abandonados y olvidados de esta Tierra
que tanto valen a tus ojos.
Sana nuestras vidas,
para que seamos protectores del mundo
y no depredadores,
para que sembremos hermosura
y no contaminación y destrucción.
Toca los corazones
de los que buscan solo beneficios
a costa de los pobres y de la Tierra.
Enséñanos a descubrir el valor de cada cosa,
a contemplar admirados,
a reconocer que estamos profundamente unidos
con todas las criaturas
en nuestro camino hacia tu luz infinita.
Gracias porque estás con nosotros todos los días.
Aliéntanos, por favor, en nuestra lucha
por la justicia, el amor y la paz.

ÉTICA Y ECONOMÍA DESDE LA FE ISLÁMICA

Por Hasan Bize[1]
Imam de la Asociación Islámica Yerrahi para el Desarrollo Espiritual

  1. La economía a la luz del Islam y de la fe

Indiscutiblemente en nuestra época la economía es la reina de la que todo depende, y a la que todo se subordina. Pese a su etimología griega es una ciencia moderna, y me atrevería a redefinirla —sin ánimo de ofender—, como “la ciencia de los efectos globales del egoísmo, el miedo y la codicia humana”. Sin egoísmo, sin miedo a perder o a no conseguir el sustento de cada día, y sin avidez por tener más o “juntar por si acaso”, no habría economía.

Esta caracterización —que admito simplista— tiene mucho que ver con la fe (o mejor dicho: con la falta de fe). Uno de los principios comunes de las grandes tradiciones religiosas abrahámicas es la existencia de un Creador que provee a sus criaturas sin mezquindad. Dice el Sagrado Corán:

En verdad, Dios es Quien otorga la provisión con abundancia… (51:58).

Y Dios provee a quien quiere sin medida (2:212, etc.).

Y decía Jesús a los preocupados por el sustento:

Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan… y vuestro Padre celestial las alimenta. (Mateo, 6:26)

Pero no obstante, hoy en día confiamos más en el dinero que tenemos en el bolsillo que en la Providencia del Misericordioso:

¡Guay de todo difamador contumaz! Que junta dinero y lo cuenta. ¿Piensa acaso que su dinero lo hará eterno? (104:1 a 3).

El Islam es una de esas tradiciones abrahámicas, la última en ver la luz en el siglo VII de la era común. Como religión, el Islam no se circunscribe solo al ámbito íntimo del hombre, sus creencias, cosmovisión y conducta ética, sino que se proyecta en lo social, político y también económico, porque posee un corpus normativo, es decir un derecho propio que abarca todos los aspectos de la vida humana, tanto individual como social. ¿Eso incluye un sistema o modelo económico? Naturalmente que no, no había ciencia económica en el siglo VII. Pero sí transmite una serie de imperativos de conducta que inciden en la actividad económica y que son coherentes con la fe y los principios éticos que promueve. A un breve análisis de esto están dedicadas estas líneas.

  1. Algunas normas económicas del derecho islámico

La ley islámica tiene dos fuentes: el Sagrado Corán (la Palabra de Dios para los musulmanes) y la enseñanza del Profeta Muhammad (Mahoma), que se conoce como la Sunnah. Sobre esta base escrituraria —el Corán y la Sunnah— se apoya el edificio del derecho islámico o fiqh, también conocido genéricamente como sharî‘ah o ley sagrada. Veamos algunas de esas disposiciones.

2.1. La prohibición del incremento injusto (ribâ)

El término árabe ribâ se traduce a veces como “usura”, o sea el interés excesivo en un préstamo. Pero “usura” no es una traducción adecuada de ribâ. En árabe ribâ designa a todo incremento artificial o injusto en el valor de algo sin un trabajo o contraprestación que lo justifique, se trate de mercaderías o dinero. Dice el Sagrado Corán:

“Quienes usureen [lit.: “coman”, es decir “medren” con el ribâ] no se levantarán sino como se levanta aquél a quien Satanás ha derribado con sólo tocarle, y eso por decir que el comercio es como el incremento injusto (ribâ), siendo que Dios ha hecho lícito el comercio y ha prohibido el ribâ. Quien exhortado por su Señor renuncie [a seguir cobrando ribâ] conservará lo que haya ganado. Su caso está en manos de Dios. Los reincidentes, esos serán los condenados al Infierno y en él permanecerán para siempre” (Corán, 2:275).

Y añade enseguida:

“Dios hace que se malogre el ribâ y hace fructificar la limosna…” (2:276).

Destacando así lo improductivo del egoísmo y lo fructífero de la caridad. En el fondo el ribâ alude a un mecanismo del egoísmo humano que desemboca en la avidez y la codicia, lo cual queda claro en otra condena coránica:

¡Oh creyentes! ¡No medréis con el incremento injusto (ribâ), doblándolo y multiplicándolo! ¡Temed a Dios, quizás así prosperéis! (3:130).

Tradujimos como “incremento injusto” a la palabra ribâ, para dejar en claro que lo prohibido no es solo la usura: sin importar el porcentaje, el interés por cualquier transacción está prohibido en la ley islámica.

También en la tradición profética o Sunnah se condena este incremento injusto o ribâ y de alguna manera se lo caracteriza:

“El Mensajero de Dios dijo: «[Los intercambios deben ser] El oro por oro, la plata por plata, el trigo por trigo, la cebada por cebada, los dátiles por dátiles y la sal por sal, algo por lo equivalente, igual por igual, de mano a mano. El que agrega algo o pide que le agreguen está haciendo ribâ. El que da y el que recibe están equiparados [en cuanto a culpabilidad]»”. (Sahih Muslim, h. 3854).

Esta prohibición del interés hizo que hasta la época moderna no hubiera bancos en el mundo islámico, lo cual no fue óbice para el esplendor y la prosperidad de los musulmanes durante más de un milenio, desde el siglo VIII hasta las puertas de la modernidad (siglo XVIII). El califato abasí (s. VIII a XIII), la próspera España musulmana (Al-Andalus: siglos VIII a XV), los poderosos imperios Otomano (Turquía, Europa y Oriente Medio), Safaví (Persia) y Mogol (India), son todos ejemplos en este sentido.

2.2. La banca islámica

En las últimas décadas ha aparecido la “banca islámica”, bancos que no cobran ni pagan interés, sino que recolectan depósitos, hacen inversiones productivas lícitas según la sharî‘ah, y distribuyen ganancias entre los depositantes. Varios países musulmanes han legislado al respecto, y en algunos es el único sistema bancario permitido.

Un banco islámico no tiene inversiones “seguras” como los bancos convencionales (que solo “prestan” a los solventes, o bajo garantía real: prendaria o hipotecaria, e incluso asegurando las deudas a costa del deudor), tiene inversiones de riesgo: puede asociarse con personas o sociedades en actividades industriales o de servicio suministrando el capital, repartiendo las ganancias (o pérdidas) en los porcentajes que fija la ley sagrada; puede hacer operaciones de leasing con condición de transferencia de propiedad; compra y arriendo de granjas, etc., etc.[2]

La banca islámica está prosperando incluso en Europa donde algunos bancos importantes tienen divisiones de banca islámica. Naturalmente sus ganancias no son las de la banca tradicional, pero no han participado [ni hubieran podido hacerlo] en las grandes crisis financieras y de las “hipotecas basura” que conocimos en la última década, para dar solo un ejemplo.

2.3. El zakat

Uno de los cinco pilares del Islam es el zakât, la limosna[3], mencionada más de treinta veces en el Sagrado Corán. La palabra zakât significa “purificación”, pues el creyente purifica sus bienes [de los cuales es solo un usufructuario] entregando anualmente un porcentaje (generalmente un 2,5%) de su riqueza. Los pobres no están obligados al zakât y sí calificados para recibirlo.

El zakât enseña la caridad y la solidaridad social, y entre sus disposiciones hay algunas que encierran una gran sabiduría y equidad. El zakât de las cosechas, por ejemplo, es más bajo en tierras irrigadas artificialmente, y más alto cuando es suficiente la irrigación natural. Se desalienta el atesoramiento excesivo de riquezas a través de su aplicación acumulativa en algunos casos (oro, plata, dinero, mercancías), pues es propio de la fe confiar en la provisión que Dios promete a todas sus criaturas.

La distribución del zakât está definida en el Sagrado Corán:

“Las limosnas son sólo para [distribuir entre] los pobres, los indigentes, los recaudadores [en pago por su trabajo], los débiles de corazón [que pueden gracias a ello inclinarse a la fe], para [rescatar/liberar a] los cautivos [o esclavos] y a los quebrados, para la Causa de Dios y para el ‘hijo del camino’ [viajero que se quedó sin recursos]. Es [el zakât] una obligación que viene de Dios, pues Dios es Conocentísimo y Sabio” (9:60).

2.4. Otras normas ético-económicas

La tradición profética o Sunnah contiene numerosas disposiciones (éticas y obligatorias) para la actividad económica que han contribuido a conformar una ‘actitud cultural’ islámica respecto de la economía en todas sus vertientes. Veamos algunas de ellas:

1) Está prohibido alquilar la tierra por una parte de la producción de la misma: la tierra es para quien la cultiva (no en propiedad pero sí en usufructo), esto desalienta los latifundios improductivos. Al respecto dice una tradición:

“El Mensajero de Dios dijo: «El que tenga tierras que las cultive, pero si no puede cultivarlas o se siente incapaz de hacerlo que se la preste a su hermano musulmán sin aceptar pago por ella»”. (Muslim, 3719).

2) Prohibición de prácticas comerciales desleales tratando de obtener una ventaja injusta, como el caso del citadino que vende en nombre del hombre de campo, mentir sobre la mercadería, o la puja falsa en una venta para elevar el precio, etc.

“El Mensajero de Dios dijo: «No salgáis al encuentro de jinetes [de una caravana] para negociar con ellos [mejores precios antes de que lleguen a la ciudad]…, ni regateéis contra otro [elevando artificialmente el precio]. Que el citadino no venda para el hombre de campo [porque lo perjudica y eleva los precios de la producción hortícola]. Que no se aten las ubres de las camellas y las ovejas [para simular que dan mucha leche]…»”. (Muslim, 3620).

3) El perdón, remisión o quita parcial de las deudas, y la extensión de sus plazos a los que han tenido una mala racha, y también la condena de la morosidad del rico. Esto se apoya en muchas tradiciones, por ejemplo:

“El Mensajero de Dios dijo: «Los ángeles se llevaron el alma de un hombre que vivió entre los que os precedieron. Le preguntaron: ‘¿Has hecho algo bueno?’ Respondió: ‘No’. Dijeron: ‘Haz memoria’. Dijo: ‘Solía dar préstamos a la gente y ordenaba a mis siervos que les dieran prórroga a los que estaban en dificultades y descuentos a los solventes’. (Entonces) Dios, Exaltado y Majestuoso, dijo: ‘Debéis ignorar (sus errores)’»”. (Muslim, 3788).

“El Mensajero de Dios dijo: «El retraso del rico [en el pago] es una injusticia…»”. (Muslim, 3796).

Y otras muchas que omitimos brevitatis causae.

  1. Epílogo

De este paseo a vuelo de pájaro por la ley islámica y algunas de sus normas ético-económicas queda claro que el Islam condena el egoísmo, y que este aparece cuando el hombre cree que solo depende de sí mismo pues ha olvidado a su Creador.

Hemos hablado de “ley”, y claramente no es lo mismo la ley de Dios que la ley del hombre. El Creador conoce a Su criatura, el hombre todavía trata de conocerse a sí mismo. Pero la ley de Dios tiene un requisito previo: la fe. De nada sirve una ley sagrada sin fe, pues sería como cualquier ley positiva, y todos conocemos el refrán que dice “hecha la ley, hecha la trampa”. El creyente, en cambio, sabe que no puede sustraerse a la mirada de su Señor:

Dios conoce bien lo que hacéis. (Sagrado Corán, 2:234 y 271, etc.)

Y sabe también, sobre todo, que su mejor retribución no está en este mundo:

Y sin duda, para los creyentes piadosos, la recompensa de la otra vida es mejor aún [que la de este mundo]. (12:56)

Y la fe, el único verdadero remedio para los problemas del hombre, se construye y apoya en actos concretos, de adentro hacia afuera, prefiriendo al otro antes que a uno mismo. Así los define el Sagrado Corán hablando de los primeros musulmanes y su actitud con sus compañeros:

“…y les prefieren a sí mismos aunque se encuentren en estado de necesidad. Aquellos que están a salvo de su propia avaricia, esos son los triunfadores”. (59:9).

O como dijo el Profeta Muhammad:

“Ninguno de vosotros creerá realmente hasta que quiera para su hermano [en la fe] lo que quiere para sí mismo”.

[1] Imam de la Asociación Islámica Yerrahi para el Desarrollo Espiritual, Profesor de árabe clásico, y de cultura y pensamiento islámico en la Maestría en Diversidad Cultural, Universidad Nacional de Tres de Febrero.

[2] Por razones de espacio no podemos profundizar en el tema, pero basta con googlear “banca islámica” o “islamic banking” para tener una idea de la dimensión del fenómeno.

[3] Los otros cuatro son la profesión de fe (“No hay divino sino Dios y Muhammad es Su Profeta”), la oración diaria, el ayuno en el mes de Ramadán, y la peregrinación a los lugares sagrados.

¿QUÉ LE ESTÁ PASANDO A NUESTRO MUNDO?

Rabino Fabián Skornik
Comunidad Lamroth Hakol

Esta pregunta se repite desde hace mucho tiempo, nos aqueja, nos atormenta alertándonos acerca de cambios y amenazas que afectan nuestra vida. Expresa algo así como un reclamo al mundo, o a su Creador, que por fallas en su constitución, podríamos vernos afectados. Detrás de ella asoma la idea de una garantía, que quisiéramos saber si todavía está vigente, si podemos hacer el trámite correspondiente para que quien lo haya fabricado pueda responder por los errores que nos afectan, o en su defecto lo pueda cambiar por uno en mejor estado.

Pero la mayor dificultad que tiene esta pregunta es que nos coloca en un lugar equivocado, no pone el foco donde debería ponerlo y nos impide analizar honestamente el verdadero problema. En lugar de empezar por contestar la pregunta les propongo que la volvamos a formular, para no caer en la trampa de desviar la atención de donde deberíamos ponerla, y evadir así toda responsabilidad.

Para poder hacerlo los invito a un recorrido, desde los textos sagrados del pueblo judío, que puedan guiarnos en esta búsqueda, y nos arrojen un poco de luz acerca de la cosmovisión de este pueblo, que además nos otorguen algo de inspiración que nos impulse a comprometernos con la construcción de un mundo mejor.

La Torá (el Pentateuco) comienza su relato con la creación. Y si la analizamos desde la ciencia nos encontraremos con una enorme dificultad que nos permita armonizar entre esa mirada y la religiosa.  Y no debiéramos enfrentarnos a la disyuntiva de tener que elegir entre ambas. Sugiero pensar que cada una de ellas se enfrenta a objetivos  diferentes, responden a preguntas distintas, y nos arrojan dos miradas que pueden ser complementarias, y no excluyentes entre sí.

La ciencia viene a contestar la pregunta acerca de cómo funciona el mundo, le interesa desmenuzar y explicar. Separa las cosas y ve cómo están constituidas.  En cambio la religión intenta contestar la pregunta para qué. Frente a la existencia le importa entender la razón de ser, la finalidad, el objetivo último. Se trata de unir las cosas y darle significado.

El relato de la creación del mundo puede ser nuestro punto de partida para entender la voluntad de D´s respecto a nosotros. ¿Para qué nos creó D´s? ¿Con qué fin nos colocó en este mundo? ¿Cuál es nuestro lugar en esa creación? ¿Qué debemos hacer para que nuestras vidas tengan sentido y significado?

Empecemos entonces con algunas de las miles de enseñanzas que nos deja este breve pero profundo relato. El primer día D´s crea la luz, como opuesto a la oscuridad que reinaba en este mundo. Uno podría conjeturar que es bastante lógico hacerlo ya que ella será imprescindible para el desarrollo de la vida. Salvo que el sol será creado el cuarto día, y todos sabemos que es ese astro la fuente de toda luz. Que sin sol esta no existe.

Enseñan los rabinos que esa luz inicial es la representación de la paz, de la armonía, del equilibrio, como opuesto al caos que describe la Biblia que existía en el comienzo. El mundo es llamado a la existencia para dejar atrás la oscuridad y llenarse de luz, sólo así podrá haber vida, solo con ella estaremos cumpliendo con la voluntad divina. Una de nuestras tareas más importantes en la vida, que dan sentido a nuestra creación es convertirnos en socios de D´s y traer paz, ayudar a conseguirla, trabajar para alcanzarla. Y no me refiero solo a la paz entre las naciones, a la ausencia de guerras con armas de destrucción masiva, sino también a la manera en la que nos relacionamos con nuestro prójimo, a la forma en la que nos tratamos, nos hablamos, nos saludamos y al compromiso que estamos dispuestos a asumir para que cada vez más personas puedan lograr sentirse en paz.

Luego de ese acto creador, D´s observa y sentencia una fórmula que se repetirá al finalizar cada creación: “Y vio D´s que era bueno”. Puestos en este mundo con igual desafío, después de cada acto, después de cada acción que emprendemos debemos poder observarla y juzgarla como buena. Es imperativo vivir de forma tal que nuestros actos reflejen esa bondad, que de ellos pueda desprenderse ese calificativo, que sean ellos los que hablen acerca de nuestra esencia.

A partir de allí tendremos seis días intensos, que harán de este mundo un lugar para la existencia. Se irán sucediendo los días e irán apareciendo las diferentes partes del planeta. Hasta que el sexto día concluirá con la creación más grandiosa, la más especial y la más llamativa. Ese día el hombre será llamado a la vida y con él comenzará la historia. Será desde allí que habrá un cambio cualitativo diferente a todo lo anterior y que ocupará el lugar más destacado en este relato. Aparecen allí también algunas características distintivas que vale la pena examinar.

El texto del versículo 26 de Génesis nos dice: “Hagamos un hombre a nuestra imagen, según nuestra semejanza”. Si D´s es único, se encontraba solo, ¿a quién le habla, con quién establece esa conversación y a quién invita al acto creador? Es llamativo el plural de hagamos, que parece no corresponder al relato previo. Y es allí donde aparece otra enseñanza rabínica, que interpreta ese hagamos como una conversación entre D´s y ese primer hombre: Hagamos, vos y yo, juntos, a un hombre. Es decir, el hombre es el primer ser no creado del todo, D´s inicia el proceso creador, pero nos invita a que lo concluyamos nosotros. Para ser un verdadero hombre debemos hacer parte del trabajo. Un animal lo es, sin necesidad de realización alguna. Nosotros, en cambio, debemos llegar a ser seres humanos, es imprescindible un comportamiento, una conducta, una ética determinada que nos otorgue ese status. Solo una vida de compromiso con esto nos dará el privilegio de ser considerados seres humanos plenos.

¿Cómo transformarnos? ¿Cómo completarnos? Ese primer hombre tendrá un mandato, una orden que cumplir. Debe ponerse al frente de la creación, liderarla, conducirla. Este mandato, que parecería un privilegio, ya que coloca al hombre por encima de todo lo demás, en realidad trae una enorme responsabilidad. El hombre debe cuidar por los demás seres, por todos los animales, las aves y los peces, así como del mundo entero. Es decir que como corona de la creación debe asegurar la continuidad del mundo, debe velar por su supervivencia y por la calidad de su existencia. Para ser hombre, para alcanzar nuestro destino, para ser quienes fuimos llamados a ser, debemos comprometernos con los valores ecológicos más importantes, entendiendo que de nosotros depende que nuestros hijos reciban un mundo con futuro asegurado.

Por último, el séptimo día, aparece la creación más brillante, la santificación del tiempo. Ese día D´s descansó, y al hacerlo nos invita a nosotros a que lo copiemos, dejando un día por semana para que haya armonía entre nosotros y nuestro entorno. Un día dedicado al estudio, a la plegaria, a la familia. Un día donde no podemos intervenir, transformar ni alterar al mundo y a su naturaleza. Un día de reposo en el cual nos abstenemos de todo trabajo transformador. Ese día nos recuerda que no somos los dueños últimos de este mundo, no somos los amos indiscutidos, sino que simplemente somos los depositarios del mundo, sus custodios, y como tal debemos rendir cuentas de lo que hacemos, y tenemos que ser concientes de los límites que tenemos para con él. Algún día nos demandarán por cómo lo devolvimos, deberemos hacernos responsables ya que deberemos rendir cuentas.

Por eso es tiempo de volver a formular la pregunta inicial: ¿Qué le estamos haciendo a nuestro mundo? Una pregunta que debemos ser capaces de contestar tanto como individuos como también como sociedad. Una mirada profunda que podrá arrojarnos un poco de claridad respecto a nuestra situación, en función de lo que nuestra tradición espera de nosotros. Un análisis que podemos realizar confrontándonos con un deber ser heredado de nuestros antepasados.

Fuimos creados para traer luz a este mundo, para llenarlo de paz. Para lograrlo debemos ser capaces de mirar cada cosa que hacemos y afirmar sin ninguna duda que lo hecho es bueno. Debemos poder sentir orgullo de nuestras acciones, medidas y pesadas en función del plan de D´s descripto en los textos sagrados y no en función de las leyes de un mercado ciego, ni de la búsqueda interminable de un placer individual o una satisfacción personal. Solo si lo hacemos podremos ser la corona de la creación, ocupar ese lugar que D´s imaginó para nosotros, respondiendo por la preservación del hermoso y valioso legado recibido de nuestros antepasados, y transformarnos en seres humanos plenos, protagonistas de una transmisión de un mundo en excelentes condiciones para las próximas generaciones.

 

HACIA UN MUNDO SIN POBREZA

Norberto Kleiman. Presidente Grameen Argentina

 “El microcrédito no es una cura milagrosa para todo,
pero es una fuerza a favor del cambio, no sólo
económico y personal, sino también social y político”
 Muhammad Yunus

El sistema Grameen de microcréditos creado por el profesor Muhammad Yunus en Bangladesh, hace ya más de 40 años, está basado fundamentalmente en la solidaridad, la confianza, la libertad y el respeto. El respeto por la persona por el sólo hecho de ser eso, una persona, un ser humano. En Grameen las personas valen por lo que son, por su historia de vida, no por lo que tienen.

Basado en estos principios, en el año 1999 se crea la Fundación Grameen (Aldeas) Argentina con el objetivo de difundir la metodología Grameen de microcréditos para microemprendimientos, y desarrollar réplicas en distintos lugares del país, capacitando a aquellas organizaciones que desearan aplicar dicha metodología para contribuir a aliviar la pobreza utilizando al microcrédito como herramienta para tal fin.

Los primeros créditos Grameen de la Argentina se entregaron el 14 de abril del año 2000 en Posadas, Misiones.

En abril del año 2001 Yunus visita por segunda vez la Argentina –la primera había sido en abril de 1999 para la presentación de su libro “Hacia un mundo sin pobreza” (Ed. A. Bello) – y aprovechamos esa oportunidad para realizar un taller con él, del que participaron –además de la Fundación– todas las réplicas existentes en ese momento.

Ese domingo a la mañana Yunus nos dijo: “No es realmente la cantidad de personas a las que Uds. han podido llegar lo que importa, ya que cada persona es importante. Una persona es tan valiosa como la totalidad del mundo, así que no es una cuestión de acumular cantidades, números. No es cuestión de sumar, porque las vidas humanas no se suman; cada una de ellas es extremadamente importante por sí.

El proceso que Uds. han iniciado, se van a dar cuenta en el futuro, la importancia enorme que tiene. Aún cuando puedan transformar a un solo pobre en una persona que ya no lo sea, eso se convierte en un mensaje muy potente para toda la sociedad”.

De modo que cuando una prestataria dice que Grameen le cambió la vida, sentimos que estamos en el camino correcto.

Es notable observar los cambios –no solo económicos, sino también sociales– de las mujeres a medida que van pasando los meses dentro de Grameen. Mujeres que no eran capaces de decir una palabra dentro de su grupo, aprenden a expresarse y a saber que su opinión es valorada por sus pares. La posibilidad de crecer económicamente a través del microcrédito y tener un grupo de referencia que las considera valiosa, incentiva su confianza y autoestima, hasta niveles insospechables poco tiempo antes. Ya no son sumisas mujeres que no tienen un lugar en el mundo, son vitales emprendedoras que hasta se convierten en referencias importantes de su familia,  comunidad y barrio.

Ya no se trata sólo de la expectativa económica del crédito que los ayude a salir de la pobreza y a crecer en su calidad de vida. Se trata de una visión diferente, propia y de los demás, de sentir que se puede modificar la realidad con el esfuerzo personal. El micro crédito les da la oportunidad de ver lo que son, lo que está escondido, su potencial. Vuelve viable aptitudes, capacidades, voluntades que de otra manera permanecerían para siempre ocultas en la impotencia. Y lo mejor es que no lo hace desde el punto de vista individual, sino que crea una conciencia colectiva impensable en esta sociedad individualista y carente de valores que se asemejen al cuidado por los demás, por nuestros vecinos, por la gente que nos rodea.

“El microcrédito es ayudar a cada persona a alcanzar su máximo potencial. No se refiere al capital monetario, sino al capital humano. El microcrédito es, sobre todo, una herramienta que libera los sueños de los hombres y ayuda incluso a los más pobres a lograr dignidad y respeto y dar sentido a su vida”.

En Grameen confiamos en la gente, en su palabra; descontamos que actúan de buena fe, pero tratamos de evitar que cometan errores, de allí la importancia de las reuniones semanales de Centro. El alto porcentaje de recupero que es una de las características de Grameen, no es un fin en sí mismo, porque si bien es importante mantener el capital prestable, el objetivo por lograr es que a la gente le vaya bien, que sea exitosa en su emprendimiento y, si a la gente le va bien, cumple con sus obligaciones. En Grameen se trabaja para asegurar que a la gente le vaya bien y, si se confía en la gente, la gente devuelve esa confianza cumpliendo con el compromiso contraído, y de esta manera se destruye uno de los más importantes prejuicios acerca de los pobres y de la pobreza. “Durante una entrega de créditos en Rosario, he visto llorar a un hombre de unos cuarenta años que recibía su primer préstamo Grameen porque –dijo–  esa era la primera vez en su vida que alguien confiaba en su palabra”.

Grameen nos permite entender que no se ES pobre, sino que se ESTÁ pobre; es decir, que la pobreza no es un estigma, que no es algo inherente a la persona, como el sexo o el color de la piel, algo que no puede ser modificado, sino que es una circunstancia de la que es posible salir; que las cosas no son necesariamente como son, sino que pueden ser de otra manera. Que no necesariamente el que nace pobre, inevitablemente morirá pobre. Que la pobreza no está en lo genes, que no se hereda biológicamente, pero que sí se transmite por sus condicionantes: mala alimentación, mala vivienda, mala educación, mala salud, mala higiene, es decir, mala calidad de vida, y estas son las condiciones que hay que cambiar para erradicar la pobreza.

“El crédito, por sí solo, no va a acabar con la pobreza”.

“Los pobres son como los árboles bonsai. Podrían haber crecido como árboles gigantescos si hubiesen sido apoyados por el medio adecuado para su crecimiento. Es el tamaño de los maceteros en que los cultivaron lo que los convirtió en tristes réplicas de los árboles reales. De manera similar, los pobres son réplicas tristes de las personas reales que se encuentran escondidas en su interior. No pueden crecer a su tamaño potencial porque la sociedad no les ofrece la base social y económica para crecer. La gente pobre está condenada a sobrevivir como liliputienses en el país de los súper titanes” (Conferencia pronunciada en el Instituto de la Commonwealth de Londres, el 11 de Marzo de 2003).

Retomo la experiencia de Yunus.

¿Qué enseñanza nos deja su ejemplo? Que hay circunstancias en las que hay que actuar, que no se puede esperar hasta mañana para empezar, y que hay que hacerlo con lo que uno disponga, con lo que esté a su alcance. Dar el primer paso, y después el siguiente; pasos cortos, para no perder el equilibrio, sin prisa pero sin pausa. No plantearse grandes metas inalcanzables que sólo sirven para inmovilizar frente a la impotencia que genera la imposibilidad de alcanzarla.

Tal vez, una de las mayores contribuciones de Yunus, haya sido hacer visible lo que para muchos era invisible: el flagelo que significa la pobreza.

En la Fundación creemos que hemos seguido el ejemplo de Yunus, y procedido acorde con lo que nos dijera aquella mañana de un domingo de abril del año 2001.

Dice Yunus: “Quería hacer algo inmediato para ayudar a la gente a mi alrededor. Sin saber qué podría hacer, decidí encontrar una manera para hacerme útil para otros en una relación de uno a uno. Quería encontrar algo específico que hacer para ayudar a otro ser humano a pasar un día más con un poco más de facilidad que el día anterior” (Conferencia pronunciada en el Instituto de la Commonwealth de Londres, el 11 de Marzo de 2003).

Nuestra Misión siempre ha sido –y sigue siendo–  difundir la metodología Grameen, e instalarla a través de organizaciones que la repliquen en los distintos lugares en que dichas organizaciones trabajan; en este sentido, creemos que hoy Grameen está firme y definitivamente instalado en nuestro país.

El crecimiento de Grameen no es explosivo, es un crecimiento pautado, ordenado, lento pero constante, sostenido en el tiempo. Más importante aún que empezar, es continuar.

Durante nuestra capacitación en el Grameen Bank de Bangladesh, Yunus nos dijo: “No corran; primero aprendan a pararse, después aprendan a caminar, y recién después empiecen a correr”.

Desde que comenzamos hasta este momento, algo hemos avanzado, pero aún queda mucho por hacer.

“A todos ustedes me dirijo una vez más: ¡No se olviden de los pobres!” (de la carta enviada por el Papa Francisco al Foro Económico Mundial de Davos el 20/1/2016 http://www.lanacion.com.ar/1863962-no-se-olviden-de-los-pobres-les-pidio-francisco-a-los-lideres).

 

 

MEDIOAMBIENTE, ÉTICA Y ECONOMÍA

Matias F. Argarate
Exalumno del colegio y miembro de la Comunidad San Gabriel

 

A propósito de la Carta Encíclica Laudato Sí del Papa Francisco sobre el cuidado de la casa común

Muy a menudo tomamos conocimiento a traves de los medios de comunicación de innumerables situaciones o prácticas que producen un daño a nuestro medio ambiente, ya sea por actos individuales de los seres humanos o producto de la actividad industrial que llevan a cabo las empresas.

Son factores determinantes de las prácticas que ocasionan el impacto negativo o contaminación ambiental, entre otros, el incremento sostenido de los niveles de industrialización, muchas veces empujado por el capitalismo, sumado al afán de las empresas de obtener ingresos a costas del agotamiento o contaminación de recursos no renovables. Muchos de estos recursos naturales son vitales para el desarrollo de los seres vivos y sobre todo para asegurar el desarrollo sustentable de las generaciones futuras.

El impacto negativo de dichas prácticas en nuestro planeta nos lleva a reflexionar acerca del cuidado de nuestro hogar, entendido como el lugar común de todos los seres que habitamos el planeta Tierra. Ese es el desafío que el Papa Francisco nos plantea como cristianos a través de esta encíclica papal, en búsqueda de un desarrollo sostenible e integral para garantizar la protección del hogar común que compartimos, y del que también tienen derecho a gozar nuestros hijos, nietos y las generaciones futuras de la humanidad y el resto de los seres vivos con quien Dios ha dispuesto que compartamos este hogar común.

Debemos tomar conciencia de que muchos esfuerzos para solucionar la crisis ambiental lamentablemente se ven frustrados no solo por el rechazo de los poderosos sino también por la falta de interés de los demás. Las actitudes que obstruyen los caminos de solución van de la negación del problema a la indiferencia, la resignación cómoda o la confianza ciega en las soluciones técnicas.[1] A su vez, la falta de conocimiento e instrucción sobre esta problemática dificulta la toma de conciencia de la magnitud del daño que se le está causando a nuestro planeta. Debemos reflexionar también en relación a estos aspectos, convenciéndonos que, si bien no todos serán parte del problema, necesitamos de todos para formar parte de la solución a nuestro medio ambiente.

Son múltiples las formas y vías de contaminación de nuestro planeta, las cuales en honor a la brevedad, no podré describir en detalle porque que exceden el alcance y objetivo de este breve artículo. De todas maneras, a modo ejemplificativo, paso a mencionar algunas prácticas no sustentables que causan un impacto negativo en el ambiente y los seres vivos; sin que su mención implique darle mayor trascendencia o atribuirles mayor gravedad que a otros omitidos en el presente. El caso de la contaminación de nuestra atmósfera por generación o acumulación de sustancias diversas, como gases o fluidos y otros desechos en general, que afectan diariamente a los seres vivos que se ven expuestos. Esta exposición causa gran cantidad de enfermedades de diversa índole, por ejemplo, por inhalación de humo de las industrias o contacto directo con dichas sustancias. Entre otros, depósitos de sustancias, fertilizantes, insecticidas, fungicidas, controladores de malezas y agrotóxicos en general, tanto los residuos industriales como los productos químicos utilizados en las ciudades y en el agro pueden producir efectos irreversibles para la salud de los seres vivos.[2]

A su vez, algunos problemas de contaminación están ligados también a la cultura del descarte, que afecta tanto a los seres humanos excluidos como a las cosas que rápidamente convertimos o se convierten en basura. A modo de ejemplo, la mayor parte del papel producido es descartado sin ser sometido a un proceso de reciclado. Gran parte de los sistemas industriales no han implementado modelos de producción, distribución y comercialización que garanticen recursos para todos, ricos y pobres, y a su vez para las generaciones futuras. Para ello debieran ser implementadas decisiones a nivel gobal para restringir el uso de los recursos no renovables, moderando el consumo a niveles sustentables, haciendo más eficientes los productos, y también contemplando la posibilidad de reciclarlos y reutilizarlos.

El clima es otro bien común de esta Tierra que establece condiciones esenciales para la vida humana. La contaminación de nuestro planeta además de dañar en forma directa a sus habitantes también genera modificaciones en las condiciones climáticas de distintos ecosistemas que terminan siendo perjudiales para los seres vivos. Hay consenso indiscutido a nivel global respecto a que nuestro planeta Tierra está en una situación muy preocupante debido a los niveles de calentamiento cada vez más elevados del sistema climático. Son señal de ello el nivel elevado del mar por reducción de glaciares, entre otros factores, y los innumerables eventos meteorológicos extremos sucedidos durante las últimas décadas.

Las reacciones de los países más industrializados, principales responsables de las emisiones desmedidas que ocasionan los desajustes del sistema climático salvo excepciones, han sido lo suficientemente débiles como para consentir que nada cambie; o que el cambio siga siendo rentable desde el punto de vista económico y financiero pero que siga dando pérdida desde la perspectiva ambiental. Dice nuestro Papa Francisco que “nunca hemos maltratado y lastimado nuestra casa común como en los últimos dos siglos”.[3] Francisco nos convoca a construir liderazgos necesarios para marcar el camino del cambio cultural ambiental y ético, que busquen atender las necesidades de las generaciones actuales con inclusión de todos, sin perjudicar a las generaciones futuras.

La idea de un crecimiento económico infinito e ilimitado supone la falacia de la disponibilidad eterna de los bienes del planeta que, según Francisco, lleva a exprimirlo mas allá de sus límites. Esa concepción económica es éticamente incorrecta ya que parte de la premisa falsa de que existe “una cantidad ilimitada de energía y de recursos utilizables, que su regeneración inmediata es posible y que los efecos negativos de las manipulaciones de la naturaleza pueden ser fácilmente absorbidos”.[4]

Sería un error grosero intentar que el cambio de cultura ecológica necesario sea reducido simplemente a respuestas y soluciones reactivas a una serie de eventos y problemas que se suscitan en torno a la degradación del ambiente, al agotamiento de las reservas naturales y a la contaminación. Nuevamente Francisco nos pide una mirada distinta,  políticas y hasta un estilo de vida, “que conformen una resistencia ante el avance del paradigma tecnocrático.”[5] La tierra que recibimos pertenece también a los que vendrán, dice Francisco. Desde una perpectiva de ecología integral, se la debe considerar como un préstamo que recibe cada generación y que debe transmitir a las generaciones futuras.[6]

Hay diversas opiniones respecto a las posibles soluciones de los problemas y daños ambientales a nuestro planeta. Mientras algunos sostienen el mito del progreso para justificar el daño, considerando que los desajustes ambientales serán solucionados mediante nuevas aplicaciones técnicas, en el otro extremo otros ven al ser humano como una amenaza ante cualquier interacción con el ecosistema mundial. Entre ambas posturas radicales, Francisco nos propone el desafío de identificar posibles escenarios futuros para debatir respuestas integrales, ya que no hay un único camino de solución. Hay que apuntar a ampliar la mirada para orientar la técnica al servicio de otro tipo de progreso más sano, más humano, más social, más integral. [7]

Es necesario que los Estados en forma mancomunada implementen nuevos modelos de progreso económico y social, y para eso se requiere modificar el modelo de desarrollo a nivel mundial. Esto implica una reflexión para repensar la finalidad de la economía, y así poder corregir sus distorsiones y disfunciones.[8] Históricamente la mayoría de las empresas han buscado alcanzar el principio de maximización de la ganancia, calculando y pagando una parte ínfima de los costos, sin interesarse demasiado por la escases futura de los recursos naturales o el menoscabo al ambiente. Benedico XVI ha dicho al respecto que solo podría considerarse ético un comportamiento en el cual “los costos económicos y sociales que se derivan del uso de los recursos ambientales comunes se reconozcan de manera transparente y sean asumidos totalmente por aquellos que se benefician, y no por otros o por las futuras generaciones.”[9]

Como habitantes de esta Tierra, el cambio de paradigma es forzoso e indispensable para poder generar y fomentar desarrollos sustantables que tiendan al cuidado de nuestra casa común y a exigir de manera firme una responsabilidad social del empresariado y grupos de poder en general. Tengamos en cuenta que el cambio también depende de nosotros mismos, por más insignificante que pueda parecer, desde el lugar que nos toque en la comunidad, comenzando por el ejemplo en nuestros hogares, ante nuestros hijos, ya que el primer paso es sembrar conciencia pregonando con el ejemplo. No obstante ello, el cambio individual no alcanza por sí para modificar el paradigma cultural ambiental a nivel global.

Para generar y poder plasmar un cambio contundente, duradero, que implique un compromiso internacional de las mayores potencias (y generadores de contaminación) del mundo, es indispensable celebrar acuerdos internacionales que se cumplan, ya que las naciones en forma aislada no pueden intervenir de manera eficaz. Se deben generar marcos regulatorios globales que impongan obligaciones de manera uniforme y prohíban acciones inaceptables.[10]

Al parecer, las principales potencias del mundo están empezando a tomar lentamente pero cada vez más en serio la problemática ambiental. Una muestra de ello, son las medidas adoptadas en el marco de la reciente Conferencia de Naciones Unidas sobre Cambio Climático que tuvo lugar en París durante los meses de noviembre y diciembre de 2015[11], y fue coronada con la firma del Acuerdo de París.[12] Este acuerdo refleja fuertes señales de avance en materia de compromiso global ambiental por parte de las grandes naciones del mundo firmantes, las que reconocen que el cambio climático representa una amenaza urgente y potencialmente irreversible para la Humanidad y el Planeta.

Es importante destacar que el acuerdo reconoce una responsabilidad compartida pero diferenciada de los Estados, en función de las capacidades respectivas y de los contextos nacionales diferentes. En concreto, toma en consideración el nivel de desarrollo y las necesidades específicas de los países especialmente vulnerables. Además de los compromisos financieros, los países industrializados deberán facilitar las transferencias de tecnología y, de forma más amplia, la adaptación a una economía descarbonizada.[13]

Uno de los principales objetivos de dicha Cumbre fue profundizar medidas de protección en materia de niveles de emisión de gases de efecto invernadero tendientes a acelerar su reducción. La reducción de los niveles de emisión es vital para contener el aumento de las temperaturas de nuestro planeta. Por eso, el eje del acuerdo se centró en la implementación de medidas para contener el aumento de la temperatura media muy por debajo de los 2° C con respecto a los niveles preindustriales y continuar con las actuaciones llevadas a cabo para limitar el aumento de la temperatura a 1,5° C.[14]

Es importante destacar que el Acuerdo de París ha sido celebrado con la participacion adicional de algunas naciones que hasta ahora se habían mostrado renuentes a reducir sus parámetros de emisión de gases.[15] Ello debido justamente al lobby que ejercen las industrias y los grupos de poder, aferrados a mantener o aumentar su rentabilidad a cualquier precio. Es la primera vez que se logra un acuerdo universal exigible sobre lucha contra el cambio climático.

Esperemos que finalmente soplen vientos de cambio y se encienda una luz de esperanza en materia ambiental en pos del cuidado sustentable de nuestra Casa Común. Tengamos fe.

2Y0A6073

[1] Francisco, Carta Encíclica Laudato si, sobre el cuidado de la casa común. 16, 2015

[2] Ibis,  20 y 21.

[3] Ibis, 37.

[4] Consejo Pontificio Justicia y Paz, Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, 462.

[5] Francisco, Carta Encíclica Laudato si, sobre el cuidado de la casa común. Pag. 71, 2015.

[6] conferencia episcopal Portuguesa, carta pastoral responsabilidade solidaria pelo bem comun, 15/09/03, 20.

[7] Ibis, 72.

[8] Ibis, 114.

[9] Benedicto XVI, Carta enc. Caritas in veritate, 29/06/09, 50:AAS 101 (2009), 686

[10] Ibis, 104.

[11] United Nations. Framework Convention on Climate Change, Paris, Nov. Dic. 2015.

[12] Paris Agreement, Diciembre 12, 2015, https://unfccc.int/resource/docs/2015/cop21/eng/l09r01.pdf

[13] http://www.diplomatie.gouv.fr/es/asuntos-globales/clima/paris-2015-cop21/cop21-el-acuerdo-de-paris-en-cuatro-puntos-clave/article/cop21-el-acuerdo-de-paris-en-cuatro-puntos-clave-un-avance-historico-para-el

[14] Ibis 13.

[15] Los 195 Estados Partes en la negociación se han comprometido a formular estrategias de desarrollo bajas en emisiones de gases de efecto invernadero a largo plazo.

ECOLOGÍA DEL CORAZÓN

Por Javier Goliszewski

Apuntes para un asombro sustentable[1]

Ecología es cuidar de tu casa.

Conocemos la sugerencia, si la casa está bien barrida, podré encontrar la dracma perdida.

Una casa interior es una buena imagen para imaginar nuestro corazón.

Si pierdo sensibilidad por mi casa, si tengo poca estima por la ecología de mi  corazón, es difícil que mi sensibilidad se nutra, es difícil que me oriente y sepa dónde buscar.

Entrar en el silencio de mi corazón, más aún en medio de las miserias de la vida cotidiana, sustraerme a lo compulsivo, a la rutina descuidada, al individualismo fastidiado, entrar en mi corazón me abre al escenario en el que se producen los encuentros y los significados.

Encontrar la dracma en mi corazón, es abrirse al tesoro. Es celebrar la perspectiva del encuentro con algo que me trasciende, en un cierto sentido, con la belleza.

Para que el corazón pueda encontrarse con la belleza, es importante desarrollar y nutrir estima por él, por mi casa,  luego le sigue decidirme a habitar en ella, tratar el corazón con respeto. El corazón ecológicamente descuidado, desordenado, puede encontrar enormes dificultades  para darse cuenta de la trascendencia de la ecología. La trascendencia de la belleza en la naturaleza y la vida sería algo ajeno y tanto más difícil de descubrir para él.

La belleza que me espera, que me busca y me llama desde el corazón, no tiene etiquetas como en un museo de arte o en un catálogo. Viene al encuentro del corazón alerta y tranquilo.

Un estado de ánimo como de asombro puede anunciar que nuestro corazón está pronto para encontrar la dracma, la gracia de la vida. El asombro tiene luz simple, sin sobrecargas de ansiedades ni certezas. El asombro, hace que el hombre vea.

Es importante ser gentil con el asombro. Es delicado. Es como si en la casa del respeto, el color de la luz que nos ilumina al atravesar el umbral fuera la del asombro. La luz que reina en el corazón, es la del asombro. Es la del saber del no saber y respetar lo que nos rodea. Hasta las nubes. Hasta los granitos de arena. Hasta esta gota de lluvia.

La inteligencia busca poner luz y elegir.

El asombro encuentra y es elegido.

¿La diferencia?

Ser gentil. Desde el asombro maravillado.

Vivir en la necesidad del asombro. Hacerle lugar. Tal vez a través del contacto con la naturaleza, con la respiración, con el silencio. No sé. Llega sin buscarlo pero hace falta reconocerlo.

Parecería como que todas las ecologías, todas las éticas, partieran de aquí. Partieran de una actitud de asombro prudente, maravillado, hacia el Universo más cercano.

La ecología ocurre en este mi propio Universo cercano, no ocurre en otra parte, y así en el Universo de cada persona, de cada comunidad.

Está en el centro de mi respeto asombrado por un Universo que recíprocamente nutre de significados de lo frágil y lo necesario a mi persona y nutre a la comunidad, le da alegría, entusiasmo y sustento, le da identidad y realidad sobre la cual plasmar su ser en el mundo.

La ecología no es apenas una meta ni una opción para épocas de crisis, ni ocurre solo en el Universo de los demás, ni en un futuro distante. Ocurre en un Universo en el cual estoy situado en un punto central de sensibilidad y responsabilidad.

En una visión mas íntima, mas poética, orgánica y vital  de lo subjetivo que nos sugiere e integra y lo objetivo que nos refleja y atañe, celebramos ecológicamente nuestra autoestima con los otros en nuestro corazón para –como decía el poeta– “vivir y en tanto somos, dar un sí que glorifica”.

Nuestro clima psicológico, nuestro estado de ánimo, se decanta en nuestro corazón, busca primariamente referirse con nuestra actitud, con nuestra conciencia y sus valores y rechazos, hacia la sociedad y lo que nos rodea. Si la actitud en mi corazón es abierta y respetuosa, sin prejuicios ni indiferencias, mi corazón saltará de alegría. Estará disponible para el asombro.

La apertura hacia los demás les va al encuentro tácitamente también en formas ecológicas, tranquilas, espontáneas, consideradas, formas no directamente conectadas a un otro, pero que son parte de un sensible y abierto “no hacer a los demás lo que no me gustaría que hicieran a mí mismo”, aunque no me vieran. La ecología es en estos casos cuidar también la posible casa del otro, la paz y la armonía en el corazón del otro, su posibilidad de celebrar la vida en mayor plenitud, con asombro y menos ansiedad y penuria. Aquí el asombro nos ayuda a pensar a quien no está presente para despertar nuestro respeto.

Esta actitud de abierta y tácita empatía con los demás, resplandece ecológicamente en sensibilidad alerta hacia lo que me rodea. Se nutre de este caldo de cultivo subjetivo, intimista, de escucha y consideración, fruto de un universo interior que se corresponde con el grado del equilibrio asombrado de mi ser en el mundo.

No existimos aislados. Hay un coro, un diálogo, un equilibrio que se renueva a cada momento, entre mi universo, mi capullo interior (weltanschauung) y mi universo, mi capullo exterior, la naturaleza, la ciudad, el clima. Diálogos y equilibrios, con su dinamismo y su gracia, no tanto para ser intervenidos sino para encontrarse en ellos, conocerlos y celebrarlos. La tensión, magnetismo y fricción entre nuestros  universos, interior y exterior, crean la ecología del corazón, lo que le nutre, le hace crecer. Le hace sentir los valores de la vida. De su propia graciosa naturaleza.

Es la actitud hacia la gracia la que está en juego.

Esta es la ecología del corazón.

Ecología de lo que te toca de cerca, transparencia del cuidado de tu corazón, invitación a la paz.

Este diálogo pacífico logrado entre mi universo interior y el exterior, me acompañará hacia la inspiración ecológica considerada, afable, armónica, misericordiosa, y puede guiar mi vida. La inspiración se vuelve admiración, asombro,  comienza a celebrar lo que me rodea,  comienza a generar en mí respeto por el equilibrio de las cosas, de la naturaleza y nuevamente, de retorno a mi casa, respeto por mi corazón y su naturaleza graciosa en armonía con el mundo.

En la tradición Zen, se descubre un enorme significado “ecológico”, de actitud hacia el Universo, interior y exterior, acerca del estado de nuestra conciencia, en el modo con que se quita y deja en orden aparejado el calzado al entrar en una habitación. Todas las gradaciones del estado de conciencia, misericordioso, poético, respetuoso, hasta irritado e inconsciente, pueden mostrarse ahí. Todos los tonos, desde desparramado hasta ordenado. Atento o descuidado, agradecido o arrogante.

La ética ecológica del corazón puede empezar muy cerca, como con un par de pantuflas. Su resplandor llega donde menos se espera, con nuestra espontaneidad enriquecida a partir de la repetición considerada del gesto familiar de acomodar un par de pantuflas al descalzarse.

Este resplandor, este asombro, esta consideración (con-siderae, mirar juntos las estrellas), nos devuelve a la actitud sensible ante el mundo que nos rodea. Nos ilumina con inspiración que escucha. Para escuchar es bueno partir del silencio y para llegar al silencio el mejor aliado es el asombro. El asombro escucha.

La ecología de la compañía, de la comunidad de dos o más, se vive con más sensibilidad desde el asombro que escucha que solo desde la estructurada operatividad técnica, conocedora, práctica.

En lo material, a veces en casos de situaciones técnicamente más difíciles, el asombro permite resolver eventualidades imprevistas, con lucidez intuitiva que va, más integradora, abarcando, más allá de la técnica rutinaria, académica, racional.

Pero sobre todo la ecología del asombro es la madre generosa del momento sensible, poético. En la poesía encuentro la mejor expresión de la naturaleza del asombro.

Recuerdo de un diálogo con un monje benedictino amigo, la siguiente historia: Dos amigos van en auto, lejos de las ciudades, al atardecer, y uno de ellos observa una bandada de garzas que levanta vuelo contra el sol poniente, y comenta con emoción la escena. A lo que el amigo responde,: “No es extraordinario, ¡es la egretha thula en época de migración!”.

Según me siguió contando el monje, con esta respuesta, el segundo amigo peca.

Habría una ecología del silencio que rodea la sensibilidad, una ecología del asombro en riesgo.

Hay un espacio de reconstitución continuo de la ecología de nuestro cosmos, (nuestro universo, nuestro capullo), de reconstitución del significado de lo que pasa, de nuestra respuesta ética ecológica necesaria, que se alcanza con mayor integridad y fuerza si nos dejamos tocar desde nuestra profundidad original y no desde el sentido materialista, egoísta, pragmático de la ley solamente. Habría aquí una paradoja escondida. La sensibilidad a la escucha es necesaria. Lo material y craso, en esta línea de crecimiento, no. Aún cuando se presentara como académico, legal o pragmático.

El asunto pasa por sentir la ecología como algo a partir del ser integral de nuestra humanidad, racional sí, ético, pero sobre todo en comunión con la realidad en su dimensión orgánica, plena, no selectiva racionalmente, dimensión original y no manufacturada, que incluye este dinamismo de la sensibilidad ecológica hacia el ser profundo, hecho de fragilidades, de ilusiones, de esperanzas. De lo que es ya y no es todavía. Entre lo necesario y lo superfluo.

Cuentan que Platon describe el saltar de alegría, como la primera poesía del hombre. Estos saltos, que surgen en nosotros integralmente, abrazados o solos, asumidos con toda la personalidad pueden considerarse plenos de significado, y no sirven para nada, son puro arte y plenitud, ecología perfecta. Son lo más necesario.

La inquietud ecológica con el medio ambiente, quizá pueda arraigarse con más sensibilidad, con más inmediata percepción desde nuestro mundo interior, si nos dejamos abrazar como en los saltos de alegría de Platon, conectándonos cada vez  con cada gesto ecológico, como lo que puede ser: un salto espontáneo con otros corazones, de consideración y  empatía hacia la vida, hacia la fragilidad de lo necesario, hacia el asombro maravillado.

[1] (asombro en este texto asumiria el significado de la palabra inglesa  “ awe”  usada en textos de espiritualidad como el estado de animo prescindente de juicios, maravillado, absorto, contemplador, gozoso)

 

ECOLOGÍA, MEDIOAMBIENTE Y EDUCACIÓN

Lic. Silvia E. Derderian
Docente del Colegio San Gabriel

“La ecología es la ciencia que estudia las interrelaciones de los diferentes seres vivos entre sí y con su entorno.”

¿Sabemos realmente cómo estamos  estableciendo estas interacciones? ¿De qué manera interferimos en el desarrollo de la naturaleza y de qué modo estamos afectando a nuestro Planeta Tierra?

Es imperioso plantearlo  para poder modificar aquellos hábitos perjudiciales y particularmente  pensarlo desde nuestro lugar de educadores  para  incorporar desde la escuela hábitos para el cuidado del medio ambiente.

En mis vacaciones este año, estuvimos en familia en Bariloche y realizamos el ascenso al Cerro López,  para pasar la noche en el Refugio, y continuar al otro día hacia el próximo  punto, Laguna Negra, cumpliendo así nuestra travesía anual por aquel maravilloso escenario del sur de nuestro país.

Llegar a un refugio es una experiencia única, adonde  nos  reciben siempre muy calurosamente, y nos ofrecen rica comida, abrigo y un lugar adonde descansar hasta el otro día en el que  emprendemos la siguiente etapa.

Al refugio se llega solamente caminando, porque la naturaleza del terreno impide el acceso de vehículos, por lo tanto todo con lo que allí cuentan,  los materiales y productos con lo que preparan aquello que nos van a servir a todos, es por la voluntad de alguien que lo carga hasta allí. Cuando uno se acerca al punto limite hasta donde  pueden  acceder  los autos, al lado de muchos troncos talados  encuentra un cartel  que reza “llevar un tronco por persona”.Todos los visitantes tomamos uno de los troncos y lo llevamos  hasta el refugio de manera muy natural. Para quienes atienden el refugio sería imposible cargar todos los troncos que se necesitan para alimentar el fuego, pero como cada uno de quienes ascendemos llevamos solamente uno,  con el mínimo esfuerzo, logramos un enorme beneficio para todos.

Así es con el cuidado del medio ambiente…uno podría pensar que sería un esfuerzo en vano juntar una o dos tapitas de plástico para reciclar… ¿que se aporta al cuidado de la naturaleza con una tapita?  ¿En que se reduce la contaminación por  tan poco?Hagamos el esfuerzo de pensar por un segundo cuánto le ahorraríamos a los basurales, a los “cinturones ecológicos” si evitáramos enterrar las tapitas de todos…

Para  que las nuevas generaciones internalicen esto, es necesario educar… pero  debemos reflexionar sobre  cómo hacerlo…a través de mi experiencia, creo que la educación en el cuidado del medio ambiente, debe ser similar a la transmisión de “valores”.  Si definimos a los valores como  “convicciones profundas de los seres humanos que determinan su manera de ser y orientan su conducta”   veremos que proteger el ambiente en el que nos desenvolvemos debería ser una  de estas convicciones.  Los valores como tales, no se enseñan en una sola asignatura de la escuela.  Debemos pensarlos  vinculados con la transversalidad,  Es un aprendizaje que comienza en la familia, continua durante toda la escolaridad, en cada una de las materias, en cada uno de los actos en las diferentes instancias por las que se transita por un colegio.  Los transmitimos de manera teórica, pero sobre todo se transmite a través del ejemplo, como todos los valores.

Es muy importante abordar esta temática con la seriedad que merece, ya que involucra a las generaciones presentes y futuras.   Si bien escuchamos organizaciones especializadas que luchan por esta causa, reuniones de organismos internacionales que debaten sobre el calentamiento global, campañas de incentivo para la concientización en el cuidado del medio ambiente, cabe preguntarnos ¿Cuál es el aporte que puedo hacer desde mis posibilidades?  Me refería en párrafos anteriores a educar con el ejemplo, ¿que podemos hacer desde las familias y la comunidad educativa? A diario nos maravillamos con la capacidad de asombro y la curiosidad  de los mas chicos, es necesario aprovechar al máximo esta capacidad  para ir incorporando en ellos hábitos, que puedan tomar conciencia de lo necesario que es cuidar cada uno de los recursos: la flora, la fauna, el aire, el agua…  Probablemente empezar de a poco, comenzar por lo más simple,

Sabemos por ejemplo que la fundación del Hospital Garraham a través del programa “Va por los pibes”,  recolecta tapitas de plástico, papel y llaves con el doble propósito de reciclar el material recibido, promoviendo la protección del medio ambiente y recaudar fondos con la venta de los productos elaborados a partir del material que reciclan , para cumplir con su misión   “alentar en todos los aspectos el desarrollo del Hospital y atender las necesidades sociales y emocionales de los pequeños pacientes y sus familias, especialmente los más necesitados.”

Este fue el proyecto al que nos sumamos el año pasado a través del trabajo de los alumnos de 5° año Economía. Si bien fue una actividad  incorporada  a través de los contenidos de una materia, hemos querido con esto traspasar ese limite,  y contribuir a la formación de futuros ciudadanos responsables y comprometidos  Creo que es participando y valorando el esfuerzo de cada uno desde su lugar, que vamos a poder  internalizar en nuestros jóvenes este valor  y  lograr que separar los residuos, cuidar los recursos, sea algo tan natural como llevar un tronco hasta un refugio.

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NO SOLO UN SUEÑO SINO UNA REALIDAD

Dra. Cristina Calvo
Profesora universitaria de Ética y Desarrollo

La iniciativa de una “economía de comunión” lanzada en Brasil y de allí a todo el mundo en mayo de 1991 se comprende ubicándola en el marco del Movimiento de los Focolares, fundado por Chiara Lubich, con un carisma dedicado a la unidad, al diálogo, a la construcción de una paz con justicia. La práctica de la comunión de bienes materiales y espirituales está dentro del ADN del Movimiento desde sus orígenes en 1943 en Trento, Italia. El valor agregado que le dió Chiara Lubich en el ´91 fue, invitar a todos los que hacían de su compromiso evangélico una causa  para la transformación social, a que pasaran de una “comunión de bienes personal a una comunión de bienes a escala productiva”. De ahí que la “economía de comunión” pasa a ser una experiencia mundial, en la que participan ciudadanos, trabajadores, profesionales, estudiantes, organizaciones  y personas en situación de necesidad y, tiene como objetivo, contribuir a erradicar la pobreza mediante el compartir de bienes espirituales y materiales y el fomento de la autosostenibilidad,  a fin de crear  una economía   más justa y más humana.  “Economía  de comunión” ha evolucionado y se ha expandido por todo el mundo, alcanzando resultados palpables en estas dos últimas décadas, entre los que cabe destacar:

  • El desarrollo de una red socialmente responsable formada por empresas productivas que están dispuestas, colectivamente, a aplicar sus utilidades para facilitar el acceso a una vida digna de personas en situación de vulnerabilidad, a crear puestos de trabajo para que esa salida de la pobreza sea sostenible y a divulgar una “cultura del compartir”. La red incluye más de 800 empresas, cooperativas  y organizaciones  pequeñas y medianas, con  y  sin  fines  de  lucro,  en  más  de  50  países   presentes   en  todos  los continentes y un número mayor de organizaciones que, sin participar directamente de la red, adhieren a su espíritu y a sus valores
  • Una red de recursos financieros  que apoya,  en África, Asia, América Latina y Europa Oriental, a miles de familias  mediante: alimentos,  refugio,  asistencia  médica,  iniciativas  educativas, formación profesional y oportunidades de trabajo
  • La divulgación de   una   nueva   “cultura   del   compartir”,   ofreciendo   cientos   de ponencias  en  conferencias,  cursos  académicos  y  seminarios  internacionales sobre temas    económicos,    empresariales    y    de    desarrollo,    en    universidades de todo el mundo
  • Un modelo de desarrollo económico y social que atrajo la atención de más de 300 tesis de investigación y doctorado realizadas por jóvenes, en 14 idiomas distintos y en diversos entornos académicos.
  • La fundación y financiación del Instituto  Internacional  de la Universidad  de Sofia, cerca de Florencia  (Italia), que forma en la cultura de la comunión a jóvenes de todo el mundo.

Pero también la “economía de comunión” , fundamentalmente a través de los jóvenes, aprovecha las convocatorias internacionales para cuestionar el desigual sistema dominante en el mundo y proponer alternativas de cambio. En febrero del 2012, por ejemplo, en las reuniones del Consejo Económico Social de Naciones Unidas presentaron su experiencia testimonial y pidieron cambios concretos, mencionando entre otras cosas: “En  los últimos años el desarrollo económico ha estado drogado por un comportamiento éticamente   discutible   que pone en peligro la vida en el mundo.   El sistema económico y financiero occidental sigue siendo estructuralmente frágil y requiere nuevas reglas que le hagan recuperar sus  funciones en pro del bien común. Por ello, pedimos a los gobiernos y a los grupos de organizaciones no gubernamentales reunidos hoy:

  1. Que involucren a la sociedad  civil en el desarrollo  de políticas  que den valor a los trabajadores, incluidos los que se dedican al cuidado de los niños y a la asistencia a personas ancianas o con discapacidad.
  2. Que desincentiven las transacciones  financieras  altamente  especulativas, fomenten la transparencia fiscal y dicten impuestos justos para todas las transacciones.
  3. Que reduzcan el gasto militar.
  4. Que eliminen las barreras aduaneras para los productos de los países que respetan a los trabajadores y el medio ambiente.
  5. Que apoyen  las  políticas  e infraestructuras  que  alientan  a las  empresas a asumir responsabilidades como ciudadanos por el bien común.

La “economía de comunión” fue reconocida por el Papa Benedicto XVI en su encíclica  Caritas  in Veritate,  de 2009,  como  “una  nueva  y amplia  realidad compuesta,  que implica al sector privado y público y que no excluye el beneficio, pero lo considera instrumento para objetivos humanos y sociales”, dentro del universo de economías alternativas centradas en el bien de la persona, su comunidad y el medio ambiente. En la actualidad todos sus integrantes, según sus específicos ámbitos de actuación, participan y se comprometen en el incesante llamado del Papa Francisco a cambiar “esta economía que mata”. Para profundizar sobre estos temas existe una web muy completa www.edc-online.org desde donde también se pueden conocer sus desarrollos en Argentina. Si estas convicciones, esperanzas y compromisos  son compartidos  por muchas  personas  de todos  los continentes  y, si nuestro comportamiento cotidiano, refleja estas convicciones, la aspiración a una economía  no solo eficiente, sino también justa y fraterna, no será un simple sueño sino una realidad.

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LA ÉTICA Y LOS IMPUESTOS

Horacio Ziccardi
Profesor UBA, miembro de la Comunidad San Gabriel.

Introducción

 

Ética e impuestos son dos conceptos que se han entrecruzado constantemente aunque no siempre en concordancia.

La ética, en esencia, proporciona una serie de criterios y marcos teóricos indispensables para normar la conducta haciendo al ser humano responsable y capaz de tomar decisiones a la luz de los valores universales.

Sin embargo el ser humano, como ser social por naturaleza, utiliza su inteligencia y su voluntad para realizar todas sus actividades, aunque muchas veces, la superficialidad, el hedonismo, la ignorancia y la indiferencia, no le permiten ser plenamente consciente de los actos que realiza por costumbre, evitando la reflexión que le permita juzgar y valorar todos los actos de su propia vida.

Veremos entonces al individuo, como miembro de la sociedad, en su carácter de sujeto de un deber ético en el acto de contribuir.

Por su parte, los impuestos son cargas obligatorias que las personas y las empresas tienen que pagar para financiar al Estado. En pocas palabras: sin los impuestos, el Estado no podría funcionar ya que no dispondría de fondos para financiar la construcción de infraestructuras (carreteras, puertos, aeropuertos, etc.) y prestar los servicios públicos de sanidad, educación, defensa, sistemas de protección social como jubilación, desempleo, prestaciones por invalidez o accidentes laborales, etc.

Para su aplicación se tiene en cuenta, fundamentalmente, la capacidad contributiva que indica que quienes más tienen deben aportar en mayor medida al financiamiento estatal, para respetar el principio constitucional de equidad.

Por ello, teniendo en cuenta la trascendencia del objetivo de los impuestos y la importancia de las necesidades sociales por cubrir, resulta un imperativo ético contribuir al sostenimiento del Estado a través del sistema impositivo y, por lo tanto, podemos decir que quien no lo hace, desarrolla un comportamiento inmoral y repudiable. Así en términos generales, pero la cuestión es muchísimo más compleja y requiere un análisis más detenido.

 

Evolución de la relación Estado-contribuyente

En el transcurso de la historia, el ser humano ha ofrecido tributos, pagado impuestos y contribuciones, actos que implican necesariamente la asunción de elementos éticos.

Estas obligaciones vienen de antiguo como lo leemos en el Levítico “Todo diezmo entero de la tierra, sea de los productos de la tierra, sea de los frutos de los árboles, pertenece a Yavé. Todo diezmo del ganado mayor o menor, es decir, cada décima cabeza que pasa bajo el cayado, será cosa sagrada de Yavé” (Lev 30-32).

Se especifica en el Deuteronomio que la finalidad del diezmo es ayudar “al levita, al forastero, a la viuda y al huérfano, para que coman hasta saciarse” (Dt 26,11).

Estas reflexiones se refieren a la relación con              Dios. Sin embargo también los evangelios tratan la relación del contribuyente con el Estado y así, cuando los fariseos le preguntaron a Jesús si está permitido pagar el impuesto al César, respondió “Den al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios” (Mt 22.21), de manera que independiza el aporte ordenado por Dios de aquél que corresponde como ciudadano.

Estos conceptos los reitera San Pablo en su carta a los Romanos, diciendo que todos deben someterse a las autoridades constituidas porque no hay autoridad que no provenga de Dios y las que existen han sido establecidas por Él señalando que “por eso también, ustedes deben pagar los impuestos: los gobernantes, en efecto, son funcionarios al servicio de Dios encargados de cumplir este oficio… Den a cada uno lo que corresponde: al que se le debe el impuesto, el impuesto; al que se debe contribución, contribución; al que se debe respeto, respeto; y honor a quien le es debido” (Rom. 13, 6-7).

Fue Santo Tomás de Aquino quien en el siglo XIII, en su obra Suma Teológica, nos habló de la “justicia del impuesto”. Hasta allí había prevalecido la doctrina sustentada por los padres de la iglesia, los que basándose en el pasaje evangélico y en la carta de San Pablo, consideraban que correspondía el pago de los impuestos a los gobernantes, por tener estos, un poder recibido de Dios; siendo tal deber, por tanto, un deber moral, tanto si los impuestos eran justos como si no lo eran.

En cambio Santo Tomás consideró que el impuesto era justo y producía el deber moral de pagarlo si cumplía los siguientes cuatro principios:

  1. La causa final. Un impuesto solo es lícito cuando se dedica al bien común. Solamente se debe aprobar en el caso de que los representantes de la sociedad lo consideren justificado por los beneficios que para el bien común producirá la actividad a financiar con él.
  2. La causa eficiente. El impuesto debe ser aprobado por los representantes de la sociedad, aquellos a los que la constitución política conceda poderes para implantarlo. Además, tiene que ser exigido con las debidas garantías.
  3. La causa material. El impuesto debe gravar a quien tenga la capacidad económica suficiente para hacer frente a su pago. Es preciso que exista una realidad económica que posibilite la recaudación del tributo.
  4. La causa formal. La cuantía del impuesto debe guardar una adecuada proporción con la capacidad de pago del obligado para hacer frente a este. Este principio constituye “el requisito básico de la justicia del impuesto”.

Características de la imposición en la actualidad y la ética tributaria

La doctrina, a partir de Adam Smith, en su obra  Investigación sobre la naturaleza y las causas de la riqueza de las naciones en 1776, fue estableciendo criterios que, como principios básicos, tomaron en cuenta las condiciones fijadas precedentemente y que llegan al día de hoy.  Considerando la situación argentina podemos decir que esos principios básicos han sido recogidos en normas constitucionales que sirven de sustento a la legislación positiva.

Así entonces, para la procedencia de la imposición debe respetarse, en primer término, el principio de legalidad, es decir que las normas fiscales deben estar aprobadas por el Congreso de la Nación. El segundo principio es el de igualdad que impide que haya diferencias en la carga del impuesto entendiendo por tal igual tratamiento a igualdad de capacidad tributaria. El tercero, el principio de proporcionalidad, que significa que debe estar equitativamente y proporcionalmente distribuidas las cargas fiscales en la población lo que no significa la prohibición de impuestos progresivos. El cuarto es el principio de no confiscatoriedad, en virtud del cual no se puede aplicar tributos que violen el derecho de propiedad.

Estos criterios se respetan en nuestro país a efectos del dictado de los respectivos gravámenes, pero sin embargo ello no es suficiente desde el punto de vista ético.

Por eso cabe señalar, que en materia de la imposición de tributos la ética exige el cumplimiento de distintas condiciones:

Así, en primer término, no basta que el tributo sea establecido por la autoridad legítima sino que además debe respetarse por las autoridades que administran esa imposición impidiendo la adopción de actitudes arbitrarias que obligan al cumplimiento de condiciones no previstas específicamente en la norma. Ello conlleva, desde ya, a la eliminación absoluta del uso del poder de esas autoridades para llevar adelante persecuciones políticas.

La segunda condición de una ética fiscal es que el sistema tributario tenga por fin obtener los recursos necesarios para atender las demandas de la sociedad y no buscar la solución para determinados factores de poder aun cuando ello se justifique en evitar daños supuestamente más graves.

La tercera condición, es que el gasto público sea gestionado con suficiente eficacia y honradez. El Estado debe evitar todo despilfarro de los fondos públicos, así como prevenir los abusos y las injusticias de sus funcionarios.

Por último la ética fiscal plantea que los tributos deben ser adecuados a la posibilidad de cada contribuyente, es decir respetar la capacidad económica de manera tal que las leyes fiscales deben contemplar la no gravabilidad, o hacerlo en mucha menor medida, a los menos pudientes y aumentando progresivamente en la medida que crecen las posibilidades económicas.

Es indudable que el no respeto de esos factores por parte de la administración puede implicar un rechazo de la obligación de pago de los tributos por parte de los contribuyentes, pero que quede claro que ellos no están legitimados para incumplir, pues el deber de contribuir conlleva un imperativo inseparable del individuo que vive en sociedad.

 Futuro. Oportunidad para cambiar

Todos los factores que hemos mencionado en los puntos anteriores nos indican que la marcha de la relación                         fisco-contribuyente debe estar imbuida del concepto de ética y para ello debe adaptarse y modificarse a efectos de formar una nueva cultura tributaria pues el momento que vive el país es oportuno para revisar los caminos seguidos y encarar una nueva visión ética tanto por el contribuyente como por las autoridades fiscales.

El contribuyente debe entender que dejar de pagar o evadir impuestos no soluciona nada, sólo promueve el fomento del individualismo. La consolidación de la conciencia social pasa necesariamente por la formación de la cultura contributiva.

Por ello su cuestionamiento por los desvíos efectuados por las autoridades fiscales en la aplicación correcta de los principios de la imposición no pasan por la evasión, sino por la exigencia clara y firme del respeto de estos y la vía para ello será mediante su actuación ciudadana.

Por su parte las autoridades fiscales deben extremar todos los recaudos necesarios para depurar la estructura de la administración tributaria de los integrantes corruptos o arbitrarios y, a la vez, tender al dictado de normas que sean claras y que permitan su aplicación mediante el respeto de la real capacidad económica, liberando a aquellos de menor poder adquisitivo.

Asimismo debe destinar los recursos exclusivamente al cumplimiento de los fines económicos y sociales previstos, cuidando celosamente de evitar su dispendio en gastos innecesarios o superfluos.

Está claro que el logro de este objetivo no es simple, pero es el camino que debemos proponernos para avanzar como sociedad, consiguiendo imponer la ética en la relación tributaria.

 

 

 

LA ÉTICA Y LA ECOLOGÍA EN LA CIENCIA ECONÓMICA

Manuel  Alvarado Ledesma
Economista, Profesor de la Universidad del CEMA

 De a poco, el criterio de maximización del beneficio comienza un proceso de subordinación a la ética y los valores y, por ende, la sustentabilidad ambiental

La economía es una ciencia nueva. Como ciencia, solo tiene poco más de dos siglos. Sin embargo, la historia de la economía viene desde los comienzos del hombre y se desarrolla en estrecha relación con la ética.

En el libro V de su obra Ética a Nicómaco y en el I de la Política, Aristóteles utiliza el término oikonomiké, para expresar el uso de lo necesario para la vida buena. Vale interpretar que considera la economía junto a la ética y la política como parte de la filosofía práctica. Patentiza, así, un vínculo inicial entre la ética y la economía, a través de los fines humanos.

Por siglos, la ética se mantiene relacionada con el estudio de la economía. Pero, luego de las obras de Adam Smith, considerado el padre de la ciencia económica, los economistas tienden a desprender sus análisis de la ética, pese a que este era catedrático de Filosofía Moral en la Universidad de Glasgow.

En su avidez por alcanzar un nivel más tangible y atemporal, como en la Física y otras ciencias naturales o experimentales, la mayoría de los sucesores de Smith, apuntan a encontrar leyes de comportamiento económico de carácter autorregulado, estable, permanente y de validez universal. Puede afirmarse que partir de David Ricardo, el análisis económico comienza un largo proceso de distanciamiento del plano ético, por introducir un enfoque más próximo a la ingeniería, centrado en los “medios” y dejando de lado los “fines” que se consideran dados.

Durante este proceso de alejamiento, el conocimiento económico mantiene un método crecientemente aséptico y cuantitativo, en menoscabo de los juicios de valor y del subjetivismo propio de la condición humana. En tal sentido, las contribuciones del utilitarismo y de las escuelas marginalistas y neoclásicas, que siguen a Ricardo, adoptan posiciones teóricas sin tomar en cuenta su carácter social. Porque la realidad es que, a diferencia de las naturales, las ciencias sociales tienen al hombre y su comportamiento como objeto central de la investigación.

De esta forma, por años la ética y la economía caminan por senderos diferentes. Y así, con una amplia distancia entre una y otra, se construye sobre la economía moderna un enfoque técnico sin considerar el plano ético, salvo contadas excepciones.

El distanciamiento entre ambas es, seguramente, la principal causa de los problemas ecológicos que sufre el mundo moderno. Acá es donde se encuentra el meollo de la cuestión.

Pero en las últimas décadas, al advertir la sociedad  los múltiples daños al ecosistema y, por ende, a su calidad de vida, la economía vuelve a tomar en cuenta la ética.  Así, esta ciencia comienza a entender su horizonte de mediano y largo plazo por lo que reconoce las restricciones que debe imponerse en pos del desarrollo sustentable. La palabra “desarrollo” expresa un compromiso de equidad y el adjetivo “sostenible” implica perduración y futuro.

En tal sentido, vale destacar el papel de la escuela neoinstitucionalista. En 1993, el neoinstitucionalista Douglas North obtiene el premio Nobel de Economía, en buena parte por demostrar la estrecha vinculación existente entre el desarrollo económico y el desarrollo institucional, con las normas y los valores de una sociedad. Para esta escuela, las instituciones proporcionan una infraestructura que sirve a los hombres para crear orden y reducir la incertidumbre.

Al premio Nobel de Economía Amartya Kumar Sen se debe, muy especialmente, la recuperación de la consideración ética para la ciencia económica. En su obra Sobre ética y economía, Sen dice: «No hay ninguna justificación para disociar el estudio de la economía del de la ética y del de la filosofía. La economía puede hacerse más productiva prestando una atención mayor y más explícita a las condiciones éticas que conforman el comportamiento y el juicio humano».

Justo es reconocer que pocas décadas antes, se encuentran economistas que, pese a la corriente general, destacan la necesidad de la ética en la economía. A mediados del siglo pasado, por ejemplo, el economista de la Universidad Católica Argentina, Francisco Valsechi, argumenta que la economía debe recurrir a la ética para que ella señale cuáles son los fines de la actividad humana y cuál es la adecuada jerarquía existente entre estos fines. Así, afirma que la “ciencia de los medios” debe subordinarse a la ética que es la “ciencia de los fines”.

La importancia de la ética en la economía se nota claramente cuando gran parte de los economistas incorporan la noción de capital humano y capital social, como factores intangibles de producción. Entre los primeros en retomar este camino, sobresale el Papa Juan Pablo II. En la Encíclica Centesimus Annus, afirma que “el desarrollo no debe entenderse de manera exclusivamente económica, sino bajo una dimensión humana integral” y que “si en otros tiempos el factor decisivo de la producción era la tierra y luego fue el capital, hoy día el factor decisivo es cada vez más el hombre mismo”

Con las nuevas corrientes, queda patente la necesidad de modificar el “paradigma” de la maximización de beneficios, predominante en la ciencia económica.

Una vez comenzado el siglo, el criterio de maximización de beneficios comienza un proceso de subordinación a la ética y los valores y, por ende, la sustentabilidad ambiental. Es destacable la denuncia del Papa Francisco al hablar de “la lógica de las ganancias a cualquier costo”.

El instrumental de la economía así como de la ecología debe utilizarse paralelamente y simultáneamente con los principios éticos. De esta forma, es posible adquirir una visión holística de lo que es y de lo que no es posible ni deseable.

La explotación de recursos (finitos) y la aparición de desechos son problemas biofísicos que requieren de la ecología. No se trata sólo de problemas de eficiencia económica. La economía no puede asignar recursos en el contexto de un sistema global que desconoce. La economía puede, en cambio, estimular al conjunto social a caminar con estilos de vida en consonancia con la renovabilidad de los recursos y la reducción de los desechos con sentido ético.

El neoinstitucionalismo analiza las instituciones como hábitos y prácticas y ello permite entender la urgencia en desarrollar instituciones económicas que respondan a la ecología.

Para mejorar el medio ambiente, Juan Pablo II advierte que es imprescindible un cambio profundo en «los estilos de vida, los modelos de producción y de consumo, las estructuras consolidadas de poder que rigen hoy la sociedad»[i] En otras palabras: se necesita el desarrollo de instituciones de producción y consumo que sometan los deseos y aspiraciones de los hombres a determinadas vías de acción en el marco de la ética y la ecología.

Por su parte Francisco explica que San Francisco de Asís “nos muestra también que una ecología integral requiere apertura hacia categorías que trascienden el lenguaje de las Matemáticas o de la Biología y nos conectan con la esencia de lo humano. Así como sucede cuando nos enamoramos de una persona, cada vez que él miraba el sol, la luna o los más pequeños animales, su reacción era cantar, incorporando en su alabanza a las demás criaturas”[ii]

La conducta humana está vinculada directamente con el sistema de valores de la sociedad contemporánea. A lo largo de la historia, muy especialmente a partir de la Revolución Industrial, los valores individuales y sociales han estado alejados de preservación del ambiente.

La crisis ambiental exige que, cada vez más, la economía tome en cuenta la ética y la ecología a través de un sistema de valores donde la integralidad del hombre se desarrolle en armonía con el medio donde se desenvuelve.

[i] Centesimus Annus, 1991.

[ii] Laudato Si, 2015.

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